viernes, 6 de septiembre de 2013

EL CERRO DE "EL VIGIA" Y EL "INVENTO" DE UN GUAYMENSE

Alejandro Ramírez Cisneros 
AHORA que publiqué en mi muro una fotografía del cerro de El Vigía, el mas tradicional y simbólico de Guaymas, me vienen a la memoria recuerdos de quien fuera un conocido ciudadano de este puerto, donde nació y falleció, tras cumplir su ciclo vital, lleno de anécdotas y de detalles propios de una persona como él, tan característico, por su forma de ser y de hacer las cosas que lo ubican en el renglón de lo excepcional.

Cuando yo era un niño que apenas daba mis primeros pasos por el mundo, lo conocí.

Mi relación con él se dio en términos muy incómodos para mi.
Mi papá lo llevaba a casa para que nos cortara el cabello a mis hermanos y a mi.

Por lo que toca a mi toca, recuerdo que me levantaba del piso, me sentaba en una sillita que mi madre colocaba sobre una mesa en el ''corral'', para estar a la altura de él.

Allí comenzaba el viacrucis a que me sometía. Por lo pronto me ordenaba que no me moviera. Poníame en una posición incómoda, con el cuello doblado hacia abajo para hacerme el corte de cabello.

Esa operación la llevaba a cabo en un tiempo que era eterno. 
Por una parte el calorón del verano guaymense y por la otra echaba mano de una máquina manual, pues no se inventaban todavía las eléctricas, lo que hacía lento y pesado el trabajo del peluquero.

Agrego que el suplicio a que era sometido, se tornaba dramático cuando la maquinilla del fígaro pueblerino por razones que nunca he podido establecer, me ''pellizcaba'' la cabeza.

A cualquier intento de ''rebelión'', me aplacaba de inmediato, conminándome a la disciplina y al sometimiento, dándome golpes en la ''sesera' con la máquina, lo que se volvía una tortura extra, aparte de los jalones en mi testa de abundante cabellera.

Este hombre tenía otras virtudes.

Era músico, de una generación de hermanos filarmónicos, de los que recuerdo a Rafael y Luis.

También su folklórica creatividad lo hacía inventor de ''productos'' supuestamente domésticos, como un polvo a base de ladrillo que presumiblemente era ideal para arrancar la grasa y el cochambre de los trastes de cocina. Por cierto que de la efectividad de esa invención ninguna ama de casa podría dar testimonio.

Lo vi tocar dos trompetas al mismo tiempo. No he vuelto a ver nada similar.

Con uno de esos instrumentos tocaba notas diferentes a las que ''sacaba'' de la otra trompeta. No recuerdo como le llamaba a ese invento de él, que en la menor oportunidad lo mostraba al público. Desde luego que no prosperó y murió en la cuna. Tal vez por inoperable, pues nadie se interesó en la propuesta descabellada del atrevido ''inventor''.

Pero lo más absurdo fue cuando sometió a la consideración de las autoridades y el pueblo de Guaymas un raro y absurdo instrumento musical, a base de cuerdas, como las de las guitarras o violines.

Se trataba de una especie de arpa gigante que proponía colocar en la parte mas alta del cerro de ''El Vigía'', para que el viento hiciera sonar sus cuerdas y las notas producidas por Eolo, llegaran a todos los rincones del puerto.

El proyecto fue exhibido en un dibujo puesto a los ojos del público en uno de los escaparates de la ''Ferretería Almada'', por la avenida Serdán, entre las calles 21 y 22. 

Esta idea por absurda, imposible de realizar y costosa, fue al bote de la basura, en medio de la risa burlesca de la gente.

Igualmente cuidaba enfermos, especialmente a los locos belicosos, para los que él tenía la fórmula para aplacarlos. Cuando lo veíamos a altas horas de la noche, por fuera del domicilio de uno de esos ''lunáticos'', el comentario coincidente era que el enfermo tenía un crisis violenta y llamaron al ''loquero'' ideal para someter al ''destrampado'' en sus arrebatos violentos.

Me estoy refiriendo a don MARIANO ROMERO, tío de los PÉREZ ROMERO, familia de músicos, del que no recuerdo como murió.

No se si dejó de existir por ''razones naturales'' o tuvo una muerte violenta.

El caso es que los viejos guaymenses lo recordamos a él y sus chifladuras. Por ello fue un ciudadano muy conocido. Por sus extravagancias que a nadie le hicieron daño y si en cambio causaron la risa de todo mundo. 
(FACEBOOK.com/ Alejandro Ramírez Cisneros/ 06 de Septiembre 2013)

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