miércoles, 1 de octubre de 2014

EL DIAZORDACISMO, UN FANTASMA QUE RECORRE EL PAÍS


Gustavo Díaz Ordaz, fue un monstruo. Fue un político de estricta formación priísta. Reconocido como un buen administrador en la primera parte de su gobierno, terminó sus días en el total ostracismo y compartiendo con otro Díaz, de nombre Porfirio y con El Chacal, Victoriano Huerta, la lista de los ex presidentes más indeseables. Carlos Salinas de Gortari, el presidente de la modernidad, bien podría ser incluido en esa selecta lista.

Todos estos personajes están ligados a conceptos como represión, abuso de poder y derramamiento injustificado de sangre inocente, por eso son de los más odiados por el pueblo y fueron excluídos del discurso oficial por su carga negativa, como le llaman ahora pomposamente los encuestadores a los lastres de los políticos.

El fantasma del diazordacismo parece haber salido del closet y recorrer el país, cuando aún las represiones de Atenco y de la APPO y la CNTE en Oaxaca, siguen presentes en la memoria colectiva. No se digan los 60,000 muertos del calderonismo, los más de 10,000 en lo que va del peñismo, incluida la matanza de Tlatlaya en el Estado de México el 30 de junio pasado.

IGUALA, DONDE LA VIDA NO VALE NADA

 El ataque de estudiantes de la normal rural de Ayotzinapa por la policía municipal de Iguala –controlada por “la maña”-- primero y después por pistoleros vestidos de civil, por haber tomado tres camiones para trasladarse, dejó saldo de tres muertos y 57 desaparecidos, cuando dichos estudiantes el 26 de septiembre realizaron una colecta para asistir a la marcha del 2 de octubre en la ciudad de México. 40 minutos según testigos duró la balacera.

José Luis Abarca, el alcalde de Iguala es parte de Nueva Izquierda y se le señalaba de ser protegido por los perredistas en el poder en Guerrero, aunque un operativo de policías estatales y soldados cateó su casa. El día de los asesinatos se encontraba en una fiesta y pasó de ser humilde vendedor de sombreros a joyero y se convirtió en un próspero comerciante. Se dice que a golpes de chequera se hizo de la candidatura a la alcaldía de un municipio que es importante corredor del tráfico de drogas. El tipo es toda una ficha y fue señalado de matar de un escopetazo al dirigente perredista Arturo Hernández Cardona.

¡SÍ QUE SÍ, YA VOLVIERON A SALIR!

Las movilizaciones del Politécnico obligaron a dar la cara al Secretario de Gobernación Miguel Ángel Osorio Chong, a quien se le entregó en multitudinario mitin el pliego petitorio. Osorio se vio como en sus viejos tiempos de grillo estudiantil en Hidalgo, porque ese es el origen de su carrera política.

A diferencia de Luis Echeverría en 1968 que se mantuvo todo el tiempo oculto y maquinando sus acciones criminales, micrófono en mano se dirigió a los jóvenes inconformes y prometió atender sus inquietudes. A la mejor con ese acto se ganó El Chino la candidatura presidencial de 2018, mientras a Luis Videgaray, todavía no le cuadran las cifras de crecimiento y de empleo para 2015.

Si en 1968 el pliego petitorio del Consejo Nacional de Huelga incluía la derogación del delito de disolución social, dialogo y mayor democratización, hoy la causa de la inconformidad es la aprobación de un reglamento y un plan de estudios, es decir el rechazo a la imposición. La respuesta oficial de entonces fue la cerrazón y la aplicación del principio de autoridad y el resultado la masacre del 2 de octubre, que puso al descubierto la cara autoritaria y represiva del régimen emanado de la revolución. El papel de los medios fue lamentable y abyecto, con ciertas excepciones y el de los políticos priístas de apoyo a la sacralizada figura presidencial, en su rol su titular de cacique de caciques, señalaba Daniel Cosío Villegas.

El 1º. de agosto de 1968 Gustavo Díaz Ordaz en un discurso en Guadalajara ofreció su mano extendida a quien quisiera estrecharla. Dos meses después ordenó la matanza del 2 de octubre en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco.

En 1987 la movilización del Consejo Estudiantil Universitario, liderado por Carlos Imaz, Imanol Ordorika y Antonio Santos, obligó al dialogo a las autoridades de la UNAM y a discutir públicamente las propuestas del entonces rector Jorge Carpizo, entre ellas la cancelación del pase automático de los CCH. En las discusiones entre las comisiones de rectoría y los estudiantes organizados en forma recurrente afloraba el espíritu del 68 y cuando las autoridades soltaban expresiones de desprecio o censura hacia gentes como José Revueltas, Heberto Castillo, Raúl Álvarez Garín u otros, invariablemente la respuesta contundente no tardaba: “¡Exigimos respeto para los líderes del 68!”.

En 2012, en plena campaña presidencial y a raíz de un evento de Enrique Peña Nieto en la Ibero, surgió el movimiento emergente que fue conocido mundialmente como “Yo soy #132”, que marcó para siempre las elecciones en México y dio cuerpo y voz a un estudiantado que a diferencia de los de antes era hijo de la tecnología, de la era de la comunicación y que se sabía mover a sus anchas en los esquemas de la globalización. El consenso a través de las redes sociales puso en jaque a candidatos y a partidos políticos. Ese fenómeno representó otra cosa.

En el fondo ambos casos –el de los normalistas y el de los politécnicos-- están hermanados en cuanto que cada uno representa la crisis que se vive en materia de seguridad pública, de respeto a los derechos humanos y las garantías individuales, y no se diga la del modelo educativo impuesto verticalmente y antidemocrático, a tal grado que se hacen pasar como el último grito en materia de propuestas y reforma educativa cuestiones cuyo propósito para variar es el mismo en lo esencial del Primer Congreso de Nacional de Instrucción Pública de 1889, según observaciones de una sesuda columna publicada en un medio estatal.

LOS HOMBRES DE LA CIA EN MÉXICO

Philip Agee, ex agente de la CIA, reveló en su libro “La ‘Compañía’ por dentro/Diario de la CIA” que tres presidentes de México fueron agentes de tal agencia en su momento: Adolfo López Mateos, identificado con la clave “Lienvoy 2”; Gustavo Díaz Ordaz, cuya clave secreta era “Litempo 8”; y Luis Echeverría Alvarez, “Litempo 14”.

Las revelaciones de Agee van más lejos, afirma en el libro citado que cuando Díaz Ordaz avisó a Echeverría que sería su sucesor en la presidencia y que por lo tanto el PRI lo iba a señalar como su candidato, Echeverría se apresuró a comunicar el suceso a la CIA el mismo día en que Díaz Ordaz le comunicó la decisión.

¡Habíase visto presidentes homicidas de estudiantes sirviendo a un país extranjero tan descaradamente!

No se midió el escritor Carlos Fuentes cuando enarboló su famosa frase “Echeverría o el fascismo”, para alinear a los intelectuales en torno suyo.

Si la Biblia, el libro sagrado de los cristianos no miente, estaremos a la espera de ver cosas peores.


(EL PORTAL DE LA NOTICIA/ COLUMNA LA VIÑA DEL SEÑOR/ 01 OCTUBRE 2014)

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