viernes, 12 de febrero de 2016

TOPO CHICO; LA NOCHE QUE SE DESATÓ EL INFIERNO


Monterrey, Nuevo León.- La malla ciclónica que delimita el penal del Topo Chico, al poniente de Monterrey, se convirtió en “el muro de los lamentos”. Unas 50 mujeres con lágrimas tatuadas en las mejillas, treparon para gritar el nombre de sus parientes.

Querían saber si seguían vivos. Querían saber si estaban bien. Querían saber si no les había tocado vivir el infierno que se desató a la medianoche.

“Toñitooooo, Toñitoooo, dime que estás bien Toñitooooo”. Son los gritos ya casi afónicos de una madre  desesperada. Nadie responde. Se llama Eugenia. De vestido largo y blanco, está trepada en la malla ciclónica que antecede al muro de concreto del Penal, desde donde se puede ver el edificio azul de tres pisos donde están los internos. Algunos se asoman por ventanas con barrotes o escalinatas acorazadas.

“¡¡¡Yaiiiiiir, Reyeeeees, Andreeeés, Felipeeeeee, Chivaaa, Roscoooooo!!!”. Gente acompañada de pancartas con nombres de familiares. Buscan a un tal Carrillo Carrizales, a un tal Jesús Ledesma, a un tal Miguel Gaytán, y no paran de gritar. Porque nadie les dice nada, porque no saben de ellos, porque no los dejan entrar a verlos. Porque si entran temen represalias.

Es el “Rosco” quien responde a algunos de ellos.  “Aquí está Felipe, está bien”, contesta. En otras ocasiones los internos que escuchan su nombre sacan playeras para avisar que siguen vivos.

“Es él mamá, es él, es Pancho, ya me contestó, es Pancho”, dice una adolescente de rostro ennegrecido por el polvo y el sol. Uno más que no estuvo en las listas parciales de muertos que circularon todo el día.

ZONA CONFLICTIVA

Las familias se apostaron en la calle Cuautla, de la colonia Nueva Morelos. Es la lateral  del penal del Topo Chico construido en 1943, en una zona entonces apartada de la ciudad, y que ahora fue consumida por la mancha urbana, que desde el 2011 clama sea cambiado a otro lado.

Es una zona conflictiva, con negocios cerrados o banalizados a los lados y casas que ayer lucieron vacías porque sus ocupantes huyeron desde el miércoles, cuando vieron las llamas del motín, los gritos de los internos y la entrada de la Policía y el Ejército.

Por esa misma acera, a unos metros de la malla está la entrada al Penal. Un portón de rejas grises que guardias abren unos cuantos centímetros, lo que les permite la cadena que han fijado para evitar que la muchedumbre se les cuele. Porque desde las 2 de la mañana estaban ahí, esperando respuestas.

Más de 500 personas inundaron el acceso. Lo tenían sitiado. Y alrededor, casi 70 patrullas de diferentes corporaciones, unos 200 elementos de Fuerza Civil y un número similar de soldados, además de los antimotines, se apostaron sobre la avenida Rodrigo Gómez, porque ahí, pegado al Penal, también está el Palacio de Justicia del Estado.

De ahí salió Minerva Martínez, presidenta de la Comisión Estatal de Derechos Humanos, vestida en impecable traje sastre gris, para decir a la prensa, y no a la gente, que ya se estaba dejando entrar a los familiares y que todo estaba controlado. Que darían a conocer las listas de fallecidos, que trasladarían a 72 a otros Ceferesos, y que si querían saber más se apuntaran para indagar.

“Vieja mentirosa, eso está diciendo desde anoche, que nos dé la lista. Queremos saber que está pasando, porque todos estamos adoleciendo aquí por la pérdida de un familiar o de no saber que está sucediendo adentro”, le gritaron, sin que ella hiciera caso. Luego la siguieron exigiéndole respuestas, golpeando el carro al que subió, y en el que escapó rechinando llanta.

FUE HORRIBLE

Pasaba del mediodía y la muchedumbre que abarrotaba la entrada del Penal se fue convirtiendo en tres largas filas que organizaron para dejar entrar a ver a los internos. Una para el área femenil, otra para la varonil, y otra para internos de las Galeras 2 y 3, donde fueron los enfrentamientos.

Los primeros en salir de la visita vertían versiones diferentes. Otras contaban, de oídas, que estaban golpeando a los internos. “No les conviene que entren, porque los están golpeando, ahí está una señora llore y llore en grito”, alertaba una mujer. Otra la desmentía. “No sean mentirosos, están sembrando pánico, mi hermano se ve bien tranquilo, yo lo vi, no los están golpeando”.

Y entonces, para evitar el contacto entre quienes salían con los que entraban, comenzaron a sacar a los familiares por una puerta trasera. Dicen que les advertían no volver, porque hacían tumulto, que mejor se retiraran.

Las filas avanzaban lento. De a cinco en cinco. Entre empujones y exigencias se mantenía la calma, otras arreciaba la desesperación y la gente empujaba el portón que los oficiales contenían amenazando con suspender la visita. “Nomás atrévase, y le tumbamos el Penal”, contestaban.


VINIERON LOS DESMAYOS

Las horas pasaban. Hombres y mujeres con ojos hinchados de llorar deambulando de un lado a otro sin saber nada de sus hijos, de sus hermanos, de sus cuñados, de sus esposos.

Salieron las primeras listas de muertos. Y vinieron los desmayos, los gritos de dolor, las ambulancias ahora trasladando a mujeres que se desvanecían de dolor.

Ojos que veían una y otra vez las listas de 10 en 10 o 20 en 20 que hacían circular las autoridades del Penal y que a veces no coincidían entre sí. Familias que seguían esperando entrada. Dolor que inundó el ambiente porque hubo quienes no pudieron o no quisieron entrar.

Fue jueves. Tocaba día de visita. La vivieron con los nervios y el miedo quemándoles como tizón el alma. Y se fueron con la zozobra de saber si el infierno estaba apagado. Si a la próxima les tocaría a sus hijos. Otros, unas 52 familias, según la primera lista, 49 la que dieron después, ya no volverán. Visitarán panteones en vez del Cereso, tras la noche en que se desató el infierno en el penal del Topo Chico.

HABÍA REOS SIN CABEZA

“Salimos todas. Empezaron a golpear todo, vimos que había humo, se golpeaban unos a otros y vimos cuando muchos ya no tenían cabeza ni pies.

De acuerdo a una de las mujeres que acudió a visitar a su pareja, tras el estallido de la gresca a las 35 mujeres presentes, las habrían encerrado en una oficina, “para que no diéramos información a los medios”.

“Pero vimos todo. Todo se quemó, se quemó la tortillería, los cuartos, colchones, ropa de bebés. Vimos a mujeres sangrando y quemadas con bebés en brazos”. (Agencias)

ORDEN DE EPN VIGILANCIA Y TRASLADO

Aroximadamente a las 19:00 horas de este viernes, elementos de la Policía Federal ingresaron por la puerta de aduana del penal del Topo Chico para tomarlo en resguardo, luego que inició el traslado de 150 reos a distintos centros penitenciarios del país.

Por su parte, elementos del Ejército, Marina, Policía Federal, Fuerza Civil y Policía Ministerial resguardan el exterior de esta cárcel. Durante la madrugada continuó el traslado de los internos. Esto tras la orden dada durante la mañana del viernes por el presidente Enrique Peña Nieto, sobre el apoyo de la Federación para tomar el control del centro carcelario. (Agencias)

EL PESO RECAE EN ANTÚNEZ

El secretario de Seguridad Pública del Estado, Cuauhtémoc Antúnez es el encargado de los Centros Penitenciarios en Nuevo León.

Es general de división del Estado Mayor y fue asesor en materia de Seguridad en Coahuila, antes de sumarse al Gabinete de Jaime Rodríguez.

En enero de 2015, el gobernador Rubén Moreira Valdez le rindió un homenaje a Antúnez, quien en ese entonces era comandante de la XI Región Militar y se retiraba del servicio activo en el Ejército, luego de más de 46 años. (Agencias)


(ZÓCALO/ JESÚS CASTRO/ 12/02/2016 - 05:00 AM)

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