lunes, 16 de junio de 2014

FALLECE "EL AZUL" EN MEDIO DEL MISTERIO

el azul

Juan José Esparragoza sufre un infarto y el Gobierno dice que no sabe nada
 
La especie empezó a correr en Culiacán al medio día del domingo: Murió el Azul. Primero que en Guadalajara, después que en la ciudad de México. Pero había un dato que no se movía: murió de un infarto. La información, desde que llegó a Ríodoce, siempre fue imprecisa, dudosa. Por eso se requirió la confirmación de fuentes diversas, amigos de la familia, gente ligada al cártel de Sinaloa —Culiacán es una ciudad muy chica y están por todas partes— y algún policía. Todos coincidieron: murió. Tuvo un accidente y después de varios días de convalecer sufrió un infarto. Los restos, dijeron las fuentes, fueron cremados.

Si en días hábiles es difícil conseguir información oficial sobre temas escabrosos, pensar que en domingo se encontraría a alguien dispuesto a hablar, en México o en los Estados Unidos, hubiera sido una ingenuidad.

Al día siguiente, la reacción de las autoridades fue cortante. “No podemos confirmar nada, yo no tengo información”, dijo el procurador general de la República, Jesús Murillo Karam, entrevistado en Madrid, cuando la noticia del hecho había circulado por todo el país.

Más tarde, en Tamaulipas, el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, afirmaría que no darían información al respecto “hasta estar seguros, hasta que tengamos elementos”. Y agregó: “cuando se tenga información correcta la daremos a conocer”.

Pasó una semana y ni una ni la otra dependencia volvió a tocar el tema. La DEA, en contacto con Ríodoce desde Washington, reviró que se enteró el lunes de la presunta muerte del Azul y que ya su oficina en México estaba investigando el caso. Tampoco volvió a decir nada. En medio de la especulación por la falta de elementos contundentes, el Gobierno mexicano estaba entrampado.

Un triduo para el Azul

Más allá de lo que ocurría en la ciudad de México, en diversos círculos culiches se reforzaba la versión de que, efectivamente, Juan José Esparragoza Moreno, uno de los narcotraficantes más poderosos de este país en las últimas dos décadas, había muerto.

El martes por la mañana se presentó un hombre a la oficina de la Parroquia del Espíritu Santo, ubicada en la colonia Las Quintas, de Culiacán, para ordenar tres misas en honor de “José Moreno”. Dijo llamarse “Manolo”.

Ríodoce pudo constatar que, en el libro de registros de la parroquia, junto con otros nombres, aparece el de “José Moreno”.

En realidad las misas eran para Juan José Esparragoza Moreno, el Azul. Se realizaron el martes, miércoles y jueves, todas a las 19:15 horas y asistieron a ellas familiares y amigos de los Esparragoza, entre ellos María de los Ángeles Beltrán Caro y su hija Rocío Quintero Beltrán, hija del legendario Lamberto Quintero y viuda de Juan Ignacio Esparragoza, un hijo del Azul que murió hace dos años después de sufrir un accidente, al caerse del cuarto piso de un edificio ubicado en Colinas de San Miguel, en Culiacán.

El lunes, cuando la noticia ya estaba en todos los medios nacionales, el gobernador fue cuestionado al respecto y solo alcanzó a decir que “solo son rumores, no tenemos nada oficial”.

El jueves, un funcionario de “inteligencia” del Gobierno estatal fue cuestionado en torno a si se estaba investigando la muerte del Azul y dijo que no, que solo se acercaron a algunos familiares del capo y que les dijeron no saber nada.

Pero el viernes, cuando apareció la noticia de que se habían celebrado tres misas en honor de Esparragoza Moreno, se les dio la orden de investigar el asunto, tratando de establecer la verdad sobre lo que se estaba publicando. Por la noche, uno de estos elementos ya lo tenía confirmado.


Parroquia del Espíritu Santo. Tres misas para el Azul. Sus orígenes

Alguien, no se sabe quién, le puso el Azul por el color de su piel, profundamente oscura. Nació el 3 de febrero de 1949 en Huixiopa, Badiraguato, un pueblo de apenas cien casas, muchas de ellas construidas de barro y varas de guinolo entreveradas. De allí mismo eran sus padres, doña Rosario Moreno y don Ignacio Esparragoza, un hombre que se había dedicado a la cría de ganado pero que había aprovechado bien el boom de la producción de mariguana y amapola a partir de los años 40 en esa región de la sierra sinaloense.

La familia emigró a Culiacán y con ella Juan José Esparragoza, que llegó a la ciudad en guaraches de tres puntadas, mismos que se negaba a dejar. Estudió sin terminar en la secundaria Federal 2, que operaba en el edificio que ahora ocupa el Cobaes 25, ubicado por la calle Rafael Buelna.

Convivió, durante años, con sus amigos de la cuadra. Vivía por la calle Ignacio Zaragoza, en la casa de sus padres, entre Morelos y Domingo Rubí. Su padre tenía con qué mantenerlos sin problemas, así que no se esforzaba mucho por trabajar. Eran siete hermanos, tres hombres y cuatro mujeres. De los varones, uno murió de cáncer y el otro cuando fue atacado por abejas enloquecidas, en Badiraguato. De las mujeres le sobreviven tres.

Ya entrado en años el Azul se metió casi de manera natural al negocio de las drogas, primero sin mucho éxito, si se mide por el tiempo que pasó en las cárceles.

Libro de registros. Servicios para José Moreno. A mediados de los años setenta fue detenido en la esquina del bulevar Gabriel Leyva Solano y Ramón Corral con un fuerte cargamento de mariguana. Fue en una casa pequeña que le servía de bodega. Eran los tiempos en que convivía con el legendario Pedro Avilés, el León de la sierra, asesinado por la Dirección Federal de Seguridad el 15 de septiembre de1978.


Por esa causa, Esparragoza Moreno estuvo preso en Mazatlán cerca de dos años. Salió de la cárcel pero no estuvo mucho tiempo en Sinaloa, pues la Operación Cóndor, en 1977, lo obligó a refugiarse en Guadalajara, Jalisco. De allí se fue a la frontera a probar suerte, pero de nuevo fue detenido con un cargamento de droga, ahora en Mexicali, donde estuvo preso varios años, hasta principios de 1983.

A pesar de sus encierros, nunca perdió su derecho a estar en los círculos importantes del narcotráfico en Sinaloa. El 28 de mayo de ese año, cuentan sus amigos, asistió a la boda de Rodolfo Sánchez Duarte —hijo del ex gobernador Leopoldo Sánchez Celis—, quien se casó con Teholenda López Uriarte. Los padrinos fueron Miguel Félix Gallardo y su esposa María Elena.

Desde entonces, el Azul sentó sus bases en Jalisco. Ese fue su segundo hogar después de Sinaloa. Pero lo alcanzó la cacería de capos que se desató a raíz del asesinato del agente de la DEA, Enrique Camarena Salazar, en 1985. Cayó preso de nuevo en 1986 después de un tiroteo. El 11 de marzo de 1986, Juan José Esparragoza ingresó al Reclusorio Sur de la ciudad de México y con ello iniciaba su tercer y último encierro. Igual que Joaquín, el Chapo Guzmán, se dijo agricultor y ganadero. No se le acusó del crimen de Camarena y el juez de la causa lo sentenció a siete años y dos meses de prisión.

El Azul pasó cuatro años en el Reclusorio Sur y en 1990 fue trasladado al Reclusorio Norte, donde pasó dos años. En Marzo de 1992 fue recluido en la recién inaugurada cárcel de máxima seguridad del Altiplano —antes Almoloya—, donde estuvo un año. En 1993 obtuvo su libertad gracias a una preliberación otorgada por la Secretaría de Gobernación.

Salió de la prisión por su propio pie y caminó dos kilómetros hasta que abordó un taxi para desaparecer. Después solo sus amigos, su familia y sus socios supieron de él. Regresó a Badiraguato a ver a los suyos, siempre acompañado de un séquito de hombres armados hasta los dientes.

A finales de 1993 se llevó a cabo la cumbre de narcos donde las organizaciones criminales se repartieron el país como si fueran dioses. La reunión fue promovida por Esparragoza Moreno.

Después de esto se instaló en Jalisco, se avecindó en Morelos y sus visitas a Sinaloa eran esporádicas, de paseo o por negocios.

Hace dos años estuvo en Santiago de los Caballeros, visitando familiares, siempre de bajo perfil, sin fiestas ni música. Para él, atrás habían quedado las bebidas y las drogas a las que durante años fue afecto.

Nunca, nadie, ha inventado ni ha cantado un corrido dedicado al Azul.


Juan José Esparragoza. Una vida en las prisiones. De perfil diplomático

Durante lustros el Azul fue considerado un poderoso narcotraficante, pero también, dentro de la mafia, como un diplomático. No se peleaba por cualquier cosa y fue siempre un puente entre las distintas organizaciones criminales, y, en ocasiones, entre éstas y el Gobierno.

Tal vez por eso no se le perseguía. La revista Proceso publicó en diciembre de 2011 un extenso expediente que radicaba en la PGR desde 2002, donde se consignan decenas de elementos que conforman la estructura criminal del Azul: casas, ranchos, empresas para lavar dinero, cómplices, rutas para el trasiego de la droga, relaciones internacionales, casas de seguridad en diversos estados de la república, sobre todo en Sinaloa, Jalisco, Morelos, el Distrito Federal…

Pero el expediente reposaba en un rincón de la PGR y nadie actuaba contra el hombre de Huixiopa. Los propios investigadores que participaron en la investigación se quejaban de que no había servido de nada el trabajo y los riesgos que corrieron para realizarla, muchas veces infiltrados en la organización, pues, al parecer, el Gobierno había negociado con el capo.

No era para dudarse: a mediados de la década pasada, inició en México la confrontación más fuerte que se haya dado entre el estado mexicano y las organizaciones criminales, sobre todo por el surgimiento de cárteles que hacían uso de una violencia que no se conocía en el país.

En el propio cártel de Sinaloa la paz se rompió con la detención de Alfredo Beltrán Leyva, el Mochomo, el 21 de enero de 2008. A partir de ese hecho Arturo Beltrán Leyva les declaró la guerra a Ismael Zambada y a Joaquín Guzmán, al tiempo que se aliaba con Vicente Carrillo y con Los Zetas.

El país se incendió y el Azul no pudo hacer nada para detener la guerra. Habló con Arturo y le dijo que no se dejara llevar por la rabia, que esa confrontación no conduciría a nada bueno, que había que mantener la unidad del cártel. Pero el Barbas no cedió y terminó sus días en Cuernavaca durante un enfrentamiento con la Marina, que llegó hasta una de sus casas de seguridad, apoyada por la DEA.

el azul deaPara la DEA, una presa perdida

J. Jesús Esquivel

WASHINGTON.- Desde los años ochenta del siglo pasado, Juan José Esparragoza Moreno, el Azul, aparecía en los informes de la Administración Federal Antidrogas (DEA) como un narcotraficante “muy peligroso”, astuto y de bajo perfil, pero también como el responsable de los enlaces del Cártel de Guadalajara con las bandas criminales de Colombia para traficar cocaína a Estados Unidos.

La DEA quería vivo o muerto al narcotraficante oriundo de Sinaloa y ofrecía una recompensa de 5 millones de dólares a quien le proporcionara información para capturarlo. Jamás lo consiguió; el Azul presuntamente murió hace días de un paro cardiaco y se libró de una eventual captura, el correspondiente proceso de extradición y quizá de terminar en una prisión estadunidense.

Tras la disolución del Cártel de Guadalajara después que el 7 de febrero de 1985 sus integrantes secuestraron y posteriormente torturaron hasta la muerte al agente de la DEA asignado a la capital de Jalisco, Enrique Kiki Camarena, Esparragoza se volvió aún más cauteloso y, con varios paisanos sinaloenses, formó un cártel más poderoso: el de Sinaloa.

Ya en la década de los noventa, según los más de 30 encausamientos judiciales interpuestos contra él en varias cortes federales de Estados Unidos, era una especie de fantasma que se encargaba de las relaciones de la organización sinaloense con el capo más poderoso del mundo en ese entonces, el colombiano Pablo Escobar Gaviria.

Junto a Joaquín Guzmán Loera, El Chapo, e Ismael Zambada García, El Mayo, entre otros cabecillas del Cártel de Sinaloa, el Azul fue una pieza clave para meter cocaína colombiana a México y posteriormente —incluso en colaboración con los cárteles de Tijuana, del Golfo y de Juárez, entre otros— para pasar la droga por la frontera norte.

Siempre en segundo plano en comparación con otros capos mexicanos, el Azul fue difícil de cazar. Ya fuera por la corrupción en el gobierno y en las corporaciones policiacas de México o por la falta de voluntad de las autoridades para capturarlo, la Casa Blanca y el Congreso de Estados Unidos tuvieron que crear una nueva estrategia.

El 3 de diciembre de 1999, el entonces presidente de Estados Unidos, William Clinton, promulgó la legislación conocida como Kingpin Act, con la cual Washington comenzó a mermar el poder del Azul.

La Kingpin Act, que sigue vigente, tiene como objetivo “negar a narcotraficantes significativos, a sus negocios y a sus operadores el acceso al sistema financiero de Estados Unidos por medio de transacciones comerciales con compañías o individuos sujetas a la jurisdicción estadunidense”.

A través de la Oficina para el Control de Bienes Extranjeros (OFAC, sus siglas en inglés) del Departamento del Tesoro, el presidente de Estados Unidos autoriza que se confisquen bienes y congelen las cuentas bancarias a ciudadanos extranjeros identificados como narcotraficantes significativos.

Aunque la Kingpin Act se promulgó en 1999, fue en septiembre de 2003 cuando el sucesor de Clinton, George W. Bush, catalogó a Esparragoza Moreno como narcotraficante significativo y sus finanzas comenzaron a sufrir.

El 28 de febrero de 2004, por medio del fiscal federal Johnny Sutton, el Departamento de Justicia informó que en un encausamiento formulado desde diciembre de 2002, acusó al Azul de importar desde México grandes cantidades de mariguana para distribuirla en Estados Unidos. En ese expediente judicial también fueron implicados Arturo Beltrán Leyva, Raúl González, Juan Robles y Juan Robledo, miembros del Cártel de Sinaloa.

En esa fecha, además de darse a conocer públicamente el primer encausamiento contra Esparragoza Moreno, se anunció la recompensa que ofrecía la DEA por el capo. La agencia lo ubicó entre los cinco narcos más buscados del mundo, listado del que salió y al cual se reintegró muchas veces.

Bajo ataque financiero

La OFAC realizó su primera acción contra Esparragoza Moreno el 24 de septiembre de 2012, cuando el Departamento del Tesoro designó a 10 entidades y nueve personas como enlaces del Azul para el contrabando de drogas y lavado de dinero. Se asentó así que familiares del capo le servían de fachada para lavar dinero procedente de la venta de estupefacientes en Estados Unidos.

Entre las nueve personas señaladas se destacaba María Guadalupe Gastélum Payán, una de las esposas del Azul, a quien se le atribuyó la propiedad de una empresa en Tlajomulco de Zúñiga, Jalisco. La firma, Grupo Cinjab, S.A. de C.V., junto con Grupo Impergoza, S.A. de C.V. presuntamente se encargaban de manejar el desarrollo inmobiliario Provenza Residencial, del centro comercial Provenza y del parque industrial La Tijera.

También fueron imputados cuatro hijos que el Azul procreó con Gastélum Payán: Brenda Guadalupe, Cristian Iván, Juan Ignacio y Nadia Patricia Esparragoza Gastélum. Ofelia Monzón Araujo, otra presunta esposa del capo, también fue vetada por la OFAC, igual que Juvencio Ignacio González Parada, Elvira Araujo Monzón, Ulises Guzmán Ochoa y Martín Humberto Ponce Félix.

Las empresas afectadas fueron siete gasolineras ubicadas en Culiacán: Servicios Buenos Aires, Estaciones de Servicios Canarias, Gasodiesel y Servicios Ancona, Gasolinera Álamos Country, Gasolinera y Servicios Villabonita, Petrobarrancos y Servicios Chulavista.

El 10 de octubre de 2012 la OFAC agregó otras dos razones sociales a esa lista: Socialika Rentas y Catering, S.A. de C.V., registrada en Cancún, Quintana Roo, a nombre de Brenda Guadalupe Esparragoza Gastélum, y Urbanizadora Nueva Italia, S.A. de C.V., de Juvencio Ignacio González Parada.

El 12 de diciembre de 2012, el gobierno de Estados Unidos indicó que la urbanizadora Desarrollos Everest S.A. de C.V., con sede en Culiacán, también pertenecía a Gastélum Payán. Y vinculó a Jorge Enrique Esquerra Esquer, Julio César Estrada Gutiérrez y Carlos Alberto León Santiesteban con la red de negocios de Esparragoza Moreno.

El siguiente golpe lo asestó el gobierno estadunidense el 22 de agosto de 2013, al anunciar que Angello de Jesús Solís Avilés, Mario Parra Sánchez, Manuel Arturo Valdez Rodríguez, Juan Carlos Villegas Loera y Vanessa Valenzuela Valenzuela trabajaban con Esparragoza Moreno y Rafael Caro Quintero en el lavado de activos procedentes del narcotráfico.

La OFAC extendió las sanciones contra el Azul el 30 de septiembre del mismo año, ya que el Departamento del Tesoro identificó como colaboradores del capo sinaloense a Álvaro Padró Pastor, esposo de Nadia Patricia Gastélum, y a Luis Francisco Vallarta Escalante, relacionado con Brenda Guadalupe Esparragoza Gastélum.

El Departamento del Tesoro destacó que el ciudadano español era socio de la empresa Piscilanea, S.A. de C.V., ligada a Caro Quintero. La medida se aplicó también a Casa V, un “salón de eventos sociales” de Guadalajara que manejaba Padró Pastor y que según la OFAC estaba ligado asimismo con otro prominente capo: Amado Carrillo Fuente, El Señor de los Cielos.

La más reciente acción oficial del gobierno de Estados Unidos contra El Azul se anunció el 10 de abril pasado.

La OFAC designó como frente de lavado de dinero para el Cártel de Sinaloa a nueve compañías de bienes raíces ligadas con Provenza Residencial, y al restaurante Bocados de Autor, S.A. de C.V., en Culiacán, manejados por los hermanos José, Fernando y Javier Sánchez González, junto con María Aurora Sánchez Contreras y Eva Luz Rosales Morfín.

En 2009, la catalogación de Esparragoza Moreno nuevamente como narcotraficante significativo por la Casa Blanca consolidó la treintena de encausamientos judiciales federales contra el sinaloense por tráfico de mariguana, heroína y cocaína, así como por lavado de dinero en California, Texas, Illinois, Nueva York, Nuevo México, Nueva Jersey, Georgia, Colorado y Florida, entre otros estados.

Sin embargo, la DEA no ha querido hacer comentarios sobre la muerte del Azul en tanto el gobierno mexicano no confirme el hecho. De ser cierta su muerte, el hecho consolidaría a El Mayo Zambada como líder absoluto del Cártel de Sinaloa, una de las organizaciones criminales más poderosas del mundo.


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