jueves, 19 de diciembre de 2013

REFORMAS PARA BENEFICIO DE LA CLASE POLÍTICA


La Viña Señor

Ya fuera el PRD-Chucho del Pacto por México, la alianza de facto en el Senado PRI-PAN y su apéndice el PVEM, decidieron cueste lo que cueste sacar adelante la Reforma Político-Electoral, un engendro que más que la mejora de las instituciones del sistema electoral tiene como objetivo último saciar las ambiciones de una clase política retrograda, sin legitimidad y carente de representación ciudadana.

Apurados y a escondidas, a altas horas de la madrugada, sin casi discusión, los legisladores de la Cámara Alta y después hicieron lo propio las bancadas en San Lázaro, llevaron a la aprobación una serie de normas que retratan a las cúpulas de esos partidos de cuerpo entero y ponen a la vista los entresijos y los intereses que los mueven, menos los de la población, que con su voto da razón y destino en ejercicio de la soberanía.

Al margen del proyecto nacional de que habla la Carta Magna, nuestros políticos han decido modificar el rostro normativo del país y desde el 2 de diciembre de 2012 recién asumido en nuevo gobierno de Enrique Peña Nieto, crearon un acuerdo de “concordia” que les sirviera de instrumento de negociación al que quedó supeditado el Poder Legislativo, relegado a un triste papel de simple legitimador de las decisiones tomadas por las dirigencias partidistas en el Pacto por México, siempre bajo la batuta de la triada gobernante integrada por el propio Peña, el Secretario de Hacienda Luis Videgaray Caso y el titular de Gobernación Miguel Angel Osorio Chong.

Con la mayoría de sus fines cumplidos, esa especie de “santa alianza” ya cubrió su vida útil y ahora parecen volver los tiempos en que el gobierno se hacía del respaldo de una de las fuerzas opositoras para acabalar mayoría en las Cámaras con la cual garantizar la aprobación de sus proyectos. Se daba una coalición gobernante de facto. Emilio Gamboa y Manlio Fabio Beltrones, se convirtieron en los operadores de lujo de esa forma de cogobierno de derecha y altamente corrupto.

El tortuoso camino de la democracia

A raíz de los resultados de la elección más reñida de la historia política, es decir la de 1988, cuando el Frente Democrático Nacional conformado por los entonces llamados partidos satélites o paraestatales el PPS, PARM y PFCRN al que se sumó en la recta final de la campaña el Partido Mexicano Socialista al declinar su candidato presidencial Heberto Castillo en favor del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas y que dejaron con severa crisis de legitimidad tanto al candidato oficial del PRI Carlos Salinas de Gortari como al ente organizador de los comicios, la Comisión Federal Electoral que entonces dependía de la Secretaría de Gobernación, cuyo mandamás lo era Manuel Bartlett Díaz, a cuyo pasivo se agregó la famosa “caída del sistema” cuando los flujos informativos daban seguro ganador al michoacano.

Desde entonces y hasta algunos años más, se empezó a hablar de la transición a la democracia, como un ideal a concretar a futuro, lo cual requería entre otros aspectos la ciudadanización de los órganos electorales, de los cuales debería sacar las manos el gobierno, la conformación de una instancia dotara de autonomía que se encargara de organizar las elecciones, crear un sistema de medios de impugnación en la materia para darle certeza y seguridad a los comicios, la penalización de ciertas conductas que resultaban reprobables con las reglas democráticas y la creación de una fiscalía que investigara y persiguiera este tipo de ilícitos.

Así planteados los requerimientos que garantizaran comicios limpios y la sana competencia entre las fuerzas políticas, el IFE pasó a ser la punta de lanza de la nueva arquitectura electoral y tuvo su prueba de fuego en la elección de 1994, la cual se llevó a cabo en un ambiente convulsionado por el alzamiento del EZLN a principios de ese fático año y la ejecución del candidato presidencial del partido en el poder el sonorense Luis Donaldo Colosio Murrieta, el delfín del presidente Salinas.

Alternancia sin democracia

El anuncio de que Vicente Fox Quezada, alcanzó la mayoría de votos en la elección del año 2000 y de que el PRI perdía la presidencia de la República por primera vez en más de setenta años en el poder, hizo que muchos mexicanos vieran a la alternancia como una vía legítima hacia la anhelada democracia, aunque en el fondo se concretaba la toma del poder por parte de aquel belicoso grupo de empresarios desencantados por la nacionalización bancaria de 1982 que pasó a fortalecer las filas del PAN y a los que se conoció como los “neopanistas” o “Los bárbaros del Norte”, a los cuales aglutinó el carismático líder empresarial sinaloense Manuel Maquío Clouthier, bajo su candidatura en 1988.

Muy pronto los ilusos mexicanos habríamos de darnos cuenta que el foxiato con su “pareja presidencial” sería una pachanga de seis años y poco cambiarían las cosas en lo político, económico e institucional y que escándalos como el enriquecimiento de los hijos de Martha Sahagún, serían nota hasta la fecha.

Débil en extremo, Fox hubo de ejercer una especie de cogobierno con el PRI, bajo el maridaje de inefables políticos profesionales como Gamboa y Beltrones y cuyos gobernadores se convirtieron en moneda de cambio para garantizar la estabilidad y la gobernabilidad.

Ya con Felipe Calderón esa “alianza canalla”, se mantuvo a pesar de las atrocidades que la guerra contra el narco provocó y que a la larga destrozó el tejido social en muchas zonas del país hasta llegar al estado actual.

La presidencia imperial de que hablaba el historiador Enrique Krauze, se mantuvo intacta durante todo ese período de 12 años a pesar del discurso democratizador y esa permanencia hizo posible el retorno del PRI a Los Pinos en 2012.

Reformas para beneficio de mí mismo

Sabido es que la Presidencia de la República, con sus facultades constitucionales y metaconstitucionales, es decir aquellas que la Ley no reconoce al titular del ejecutivo, pero que de todos modos ejerce, como la de ser jefe del partido en el poder, es el eje del sistema político mexicano, tal como Daniel Cosío Villegas, lo hizo ver.

Debido a esa descomunal fuerza que ejerce, a lo largo de las historia ha debido representar el origen de todo lo bueno y lo malo que han resentido los mexicanos.  Así por ejemplo a Lázaro Cárdenas, se rinde tributo y hasta adoración por la expropiación petrolera, a Gustavo Díaz Ordaz se le repudia por la matanza del 2 de octubre, a Miguel de la Madrid de le tiene como un presidente gris, a Carlos Salinas se le califica no como un modernizador como era su aspiración, sino como un demonio por su forma autocrática de ejercer el poder, a Zedillo como quien entregó el gobierno al PAN, a Fox como un ranchero que llevó el folclor a la institución presidencial y a Calderón como un insensible político capaz de convertir al país en una enorme fosa común según palabras del poeta Marco Antonio Campos y llevarlo a una guerra civil con grupos armados por doquier que dejó más de 100,000 muertos, 25,000 desaparecidos y un sinnúmero de desplazados.

A pesar de todo el poder acumulado en la presidencia, este no ha bastado para legitimar a quien la ejerce y De la Madrid tuvo que encarcelar a Arturo El Negro Durazo, Salinas a Joaquín Hernández Galicia La Quina, líder del todopoderoso sindicato petrolero, Zedillo al “hermano incómodo” Raúl Salinas y Peña Nieto a la maestra Elba Esther Gordillo, líder vitalicia del SNTE, para demostrar fuerza.

Y no conforme con la herencia maldita del presidencialismo mexicano, la clase política decidió sacar reformas que no se ve beneficien a la ciudadanía, ni que promuevan su participación en la conformación de instituciones sólidas o que hagan viable la gobernabilidad democrática. La reforma laboral no ha traído los empleos ofrecidos, la educativa tiene más perfil laboral para regular a los trabajadores del sector, la fiscal captar recursos para el próximo año y la financiera busca asegurar la recuperación de adeudos y regular las comisiones de las instituciones financieras. Mientras  en países como Holanda y Noruega se clausuran cárceles por falta de presos y en España se cierran escuelas por falta de alumnos, en México se construyen cárceles pero no escuelas y las que hay batallan por falta de presupuesto, el cual hay que acabalar con rifas, funciones de cine y el cobro de “cuotas voluntarias”.

Por su talant,e dichas reformas político-electorales permiten sospechar que la clase política busca consolidar su control sobre los procesos electorales, no para profesionalizar la política, sino para perpetuarse como casta gobernante como garantía de obtención de prebendas, riqueza y cargos públicos, lo que implica en realidad en convertir las estructuras gubernamentales en instancias de tráfico de influencias.

Dentro esa perversa lógica deben verse las propuestas aprobadas como la reelección de alcaldes y legisladores (imagine el amable lector a Otto Claussen o a Antonio Astiazarán, frotándose las manos ¡Qué chulada!), se autorizan las coaliciones de gobierno, termina con el sistema federalizado de elecciones, al desaparecer el IFE, eliminar la autonomía de los institutos electorales estatales, que ahora se denominarán “organismos públicos locales de las entidades federativas en materia electoral” y al facultar al Senado a nombrar a los magistrados electorales estatales, con lo cual los Congresos estatales no tienen facultades ya para elegirlos, se prevé la conformación del Instituto Nacional Electoral, la nulidad de los comicios por exceso de gastos de campaña, etc., en donde el PRI debió de ceder ante la presión del PAN, en aras de lograr su apoyo para sacar avante la joya de las reformas: La reforma energética, el botín de botines, en la mira de los neoliberales y sus aliados del capital transnacional de las petroleras anglosajonas, esa que dominan los mercados globales y ante los que el Estado-Nación está inerme.

No por nada el expresidente del gobierno español Felipe González, en la presentación en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara de su libro “En busca de respuestas” sobre el liderazgo en tiempos de crisis, explicó que la democracia no es una ideología y que por su carácter instrumental no garantiza los buenos gobiernos y que la crisis que enfrenta la democracia representativa se debe a que los ciudadanos entienden que sus representantes no toman decisiones (a su favor) debido a condicionamientos supranacionales y ese hecho es una amenaza para la gobernanza, porque los gobernantes que eligen no pueden dar respuestas a sus demandas por la amenaza del complejo financiero internacional, lo que empeora cuando no hay referentes intelectuales, mediáticos, empresariales o religiosos, que son importantes en tiempos de crisis.
 
Más claro ni el agua


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