martes, 25 de febrero de 2014

¡CHAPOTEOSIS!






En un acto espectacular celebrado en el país y en el mundo, el gobierno mexicano detiene al capo más poderoso y más buscado. ¿Qué cárcel podrá hospedarlo sin que vuelva a escapar? ¿Será hora de extraditarlo?

Al amanecer del sábado se estaba escribiendo historia en la lucha contra el narcotráfico en México.

El capo más buscado en el mundo, una leyenda de escapismo que ubicaban en distintos lugares del mundo sin resultados de captura, finalmente cayó, perplejo, dicen, en un operativo sin mayor violencia en una modesta torre de departamentos de Mazatlán, Sinaloa. Nada en relación con los millones que ha acumulado.

El jefe del Cártel de Sinaloa, un hombre de corta estatura y largos alcances, Joaquín “El Chapo” Guzmán, regresaba a las órdenes de la justicia mexicana.

Las horas pasaron lentas esperando la confirmación oficial, la mexicana, desde que a las 9:00 horas –tres después de la captura– la agencia de noticias AP  trasmitiera la noticia en voz de un funcionario norteamericano no identificado.

“Es una gran noticia si se extradita”, decía más tarde otra fuente del mismo país en el que el capo enfrenta también muchas acusaciones. Si no hay extradición, en apariencia sería una noticia más.

Finalmente, poco después de las 13:00 horas, el presidente Enrique Peña Nieto confirmó los hechos por Twitter y felicitó a todas las instancias oficiales involucradas en uno de los mayores golpes al narcotráfico, o al menos el mayor de su sexenio.

Al filo de las 14:00 horas aparecen los funcionarios en el hangar de la Marina en el AICM y Jesús Murillo Karam, procurador de la República, da un mensaje de menos de cinco minutos para narrar los pormenores del operativo “impecable”, frente a las playas del Pacífico.

Mientras los medios agrupados frente a Murillo sentían que no faltaba nada por decir, aparece “El Chapo” custodiado por los hombres de la Marina Mexicana.

Hasta los uniformados marinos prepararon sus cámaras de potentes lentes para capturar la mejor foto. Él, solo dirigió la mirada una vez a los presentes y se captó la mejor toma: la mirada inteligente de uno de los narcotraficantes más poderosos del mundo quedó grabada. Después bajó la vista hasta que subió al helicóptero que lo llevó al penal del Altiplano, en el Estado de México.

A partir de entonces, apenas el sábado por la tarde, empezaron las anécdotas de la captura, de los famosos túneles que conducen al drenaje de Culiacán, y del operativo en donde, relata Murillo y después otros participantes del operativo a los medios, se tuvo la suficiente paciencia para esperar el momento en que no hubiera peligro de desatar la violencia, las balaceras, las muertes y el riesgo de eliminar a “El Chapo”, quien tiene mucho por decir de los pormenores, cómplices, operativos, métodos y entretelones del narcotráfico.

Lo que viene, dicen que es predecible. También era predecible la captura, y sorprende. Pacientemente la justicia esperó a que pasaran los dos sexenios de protección.

Ahora el delincuente tendrá que, al menos, completar la condena que dejó pendiente con su fuga de Puente Grande, en 2001.  Terminó la evasión y empieza otra historia.

(INDIGO/  STAFF / LUNES 24 DE FEBRERO DE 2014)

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