lunes, 22 de septiembre de 2014

TURISTAS ENGAÑADOS


En Los Cabos, el huracán “Odile” dejó daños en el 80 por ciento de la infraestructura. Hoteles, muelles, embarcaciones, viviendas, gasolineras y negocios, fueron arrasados por vientos arriba de 275 kilómetros por hora. Aún no se cuentan los miles de damnificados, pero ante la incapacidad del gobierno para atender la crisis, los saqueos y robos acabaron con las tiendas de Los Cabos. En La Paz, daños serios e “incuantificables”, según el gobernador. Peña y su gabinete armaron planes y deslindaron responsabilidades, pero la solución a la crisis de los sudcalifornianos no se ve a corto plazo

La Paz,  Baja California Sur.- Desde hace 38 años, cuando tocó tierra el huracán “Liza”, el Estado de Baja California Sur no había sido tan severamente y castigado por un fenómeno natural como con la llegada “Odile”.

Según el director de Daños y Autos de la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros, Luis Álvarez Marcén, los daños cuantificados hasta el momento se estiman en 12 mil millones de dólares. A esto se suma la catástrofe de gobiernos incapaces de atender las necesidades de la población de manera inmediata.

La crisis por el fenómeno natural se incrementó con la ineficiencia del Gobierno Federal de Enrique Peña Nieto para atender a los sudcalifornianos. De hecho, el Presidente y sus secretarios se mantuvieron alejados del ciclón que el domingo 14 de septiembre azotó Los Cabos, festejaron el “Grito” de Independencia en Palacio Nacional el 15 de septiembre, y el 16 atestiguaron, en el mismo balcón, el desfile militar. Solo cuando el agua había arrastrado casas, ranchos, poblados, hoteles y negocios en Baja California Sur, las autoridades acudieron a aquellas tierras.

Ni la administración de Marco Antonio Covarrubias, que inició bien con la prevención y apertura de albergues, pudo contener la necesidad de agua, energía y comunicaciones que llevó a los ciudadanos a la desesperación y, por consecuencia, a los terribles saqueos.

De manera que Baja California Sur fue destrozada por el huracán “Odile”, saqueada por los damnificados y abandonada por sus gobiernos.

Los saqueadores actuaron durante 48 horas sin ser detenidos por autoridad alguna. Desvalijaron tiendas departamentales, abarrotes, tiendas de conveniencia y lo que encontraron a su paso. Las gráficas de hombres, mujeres y niños llevándose todo tipo de artefactos, así como alimentos y bebidas alcohólicas con soldados como testigos inmóviles,  son el símbolo de la impunidad en tiempos de crisis. Incluso se vio a policías estatales y Municipales acarreando aparatos eléctricos y bebidas en las patrullas.

Fue hasta el jueves 18 de septiembre que el Gobierno de la República intervino en la seguridad de Baja California Sur, con el envío de militares, policías federales y la cacareada Gendarmería Nacional; entonces se dieron las primeras aprehensiones de saqueadores.

Pero la tragedia no se borró con la fuerza pública. A pesar del boletín emitido por Telmex, de haber reestablecido en 100 por ciento el servicio de telefonía y transmisión de datos, comunidades en Los Cabos, Ciudad Constitución, Mulegé y La Paz, seguían sin poder comunicarse por esas vías.

La energía eléctrica tampoco ha llegado. Prácticamente el cien por ciento de Los Cabos está sin luz, una buena parte de La Paz y el resto de los municipios con frecuentes bajas en la energía. El servicio de agua potable se interrumpió debido a los daños en las tuberías, en tanto, las carreteras se fracturaron, derrumbaron y cerraron por arroyos crecidos.

En la retórica de Enrique Peña Nieto, hasta la ayuda a los sudcalifornianos les fue vendida en términos políticos. El jueves 18, el mandatario nacional anunció la evacuación de turistas extranjeros y nacionales en aviones de las fuerzas armadas de manera “gratuita”, y la “donación” de miles de litros de gasolina por parte de PEMEX.

UN HURACÁN COMO NINGUNO

Para el director general de Protección Civil de la Secretaría de Gobernación, Ricardo de la Cruz Gutiérrez, “Odile” fue tan destructivo que no tiene punto de comparación con “Manuel” e “Ingrid”, registrados en 2013.

Oficialmente, el subdirector de Información del Gobierno del Estado de Baja California Sur, Jesús Leyva, solo confirmó la muerte del empresario coreano Kyong Jim Park, gerente de la minera El Boleo, quien fue arrastrado en su vehículo al intentar cruzar una corriente en Santa Rosalía. Su acompañante, también coreano, sigue en calidad de desaparecido.

De la misma manera perdió la vida el alemán Hunter Treaow, quien fue visto por última vez al salir de una embarcación con dos personas; se desconoce su paradero.

Sin embargo, las autoridades apenas han llegado a zonas urbanas, por lo que falta conocer la realidad que se vive en rancherías, comunidades rurales y campos pesqueros a lo largo y ancho del estado, los cuales están incomunicados desde el 15 de septiembre por la crecida de arroyos y caminos que quedaron intransitables.

Por lo pronto, lo que se ve en la mayoría de las calles y avenidas de La Paz y Los Cabos, es un panorama desolador con árboles, postes de luz, techumbres y anuncios caídos; viviendas, fachadas y negocios colapsados por las rachas de viento superiores a 260 kilómetros por hora. En tanto, en la zona norte -Comondú, Loreto y Mulegé-, donde la fuerza disminuida de “Odile” solo había dejado lluvias, encharcamientos en calles y avenidas, la caída de algunos postes, árboles y arroyos crecidos sobre toda la carretera transpeninsular que cruza desde Guerrero Negro hasta Comondú, con cortes en cuando menos cinco puntos. Los automovilistas tenían más de 40 horas varados en la carretera federal.

Peor aún, la mayoría de los habitantes de La Paz y Los Cabos empezaban a desesperarse por no tener agua y luz, servicios que se restablecen a cuentagotas, sobre todo por el terrible calor que oscilaba entre los 30 y 35 grados Centígrados, situación que mantenía las viviendas convertidas en hornos.

Aun cuando las afectaciones son más que visibles, el gobernador de Baja California Sur, Marcos Covarrubias Villaseñor, declaró que por ahora los daños son incuantificables y todavía no se tiene un balance con cifras preliminares, porque más allá de contabilizar las afectaciones materiales, la prioridad era restituir el servicio de agua potable y electricidad; además de llevar víveres, agua embotellada y colchonetas a toda la población damnificada.

Frente a la estimación inicial de la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros, de pérdidas económicas por más de 12 mil millones de pesos, se informó que la cifra se ajustaría en tres semanas para rehabilitar zonas. El Gobierno Federal tiene un presupuesto de 12 mil millones de pesos en el Fondo de Desastres Naturales (FONDEN) para toda la República, mientras que el presupuesto total del Gobierno del Estado de Baja California Sur, apenas rebasa los 11 mil millones de pesos.

Uno de los acompañantes del Presidente Enrique Peña Nieto el 17 de septiembre, dijo a ZETA: “La bolsa de los recursos del FONDEN no va a ser suficiente para poder atender la contingencia provocada por el fenómeno meteorológico, por el cual incluso -anticipó-podrían solicitar un monto adicional en el paquete económico de 2015”.

A pesar de que el Comité Nacional de Emergencias fue instalado y activado oportunamente, como cuando “Manuel” e “Ingrid” golpearon el Estado de Guerrero en 2013, el trabajo de prevención falló, lo cual quedó en evidencia con el número de damnificados, viviendas y negocios dañados; la mayoría de la población no supo qué hacer, y tampoco tomó previsiones establecidas dentro del protocolo.

Autoridades de Protección Civil ni siquiera informaron qué hacer antes, durante y después del huracán. Se limitaron a pedir a la población resguardarse en sus domicilios y no salir a la calle.

La evacuación de familias que residían en zonas de alto riesgo inició prácticamente a la par de la entrada de “Odile” a Los Cabos. Algunas familias quedaron atrapadas dentro de sus viviendas y soportaron la incesante lluvia, así como los embates del viento dentro del baño de lo que fue su casa. Al superar los 275 kilómetros por hora, se llevaron techos y paredes.

Otras viviendas fueron arrastradas por el arroyo del llamado Vado de Santa Rosa en San José del Cabo, y cientos de personas intentaron cruzar los arroyos sin que en el lugar hubiese autoridades presentes para el rescate.

Las líneas telefónicas de las oficinas del Gobierno del Estado estaban caídas, igual su página electrónica. No se organizaron grupos de prevención, apoyo o rescate. La población de Los Cabos, Mulegé y La Paz, debió sortear en solitario las vicisitudes provocadas por el huracán.

El día después del ciclón, los gobiernos federal, estatal y municipales, se vieron rebasados de nueva cuenta. Los saqueadores se lo llevaron todo, mientras la ayuda humanitaria llega de manera lenta.

También se evidenció la falta de capacidad para actuar en momentos de crisis por parte de las paraestatales, como Comisión Federal de Electricidad (CFE) y Petróleos Mexicanos (PEMEX), así como de los servicios privados de Teléfonos de México y las instituciones financieras.

Hasta el cierre de edición de ZETA, el jueves 18 de septiembre, Los Cabos continuaba sin energía eléctrica, sin agua, sin gas, con servicio de telefonía irregular y sin gasolina. En La Paz, todos los servicios tenían fallas frecuentes. En los cajeros automáticos de los bancos, los billetes se acabaron.

En afán de deslindarse de las fallas, el director general de Protección Civil de la Secretaría de Gobernación, declaró que “desde un principio ‘Odile’ fue muy errático, porque -según los pronósticos del Sistema Meteorológico Nacional-, primero iba a impactar Oaxaca, después Michoacán, luego Colima y más tarde Jalisco; y finalmente pegó en Baja California Sur, con una fuerza tan severa como nunca se había visto, castigando muy duro Los Cabos, y después, pasando con menos intensidad por La Paz, y ya disminuido por Comondú, Loreto y Mulegé”.

LOS CABOS: DESTROZADO Y SAQUEADO

“Odile” no solo dejó daños materiales y miles de damnificados. También arrastró a la desgracia un destino turístico como Los Cabos, de sobra conocido a nivel mundial, donde más de 30 mil turistas que visitaban el municipio vivieron la pesadilla dentro de lujosos hoteles, cuyos cristales volaron en pedazos, las habitaciones se inundaron y toda la belleza de infraestructura turística que los atrajo, se venía abajo rápidamente por lo violento del fenómeno natural.
El emblemático hotel Riu fue el primero en caer por la inundación. Alrededor de 600 turistas abandonaron las instalaciones por iniciativa propia y sin la recomendación o el apoyo oficial, cargaron maletas con el agua hasta la cintura y se refugiaron en el área del lobby.

Uno de los huéspedes, Robert Truax, se quejó que en la contingencia no tuvieron atención por parte de personal del hotel, mucho menos de autoridades. Después del golpe de “Odile” no hubo quien les informara lo sucedido, por lo que la mayoría salió a la zona de playa, ya que sus cuartos quedaron bajo el agua.

Un día después del incidente, el hotel Riu se disculpó con sus huéspedes y emitió un comunicado de prensa, en el cual expuso: “… los huéspedes y su personal están bien”, que solo había que lamentar “algunos daños materiales”.

La mayoría de los hoteles con frente de playa vivieron episodios similares. En muy pocos, como el Hyatt Place de San José del Cabo, los turistas fueron desalojados de inmediato, cuando advirtieron que ventanas, paredes y muebles empezaron a volar en pedazos. Lo único que quedó de pie fue la estructura del hotel en completa ruina.

El punto más afectado por “Odile” fue precisamente Los Cabos.

En el recuento de los daños, el funcionario Ricardo de la Cruz Gutiérrez precisó que “el 80% de las afectaciones se centran en Los Cabos, y el 20 por ciento en La Paz. El resto de los municipios en la zona norte del estado, presentaban daños menores, pero estaban revisando porque (al cierre de esta edición) iniciaban un recorrido por Comondú, Loreto y Mulegé.

“El comportamiento del fenómeno meteorológico todo el tiempo fue errático, porque avanzaba rápido y frenaba, y después cambiaba de dirección rápidamente y se movía de categoría, subiendo de 2 a 3, y hasta 4 en la escala de Saffir Simpson. Después bajaba hasta impactar al estado en categoría 4, con una fuerza extraordinaria que según el registro que tenemos, no había sucedido algo así”, indicó.

Hasta el momento, “no tenemos ningún fallecimiento, salvo algunos hospitalizados que entraron vivos a hospitales por heridas de vidrios u objetos que los golpearon durante el paso del huracán”.

Después de “Odile”, de los festejos del “Grito” de Independencia y el desfile, iniciaron las evacuaciones en Baja Californiano Sur. El mismo Ricardo de la Cruz citó:

“Todo el día estuvimos haciendo evaluaciones y designando acciones muy puntuales, como son agua y alimentos, y la coordinación en el restablecimiento de todas las líneas vitales que haya, tal como agua, luz, gasolina y diésel; porque hay que recordar que los equipos de emergencia y también muchas de las plantas que abastecen luz, como son los hospitales, refugios y centros de operaciones, por lo tanto son una línea vital”.
Sin embargo los servicios, en la realidad, no llegaron.

Después de la visita del Presidente Enrique Peña Nieto el 16 de septiembre por la tarde, se establecieron líneas de acción. Coordinados por el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, el gobernador Marcos Alberto Covarrubias Villaseñor y el coordinador nacional de Protección Civil, Luis Felipe Puente, determinaron:
* Las vías de acceso terrestre, puertos, aeropuertos y telecomunicaciones van a ser vistos por el secretario de Comunicaciones y Transportes, Gerardo Ruiz Esparza.
* La organización y el regreso de turistas a sus lugares de origen será resuelto por la secretaria de Turismo, Claudia Ruiz Massieu.
* El abastecimiento de combustibles como diésel y gasolina, serán responsabilidad del titular de PEMEX, Emilio Lozoya Austin.

* La restitución de energía eléctrica va a ser vista por el director de CFE, Enrique Ochoa Reza.

* La reparación de pozos de agua potable, estará a cargo de David Korenfeld, director de la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA).

Pero el plan en el papel entre los funcionarios de Enrique Peña Nieto, no ha aterrizado en las destrozadas calles de Baja California Sur, ni beneficiado en la prestación de  servicios o apertura de carreteras.

Un día después del golpe de “Odile”, la mayoría de turistas intentó salir sin éxito de la joya de oro de Los Cabos, pero las dos terminales del Aeropuerto Internacional de San José del Cabo estaban colapsadas, y no había salida ni entrada de vuelos.

Sin embargo, el secretario de Turismo en el estado, Rubén Riachi Lugo, dijo tener algunos reportes que algunos vuelos privados “lograron salir del estado, por lo que las pistas estaban operables y las aerolíneas podrían reactivar los vuelos comerciales en cualquier momento”.

Para fines de imagen, la foto y aprovechando la visita del Presidente de México, Enrique Peña Nieto, algunos de los turistas varados fueron sacados en aviones de la Fuerza Aérea y llevados al Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México y al de Tijuana, como parte de la operación de un puente aéreo que el Gobierno Federal estableció para apoyar y transportar de manera “gratuita” a los turistas varados por el paso de “Odile”.

Los traslados que operan con aviones de la Fuerza Aérea y de líneas aéreas comerciales, salían de San José del Cabo hacia Guadalajara, Tijuana, Mazatlán y Distrito Federal.


Sin embargo, la saturación, y por ende la desesperación de miles de turistas, obligó a que muchos de ellos se fueran por vía terrestre al Aeropuerto Internacional de La Paz, a tratar de conseguir un boleto de avión y regresar a sus lugares de origen.

La estampida de turistas colapsó el aeropuerto de la ciudad capital; no había ni la capacidad para atenderlos, ni las condiciones humanitarias para apoyarlos. Prácticamente dormían hasta en la baqueta, en búsqueda de un espacio en las aerolíneas locales con aviones de 13 plazas, los cuales no eran suficientes para desplazar a más de mil personas varadas en la terminal aérea.

De los damnificados locales, la peor parte la llevaron las más de 15 mil familias que habitan en invasiones en zonas bajas y lechos de arroyo; asentamientos irregulares en su mayoría alentadas y promovidas por los ex alcaldes de Los Cabos, Narciso Agúndez Montaño, Luis Armando Díaz y el actual, Antonio Agúndez Montaño, como una estrategia para mantener su coto de poder político.

Lo peor de “Odile” estaba por venir. El abandono gubernamental y la ausencia de ayuda humanitaria, desató a los saqueadores. En Los Cabos, la mayoría de las cadenas comerciales como Walmart, Tienda Ley, Soriana, Comercial Mexicana y las tiendas de convivencia Oxxo, fueron víctimas del vandalismo y la rapiña de grupos organizados que no pudieron ser contenidos por personal y guardias de seguridad de los supermercados y la propia Policía.

Abogados y residentes de Los Cabos, así como reportes al Centro de Control y Mando de la Policía, dieron cuenta de la presencia de grupos armados, encapuchados, asaltando hoteles, viviendas y tiendas.

Los saqueadores -en su mayoría jóvenes armados con palos, machetes y navajas y con el rostro cubierto- eran protagonistas de pleitos, golpes y agresiones físicas. Saqueaban y robaban productos que nada tenían que ver con víveres y alimentación de la canasta básica, como son computadoras, pantallas de plasma, aparatos electrodomésticos y línea blanca, incluso motocicletas. Todo lo que había a su paso.

Mientras los vándalos saqueaban las cadenas comerciales, en una evidente acción concertada entre bandas de cholos y policías municipales de Los Cabos, los más de mil 500 agentes de la recién estrenada Gendarmería Nacional esperaban órdenes superiores en el Aeropuerto Internacional de San José del Cabo.

Según el gobernador, no tenían vehículos y tuvieron que conseguir alrededor de 30 pick-ups para iniciar los operativos de vigilancia, ya que el número de policías era superado por mucho por las turbas que atacaban los negocios.

Por la noche, y aprovechando la penumbra, porque el 95% del destino de Cabo San Lucas y San José del Cabo estaban sin energía eléctrica, las bandas de cholos estaban fuera de control, salían armados de palos, navajas y machetes, asaltando a transeúntes y negocios, amagando y agrediendo a la ciudadanía.
En Los Cabos, prácticamente no había Ley ni gobierno de ningún nivel, a pesar de todos los esfuerzos que se centraron en el destino de playa.

LA PAZ: DAÑOS Y DESESPERACIÓN

Al cierre de esta edición, en La Paz no se presentaban saqueos, robos o asaltos; las familias estaban más centradas en la reparación de los daños de sus viviendas y hacían largas filas en gasolineras, hieleras y comercios para comprar algunos productos de la canasta básica.

Salvo el caso de una tienda Oxxo en el poblado de El Centenario, donde cien personas pretendieron ingresar y saquear, pero declinaron cuando llegó la Policía.

Por su parte, los supermercados no reportaron saqueos ni rapiña, incluso, cadenas comerciales solicitaron reforzar la vigilancia en sus instalaciones.

Las afectaciones por el paso de “Odile” se centraban en los negocios y comercios, incluso en viviendas, sobre todo en colonias donde la mayoría de las casas estaban construidas de madera, lámina, palma y cartón.

La alcaldesa de La Paz, Esthela Ponce Beltrán, confirmó que había familias enteras que perdieron todo. Tan solo en la colonia La Pasión, más de mil viviendas fueron arrasadas por el viento de más de 260 kilómetros por hora, y en colonias como Villas de Cortés, Jericó, Aguas Escondida, muchas casas quedaron devastadas y resultan altamente riesgosas para seguir habitándolas.

Por la mañana, los dueños de esas viviendas se la pasaban en sus terrenos tratando de rescatar lo poco que les quedó, y por la noche regresaban a dormir a los albergues instalados en el Instituto Tecnológico de La Paz, Universidad Autónoma de Baja California Sur y una decena de escuelas primeras seleccionadas como albergues.

Ponce Beltrán indicó que en virtud del número de damnificados, solicitó al gobierno estatal que cuando menos toda esta semana pudieran seguir viviendo en las escuelas, en tanto, clarifican cómo bajarán los recursos federales para reacomodarse, y cuáles van a ser los mecanismos para la construcción de nuevas viviendas, donde todos los damnificados deben tener  la certidumbre de que serán tomados en cuenta en un programa especial de vivienda.

La mayoría de los negocios en la capital del estado presentaban daños en sus fachadas, anuncios y cristales, algunos de los cuales -como el caso de las plazas comerciales The Shoppers y Paseo La Paz- quedaron inoperantes y se desconoce cuándo puedan sobreponerse del golpe de “Odile”.

La fuerza del huracán arrancó de golpe los techos de dos gasolineras y reventó todo el frente de las agencias de autos Chrysler y Seat; colapsó el techo del estadio de beisbol “Arturo C.Nahl” y el de futbol “Guaycura”, y reventó un importante número de cristales del hospital “Juan María de Salvatierra”, dejando inoperante el área de urgencias, quirófanos y de archivos clínicos; además, se perdió toda la papelería e historial de los pacientes de la clínica.

Hasta ayer jueves 18 de septiembre, el Comité del Fondo de Desastres Naturales (FONDEN)  sesionaba en la revisión de información de los daños en viviendas, comercios, infraestructura urbana, escuelas, hospitales y carreteras, entre otras.

El gobernador Marcos Covarrubias Villaseñor aseguró no tener idea sobre el monto de los daños, ya que la prioridad fue salvaguardar la vida de los sudcalifornianos y trabajar en el restablecimiento del agua y la luz, además de  garantizar el abasto de combustibles y alimentos.

“Son muchísimos daños materiales y ya tendremos oportunidad de recabar la información de todas las afectaciones, y entregarla conforme a lo establecido en las reglas del Fondo de Desastres Naturales”, afirmó a ZETA.

La Paz registraba largas filas de automovilistas que se quedaron sin combustible.

La señora María Antonia Martínez comentó que para poder comprar 20 litros de gasolina tardó cuatro horas haciendo fila y hubo de soportar no moverse de un lado a otro, y ver cómo y de qué manera le había ido a sus familiares en otros puntos de la ciudad.

En algunas estaciones de gasolina, incluso hubo conatos de pleitos por el combustible cuando alguien se metía a la fila o llegaba con un galón en mano, pretendiendo recargar. Para evitar este tipo de situaciones, las 21 estaciones de gasolina organizaron filas de carros y de personas con garrafones.
El mismo escenario se veía en los negocios de hielo, los cuales eran abarrotados por decenas de familias en espera de conseguir 20 pesos de hielo, como dijo el señor Pedro Báez: la falta de energía tenía los refrigeradores apagados, y la comida se estaba echando a perder. Querían hielo para la conserva de los alimentos que tenían guardados.

BALANCE DE DAÑOS

Aunque al cierre de edición, los municipios del norte del estado -Comondú, Loreto y Mulegé- no habían presentado un balance preliminar de daños, el secretario general de Gobierno, Andrés Córdova Urrutia, adelantó que hasta donde tenía información, “era mínimo” en referencia a Los Cabos y La Paz.

Ni los gobiernos municipales, el estatal y el federal tenían un balance previo de daños, porque según el director nacional de Protección Civil, “era muy temprano aún” y “todavía no llegamos a esa etapa porque estamos resguardado a la gente, debido a que no están en un lugar seguro, porque no tienen vivienda o una casa segura; una vez que regresen a sus hogares, entonces pasaremos a otra etapa.

“Yo no tengo ninguna duda de que como se ha hecho en otros estados, y en otras emergencias, vamos a hacer la evaluación y todos los recursos llegarán de manera puntual a los damnificados”, expresó Ricardo de la Cruz Gutiérrez.

Por ejemplo, en Los Cabos, la Marina de Cabo San Lucas, considerada una de las más grandes de América Latina, quedó en ruinas. Muchos de los peines y yates lujosos se vinieron a pique. La Marina cuenta con 380 muelles para embarcaciones de hasta 200 pies, y un calado de 20 pies. Es el punto de atraque de cientos de yates que todo el año participan en torneos de pesca deportiva.

No obstante, todavía no se tiene un balance de las pérdidas en esta importante infraestructura turística, así como de los yates y barcos de recreación que estaban atracados, ya que toda la zona está llena de embarcaciones hundidas y pedazos de madera flotan por doquier.

Asimismo, restaurantes y hoteles no entregaban la información de las afectaciones porque estaban en el proceso de armar los expedientes y registros gráficos de los daños y estimaciones conforme a los precios de mercado.

Durante esta semana fueron suspendidas las clases hasta “nuevo aviso” y también las labores en la mayoría de las dependencias de gobierno, sobre todo en cuanto al personal administrativo.

En su visita a la zona, el Presidente Enrique Peña Nieto firmó un decreto para un programa emergente del Gobierno Federal. Estuvo acompañado del gobernador Marcos Alberto Covarrubias Villaseñor; del secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong; del titular de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, Luis Videgaray; así como del secretario de la Defensa Nacional, Salvador Cienfuegos, y el titular de Marina, Vidal Francisco Soberón.

De los secretarios estuvieron: Juan José Guerra, Gerardo Ruiz Esparza, Mercedes Juan López, Jorge Carlos Ramírez Marín y Claudia Ruiz Massieu; también, los directores de CFE, Enrique Ochoa Reza; CONAGUA, David Korenfeld; INFONAVIT, Alejandro Murat; y el coordinador nacional de Protección Civil, Luis Felipe Puente.

VIENE “POLO”

Los ciudadanos aún no terminan de reponerse del golpe de “Odile” cuando el nuevo huracán “Polo” tiene bajo amenaza a Baja California Sur.
El director de Protección Civil de la Secretaría de Gobernación, Ricardo de la Cruz Gutiérrez, recibió la información de que se había formado una nueva tormenta tropical en el Océano Pacífico.

“El sistema que tenemos nos dice que ya se formó ‘Polo’, tiene una trayectoria que hasta el momento va haciendo un borde y costeando sobre el Océano Pacífico. Es el llamado Cono de la Incertidumbre, y hasta el día de ayer… es el Cono que decía en el Servicio (Meteorológico Nacional), podemos tener…. este Cono lo estamos monitoreando de manera permanente, sin embargo, no registramos hasta el momento afectaciones importantes en ningún estado del país, hay que continuar monitoreándolo, hay que recordar que la temporada de ciclones y huracanes no ha terminado. Está de hecho en su pico históricamente en el mes de septiembre, siempre es el pico de la temporada de ciclones y huracanes, por lo cual mantendremos monitoreando”, comentó.

Según el funcionario federal, todavía no tenían clara su trayectoria y desconocían si “Polo” impactaría o no el estado. Lo cierto es que, al cierre de esta edición, el huracán se había convertido en categoría 1 y presentaba una dirección muy similar a la de “Odile”.

POR QUÉ LOS SÚPER HURACANES

“ODILE”
De categoría 3, ha sido el huracán de mayor energía que ha impactado directamente la parte sur de la península de Baja California en los últimos 60 años, desde que se tienen registros confiables.

Con vientos de 200 kph y una presión atmosférica de 922 mb (la presión normal es de 1010 mb), “Odile” entró sobre Cabo San Lucas aproximadamente a las 12:45 am del día lunes 15 de septiembre y  se desplazó a lo largo de la Baja California Sur, debilitándose, pero convirtiendo toda su energía en vientos y lluvias destructivas sobre toda la región, para después, en forma de tormenta, dirigirse hacia el Golfo de California y afectar los estados de Sonora, Baja California y suroeste de Estados Unidos.

A lo largo de la historia reciente, Baja California Sur ha sido impactada por varios huracanes y tormentas tropicales (ver Fig.1), pero quizás “Odile” es el que mayor daño ha ocasionado, pues la intensidad de los vientos fue tan grande que la mayoría de los aparatos registradores del Servicio Meteorológico Nacional dejaron de funcionar, lo que da una idea de su magnitud e impacto destructivo, pues se supone, están diseñados para soportar vientos y condiciones extremas.

Figura 1. Trayectorias de los huracanes de categoría 2 o mayor que han pasado cerca de la punta sur de la Baja California en el periodo 1949-2013. Reproducido de http://csc.noaa.gov/hurricanes/index.html#

Como bien se sabe, septiembre y octubre son los meses en que mayormente puede ser impactada la península de Baja California, ya sea por tormentas tropicales o por huracanes. En particular, el año 2014 inició, con la propagación de una gran cantidad de calor desde el Pacífico central ecuatorial hacia la región americana (a principios de año había sido interpretado como la posibilidad de un súper “Niño”), ha sido caracterizado por una atmósfera muy húmeda y cálida, lo que ha favorecido enormemente el potencial de génesis de tormentas tropicales y huracanes.

HURACÁN “POLO”

Ya se ha dado nombre a un nuevo huracán, “Polo”, formado al sur de Acapulco y que se pronostica, seguirá una trayectoria que de manera potencial podría afectar ambos estados de la península, posiblemente desde el fin de semana hasta el martes 23 de septiembre (fig. 2)

Figura 2. Pronóstico de la trayectoria del Huracán Polo, reproducido de:


Aún es incierto el pronóstico para la trayectoria e intensidad de “Polo”, en este momento (jueves 18 de septiembre) se cree que las mayores probabilidades, son que pasará cerca de la costa occidental de Baja Sur para seguir desviándose hacia el Pacífico. Sin embargo, las condiciones atmosféricas y oceánicas son favorables para que los vientos y lluvias continúen afectado la Baja California Sur con menor probabilidad para la parte norte de la Península,  por lo que se deberá continuar con la alerta.

Por otro lado, desde julio el Pacífico americano registró temperaturas de 0.6°C por arriba del normal, con masas de aire muy húmedas y vientos muy débiles, dando como consecuencia una región de convección favorable para la formación de inestabilidades tropicales (depresiones, tormentas y huracanes). De continuar de esta forma, durante octubre y noviembre, posiblemente se rompa el récord del número e intensidad de tormentas tropicales y huracanes formados en el Pacífico americano.


(SEMANARIO ZETA BCS / Gerardo Zúñiga Pacheco/22 de Septiembre del 2014 a las 12:00:00)

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