lunes, 22 de septiembre de 2014

DENUNCIA PENAL CONTRA ‘EL DIOS DE LA JAIBA’


Congela PGJE averiguación por fraude y robo


El empresario local Arturo Enrique Arratia Salas denunció por fraude y robo al estadounidense Robert Brian Stryker, autodenominado Dios de la Jaiba, y a la sinaloense Maclovia Robles Rubio, propietarios de Desarrollo integral de Jaiba de México, pero dice que sólo ha encontrado injusticia e inmoralidad.

Arratia Salas señala a sus acusados de tener un adeudo de más de 1.6 millones de pesos que se niegan a pagarle, y del robo de casi ocho mil libras de carne de jaiba, en hechos sucedidos desde agosto y septiembre del 2011.

Por el robo de la carne de jaiba y la deuda mencionada, el empresario local interpuso la denuncia penal 276/2013 en la agencia del Ministerio Público del Fuero Común Especializada en Delitos contra la Actividad Comercial e industrial.

La acusación fue presentada el 1 de julio del 2013, pero 14 meses después, la averiguación previa no presenta avance en favor del ofendido. Por el contrario, la representación social pasó de agencia investigadora a defensora del gringo y de la contadora.

“Hay una evidente componenda, un favoritismo, privilegio, parcialidad en favor de los acusados, y atropello, abuso e inequidad en contra del denunciante”, dijo.

Y peor aún, señala, la agente del Ministerio Público del fuero común a la que se le asignó el caso se comporta como una madrastra, pues cada ocasión que acude a preguntar sobre el avance resulta regañado, y hasta es considerado persona no grata por la insistencia o recurrencia a que avance el caso.

Arratia Salas fundó su empresa de descarnado de jaiba durante años de trabajo, y en mucho tiempo laboró sin problemas, beneficiando a campos pesqueros regionales a cuyos recolectores de cangrejo se los compraba en la playa. Él los transportaba a su planta en donde decenas de trabajadores laboran en el descarnado. El producto fresco lo comercializaba en el país, sin trastorno comercial.

En la denuncia asienta que fue a través de Octavio Antonio Otero Vollrath como inició su relación comercial con Robert Brian Stryker y Maclovia Robles Rubio, propietarios de Desarrollo integral de Jaiba de México. La relación laboral comenzó en mayo del 2010.

Durante varias temporadas de captura de jaiba, las entregas de carne fresca fueron pagadas sin retraso.

El acuerdo consistía que cada libra entregada se pagaría a la siguiente recepción con el precio de dólar vigente.

Las entregas se realizaban en la planta procesadora de mariscos ubicada en la calle Corregidora número 2734, en la colonia Anáhuac, en donde aún opera el envasado de carne de jaiba con fines de exportación a Estados Unidos.

Arratia Salas afirmó que en agosto del 2011 entregó a Stryker casi cuatro mil libras de carne de jaiba fresca por un monto cercano al millón de pesos. Esa entrega no fue pagada.

Al mes siguiente, en septiembre, entregó al mismo gringo un nuevo embarque de casi tres mil 700 libras de carne de jaiba, pero entonces le dio la primera evasiva de pago.

Stryker le pidió que regresara al día siguiente para cubrirle la deuda. Así lo hizo, pero por pago o abono recibió una nueva fecha.

Retornó a las oficinas para cobrar la deuda una semana después de que ésta se contrajo. Ningún peso recibió.

Fue entonces cuando comenzó su peregrinar a las oficinas de la calle Gabriel Leyva número 416 norte, en esta ciudad.

Las primeras ocasiones, las evasivas fueron constantes y casi diarias.

Pero al pasar el tiempo, Stryker se ocultó, y al reaparecer se molestó por el cobro de la carne de jaiba recibida en la planta que renta.

Fue tal molestia del inversionista gringo que comenzó a correr de sus oficinas al empresario sinaloense.

Y finalmente, el extranjero terminó por sentenciar el caso: no pagaría nunca, ni regresaría el producto ya exportado.

Y hasta ahora, el Dios de la Jaiba ha cumplido su palabra. Ni paga, ni regresa el producto.

Arratia Salas afirmó que el extranjero construye relaciones comerciales locales, apoyado por desleales nativos, mediante engaños muy bien maquinados, incluso con soporte legal.


Ofrece relaciones comerciales rápidas, con acuerdos verbales, sin papeleo, ni pago de impuesto. Pagos en dólares. Las primeras operaciones con cubiertas a cabalidad, y cuando ya tiene la confianza de su proveedores da paso al fraude. Primero recibe la carne de jaiba, deja que se acumule y repentinamente deja de pagar. Alarga la deuda hasta que termina por correr al acreedor y finalmente se indigna y consuma el fraude.

Arratia Salas comentó que su caso no es único en la región pues se sabe por terceras personas que lo sucedido a él se repitió con otros descarnadores de jaiba.
Pidió al Gobierno del Estado estar alerta de la conducta de Stryker en la entidad, pues éste atenta contra la planta industrial pesquera local, disfrazado con una honradez que está muy lejos de practicar.


(RIODOCE/ LUIS FERNANDO NÁJERA/ septiembre 21, 2014)

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