lunes, 19 de marzo de 2012

INFILTRADOS Y SILENCIOSOS "LOS MAZATLECOS" EN LA POLICÍA DE AHOME


   



Luis Fernando Nájera  
Las revelaciones de otro narcomenudista exhibieron nuevos nexos de policías con el cartel doméstico de Los Mazatlecos, que a su vez destaparon que la corporación continúa siendo una basta red de complicidades a favor de la delincuencia organizada, pese al encarcelamiento de altos jefes y la imposición de “directores interinos” que ha acarreado el asesinato de policías y atentados en masa.



Y no es todo, porque las confesiones y luego aprehensiones, que no han sido aclaradas por convenir a la autoridad policial la confusión ciudadana a la comunidad crítica, revelaron que no existen programas internos para prevenir que agentes de seguridad se alquilen con el narco doméstico o foráneo, o descubrir a aquellos que ya fueron cooptados y que por ello traicionan a la sociedad y a las filas, por un doble sueldo que incluye despensas.

La historia del nuevo escándalo policial en Los Mochis comenzó en el valle de El Carrizo, una de las siete sindicaturas que han sido golpeadas por soldados de Los Mazatlecos al inmolar a decenas de habitantes bajo el objetivo de mantener el control territorial para la alianza de los cárteles Beltrán Leyva-Carrillo-Zetas, y evitar el ingreso de sus enemigos del cártel de Sinaloa, a quien disputan el estado.

De acuerdo con los informes policiales obtenidos, alrededor de las 5:30 de la tarde del viernes 9 de marzo, una fuerza especial de policías preventivos que patrullaban la calle Río Fuerte atraparon al civil Germán Alberto Elías Peñuelas, de 33 años y residente de esa sindicatura.

Sometido a interrogatorios, confesó que trabaja para Rosario Moreno, quien por apodo es conocido como el Chayo Jaibas, y quien a su vez resulta ser un pescador avecindado en el campo Bacorehuis.

El Chayo Jaibas, agregó en su confesión de parte, resulta ser también el nuevo jefe de plaza en la sindicatura de El Carrizo, desde la caseta de San Miguel Zapotitlán hasta el ejido Revolución Mexicana, tras el desmantelamiento del comando Bravo a manos del Grupo de Reacción Inmediata de la Policía Federal Preventiva y que logró rescatar a tres civiles, incautar armas y aclarar al menos tres asesinatos que fueron ocultados en sendas tumbas clandestinas descubiertas en el ejido Chihuahuita.

Tras delatar a su jefes y revelar la nueva organización de su célula, Elías Peñuelas fue trasladado a Culiacán, como ocurre con los casos que para la Policía Municipal son relevantes, desde el arribo de Jesús Carrasco Ruiz.

El “puchador” y también “halcón”, apodo que las huestes del cártel de los hermanos Beltrán Leyva le dieron a aquellos que contrataban para vigilar las calles y que reportaban al comando armado la ubicación de personas sospechosas o el tránsito de vehículos policiales o militares, no dejaría de hablar durante su detención, pues el ser oriundo de un valle flagelado las 24 horas generaba la hipótesis de que sabría más.

De nuevo fue sometido a interrogatorios y entonces explotó.

Delató a tío y sobrino que estaban alquilados con Los Mazatlecos. No era un caso menor porque se trataba de dos policías de Ahome, pero adscritos a la vigilancia de El Carrizo.

Sus nombres son José Hernández Bojórquez, conocido con el apodo del Diablo y quien tenía más de 15 años de servicio como policía municipal, y el sobrino de este, José Enrique Hernández Ibarra, conocido por los sobrenombres del Flaco o el Tolete, con seis años de experiencia en la unidad de vialidad.

Ambos, reveló el detenido, fueron contratados para traicionar a sus compañeros, revelando a la célula Bravo las operaciones policiales diseñadas para su ubicación y captura.

Delatados, tío y sobrino fueron apresados dos días después y presuntamente trasladados a Culiacán para quedar bajo la custodia de la Procuraduría General de la República, que iniciaría una nueva averiguación previa por delincuencia organizada.

Hasta ahora, las declaraciones del Diablo y del Tolete no son conocidas, como es también ignorado su paradero.

Fuentes cercanas a la PGR revelan que tanto los dos policías como el puchador podrían estar arraigados, en tanto la dependencia reúne mayores datos, indicios, pruebas y testimonios sobre más policías cooptados por el narco doméstico, que operan en Los Mochis y los alrededores desde octubre del 2009, cuando estalló la guerra por la plaza.

Buscado en sus oficinas para conocer la versión oficial y personal de los acontecimientos que ocultó deliberadamente para reducir el impacto mediático en su incipiente administración, el “director interino”, Jesús Carrasco Ruiz, se negó a recibir al reportero.

“Dice que no podrá atenderlo porque tiene mucho trabajo”, expuso su secretaria.

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