miércoles, 27 de enero de 2016

HOMICIDIO DE “ENCOBIJADO” EN TIJUANA, SE RESUELVE EN EU


“Quiero que sepan que los amo y que solamente voy a matar a uno más”. “Nunca he matado a nadie que no lo merezca”. Con dos mensajes de texto, Juan Castro Navarro avisa a su novia Eloísa que llegará tarde a casa.

Son las 8:35 de la noche del miércoles 22 de enero de 2014. El hombre da instrucciones de borrar los mensajes, pero la conversación ya quedó registrada por agentes estadounidenses, quienes hace dos meses obtuvieron una orden judicial para intervenir el celular.

En marzo de 2013, el Área de Investigaciones del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos, recibió información relacionada con un cártel que operaba en San Diego y en Riverside, California. Así empezaron a seguir los pasos de Juan Castro Navarro.

Los hallazgos de la investigación, fotografías y mensajes de texto que dan forma a este reportaje de ZETA, se desprenden de reportes del Departamento de Seguridad Nacional, utilizados para integrar el caso contra Castro Navarro y sus cómplices por el delito de conspiración para distribuir metanfetaminas y heroína.


"El Sureño"
2:38 pm Primera imagen de “El Sureño”

A Castro se le identificó como traficante en esa red. Conseguía la droga en México, principalmente en Tijuana, tenía clientes a quienes la hacía llegar en el área de Los Ángeles, California, y coordinaba envíos hacia Utah y Washington.

En noviembre de 2013, agentes federales le incautaron 8.61 kilogramos de metanfetaminas y casi un kilo de heroína, que eran trasladados en un carro desde una casa utilizada como bodega en Ontario, California.

En el inmueble, cateado con orden de un juez federal, se localizaron después 18.60 kilogramos de metanfetaminas, 68 mil 850 dólares en efectivo y varias armas de fuego.

Sin embargo, el 22 de enero de 2014, a través de las escuchas y la intervención de mensajes de texto en el equipo BlackBerry de Castro Navarro, los agentes norteamericanos atestiguaron el secuestro, tortura y homicidio de un hombre en Tijuana.



El Sureño
12:00 am La víctima es sometida por varios hombres.

LA HISTORIA DE UN “ENCOBIJADO”

La tarde del 20 de enero de 2014, Juan Castro Navarro le escribe a su socio Óscar Ureta Cervantes, para informarle de una transacción de diez libras de metanfetaminas.

En Tijuana, un hombre identificado como “Marlon” le dice a Castro que una persona en Los Ángeles está interesada en comprar entre 7 y 20 libras de ice por semana. Por cada libra entregada, le explicó, el cliente identificado como “David” pagaría 3 mil 700 dólares.

Tanto Castro Navarro como Ureta Cervantes estuvieron de acuerdo con la transacción. La cantidad quedó fijada en 55 mil 500 dólares a cambio de 15 libras, pero el negocio no se llevó a cabo.

El agente que redacta el informe explica que el 22 de enero, “Ureta participó en una transacción de diez libras de metanfetaminas, pero le apuntaron con un arma. Le robaron los narcóticos y sus posesiones, incluido su teléfono celular”.

Desde la 1:13 de la tarde de ese tarde, Ureta detalla, vía mensajes de texto, lo ocurrido a Juan Castro Navarro. Con ayuda de “Marlon”, Castro localiza en Tijuana a un integrante de la pandilla que robó la mercancía en San Diego.

Los agentes lo identifican con el apodo “El Sureño”, es el contacto entre “David” (el cliente que compraría la droga en Los Ángeles), “Marlon”, Juan Castro Navarro y Óscar Ureta.

El secuestro de “El Sureño” era una represalia por el robo de la droga, así como un intento por recuperar la mercancía y “torturarlo hasta que aporte información sobre la ubicación de Martín”, indica el reporte. Martín es otro de los involucrados en el atraco.

A las 2:38 de la tarde, Juan Castro Navarro envía un mensaje de texto a Ureta, acompañado de una fotografía de un hombre con un ojo morado, atado a una silla, con las manos sujetas detrás de la espalda. Los agentes identifican a la víctima como “El Sureño”.

“Estoy tan pinche enojado y estas personas están haciendo lo que les digo… estoy preguntando por la gente que te faltó al respeto y estoy pidiendo 20 piezas (de droga)”, escribe Juan Castro Navarro a Óscar Ureta.

La misma imagen es enviada a “EL<3ISA”, nombre de registro de su novia, Eloísa Monjardín.

El intercambio de mensajes inicia con una pregunta de ella “¿Qué es eso amor… estás bien?”, Castro le responde que borre la imagen y que él está bien, pero que irá por otro. “Ten cuidado, mi amor. Te amo con todo mi corazón”, finaliza ella.

A las 10:37 de la noche, ocho horas después de la primera fotografía, Juan Castro le escribe a Óscar Ureta el siguiente texto: “Se llaman La Mafia M. Son Sureños deportados” y confirma que es una banda dedicada al tráfico de droga.

A la medianoche, Castro manda una segunda imagen de “El Sureño” a su socio. Un hombre con chamarra deportiva y una gorra, utiliza su rodilla y un bat de beisbol como palanca para doblar el brazo de la víctima. La mano de otro le sostiene la cara. “El Sureño” tiene los ojos cerrados, en aparente calma. Otro hombre está parado frente a la escena con un bat de madera en la mano derecha.

Media hora después, Juan Castro Navarro envía una tercera imagen. “El Sureño” aparece boca abajo sobre un piso de cemento. Una bolsa de plástico verde le rodea la cabeza. Se encuentra desnudo de la cintura para abajo. Las marcas de los golpes se notan en las nalgas.

Hay tres hombres encima de él. Uno con el pie sobre la cabeza, otro sostiene un bat entre su espalda y sus brazos, el tercero está parado sobre sus rodillas.

A las 12:46 del jueves 23 de enero, Juan Castro Navarro envía la última fotografía de su víctima. El cuerpo está envuelto en una cobija y atado con una soga, “parece estar sin vida”, detalla el reporte.

Al tiempo que participaba el homicidio de “El Sureño”, Juan Castro Navarro mandaba mensajes de texto no solo a su socio Óscar Ureta y a su novia Eloísa; también a otros contactos, entre ellos uno identificado como “Pokemon”, a quien comenta que lo asfixió.

Dos horas después, Castro le escribe a Eloísa “Abre, cariño”. De acuerdo con el reporte, “este mensaje señala que Castro llegó a casa con Eloísa, aproximadamente a las 2:47 am del 23 de enero de 2014”.



12:30 am “El Sureño” es asfixiado

DETENIDO, PERO LIBERADO POR LA PGR

La mañana del jueves 23 de enero, un cuerpo encobijado fue encontrado en la calle Sahuaripa del fraccionamiento Puerta del Sol, Delegación Cerro Colorado en Tijuana.

Los datos recogidos por el equipo forense indicaron “tenía entre 30 y 35 años de edad, presentaba heridas por golpes en todo el cuerpo, principalmente en la cabeza. Vestía una sudadera de color negro y un pantalón de mezclilla color verde”. En el cuerpo, llevaba tatuadas las palabras “Mexican”, “LA”, “Roxana”, “Luis Jr”, “David”, “R.I.P.” y “Torres”.

Se trata del cuerpo de Luis Fernando Torres Baltazar “El Sureño”, uno de los 12 cadáveres encontrados encobijados en Tijuana en 2014, de los 462 homicidios cometidos ese año.

Ese mismo jueves 23 de enero, Juan Castro Navarro se vio con Alejandro Alfaro Galván, con quien había intercambiado mensajes de texto para comprar un arma. La cita fue en un restaurante de mariscos sobre el Bulevar Díaz Ordaz de Tijuana.

A Castro Navarro le acompañaban su novia Eloísa Monjardín y su socio Germán Magaña, quien después sería detenido y sentenciado en Estados Unidos por tráfico de droga. Mientras que a Alfaro Galván, lo acompañaba Carlos Joharenth Sánchez Vera.

Los cuatro hombres fueron detenidos por la Policía Estatal Preventiva (PEP) en el lugar, tras recibir información sobre un grupo de personas con un arma de fuego.

La pistola calibre 9 milímetros estaba abastecida con cuatro cartuchos útiles y uno en la recámara, reportarían los agentes estatales, quienes pusieron a los cuatros hombres y el arma a disposición del agente del Ministerio Público del Fuero Federal.

No obstante, tanto Juan Castro Navarro como Germán Magaña salieron de la Procuraduría General de la República (PGR) al día siguiente.


12:46 am El cuerpo sin vida de “El Sureño”, envuelto en una cobija.

CRIMEN IMPUNE

El 31 de enero de 2014, un Gran Jurado del Distrito Sur de California aceptó una acusación contra Juan Castro Navarro, Óscar Ureta Cervantes, Salvador Torres y Germán Magaña por conspiración para distribuir metanfetaminas y heroína.

Castro Navarro fue detenido en febrero de 2014 en California y, el 13 de enero de 2015, se declaró culpable de conspiración para distribuir más de 40 kilogramos de metanfetaminas y dos kilogramos de heroína. Sus coacusados hicieron lo mismo.

La Fiscalía Federal del Distrito Sur de California utilizó tanto las fotografías tomadas del homicidio como los mensajes de texto para solicitar al juez un aumento de condena, debido a la evidencia de violencia con la que actuó Juan Castro Navarro. No se le acusó de homicidio en Estados Unidos porque el crimen se cometió en México. El asunto solamente puede ser atraído por la jurisdicción estadounidense si la víctima o el acusado son ciudadanos de ese país, pero no fue el caso.

“Por la gravedad de los delitos, su grado de involucramiento y la violencia que fue documentada”, la Fiscalía pidió una sentencia de 262 meses de prisión, casi 22 años, pero el juez Gonzalo Curiel lo sentenció a 15 años de cárcel. Juan Castro Navarro apeló la decisión, pero el juzgador desestimó la petición.

Cada año, alrededor del 80 por ciento de los homicidios en Tijuana queda sin resolver, de acuerdo a cifras de la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE). El asesinato de “El Sureño” se cuenta entre ellos.

Lo que en México se ha averiguado del crimen, es que la víctima se llama Luis Fernando Torres Baltazar. Según la averiguación previa AP/29/14/201 de la PGJE, se sabe que era un hombre deportado y presuntamente se dedicaba al narcomenudeo, pero “no hay presunto responsable identificado”.


(SEMANARIO ZETA/ REPORTAJEZ/   Inés García Martes, 26 enero, 2016 03:40 PM)

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