El 7 de mayo murió la última
sobreviviente del ataque a la Fiscalía de Jalisco, que acabó con la vida de
cuatro mujeres. El asesino, Luis Homero Águila, narró por escrito cómo se
volvió escribiente de esa institución en 1993, y lo cual le permitió burlar con
facilidad la vigilancia
“Yo estoy declarado loco peligroso, y si
me siguen perjudicando, puedo cometer una locura porque conozco el
funcionamiento de todas las armas”
Luis Homero Águila
En un oficio fechado el 15 de agosto del
2016, un mes antes del ataque
El pasado 7 de mayo falleció
la última sobreviviente del multihomicidio ocurrido en la sede de la Fiscalía de
Jalisco, el 14 de septiembre de 2016, a donde ingresó Luis Homero Águila para
disparar y asesinar a cuatro mujeres que ahí laboraban.
El “General Águila”, como se
le conocía, pudo entrar sin ningún problema a las oficinas centrales de la
Fiscalía portando dos pistolas: el revolver calibre 38 que accionó en repetidas
ocasiones hasta caer abatido por agentes, y otra calibre 22, y 36 tiros útiles
en sus bolsas.
Cuando al titular de la
Fiscalía, Eduardo Almaguer Ramírez, se le cuestionó la vulnerabilidad de su
edificio principal, justificó que el sujeto era conocido por todos.
“Era una persona conocida, ya
tenia varios años trabajando aquí alrededor de la Fiscalía y eso fue lo que
generó ese relajamiento (…) continuamente entraba y salía tratando asuntos”, dijo
Almaguer Ramírez.
El “General Águila” trabajaba
como escribiente, se apostaba frente a la Fiscalía con una máquina de escribir
y cobraba por redactar denuncias, principalmente de extravíos de documentos,
placas o celulares.
Desarrolló una animadversión
contra las empleadas del Módulo de Información a las que asesinó, y en especial
contra Araceli Bautista Rocha, la última en morir.
Sus denuncias como
escribiente ya no eran aceptadas bajo el esquema del nuevo sistema de justicia,
y dado que las empleadas del Módulo lo hacían saber a los usuarios, él supuso
que era un “invento” de ellas para afectarlo.
El propio “General Águila”
contó su vida en uno de los oficios que entregó a las autoridades, del 30 de
mayo de 2015, dirigido al presidente Enrique Peña Nieto.
“Dejé mi carrera de profesor
de educación primaria para abrazar la de las armas (teniendo 21 años de edad) y
dándome de alta el 4 de agosto de 1981 en el 4/o. Batallón de Infantería (con
sede en ese tiempo en Guamúchil, Sin.) como soldado raso”, le narra.
Por su “empeño y dedicación
para servir a mi patria”, el 11 de septiembre de 1982 se le ascendió a cabo de
infantería. El 16 de febrero de 1984 ingresó al 79 Batallón de Infantería en
Zapopan, y fue ascendido a sargento 2º escribiente (1 de julio de 1989) y a
sargento 1º escribiente (16 de febrero de 1990).
Su carrera castrense se
detuvo en 1991, cuando fue internado en el Hospital Militar Regional de
Guadalajara, ahí se le diagnosticó un “estado paranoide”. En febrero de 1992 se
formalizó su baja del Ejército.
LA CONSPIRACIÓN
En la mente del “General
Águila” aquellos no eran hechos casuales, sino piezas de una confabulación en
su contra, por denunciar por corrupción a un pagador del Ejército que había
hablado mal de la institución, y dado que la V Región Militar la encabezaba el
general Jesús Gutiérrez Rebollo, vio en él a su maquinador.
“Por los medicamentos que me
dieron quedé completamente trastornado y me hicieron firmar de que aceptaba de
que yo estaba loco... me dediqué a practicar trabalenguas, ejercicios mentales
y de tensión dinámica, para solo así recuperarme de lo que me hicieron en el
Hospital militar de órdenes del general”.
Los problemas que le surgían
los fue tejiendo a esa narrativa conspiratoria que lideraba Gutiérrez Rebollo,
lo mismo si lo detenía la Policía por andar en estado de ebriedad (23 de
noviembre de 1991), que si le negaban empleo en corporaciones (1992).
El nombramiento de Gutiérrez
Rebollo como titular del Instituto Nacional para el Combate a las Drogas (INCD)
en diciembre de 1996,lo indignó. Y cuando aquel cayó en febrero de 1997 por
nexos con el Cártel de Juárez, supuso que él propició la detención.
“Después de que se fue a
México como director del INCD, presenté un informe al Consulado Americano...
pues serían mis denuncias que presenté al Consulado o coincidencia, pero fue
detenido a mediados de febrero del 97”.
EL ORIGEN
Tras su baja, el “General
Águila” pasaba dificultades para emplearse. La Policía tapatía lo aceptó el 18
de mayo de 1992, “pero más tardé en entrar que en salir ya que el 15 de junio
de ese año se me ordenó que solicitara mi baja”, y “como no podía conseguir
trabajo, me presenté al DIF Jalisco a solicitar apoyo y (…) me empezaron a
ministrar despensas”.
Por esas fechas Guadalajara
había sido cimbrada por las explosiones del 22 de abril de 1992 que dejaron
muerte, destrucción y una mayúscula crisis política que removió al gobernador
Guillermo Cosío Vidaurri, y trajo al interino Carlos Rivera Aceves.
Es aquí donde el “General
Águila” revela que fue la esposa de Rivera Aceves, Olivia Miramontes Aguirre,
quien como titular del DIF Jalisco intercedió para que comenzara a trabajar
como escribiente de la Procuraduría, hoy Fiscalía.
Ese es su origen en la Fiscalía
de Jalisco, que luego devendría en tragedia.
Ya en el sexenio de Francisco
Ramírez Acuña (2001-2006), narra el “General Águila”: “se cambió la
Procuraduría de la Calzada Independencia Norte a la Calle 14 de la Zona
Industrial (...) por lógica al cambiarse dicha Procuraduría yo también me
cambié para seguir trabajando”.
Era el huevo de la serpiente.
(REPORTE INDIGO/ LUIS HERRERA/ Lunes 15
de mayo de 2017)
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