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Tras el cambio de colonia penal federal
a complejo penitenciario y una millonaria inversión en infraestructura, las
Islas Marías palidecen como modelo de reinserción social. Convertida en la
“isla de los hombres solos” alberga a 556 reos cuando su capacidad es para 5
mil 106. Todas las mujeres internas fueron trasladadas al Cefereso 16 de
Morelos y los familiares devueltos a casa. El presidente electo, Andrés Manuel
López Obrador, desconoce qué va a pasar con la isla María Madre que podría
convertirse en destino turístico. La académica Verónica Rivera Camacho califica
de absurda la evacuación del presidio que hacía más llevaderas las penas
privativas de libertad
De aquellas historias negras
de inicios del siglo XX y de la presunción de un modelo exitoso de prisión
abierta en el nuevo milenio, poco o nada queda. Hoy el Complejo Penitenciario
Islas Marías luce subutilizado y gradualmente se prepara hacia un abandono que
ninguna autoridad explica hasta el momento.
A pesar que algunas de las
332 prisiones del país son despresurizadas por el egreso de internos y una
buena cantidad de detenidos ya no son encarcelados. 109 de los establecimientos
penales aún padecen de sobrepoblación; es decir, casi el 33 por ciento. De
ellos, 25 albergan a personas privadas de la libertad exclusivamente por
delitos del fuero común, mientras que 84 tienen reos por ilícitos mixtos (fuero
federal y común).
Según las últimas
estadísticas del Sistema Penitenciario Nacional, al 31 de julio de 2018, el
Complejo Penitenciario Islas Marías, con capacidad instalada para 5 mil 106
internos, apenas tiene 556 huéspedes. Lo que significa que mantiene una magra
ocupación del 10.89 por ciento y el resto de las estancias se encuentran
vacías.
El fenómeno no es nuevo.
Presuntamente se trata de una política “pública” que no se ha transparentado y
se encuentra en el sigilo. La población va disminuyendo mes con mes y no se
sabe por qué. Las familias que había en el penal del archipiélago se desintegraron.
Las cárceles de mujeres fueron cerradas y las reclusas reubicadas al
continente, con todo y sus hijos.
Expertos estiman que el
abandono de “María Madre” está relacionado con el decreto que desde 2001
destinó al conjunto de las Marías (Madre, Magdalena, Cleofas y el islote San
Juanito) como Área Natural Protegida (ANP), Reserva de la Biósfera (RB) por sus
ecosistemas frágiles que contienen una gran riqueza de flora y fauna
silvestres. Además de ubicarse en una zona de reproducción de mamíferos marinos
y corales.
No es un secreto que en poco
más de un siglo de ocupación humana la isla del presidio fue devastada en sus
recursos naturales, principalmente por la industria maderera. El momento
histórico de la protección ambiental planteó la idea de abandonar la entonces
Colonia Penal Federal en el sexenio de Vicente Fox Quesada. En 2002 fue enviada
una comitiva para preparar el desalojo y el traslado de los presos a los
reclusorios estatales y a sus familias a casa, pero el plan fue abortado en
2004.
A finales de la
administración del presidente mexicano Felipe Calderón Hinojosa, no sólo se
repobló la isla, sino que se dispuso la construcción de penales de cemento y
rejas donde antes hubo campamentos. Dejó de ser Colonia Penal para convertirse
en Complejo Penitenciario Islas Marías (CPIM).
CEFERESOS ISLEÑOS
Al iniciar su gestión como
titular del Ejecutivo federal, en diciembre de 2006, Felipe Calderón encontró
una Isla María Madre con 900 colonos y una capacidad para recibir hasta 2 mil
200. Con la guerra declarada contra la delincuencia organizada, los penales de
las entidades federativas aumentaron ostensiblemente sus niveles de
sobrepoblación y la crisis penitenciaria se agudizó.
Como parte de la estrategia
para albergar a más prisioneros, abatir el hacinamiento y hacerse cargo de la
custodia y manutención las personas privadas de la libertad por delitos del
fuero federal, el Gobierno de la República, construyó nuevos centros federales
de readaptación social (Ceferesos) en diversos estados.
El plan incluyó que se
abandonara aquella romántica idea de la readaptación –hoy reinserción social-
en la que los presos vivían con su esposa o concubina, y sus hijos, en un
régimen de semilibertad en medio del Océano Pacífico, frente a las costas de
Nayarit, y se construyeran también penales de concreto y celdas, con niveles de
mínima, media y máxima seguridad como en el continente.
Entre 2009 y 2012 se
materializó la obra. La Desarrolladora
de Casas del Noroeste, S.A. de C.V, fue la licitada con quien se firmó un
contrato por la cantidad de 741 millones 640 mil pesos por el “incremento a la
infraestructura, a los campamentos de la Colonia Penal Islas Marías y Etapa Uno
de la construcción de estancias de segregación de internos de mediana y alta
peligrosidad”.
De esa forma se incorporaron
los nuevos Ceferesos que integran el Complejo Penitenciario Islas Marías bajo
una dirección general, hecho que se publicó en el Diario Oficial de la
Federación el 3 de junio de 2011, por acuerdo 04/2011, firmado por el entonces
Secretario de Seguridad Pública Federal. Dichos penales son:
* Centro Federal Femenil de Readaptación Social de
Seguridad Mínima “Zacatal”, que nunca se terminó de construir, ni entró en
funciones.
* Centro Federal Femenil de Readaptación Social “Rehilete”,
con capacidad para 480 internas.
* Centro Federal de Readaptación Social de Mínima
Seguridad “Aserradero”, para albergar a mil 295 presos.
* Centro Federal de Readaptación Social “Morelos”, con
cupo para 2 mil 820 reos.
* Centro Federal de Readaptación Social “Bugambilias”,
para mil 55 personas privadas de libertad.
* Centro Federal de Readaptación Social de Seguridad
Máxima “Laguna del Toro”, con capacidad para 2 mil 390 internos peligrosos.
La capacidad instalada se fijó
en 8 mil 40 espacios. Tan solo en ese año de 2011 la población llegó a los 7
mil 973 reclusos. Se realizaron traslados masivos de los penales estatales, la
mayoría contra la voluntad de los privados de libertad. Muchos de los afectados
interpusieron juicios de amparo y ganaron su regreso a la cárcel de origen. Un
año antes, el Consejo de la Judicatura de la Federación había instalado el
“Juzgado de Distrito del Complejo Penitenciario Islas Marías y Auxiliar en toda
la República”.
REVERSA AL BARCO
Sin duda que las cosas
cambiaron, no sólo para los reos, a quienes se les acabó el régimen de
semilibertad. Eran muy pocos los que aún disfrutaban de esa modalidad y seguían
con familia en la Isla María Madre. Cambió también para el gobierno que
concesionó múltiples servicios a la empresa que es proveedora de la mayoría de
las prisiones del país: La Cosmopolitana, S.A. de C.V., que no sólo prepara
alimentos, hace fontanería, reparaciones de electricidad y convierte a
trabajadores administrativos en custodios, también transporta servidores
públicos en taxi acuático.
Isla Madre, Islas Marias
Todavía antes de junio de
2012 el personal dependiente del Órgano Administrativo Desconcentrado
Prevención y Readaptación Social (OADPRS) era transportado sin costo para la
Secretaría de Seguridad Pública mediante las embarcaciones Maya, Álvarez,
Barrera y Santos, pertenecientes a la Secretaría de Marina (SEMAR) con
capacidad para 100 a 120 personas.
Después de esa fecha, La
Cosmopolitana se llevaba más de 50 millones de pesos al año, derivados del
contrato abierto plurianual por concepto de pasaje en la transportación de
personal. Los familiares de los isleños ingresan y egresan semanalmente en un
buque de la Armada de México hasta para 200 pasajeros.
Un motín de grandes
proporciones, el 2 de febrero de 2013, dio la bienvenida a Enrique Peña Nieto,
con apenas dos meses en el cargo de presidente de México. El Cefereso de máxima
seguridad “Laguna del Toro” reventó, luego de que los presos no soportaron los
malos tratos y segregación a algunos de sus compañeros. Prendieron fuego con
combustible en colchones, lesionaron a custodios y se fugaron al monte. Uno de
los celadores murió en el Centro Médico del IMSS en Guadalajara y 32 reos y
ocho servidores públicos resultaron heridos.
La tensión se había acumulado
de meses, pues a los internos no les suministraban los servicios de luz
eléctrica, agua corriente para los baños e higiene personal. Así como tampoco
les dotaban de agua suficiente para consumo humano; no se les brindaba atención
médica cuando la requerían, no les permitían tener actividades laborales,
educativas, de recreación y físicas. En cuanto a los alimentos, éstos no
reunían las características de calidad, cantidad e higiene; la empresa
multiconcesionaria no fue sancionada.
Otra estocada al nuevo modelo
carcelario de Islas Marías ocurrió en mayo de 2015 cuando la Coordinación
General de Centros Federales de Readaptación Social informó del cambio de
capacidad de diversos Ceferesos a los que les fue aumentado el aforo. Contrario
al complejo del Océano Pacífico, que de 8 mil 40 espacios bajó a sólo 5 mil
556. Para entonces la población presa había disminuido a mil 972 reos.
El traslado de internos
continuó hacia penales estatales y en octubre de 2016 se conoció del cierre
definitivo del flamante Cefereso Femenil “Rehilete” que tanto dinero costó unos
años antes. Se había inaugurado el Centro Federal Femenil de Readaptación Social
número 16 CPS Morelos, en Coatlán del Río, a donde fueron trasladadas todas las
mujeres que estaban privadas de la libertad en el archipiélago, con excepción
de una veintena que recibía atención médica y estaba en calidad de depósito en
hospitales de Mazatlán, Sinaloa.
Ahí se marcó el regreso de
los últimos niños que vivieron en la isla y una nueva capacidad del complejo
penitenciario que quedó para 5 mil 106 reclusos, aunque ya sólo había como mil.
El descenso gradual, a veces
de 20, 30 y hasta 40 reos cada mes, tiene la población actual en 556 hombres,
la mayoría en “Laguna del Toro” y Cefereso “Morelos”. El 89.11 por ciento de la
capacidad total de espacios está desocupada. Al respecto, el 2 de marzo del año
en curso, el entonces candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador,
informó en redes sociales que en una reunión que tuvo con empresarios de
Nayarit se habló del tema para darle un mejor uso a las Islas Marías.
El presidente electo, López
Obrador, dijo en esa fecha: “Se habló de convertirlas en un penal ejemplar para
la readaptación, mediante el trabajo, la educación y la cultura de los
reclusos, o también dedicarlas al desarrollo turístico. En su momento
resolveremos sobre lo que más convenga al interés general”.
ABSURDO ABANDONO
La doctora Verónica Rivera
Camacho, docente del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades
(CUCSH) de la Universidad de Guadalajara (UdeG), quien fue servidora pública
por casi dos décadas en los sistemas penitenciario y post-penitenciario de Jalisco,
atendió muchos años a quienes estuvieron internados en las Islas Marías y
fueron enviados de reclusorios o centros de reinserción locales, con su
familia, porque sus penas iban a ser muy largas. A su regreso, conoció de viva
voz sus historias.
Recuerda con agrado los casos
en los que se obtenían resultados positivos. “Don José Luis, estuvo preso por
el delito de homicidio, y me platicó que cuando llegó, el régimen de
tratamiento que tuvo allá fue de trabajar. Laboró desde abajo,
independientemente de la capacitación, oficio o profesión que hubiese
desempeñado en libertad antes de cometer el delito; siempre se iniciaba desde
el trabajo más difícil. Era un régimen progresivo técnico, tal y como lo
mencionaba la Ley de Normas Mínimas. En ese régimen ellos, conforme iban
avanzando y con el buen comportamiento los iban trasladando o cambiando de
trabajo hasta obtener uno en las propias oficinas de gobierno apoyando ahí a
los abogados, a los psicólogos o demás personal”.
“La forma de vida que tenían
ellos ahí era óptima porque ellos vivían en campamentos. En cada campamento,
ellos podían tener a su familia y aunque era un régimen disciplinario, porque
no hacían lo que querían, sino que se tenían que sujetar a una serie de
actividades rigurosas como era trabajar, ir a la escuela, realizar artesanías y
mantenerse todos los tiempos ocupados. Sin embargo, era como vivir en un
pueblito con la familia. Hubo quienes en las propias islas encontraron el amor
y se casaron con alguien con quien no llegaron”, expresó la académica. Aquí el
resto de la entrevista:
— ¿Realmente era una prisión modelo en el viejo
esquema de colonia penal federal o sólo un planteamiento romántico del
penitenciarismo mexicano?
“Cuando estos colonos, como
se les llamaba, egresaban por obtener un beneficio de libertad anticipada y se
reportaban en las oficinas en las entidades federativas para cumplir con las
condicionantes de ley, eran las mejores personas que teníamos en cumplimiento,
porque ellos ya tenían una disciplina como cualquiera de las personas libres.
Se levantaban temprano, se bañaban, desayunaban y salían de casa a trabajar,
después a la escuela y otras actividades educo-formativas dentro de la isla. No
nos costaba trabajo recomendarlos a una empresa para que les dieran empleo, porque
esas personas ya estaban acostumbradas y si lograban reinsertarse socialmente.
Allá no había problemas de contaminación, como consumo de drogas, ni régimen de
los llamados autogobierno, entonces se lograban realmente características de lo
pretendido -teórica u utópicamente- que es la reinserción social”.
— ¿Qué diferencia había entre estar preso en un
reclusorio o en la isla?
“Otro liberado, Don Julio, se
dedicaba a pintar. Él había sido trabajador federal en un museo y creo que por
ahí se perdieron unas piezas y entonces le fincaron el delito de robo. Fue a
parar a las Islas Marías, e igual que a José Luis, no le tomaron en cuenta la
preparación que tenía y tuvo que empezar a trabajar desde abajo, hasta
finalmente laborar en las oficinas de gobierno. Dice que él, ya estando ahí,
después de tantos años de estar purgando su pena, ya no quería salir. Se quería
quedar en la isla a vivir, pero como toda pena tiene que terminar tiene que
egresar, es una prisión. Al final, Don Julio y José Luis no sentían que estuvieran
en la cárcel, por el régimen tan bondadoso que es el progresivo técnico en su
máxima expresión.

“El viejo sistema de las
islas tenía sus ventajas, que no se tiene en un centro penitenciario porque en
éste último finalmente se vive en celdas, mientras que allá vivían en una
casita o búngalo con la familia. Los niños podían estar hasta determinada edad
con sus papás o cuando terminaban la secundaria tenían que regresar al
continente y venía el desprendimiento de la familia. Ya era parte de la normalidad
que ellos tenían y el padre o la madre, seguirían cumpliendo una pena, con la
esperanza de verlos en la semana que los iban a visitar, porque la visita
familiar se tenía que quedar toda una semana y después se tenía que retirar,
para volver en seis meses o un año”.
— Hoy se está abandonando la Isla María Madre. Están
trasladando a las personas privadas de la libertad hacia el continente. Parece
que ya no será complejo penitenciario porque es un área natural protegida,
reserva de la biósfera. ¿Qué opina?
“Efectivamente me comentaban
los liberados que fueron colonos que había mucha fauna y vegetación. Incluso
comían y trabajaban de lo mismo que había en la isla. Había un campamento
aserradero porque había muchos árboles, un campamento pesquero, otro con
vocación agrícola y había manera de que esa cárcel fuese autosustentable. Por
razones o fines políticos, cambia la perspectiva de la prisión, y en vez de ser
una colonia penal federal se convierte en prisiones de mínima, mediana y máxima
seguridad.
Ahí cambia todo el contexto,
de hecho, los internos se inconformaron por esa situación porque les
modificaron su forma de vida. De estar viendo la luz, el sol, la naturaleza.
Para mí es desgastante hacer entender a los políticos que la reinserción social
sí se puede lograr con herramientas, actividades y la vida que se tenía en la
colonia penal. Y el hecho de que la hayan cambiado a estructuras de concreto
como las que conocemos en El Altiplano, Puente Grande u otros Ceferesos, lo
único que trae por consecuencia es que no creamos en la reinserción social. Tan
no creen que está cambiando un modelo generoso por un régimen rígido y menos
flexible, lo que no abona a una efectiva reinserción de los sentenciados”.
— Se dice que podría ser abandonada la prisión del
archipiélago o ser destinada como punto de interés turístico…
“El hecho de que quede sola
la isla creo que será un desperdicio. Sí lo van a convertir en destino
turístico entonces no estarán protegiendo la isla ni su naturaleza ¿no? Al
contrario, se la van a acabar. Si fuera por protegerla entonces déjenla
abandonada y al olvido para que se recupere con el tiempo como en su momento
estuvo. Sin embargo, yo me pronuncio por que regrese la colonia penal como
llegó a ser.
— ¿Qué va a pasar con esas moles de concreto?
“Las personas que estén ahí
privadas de la libertad, como en su momento lo estuvieron, en semilibertad,
obligadas a trabajar podrían reforestar y regenerar el medio ambiente. No fue
su culpa. Quienes dirigieron esta colonia penal no pensaron que los recursos
naturales se iban a acabar y aquí están las consecuencias. Yo me pronuncio por
que se abandone y se cuide o regrese la colonia penal”.
— Para quienes siguen presos ahí, esos poco más de
500, en la “isla de los hombres solos”, ¿qué tanto les perjudica estar lejos de
casa y no recibir visita frecuente de sus seres queridos?
“Tan simple y sencillo como
que ya no se está cumpliendo con el fin de la pena, que es la reinserción
social que señala el artículo 18 constitucional. Mandar o tener personas allá
sin visitas sería anticonstitucional, porque entonces a los que deberían enviar
allá a manera de relegación es a personas sentenciadas por delitos como
delincuencia organizada, secuestro, tratantes de personas, homicidas
peligrosos, bueno los que se menciona en el segundo párrafo del Artículo 19
constitucional. Así valdría la pena, pero no para quien se porta bien y tiene
un perfil de persona útil, porque nadie se puede reinsertar si no se tiene
contacto con el exterior”.
(SEMANARIO ZETA /EDICIÓN IMPRESA/ LUIS CARLOS SÁINZ/ LUNES, 8 OCTUBRE, 2018
01:00 PM)