
Muerto el Lazca, quedan solo cinco líderes del narco en
México: todos son sinaloenses y parecen ir hacia una nueva
configuración del mapa criminal del país Redacción
Corría la tercera semana de febrero cuando un grupo de operaciones
especiales de la Policía Federal recibió la orden de concentrarse en
San Pedro Garza García, Nuevo León. Fueron 30 elementos y se hospedaron
en un hotel de la ciudad. Estuvieron ahí varios días hasta que llegó
la orden: “Prepárense, esta noche tendremos acción”.
Se prepararon. Caída la noche salieron armados “hasta los dientes” a
dar vueltas sin rumbo. Recorrieron muchos kilómetros esperando la orden
de actuar, le dieron una vuelta completa a Monterrey y de nuevo
regresaron a San Pedro. Uno de los jefes les ordenó que se acercaran a
una zona del municipio gobernado por Mauricio Fernández Garza.
“Tenemos el blanco”, les dijo. Se acercaron. “¿Y aquí quién?”, se
preguntaban los agentes, con los ojos desorbitados detrás de los
pasamontañas. “¿Pues quién más?: el Lazca”, se dijeron. El jefe se los
confirmó: “Tenemos al Lazca, pero vamos a esperar la orden de los
gringos, eso me dijeron de arriba”.
El Lazca, en los planes de rastreo y ataque a blancos del narcotráfico,
era objetivo de la Drug Enforcement Administration (DEA). Esa noche,
Heriberto Lazcano Lazcano estaba en una fiesta privada y se retiró
cuando quiso.
—¿Por qué no fueron por él? —pregunta Ríodoce a un mando de la PF que estuvo en el lugar.
—Porque la orden nunca llegó.
—¿Por qué no llegó?
—No lo sé, era terreno de ellos, nosotros éramos pocos, tal vez nos
hubieran acabado, no lo sé, eso lo decidieron los de la DEA. A las tres
de la mañana rompimos posición y nos fuimos. Dos o tres días después
regresamos a la Ciudad de México.
Una muerte extraña
En Progreso, Coahuila, el máximo líder de los Zetas no tuvo tanta suerte
o no hubo quién lo cobijara. Una patrulla de la Marina, compuesta solo
por seis elementos, acabó con él. Todo indica que el encontronazo fue
circunstancial, pues en una operación planificada, considerando el peso
del objetivo, hubieran llegado decenas de elementos con apoyo de
helicópteros.
Aunque las circunstancias en que cayó el exmilitar todavía no están
claras, como tampoco la forma en que desapareció el cadáver de la
funeraria donde fue depositado en la ciudad de Sabinas.
Dos crónicas realizadas desde el mismo lugar de los hechos levantan
datos muy distintos. Una fue publicada por el diario Reforma, la otra
por Excélsior.
Reforma narra que antes de cruzarse en su camino una patrulla de la
Marina, Heriberto Lazcano Lazcano se encontraba como espectador en un
juego de beisbol regional que se efectuaba en un estadio con gradas
desvencijadas, ubicado en Progreso, Coahuila, justo a la entrada del
pueblo.
De acuerdo con la crónica, era la una de la tarde. Según sus
testimonios, Lazcano se encontraba acompañado de un sujeto que más tarde
fue identificado como Mario Alberto Rodríguez Rodríguez, de 44 años,
escolta de Lazcano.
Las fuentes de Reforma le contaron que el Lazca y su acompañante
llegaron en una camioneta pick up blanca de doble cabina y la
estacionaron frente al campo. El Lazca y Rodríguez Rodríguez comían y
bebían mientras observaban el juego. Momentos después se retiraron y 20
minutos después regresaron para seguir viendo el partido.
A pesar de que en la parte trasera de la camioneta traían armas de
grueso calibre y que podían ser observadas desde donde estaba el
público, uno de los testigos refirió que la gente le prestaba más
atención al juego.
La tranquilidad en el lugar se rompió cuando llegaron seis elementos de
la Marina, quienes, según las versiones obtenidas por Reforma, habían
sido alertados de la presencia de hombres armados en el parque de
beisbol.
Lo primero que se escuchó fue un granadazo. “Luego la gente vio que
llegaron los marinos y comenzaron los ‘tracalazos’”, relató un testigo.
Empezó la confusión. Algunos jugadores empezaron a correr, otros se
pusieron pecho tierra y la gente salió disparada rumbo a un arroyo que
pasa por un monte para ponerse a salvo.
Según un testigo, el Lazca y su acompañante lograron subir a su camioneta y huir mientras los marinos los “roceaban” de balas.
Relató que los presuntos capos se detuvieron para repeler la agresión.
Primero “uno de ellos (Rodríguez Rodríguez) se bajó (de la camioneta) a
tirar, que fue al que tumbaron primero, era el conductor.
Luego el copiloto (el Lazca) también se quiso bajar, pero ahí quedaron
los dos muertos, a un lado de la camioneta blanca”, detalló el testigo.
La gente del poblado calculó que la balacera duró unos 20 minutos.
Pero Excélsior cuenta otra historia. La versión es de una adolescente
entrevistada por el reportero enviado y no cuadra con la de Reforma ni
con la oficial. La joven de 16 años habla de dos hombres golpeados, uno
de ellos con los ojos vendados y cuyo final fue a quemarropa. El otro,
según la jovencita, recibió una paliza y lo subieron a una camioneta aún
con vida.
“Primero escuché dos disparos y luego un sonido como explosión. Nos
tiramos al suelo, pero alcancé a ver que los marinos agarraron a dos
hombres y los comenzaron a golpear. A uno de ellos, de camisa blanca, le
taparon los ojos con un trapo y en el suelo le dispararon.
“Al otro lo golpearon, pero lo subieron vivo a una camioneta. Nos
quedamos tirados un buen rato y cuando pudimos nos echamos a correr a
nuestras casas”.
De acuerdo con la versión oficial, los hechos se registraron alrededor
de las 13:30 horas en el poblado de Progreso. La Marina dijo en un
comunicado que el enfrentamiento ocurrió luego de que desde una
camioneta en movimiento un convoy de la Semar fue atacado a granadazos.
Los marinos respondieron dando muerte a dos gatilleros y asegurando dos
armas largas, dos lanzacohetes, dos cohetes y dos lanzagranadas.
Hasta las 22:55 horas de ese domingo la Secretaría de Marina señaló en
un comunicado que durante el enfrentamiento un marino resultó herido y
dos pistoleros perdieron la vida. Después de realizar los estudios
correspondientes, dijo, “se alcanzaron indicios sólidos” de que uno de
los muertos es Heriberto Lazcano.
Sin embargo, para el martes por la mañana, cuando la Marina confirmó que
uno de los muertos se trataba de Heriberto Lazcano, el cadáver ya había
desaparecido.
La madrugada del lunes 8, entre la 01:00 y 01:30 horas, un comando de
encapuchados entró a la funeraria García y obligó al dueño del
establecimiento —eso declaró él— a depositar los restos en una carroza y
conducirla para sacarlos del lugar. El sitio a donde los llevó aún es
un misterio.
Una empleada de la funeraria entrevistada por Reforma, confirmó la
información: “Se los llevaron desde ayer (el lunes 8), después de
practicarle nosotros la autopsia… “Ni supimos quién era ni nada. No
sabemos quién se los llevó”.
Tres estaturas distintas
El caso del Lazca estuvo rodeado de misterio desde que se empezaron a
conocer los primeros indicios de su muerte. Estos trascendieron cuando
alguien ya se había llevado el cadáver.
Cuando se confirma que murió, el martes 9, la Procuraduría de Justicia
de Coahuila proporciona las señas particulares del narcotraficante y ahí
surgen más dudas, pues en cosa de horas a Lazcano Lazcano se le
atribuyeron tres estaturas distintas.
El procurador, Homero Ramos Gloria, dijo que un cotejo de las huellas
dactilares les permitía afirmar que uno de los dos muertos en el
enfrentamiento con la Marina era el Lazca. Dio durante la misma
conferencia de presa datos particulares: año de nacimiento: 1975;
estatura: 1.60 metros.
Unas horas antes, en un comunicado enviado a los medios la noche del
lunes, la Secretaría de Marina había informado que “al realizar una
búsqueda en las bases de datos dactilares de las huellas de los dedos
pulgar, índice y medio, tomados de la mano derecha de uno de los
criminales abatidos, se corroboró que se trata del delincuente quien
nació en 1975 y medía 1.60 metros de altura”.
“En alcance al comunicado 196/12 emitido por esta institución el día de
ayer, donde se informa el abatimiento de dos presuntos miembros de la
delincuencia organizada, la Secretaría de Marina informa los indicios
que señalan que uno de los cuerpos pertenece a Heriberto Lazcano
Lazcano”.
Pero los datos que tiene en su portal la DEA son otros, pues la ficha
que muestran dice que nació en 1974 y tiene una estatura de 5.8 pies, lo
que es equivalente a 1.76 metros.
Y como la confusión todavía era poca, el vocero de la Semar, José Luis
Vergara, aceptó una equivocación en la estatura de Heriberto Lazcano y
dijo que “las pruebas periciales marcan que la estatura del cuerpo era
de 1.80 y no de 1.60”' como había dicho antes. Para justificar las
diferencias, el funcionario dijo simplemente que “'son datos
aproximados”.
Es decir, que Lazcano había ingresado al Ejército, había formado parte
del Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales (GAFE), había desertado y se
había convertido en uno de los líderes más sanguinarios del crimen
organizado en México, blanco específico de la DEA… y las autoridades
gringas y mexicanas solo tenía de él “datos aproximados”.
La necropsia, una pifia más
Un perito de la Procuraduría de Justicia de Coahuila realizó la
necropsia de los dos cuerpos en la misma funeraria de donde se los
llevaría horas o minutos más tarde.
De acuerdo con el informe, los disparos provocaron al líder de los Zetas
laceraciones y hemorragia cerebral intraparenquimatosa bilateral, así
como choque hipovolémico, entre otros efectos.
Herida por herida, se detalla:
1. Herida por proyectil de arma de fuego de grueso calibre con orificio
de entrada en región occipital, alojando el proyectil en la base del
cráneo, en la parte anterior izquierda con trayectoria de atrás hacia
delante de abajo hacia arriba y de izquierda a derecha.
2. Herida por proyectil de arma de fuego de grueso calibre con orificio
de entrada en la parte posterior de la región parietal izquierda y
orificio de salida en región parietal derecha, que fracturó el hueso
occipital.
3. Herida por proyectil de arma de fuego con orificio de entrada en la
parte superior del glúteo derecho, con orificio de salida en cara
interna de muslo derecho por debajo de los testículos con trayectoria de
atrás hacia delante de arriba hacia abajo.
4. Herida por proyectil de arma de fuego con orificio de entrada en
parte superior de glúteo izquierdo y orificio de salida en parte
superior de muslo izquierdo con trayectoria de atrás hacia delante de
arriba hacia abajo.
5. Herida por proyectil de arma de fuego con orificio de entrada en
región pectoral derecha por debajo de la tetilla, perforando diafragma,
asas intestinales y mesenterio, con trayectoria de arriba hacia abajo,
de adelante hacia atrás y de derecha a izquierda.
6. Herida por proyectil de arma de fuego por arriba del codo derecho
causando fracturas múltiples de los huesos que conforman el codo,
trayectoria de atrás hacia adelante, de arriba hacia abajo y de derecha a
izquierda.
Pero al día siguiente la Procuraduría de Coahuila destapó una pifia más
en el caso, al afirmar que fueron cinco, no seis, los disparos que
terminaron con la vida de Lazcano.
El director del Servicio Médico Forense de la PGJE, Felipe de Jesús
Cobos, dijo que cometió “un error de dedo” en el dictamen de la
necropsia que se difundió ayer masivamente y que fueron cinco, no seis,
los orificios de bala que presentaba el cadáver del Lazca.
Camino libre a Sinaloa
Sea porque hubo acuerdos del Gobierno federal con los líderes del cártel
de Sinaloa o porque la estrategia ahora está abiertamente orientada
contra las organizaciones del Golfo y los Zetas, el caso es que el golpe
a Heriberto Lazcano despeja el camino hacia una nueva configuración del
mapa criminal del país.
Del cártel de Sinaloa son indiscutibles los liderazgos de Joaquín Guzmán
e Ismael Zambada, pero también hay que considerar a Juan José
Esparragoza, que aunque vive en cierto retiro, mantiene una autoridad
sobre el grupo que nadie pone en duda.
Del cártel de los hermanos Beltrán Leyva, con espacios muy acotados en
el territorio nacional, tampoco se ponen en duda la jerarquía de Héctor
Beltrán. Y del cártel de Juárez, está a la cabeza Vicente Carrillo
Fuentes, hermano del fallecido Señor de los Cielos.
No hay en el cártel del Golfo una cabeza visible con la estatura de los
capos de Sinaloa y de los Zetas destaca Miguel Treviño Morales, el Z-40,
quien se convirtió, al caer Lazcano, en el objetivo número uno para el
Gobierno federal. Y las organizaciones de Michoacán, Jalisco y Guerrero,
la Familia Michoacana, Los Templarios… no han generado todavía
liderazgos consistentes.
No es casual que estos movimientos ocurran en la coyuntura del cambio de
Gobierno. Y puede pensarse que el presidente Felipe Calderón le está
limpiando el camino a Enrique Peña Nieto para lo que viene. Todo, claro,
con la anuencia, colaboración y directriz del Gobierno norteamericano.
Cargando con los muertos
No es la primera vez que un comando se roba un cadáver o que el cuerpo
de un narco de relevancia es “rescatado” antes de que una autoridad
determine su identidad. El primer registro importante es el de Ramón
Arellano Félix, muerto de un tiro en la frente el 10 de febrero de 2002
en la Zona Dorada de Mazatlán.
El jefe de sicarios del cártel de Tijuana, luego conocido como el cártel
Arellano Félix (CAF), había sido abatido por un agente de la Policía
Ministerial durante una revisión de rutina. Arellano no se dejó esculcar
y en cambio trató de huir disparando en dos ocasiones contra el agente
Antonio Arias, quien antes de caer muerto disparó y le pegó a Ramón un
tiro en la cabeza.
Igual que en el caso del Lazca, no se especuló sobre la identidad e
importancia del muerto hasta que una persona había llegado por el cuerpo
a una pequeña funeraria ubicada en el sector Juárez de Mazatlán.
Según las investigaciones de la PGR, que quedaron consignadas en la
averiguación 52/2002 y 52/2003, Ramón pretendía asesinar durante las
fiestas de carnaval a Ismael el Mayo Zambada.
Al día siguiente de los hechos, el cadáver del narcotraficante fue
trasladado a la funeraria Calderón y entregado a alguien que se
identificó solo como Celestino López. Luego se sabría, no por autoridad
alguna, sino porque lo publicó el diario Noroeste, que el hombre que
había sido abatido y que se hacía llamar Jorge Pérez López, era nada
menos que Ramón Arellano Félix.
Su cuerpo, dijo después la Procuraduría de Justicia, fue cremado.
Cruz Carrillo
Otro cuerpo que desapareció en medio del misterio fue el de José Cruz
Carrillo Fuentes, —hermano menor del Señor de los cielos— a finales de
octubre de 2008.
El muchacho, según denunció su familia ante la Comisión de Defensa de
los Derechos Humanos en Sinaloa, había sido “detenido” o levantado.
La queja fue presentada por el suegro de José Cruz, el señor Raúl Retamoza, el 28 de octubre, un día después de los hechos.
De acuerdo con el testimonio registrado en la queja, José Cruz Carrillo
se encontraba en su casa de Navolato, el 27 de octubre de ese año,
cuando llegaron al lugar alrededor de diez vehículos militares
acompañados de una patrulla municipal donde viajaba el ex director
operativo de la Policía, Germán Ceniceros.
Contó que se llevaron detenido a Carrillo Fuentes, pero que el Ejército
no había querido reconocer el hecho. En esas fechas el jefe de la Novena
Zona Militar era el general Noé Sandoval Alcázar.
Un día después, el 28, el cuerpo de un hombre fue encontrado en las
inmediaciones del sector conocido como Piggy Back, cerca del Campo El
Diez, al sur de la ciudad de Culiacán. La Procuraduría General de
Justicia del Estado indicó esa vez que el cuerpo presentaba ocho
impactos de bala, que luego fue envuelto en una cobija e incinerado, en
la zona donde fue encontrado. Los informes forenses revelaron que la
víctima tenía entre 30 y 35 años de edad y medía 1.70 metros de
estatura.
El nombre de José Cruz Carrillo fue relacionado con ese cadáver por la
razón de que esa misma noche el cuerpo fue robado por un grupo de
gatilleros.
María Elena Retamoza, su esposa, presentó denuncia formal ante la
Procuraduría General de la República, pero aunque no hubo respuesta
oficial, a la familia se le informó que el cuerpo que había sido quemado
pertenecía a Cruz Carrillo.
Dos meses después, durante un convivio navideño, del entonces titular de
la PGR, Eduardo Medina Mora, con reporteros de la fuente, este reveló
que efectivamente, Cruz Carrillo había muerto y que alguien se había
robado el cadáver.
También Amado
No fue el de Cruz el primer cuerpo de un Carrillo Fuentes que alguien se
robaba, pues en julio de 1997, cuando murió Amado Carrilo Fuentes, fue
trasladado a Culiacán bajo otro nombre: Antonio Flores Montes.
La PGR había informado en un comunicado que desde el 4 de julio por la
noche recibió informes en el sentido de que “el conocido narcotraficante
Amado Carrillo Fuentes (a) El señor de los cielos, habría fallecido”.
Precisaba la dependencia que “hasta este momento, y no obstante que
personas allegadas al señor Carrillo Fuentes habrían corroborado la
noticia, la Procuraduría General de la República no está en aptitud de
confirmar estos informes. Esta confirmación —puntualizó la dependencia—
se realizará hasta que se haya tenido acceso al cadáver y se haya
realizado la inspección cadavérica, así como los análisis técnicos y
forenses correspondientes”.
Pero la PGR no quiso hacer las periciales en la tierra de Amado y se
robó el cadáver. María Idalia Gómez y Darío Fritz narran en su libro Con
la muerte en el bolsillo, las peripecias de los agentes cuando se
llevan el cuerpo de Amado a la Ciudad de México, de donde se lo tuvo que
traer doña Aurora Fuentes de nuevo.
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