Babu. Cocina en el Esperanza. Foto: SinEmbargo
Golfo de California, 14 de agosto (SinEmbargo).– La cocina de Babu
Pillai, un indio bonachón y aparentemente tímido, depende literalmente
del comercio internacional. A las 12 del día sirve su primera comida
fuerte y es una combinación de sabores, como no es difícil imaginar: hay
arroz con coco rallado y nuez de la India; hay un curri de berenjena y
también frijoles negros refritos, brochetas de pollo, espagueti rojo con
verduras sancochadas y unas tortitas de soya con cebolla frita y toque
de jengibre que dan pena morderlas, de tan buenas.
Babu coloca chiles en un plato hondo para los que lo comen, que no
sólo son los mexicanos. Tim Tipsuda Atichakaro, por ejemplo, se sienta
en una de las largas mesas comunes con su tarro de chile seco y molido
en aceite y le pone a todo. Hasta a las ensaladas. La chica es
tailandesa; trabaja en las máquinas y anda todo el día con un overol
verde y enfundadas sus herramientas a la cadera, como pistolas de
vaquero.
El cocinero del barco Esperanza de Greenpeace va variando sus
postres. Hace pan de plátano y limón, o coloca frutas o un arroz dulce
con leche que, con sus variables, es como la gelatina porque puede
disfrutarse de Japón a España y todos piensan que es receta original de
la abuela de su abuela.
La embarcación, que anda por el mundo en distintas campañas de la
organización internacional, va recolectando productos de todos los
puertos para alimentar a los marineros y a los activistas. Se compran
alimentos frescos, muchos, en los mercados. Se hace un gran súper que
resista semanas y semanas en mar abierto.
Pero un día, sólo por la salud de la tripulación, Babu podría dejar
fuera de su cocina los alimentos que provienen de México. O de otras
partes del mundo pero, por lo visto en estos días, claramente de México.
En primer lugar, por la transparencia: casi la totalidad de las grandes
empresas que alimentan a los mexicanos se niegan a mostrar la
información sobre sus procesos de producción. Y se niegan porque, se
sospecha, esconden un cochinero.
Su rechazo a la transparencia es tal que no es posible decir, a
ciencia cierta, qué es lo que dan a los mexicanos; qué ponen en nuestra
mesa Bachoco, Gruma, Hérdez, La Costeña, Kelloggs, Pepsi, Coca Cola, La
Moderna, Jumex o Bimbo.
Un cereal de Kelloggs o un jugo de Jumex o unos chiles de La Costeña
podrían verse muy apetitosos pero, ¿y si la avena, el durazno o los
cuaresmeños son regados con plaguicidas e insecticidas, o son adquiridos
a pequeños productores que no cumplen con normas mínimas? Y todavía más
allá: ese maíz o la caña de azúcar que usan Coca, Pepsi o Gruma podrían
oler muy rico pero, ¿y si, a escondidas del público, están contaminando
los campos y los campos escurren tóxicos a los mares, desde donde
sacamos otra parte de nuestros alimentos?
Los científicos que navegan en el Esperanza, en estos momentos,
buscan huellas precisamente de eso. Y no es cosa de andarse por las
ramas ni buscarle tres ojos al pescado: lo que encuentren, cualquier
cosa que sea, afecta a ellos tanto como al resto de los mexicanos. Y
afectará, también, la cocina de Babu y el plato de Tim.
***
“Un caldo de vida”. Foto: SinEmbargo
David Alberto Rivas Camargo, un oceanógrafo físico que trabaja para
el Centro de Investigación Científica de Estudios Superiores de Ensenada
(CICESE), da una idea de la importancia del trabajo que se está
haciendo en estos momentos en el Golfo de California a partir de la
iniciativa de Greenpeace. Busca ser prudente sobre los resultados y deja
ver que, salga lo que salga, encuéntrese lo que se encuentre, esto
deberá detonar en una investigación mayor.
“Estamos, efectivamente, en el ‘acuario del mundo’”, dice. Recuerda
que fue el explorador e investigador Jacques-Yves Cousteau, de origen
francés, quien lo bautizó así. “En el Mar de Cortés hay una variedad de
corrientes que lo hacen un enorme laboratorio natural. Entran ondas de
corrientes asociadas del sur y vientos que llamamos ‘urgencias’ cerca de
la costa. Aquí, el agua con nutrientes que se lanza a la superficie
genera condiciones básicamente para la vida. Es la vida”.
David lo explica como un gran caldo de vida, donde microorganismos
alimentan organismos más grandes (plancton y fitoplancton) y permiten,
además, las grandes pescaderías. Las condiciones de este golfo que
pertenece a los mexicanos son tan especiales que esta muestra debe
impulsar un proyecto mayor en el corto plazo. “Esto abre una puerta para
escribir una propuesta más dirigida”, dice.
El trabajo que el equipo se investigadores realiza podría resumirse
en esto: los grandes corporativos están sembrando los campos de químicos
y esos químicos podrían ser arrastrados por corrientes pluviales al
mar. Y si ese mar es el de Cortés, pues hay que imaginar el tamaño de la
irresponsabilidad.
Una irresponsabilidad que no parece preocupar a autoridades, que más
bien parecen servir ingredientes, todos los días, a ese otro caldo tan
conocido por todos los mexicanos: el enorme y hediondo caldo de la
impunidad.
Los manjares de Esperanza. Foto: Alonso Crespo, Greenpeace
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La importancia de los grandes corporativos en la mesa de los
mexicanos es brutal. Bimbo, por ejemplo, tiene una penetración en el
99.3 por ciento de los hogares en México y forma parte de las 10
empresas de industrialización de alimentos más grandes del mundo, con
ventas de 11 mil millones de dólares. Hérdez, por su parte, está en más
del 50 por ciento de los hogares y se encuentra entre las 10 marcas de
alimentos en México. Y juntas, Bimbo, Gruma, Bachoco, Hérdez y La
Costeña, están dentro del top 10 de las empresas de alimentos más
relevantes del país, de acuerdo con datos actualizados de Greenpeace.
Recientemente, la organización les solicitó transparentar sus
procesos productivos para mostrar, de cara al consumidor, qué ponen en
la mesa del mexicano. Básicamente les pidió abrir sus alacenas y decir
cómo le hacen para llenarlas.
El resultado de las solicitudes son decepcionantes. Si usted
acostumbra –como millones lo hacen– los productos de estas empresas,
debe saber que podrían provenir de campos envenenados, así de sencillo,
porque cualquier cosa puede pensarse de alguien que esconde su
información. Vea la tabla:
Bachoco: No proporcionó información alguna.
Gruma: No proporcionó información alguna.
Hérdez: No proporcionó información alguna.
La Costeña: No proporcionó información alguna.
Kelloggs: No proporcionó información alguna.
Pepsico: No proporcionó información alguna.
Coca-Cola: No proporcionó información alguna.
La Moderna: No proporcionó información alguna.
Jumex: No proporcionó información alguna.
Verde Valle informó que, respecto al uso de fertilizantes y
agroquímicos, “tiene prohibido el uso del Bromuro de Metilo por sus
efectos nocivos sobre la capa de ozono. Están siendo asesorados por
investigadores de la Universidad de Guadalajara para hacer más eficiente
el manejo de los fumigantes en sus bodegas y han contactado a una
empresa que busca patentar un proceso para erradicar algunas plagas sin
el uso de fumigantes.
Aseguraron hacer una cuidadosa selección de las
mejores cosechas, principalmente de México (frijoles) o del mundo (en el
caso del arroz grano largo) y que cumplan con sus normas de inocuidad y
calidad”, dice el reporte de Greenpeace.
La Huerta reportó que una parte del maíz que procesan viene de
Estados Unidos y el resto de México (Aguascalientes, Guanajuato y
Zacatecas). “Los agroquímicos que utilizan en los cultivos cumplen con
las regulaciones aplicables en México por la Cofepris y por la Agencia
de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) a través del Code of
Federal Regulations (CFR)”, dijo.
Grupo La Rosa, la de los mazapanes, le compra el maíz a Almidones
Mexicanos (ALMEX). No cuentan con la información sobre el uso de
agroquímicos.
Bimbo dijo estar bajo el programa GAP (Good Agricultural Practices) a
nivel global para implementar buenas prácticas con los proveedores del
campo. “Grupo Bimbo utiliza fruta diversa: nuez, uva pasa, estevia,
azúcar, harina de maíz, papa, ajonjolí, trigo, harina de trigo, pepitas
de calabaza, y cacahuate, entre otros.
Asimismo, utiliza productos que
considera relacionados al campo, tales como leche de cabra, leche de
vaca y huevos. Estos insumos provienen, de Sinaloa , Chihuahua, Jalisco,
Coahuila, Colima, Michoacán, Quintana Roo, San Luis Potosí, Sonora,
Tabasco, Veracruz y Zacatecas, entre otros”, reportó Greenpeace.
“El 100 por ciento de la harina de maíz que utilizan proviene del
campo mexicano y han solicitado a sus proveedores que detallen las
regiones de origen. No cuentan con la información sobre los tipos y
cantidad de plaguicidas, herbicidas y fertilizantes sintéticos se
emplean en los cultivos de los que provienen sus ingredientes”.
Nestlé presentó su “programa de Abastecimiento Responsable que
arrancaría en 2016, el cual se concentra en 12 ingredientes/alimentos
clave para la empresa. Este programa incluirá al maíz, aunque este grano
no está entre los 12 destacados.
Informó que el maíz que utilizan para
sus productos proviene 77 por ciento de Estados Unidos y solo el 7 por
ciento es de origen mexicano obtenido a través de ALMEX y Bunge”.
***
En el barco ha llegado la hora de celebrar. Los investigadores senior
(Ernesto García, David Rivas y Aramís Olivos) y los más jóvenes (Anahí
Bermúdez, Yaireb Sánchez, Zyanya Mora y Carlos Zenteno), junto con Erick
Olivera, de logística de Greenpeace, terminaron días y días de
guardias, con sol o de noche, y tienen 79 grupos de muestras que
implican, cada uno, detener el Esperanza y bajar los instrumentos a las
profundidades del mar.
Abren una botella de Casa Madero y, ceremoniosos, se felicitan por lo alcanzado.
Una de las chicas dice, en broma, que se esconderá en la nave antes
de llegar a Mazatlán, el último destino, porque quiere seguir la ruta
del Esperanza. David “Dave” Roberts, veterano en Greenpeace, le responde
también en tono de broma: “Sí, está bien. Pero ahora necesitamos los
resultados”.
Porque, en efecto, la labor no ha terminado. Deberán someter las
muestras a los laboratorios para aterrizar lo que la hipótesis dice: que
el baño de químicos de los grandes corporativos en los cultivos de
Sonora y Sinaloa podrían estar afectando el gran acuario del mundo,
nuestro acuario.
Los investigadores celebran por el fin de esta primera tarea pero, si
la hipótesis es cierta, podrían cambiar su fiesta, muy pronto, en
preocupación.
agosto 14, 2015
- 00:05h)