domingo, 9 de febrero de 2014

BUSCAN ASILO POLÍTICO CIENTOS DE DESPLAZADOS POR VIOLENCIA EN MICHOACÁN




Tijuana, Baja California Francisco sintió que se le salía el corazón, el rostro se le puso pálido y se cubrió de sudor. No le dio miedo, pero no supo cómo reaccionar cuando la mirada, de El José, otro jovencito del pueblo, resbaló sobre él.

—¡Si no te metes ahorita, de todos modos te vas a meter a huevo, y sin armas!

Pancho se mantuvo de pie y protestó que nadie podía obligarlo. No se arriesgaría a perder la vida “así por no´más”, además nunca había tomado un arma; no podría disparar, menos matar.

Sus ocupaciones eran otras: estudiaba el tercer año en la preparatoria Lázaro Cárdenas, del poblado El Montoso en Tapalcatepec, Michoacán; recientemente Berenice le había respondido que sí quería ser su novia, y por las tardes le gustaba nadar en el río o ayudar en la recolección del limón.

A Pancho, quien apenas cumplía 15 años de edad, esa tarde de mayo le advirtieron que no podía andar por el rancho tan a gusto, mientras otros se “partían la madre” desde las trincheras. El recado fue claro: “te unes o te vas. Huyes, traidor”.

El José fue uno de los jóvenes que se unió al grupo de ganaderos de Tepalcatepec, limoneros y jornaleros de Buenavista, que se “levantaron en armas” contra Los Templarios en febrero de 2013.

“Querían que me uniera a la fuerza, a los grupos de autodefensa que se formaron contra Los Templarios. Me ofrecieron 300 pesos por cuidar los ranchos de noche”, platica. A partir de ese día comenzaron los hostigamientos por parte de líderes de estos grupos.

Si lo encontraban en la calle lo acosaban y hasta le hacían “visitas” a su casa. Así que en julio, harto, decidió entrarle. Le entregaron una vieja escopeta calibre 12 y lo pusieron de “punta” en Tepalcatitlan para que gritara si veía venir a Los Templarios. “Nunca lo volví a hacer, no era para mi”.

Pancho aún tiene la voz de niño. Es rellenito y dice que tiene 15, pero luce más grande; debe estar cansado, viajó dos días y dos noches en camión, de Michoacán a Tijuana.

Junto con su pequeño hermano y sus padres, salió huyendo de Tepalcatitlán debido a las amenazas que dijeron sufrir por parte de líderes de las autodefensas. Denuncian, que ante la negativa de cooperar con el movimiento, secuestraron a su papá; los acusaron de traición y finalmente los amenazaron de muerte.

Vive en un albergue para niños migrantes en Tijuana, uno de los refugios fronterizos donde han llegado cientos de familias que escaparon de los daños colaterales en Michoacán, que están generado los enfrentamientos entre autodefensas y Los Templarios; entre ellos el reclutamiento forzado.

CONTRA “LOS TEMPLARIOS”

Ella llora mientras mantiene en sus manos un periódico que narra lo que pasó el 11 de enero del 2014. “Apatzingán en llamas”, se lee. La voz se le quiebra a esta michoacana; es la madre de Pancho.

“Estoy aquí porque ahora que empezó la otra organización contra Los Caballeros Templarios, según se dijo que se iban a limpiar la violencia, iban a sacar a la gente mala. Y sí están sacando a esa gente, pero ahora que están obteniendo más poder, ya están abusando, ya obligan a que un miembro de cada familia participe con ellos”.

Todo comenzó rápido. A unos días de que se formó el primer grupo de autodefensa; hicieron una “visita de cortesía y te invitan a participar en la organización. Si te niegas vienen las amenazas”.

“Me dijeron que se tenía que hacer más grande la organización que si mi esposo y mi hijo de 15 años no se unían nos iban a sacar del pueblo, fuimos a hablar con los jefes y nos dijeron que teníamos que dar una cooperación”, narró.

La familia González siempre se había dedicado a la siembra y recolección del limón. Las ganancias eran pocas. Vivían en una pequeña casa de madera cubierta con lonas de plástico. De su ingreso semanal debían destinar obligatoriamente 200 pesos para las autodefensas.

Antes los extorsionaban Los Templarios, ahora los comunitarios, lamenta, aunque asegura que quienes los amenazaron son de esos a los que llaman Los perdonados, ex Caballeros Templarios metidos de comuneros.

La pesadilla comenzó a principios de año. A las ocho de la noche de un día de enero irrumpieron en su casa integrantes de las autodefensas de Tepalcatitlán. Habría un enfrentamiento en Los Reyes y necesitaban reclutar gente. A su esposo Noé, le advirtieron que tenía que mandar a uno de sus hijos. Pancho tenía 15 años y Saúl 10.

Cuenta la mujer que se negaron de inmediato, entonces a mentadas de madre y patadas, echaron en una camioneta a su marido. Lo obligaron a entregar su celular y una arma que usaba para la caza. “Contribución para El Abuelo”, presunto cabecilla en Tepalcatepec de las autodefensas, explica la mamá de Pancho.

Luego de mantenerlo secuestrado unas horas, lo liberaron condicionado: tendrían que abandonar el rancho en una hora “por traidores”, de lo contrario todos se morían. El 19 de enero salieron de su pueblo en la comunidad de El Montoso. Para el 20 estaban en La Ruana en busca de una carta, que les dijeron, les aseguraría el asilo político en Estados Unidos.

EL CRIMEN TAMBIÉN RECLUTA

Alejandro tiene 17 años y Alfonso 15, son michoacanos. Viven desde hace más de una semana en otro refugio para niños migrantes en Tijuana. No tienen a donde ir, vinieron en busca del asilo político por la violencia en su estado.

Exponen que en el pueblo les dijeron que con una carta que otorgaban en La Ruana, podrían ingresar a Estados Unidos como refugiados. La muestran: la firma Ramón Contreras, jefe de Tenencia de Felipe Carrillo Puerto, da fe que desde el 24 de febrero están amenazados de muerte por el crimen organizado.

“Se está viviendo una ola de violencia e inseguridad tanto en sus lugares de origen y carreteras y hasta la fecha la situación no ha mejorado, por lo tanto me permito recomendar para que le brinden el apoyo y protección a las personas que solicitan”, dice la carta.

Alejandro fue secuestrado el 7 de enero por Los Templarios, lo levantaron cuando salía de su trabajo en Morelia. “Me aventaron allá por un lugar que se llama La Huacana, me advirtieron que estaban reclutando y si me oponía me mataban por que estaban en guerra”.

Durante tres días su misión era montarse en los árboles y reportar la llegada del Ejercito o los grupos de autodefensa.

“Me escapé, llegó el Ejercito el 10 de enero, me fui corriendo por los cerros cuando se armó la balacera”. Después del reclutamiento forzado decidió desplazarse con su papá hasta Tijuana.

Alfonso, otro joven, delgado, de ojos grandes y ceja poblada, lo mismo: desde los 10 años trabaja en la recolección de limón. Dice que hace un par de semanas Los Templarios llegaron a reclutarlos. Viajaron hasta la frontera por el temor de que los ex templarios metidos en las autodefensas, o el cártel, los recluten a él o sus dos hermanos.

ESPERAN ASILO POLÍTICO

Pancho, Alejando y Alfonso no solo tienen en común el lugar de nacimiento, también comparten la misma desgracia: llegaron con sus familias esperanzados en obtener asilo político en Estados Unidos.

Acompañados por sus familias viajaron carta en mano, se bajaron del camión y se presentaron en la Garita Internacional de San Ysidro. Fueron detenidos en ese momento, por personal del Departamento de Seguridad Nacional y deportados al día siguiente por tratar de ingresar ilegalmente a ese país.

Todos viven en refugios para migrantes en Tijuana, a la espera de que liberen a sus papás o esposos. Ellos no fueron deportados y aún se encuentran en “detención” en ese país, como parte de una investigación para corroborar sí califican al programa de asilos políticos.

De acuerdo con el proceso, la carta con la que los regresan a México establece una negativa de asilo, pero no se les niega la entrada definitiva; sólo se queda la persona responsable de la familia, a quien entrevistan e investigan las autoridades estadounidenses para determinar si se les otorga el asilo político en ese país.

La Coalición Pro Defensa del Migrante calcula que cerca de 400 cabezas de familia están detenidas en un centro de procesamiento, pero el gobierno estadounidense no ha revelado una cifra exacta.

Esmeralda Siu, coordinadora de la organización, dice que es un fenómeno jamás visto en todos los albergues de la ciudad.

Calculan que desde diciembre llegan unos 20 niños y mujeres orginarios de Michoacán al día, algunos con su carta en la mano. Serían unas mil 300 personas las que se han refugiado en los albergues de la ciudad norteña, aún varados por que no pueden regresar a su estado y tampoco ingresar a Estados Unidos.

(EL DIARIO, EDICION JUAREZ/ El Universal | 2014-02-09 | 08:26)

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