JULIO BERDEGUÉ AZNAR
Hoy se cumple el décimo aniversario
luctuoso del icónico y polémico hotelero, que marcó una parte importante de la
historia empresarial mazatleca
10 años sin don JulioFoto: Noroeste
El 21 de abril de 2007, 10
años atrás, murió Julio Berdegué Aznar, uno de los empresarios que permitió que
Mazatlán recobrara su sitio en el mapa del turismo en México.
Visionario, polémico,
trabajador y con una voluntad de hierro creó por si solo un polo de desarrollo
en la ciudad que sigue marcando la vida de miles de personas.
Diez años después, la
industria de la hotelería ha cambiado, el puerto ha sido bendecido por el
caudal de turistas que trajo la supercarretera a Durango, llegaron las ventas
por Internet y el flujo de información que se mueve en las redes, pero los
retos y la competencia también son mayores.
La gran virtud de don Julio,
como lo llamaron los mazatlecos, fue construir sus negocios desde cero y
presionado por devaluaciones, crisis recurrentes, cambios políticos en México,
ciclos económicos siempre cambiantes en el puerto y su ímpetu por crecer a
pesar de los obstáculos que enfrentan los negocios en el País.
Después de establecerse de
manera sólida en Mazatlán, don Julio pensó en crecer en Los Cabos y después en
Cancún, pero su desembarco en Baja California Sur terminó mal; unos
estadounidenses intentaron timarlo con un predio del que tomaron el enganche y
luego no querían devolver.
Los estadounidenses radicados
en México terminaron obligados por don Julio a regresarle su inversión, pero la
experiencia lo dejó marcado para siempre y esa es la razón por la que El Cid no
se extendió a Los Cabos.
En su lugar, don Julio cruzó
México para invertir su dinero en Cozumel y la Riviera Maya, donde construyó
dos resorts alimentados por la experiencia acumulada en años como hotelero.
Pero su ausencia no ha sido
fácil para su familia, nada más partir, Mazatlán fue golpeado por la crisis de
2008, que afectó a Estados Unidos y al mundo, y repercutió en el turismo y los
bienes raíces.
Carlos, el hijo de don Julio
que permanece frente a los negocios, relata esa época turbulenta.
“Nos hubiera ayudado mucho,
mi papá fue un hombre que siempre vivió épocas difíciles y siempre supo cómo
resolver las crisis. En ese momento hubiera sido un gran apoyo para mí,
afortunadamente salimos adelante”, recuerda.
Don Julio conoció la dureza
de la vida desde que nació, sus primeros pasos fueron para escapar de España,
donde el dictador Francisco Franco tomaba a sangre y fuego un país que casi un
siglo después no consigue curar totalmente sus heridas.
El pequeño Julio fue a parar
a un campo de concentración en Francia, de donde venían sus primeros recuerdos.
De ahí, su padre consiguió llevarlos a un puerto francés y emigrar a México, la
tierra que los recibió mejor de lo que pensaban y la que recorrió con gusto, de
punta a punta.
Reacio a hablar con los
periodistas, los detalles de la vida de don Julio fueron reconstruidos por los
mazatlecos a su manera, de ahí que nacieran infinidad de mitos sobre su pasado
o de los orígenes de sus negocios.
La verdad es tan simple o tan
extraordinaria como se quiera ver: tuvo una infancia única, después en México
una juventud plena y una larga vida de trabajo.
Su mayor virtud también era
su mayor defecto: decía exactamente lo que pensaba, lo que le valió meterse en
multitud de peleas y discusiones que en ocasiones llegaban a las portadas de
los periódicos; jamás rehuía una confrontación y muchas veces se vio obligado a
disculparse con personas a las que creía haber ofendido.
En los negocios era
despiadado, su filosofía de controlar gastos y reducir costos sigue siendo la
escuela de los administradores de su legado y la razón de que sus empresas
sigan en pie.
Además de su familia, sus
trabajadores lo siguen recordando, muchos de ellos son hijos de sus primeros
empleados, formando parte del esfuerzo de un empresario que aseguraba que era
el mazatleco más pobre porque nunca traía un peso en la bolsa.
No lo necesitaba, comía,
dormía y se movía dentro de su propia ciudad, El Cid, que aún sigue siendo una
copia de sus propios sueños.
En su oficina parece que no
ha pasado el tiempo, sus objetos personales continúan en su sitio, lo único que
ha desaparecido es su enorme escritorio de madera, que dio paso a una pequeña
sala donde los visitantes pueden sentir que en cualquier momento escucharán el
trueno de su voz.
Hoy, su esposa y sus hijos
irán a visitarlo en el pequeño monumento que guarda sus restos dentro de El Cid,
su proyecto de vida.
Marcados por su estilo, no
habrá grandes ceremonias, cada quien se acercará y charlará en silencio con él.
Después se reunirán a cumplir
con el ritual obligado de don Julio: comer juntos una vez a la semana.
En la mesa sólo estará un
invitado que no pertenece a la familia, pero que se ganó ese derecho caminando
por la vida junto con él, Leovi Carranza.
Don Julio Berdegué nunca fue
un santo, pero si se puede valorar a las personas por lo que hicieron y no por
lo que dijeron, a ese señor que le tocó desarrollar la pesca del camarón y la
hotelería del puerto, todos le debemos un poco.
LA VIDA DE DON JULIO
§ Nació en Madrid, España, el 14 de
abril 1931, el mismo día y en la misma ciudad donde se proclamaba la Segunda
República de España.
§ En 1939, la familia deja España a
través del paso de los Pirineos y llegan a Perpignan, a un campo de refugiados.
§ De Francia parten para México a bordo
del Flandres, sus nombres aparecen en una lista de desembarco del 21 de abril
de 1939, la fecha es la misma en que moriría don Julio 68 años después.
§ En la década de los 50 se gradúa como
biólogo del Politécnico Nacional y de 1954 al 56 estudia una maestría en San
Diego, California.
§ En 1958, ya casado con Dolores
Sacristán, trabaja como biólogo para la Comisión Internacional del Atún.
§ A principios de los 60 acepta un
trabajo en una empacadora de Escuinapa e instala a su familia en un
departamento de la calle Jabonería, en la colonia Los Pinos, en Mazatlán.
§ Con apenas 29 años se convierte en
gerente de la empacadora y poco después toma las riendas de la empresa en todo
Sinaloa, en Topolobampo conoce a Leovi Carranza.
§ En 1963 vende su casa e invierte 500
mil pesos en la Cooperativa La Sinaloense para capturar camarón y apenas
recupera 50 mil pesos, el siguiente año pide prestado y en esta ocasión la
temporada es buena, en unos años cuenta con su propia congeladora.
§ Vende sus barcos y en 1972 compra su
primer terreno para construir el campo de golf.
§ En 1974 construye el Hotel Granada y
unos años después, en 1982 erige el Cid Castilla.
§ En el año de 1989 abre sus puertas el
Cid El Moro, el más alto en su época.
§ Sus últimos grandes proyectos fueron
Marina El Cid en Mazatlán y la Riviera Maya, y El Cid La Ceiba en Cozumel.
(NOROESTE/ Ariel Noriega/ 21/04/2017 |
04:00 AM)
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