domingo, 8 de octubre de 2017

EL HOMBRE SIN BRAZOS QUE TRABAJA EN LOS MERCADOS DE LA CIUDAD


JESÚS PEÑA

Arturo Morales Herrera nació sin brazos hace 44 años en Monterrey y desde hace 11 se le ve en Saltillo vendiendo papel aluminio, bolsas para la basura y papel higiénico en las fayucas. ‘Me enseñaron a trabajar, nunca me dijeron ay, pobrecito’, ríe y sigue su camino




Los clientes se despachan solos: toman el aluminio del guacal y echan las monedas en la cangurera que lleva Arturo colgada al cuello. Fotos: Vanguardia/Marco Medina

Nunca se me enseñó que yo era especial. No por ser una persona con discapacidad, ‘pobrecito’. No, pobrecito de ti si no te enseñan a trabajar”.

ARTURO MORALES HERRERA, VENDEDOR.

Por: Jesús Peña
Fotos: Marco Medina
Video: Jesús Peña
Edición: Nazul Aramayo
Diseño: Édgar de la Garza



SALTILLO.- Arturo se agacha, toma el cordón con los dientes, se lo ensarta por la cabeza, el cuello, los hombros y empieza a jalar su pesado carrito, de lámina, por el mercado.

Los que caminan la calle, atestada de puestos y de gentes, voltean sin disimulo, lo miran largamente y murmuran frases que no entiendo.

Arturo se sabe observado, pero no se enfada ni putea.
Él no sería el centro de atención ni el foco de todas las miradas si tuviera brazos.

Arturo no tiene brazos.

Hace 44 años que Arturo Morales Herrera  –“pa toda la raza”, dice–,  originario de Monterrey, de la colonia Los Altos, nació sin brazos.

Camino con Arturo por el mercado.

Sus amigos puesteros que lo ven aproximarse con su carrito lo saludan sin morbo, “¡cafre!”, y con naturalidad.

Y es natural: tantos años de verlo ir y venir por los mercados con su carrito pregonando su papel  aluminio, de dos cajitas por 10 pesos, sus bolsas para la basura, de a cinco por 10, y sus paquetes de higiénico, de cuatro por 20 pesos.

Ya llevo cinco días yendo con él, siguiéndolo por los mercados sobre ruedas más grandes y populosos de Saltillo, y no puedo evitar sentirme una piltrafa, un pocacosa, un güevón, una cucaracha, nada.

Quisiera saber de dónde es que este hombre bajito, de piel tostada por el sol, rechoncho, como un pingüino, saca tanta fuerza de voluntad, tanto coraje de vivir.

“Nunca se me enseñó que yo era especial. No por ser una persona con discapacidad, ‘pobrecito’. No, pobrecito de ti si no te enseñan a trabajar. Porque el día que tus padres se vayan y que tú te quedes solo, es donde vas a sentir. Ahí es donde pobrecito de ti porque vas a vivir peor que los pordioseros que andan pidiendo en la calle. Peor, porque nunca te enseñaron a trabajar, porque todo te lo dieron”, dice Arturo, una mañana calurosa de viernes que almorzamos en el mercado de la colonia Centenario, en el puesto de pescado de su amigo “Poncho Pescados”.


Fotos: Vanguardia/Marco Medina

Tú naciste completo, la mayoría nació completo, es normal para ustedes bañarse, peinarse, todo, lo mismo yo. La diferencia es que a mí me cuesta más trabajo”.

ARTURO MORALES HERRERA, VENDEDOR.

Con los días me daré cuanta de que si algo ha hecho Arturo, además de buscarse la vida en los mercados rodantes de la cuidad, son amigos, hartos amigos.

Arturo inclina la cara sobre la mesa, abre la boca y alcanza con los dientes una de las gorditas rellenas que hace rato compró a una vendedora trashumante de gorditas, jala del plato la gordita hacia sí, la muerde y la engulle sin prisas.

Luego vuelve a inclinarse, aprisiona con los dientes el borde de un vaso de unicel, lo levanta en el aire, como un experimentado equilibrista, y da un sobro largo a la Pepsi Cola que minutos antes le sirvió “Poncho Pescados”.

A Arturo hay que servirle el refresco en el vaso, no es la etiqueta, es que le faltan los brazos.

“No me tomes, no me tomes”, dice Arturo en tomo de súplica, cuando ve que enciendo mi videocámara y le apunto.

Le pregunto por qué, me responde que porque se puede prestar al morbo.

Desisto.

RISAS, SOLIDARIDAD Y AMISTAD

El carro que arrastra Arturo con sus productos fue hecho por los locatarios del mercado, quienes lo valoran y lo consideran un ejemplo a seguir:


Foto: Vanguardia/Marco Medina


Foto: Vanguardia/Marco Medina


Foto: Vanguardia/Marco Medina

Me enseñaron el mundo real, no el mundo imaginario. El mundo real es en el que vivimos, en el que tú te tienes que acomodar a las cosas, las cosas no se tienen que acomodar a ti”.

ARTURO MORALES HERRERA, VENDEDOR.

De vez en cuando, los comensales que comparten mesa con nosotros nos miran por el rabillo del ojo, pero Arturo ni se entera.

Me da prurito, pero no puedo evitar preguntarle a Arturo ¿cómo demonios es que un hombre sin brazos, sin manos, como él,  pueda bañarse, ponerse la ropa, el desodorante, peinarse, lavarse los dientes, ir al inodoro, vender aluminio en los mercados ambulantes?

Arturo responde como si le hubiera preguntado ¿cómo se revuelve un café?

“Para mí son cosas normales, como para ti. Tú naciste completo, la mayoría nació completo, es normal para ustedes bañarse, peinarse, todo, lo mismo yo. La diferencia es que a mí me cuesta más trabajo, por el hecho de que no tengo mis extremidades, nada más, eso es lo único diferente. No es gran cosa de ‘ay, ¿cómo le hace?’, sorprendidos. Es normal, para mí no es algo del otro mundo”.


Arturo vive solo en un pequeño departamento de un multifamiliar en la colonia Hacienda Las Isabeles. Juana Obregón, su "mamá adoptiva", le ayuda a lavar la ropa, le da comida y lo lleva al doctor cuando se siente enfermo. Foto: Vanguardia/Marco Medina

Hay gente que tiene todo y es güevona, no quiere trabajar. Mira, ahí va arrastrando con sus hombros y hay quien tiene brazos, pies y no le echa ganas”.

ALEJANDRO, DEPENDIENTE.

“Normal”, dice Arturo y cada vez que dice “normal”, a mí me da una punzada en las tripas, me jode.

Recuerdo que a los pocos días de haberlo conocido, le pedí a Arturo que me llevara a su casa.

Quería saber, le dije, cómo es vivir sin brazos.

Apenas llegamos a su pequeño apartamento de un multifamiliar en la colonia Hacienda Las Isabeles –olvidé decir que Arturo vive solo–, me abrió la puerta girando la manivela con un pie, encendió el televisor de su cuarto con la boca y accionó con el pie el ventilador de piso. Luego fue hasta la cocina y abrió con el pie el refrigerador, después se sentó a la mesa y con la boca prendió su bocina USB.

Cantó Marisela.

Yo me quedé de a seis.

Una noche, en la soledad de mi casa, intento saber qué se siente no tener brazos.

Apenas echo las manos hacia atrás y las cruzo por la espalda, me viene el pánico y como un ataque de histeria.
Concluyo: no sabría qué hacer sin brazos.

Arturo sí lo sabe.

La mañana asfixiante que fui a buscarlo al mercado de la Centenario para conocerlo y pedirle que me dejara estar con él algunos días, lo vi descender de un taxi después que el chofer le abrió la puerta y se acomidió a bajar varias cajas con mercancía.

En ese momento, el dueño de una verdulería itinerante recogió las cajas del pavimento, las abrió y vacío su contenido en dos guacales de plástico previamente enganchados con una cuerda, como los vagones de un tren.


No se enfada. Aunque no sea un buen día, Arturo acaba la jornada con risas. Foto: Vanguardia/Marco Medina

Ai pone su carrito enfrente y empieza a vender su aluminio, su papel sanitario. Ai está el jovenazo, ejemplo de vida para todos esos del fenómeno del suicidio que sucede en Saltillo”.

PROPIETARIO UN PUESTO AMBULANTE DE GORDITAS.

Mira si serán buenas las gentes del mercado que quieren a Arturo como si fuera de su casa, pensé.

Y me quedé turulato cuando vi a aquel hombre sin brazos, con un cordón lazado a los hombros, que iba arrastrando dos guacales por la calle y gritando, a todo pulmón, entre la marea de marchantes del mercado:
“Papel aluminio, dos por 10”.

En el negocio de Arturo, sus clientes se despachan solos: toman el papel aluminio del guacal y echan las monedas en la cangurera que lleva Arturo colgada al cuello.

Arturo Morales Herrera no necesita brazos para trabajar.


Foto: Vanguardia/Marco Medina

“Hay gente que tiene todo y es güevona, no quiere trabajar. Mira, ahí va arrastrando con sus hombros y hay quien tiene brazos, pies y no le echa ganas, prefieren la droga, la mariguana, ser güevón más que nada”, me dijo Alejandro, el dependiente de un puesto de queso fresco del mercado de la colonia Pueblo Insurgente.

Era martes.

Ese día Arturo iba tirando, con su cordón lazado a los hombros, de un carro de lámina, bajo un sol encabronado.

Ahora que lo pienso se me pasó preguntarle a Arturo cuánto es que pesa su carrito de fierro, pero por la forma en que lo he visto jadear y vaciarse por los poros, cada vez que sube alguna calle empinada del mercado, calculo que un chingo.


Vida cotidiana. La única diferencia entre alguien que está completo y Arturo es que a él le cuesta más trabajo hacer algunas cosas, eso es todo, responde. Foto: Vanguardia/Marco Medina

Muchas veces vi Arturo sudar la gota gorda yendo con su carro por los flacos corredores del tianguis de la Pueblo Insurgente, gritando “aguas, aguas, ai voy”.

Yo me sentí un haragán, un inútil, un fracasado con dos brazos.

“¿Nadie quiere comprarle papel aluminio a Arturito dos por 10, bolsa pa la basura también a 10 pesitos? Arturito vende papel aluminio y bolsas pa la basura. Corre y se va…”, voceó por el megáfono el señor del puesto de la lotería y varias doñas que estaban jugando se pararon a comprar.

Durante el tiempo que estaré con él, sabré que Arturo tiene un medio de trasporte de su mercancía diferente para cada día, en cada  mercado:

Los viernes, en el mercado de la Centenario, guacales de plástico; sábado y domingo, carro de tabla, en el mercado Guayulera; martes, carro de lámina en Pueblo Insurgente; miércoles, de nuevo guacales en el mercado Vista Hermosa; y jueves, carro de chapa en Bellavista.


Sin privilegios. Arturo creció con la idea de esforzarse. Desde niño estudió en escuelas donde los maestros eran tan duros con él como con los otros alumnos. Foto: Vanguardia/Marco Medina

En cada mercado habrá siempre un alma buena que se encargue de custodiar y tener listos los guacales o los carritos, según sea el caso, pa cuando llegue Arturo.

La gentes del mercado me cuentan que antes, cuando Arturo no tenía ni guacales ni carritos, recorría las calles empujando con los pies, pateando, las cajas de mercancía.

Entonces sus amigos puesteros y los líderes de los mercados se pusieron de acuerdo, apoquinaron para el material y mandaron hacer el carro de madera y los dos carros de chapa.

Lalo, un comerciante de aparatos electrodomésticos del mercado Bellavista, se aventó el jale.

“Se los regalamos, son regalados”, me dice un jueves a mediodía que charlamos entre olores de fritangas, changarros de ropa de usada, maniquíes nalgonas, frutas y acordes de cueros, güiros, acordeones, cumbias colombianas.


Con los pies. Arturo utiliza los pies para abrir las puertas, prender el ventilador, tomar apuntes y hasta para cocinar. Foto: Vanguardia/Marco Medina

Así lo verá. A él no se le dificulta nada. Es muy buen muchacho”.

JUANA OBREGÓN RANGEL, “MAMÁ ADOPTIVA”.

Es sábado en el mercado de la Guayulera.

Otra jornada de trabajo con Arturo.

La jornada de Arturo es así: caminar de ida y vuelta, de ida vuelta, de ida y vuelta por calles y calles del mercado, hasta vender toda la mercancía.

La jomada incluye que Arturo se detenga casi en cada puesto por donde pasa; chacoteé y se ría un buen rato con sus amigos comerciantes; compre unas gordas, unos tamales o se empuje un agua de sandía con la señora de las aguas.

“Ora no me puedes decir nada, no puedes andar de cábula. Mira, traigo escolta”, grita Arturo de repente al encargado de un puesto de frutas.

Sus risotadas son un estruendo por todo el mercado.

La primera vez que oí a Arturo carcajearse, pensé, qué güevos los de este tipo, que nació sin brazos y todavía se pitorrea.

¿Te gustan los mercados?



Agradecido. En los mercados no batallas, te haces amigo de mucha gente, no te mueres de hambre, las personas te echan la mano, opina sobre su trabajo. Foto: Vanguardia/Marco Medina

“Sí, porque aquí conoces a mucha gente, te haces amigo de mucha gente. Aquí no batallas, no te mueres de hambre, cualquier persona te echa la mano, te ve trabajar y te echa la mano. Aparte de que trabajo, me la paso padre”, dice.

“Es una persona que valoramos mucho por su estado físico y porque no se deja. Tiene una actitud muy positiva”, me dice Everardo Santamaría, el dueño del negocio donde surte Arturo.

Después de caminar y caminar cuadras y cuadas de tendajones, entramos en una fonda donde Arturo acostumbra descansar y comer algo.

“Ai pone su carrito enfrente y empieza a vender su aluminio, su papel sanitario. Ai está el jovenazo, ejemplo de vida para todos esos del fenómeno del suicidio que sucede en Saltillo, ‘ay, me dejó la novia. Me quito la vida. Me dejó el novio’, quítate la vida, aquí está un ejemplo de vida”, me dice el propietario de este restaurante nómada de gordas y chescos.

En nuestro recorrido por el kilométrico tianguis de la Guayulera, nos topamos a dos músicos urbanos de vallenato, a un chavo en silla de ruedas que pide limosna para comprar inhalables, a un señor que le da unas monedas a Arturo “pa que se eche un refresco” y a Alejandra, la muchacha menudita, de sonrisa fácil, promotora de una compañía de celulares, el amor imposible de Arturo.


Positivo. Los puesteros destacan la actitud positiva y risueña de Arturo, es una persona muy valorada. Foto: Vanguardia/Marco Medina

¿Qué piensas de Arturo?, le pregunto a la nena

“Un gran ejemplo a seguir”, responde.

¿Qué te platica?

“De que si quiero ser su novia y así”.

¿Y sí quieres?

“No, oiga, eso no lo vaya a pasar”.

De chico, Arturo había asistido a escuelas para gente normal en Monterrey.

Hizo la primaria en la “Profesor Lauro Aguirre Espinosa”, la secundaria en la “Pedro María Anaya” y estudió computación en el Centro de Capacitación Número 10.

Con los pies tomaba notas en sus cuadernos –lo que es el instinto de supervivencia, pienso–, y escribía con el gis en la boca cada que lo pasaban al pizarrón.

Su paso por las aulas de clase transcurrió sin privilegios ni canonjías.

Sus maestros eran tan duros con sus compañeros como con él. Nada de que “ay, pobrecito el discapacitado”, ni esas niñerías.

Nunca fue muy bueno en las matemáticas.

Entonces Los Altos, donde vivía Arturo, era una colonia de tejabanes y pandilleros; sin pavimento ni cloacas y con una toma comunitaria de agua.


Buen muchacho. Prefiere el trabajo a andar de holgazán. Foto: Vanguardia/Marco Medina

Arturo habla poco de sí mismo. Sólo dice que tiene cuatro hermanos, sus padres, muchos amigos; jura que nunca se ha enculado de una mujer y su infancia fue normal.

“Me enseñaron a  trabajar desde un principio. Nunca me dijeron ‘ay, pobrecito, yo te doy, yo te tengo’. Me enseñaron el mundo real, no el mundo imaginario. El mundo real es en el que vivimos, en el que tú te tienes que acomodar a las cosas, las cosas no se tienen que acomodar a ti. O sea, a lo fácil no”.

Al principio Arturo era el nene sobreprotegido de sus viejos.
Su mundo se limitaba a la casa, la escuela y la cuadra y media que lo separaba de donde vivía su abuela.

¿Cuándo te soltaron?, le pregunto.

No, me solté yo solito, responde con una de sus eternas risotadas.

Un día, a sus 19 años, un señor ya grande, dice, lo enseñó:

“‘Es que tú puedes trabajar’, le dije ‘sí’, dice ‘¿entonces por qué no lo haces?’, le digo ‘porque no he tenido la facilidad con quién ni de contactarme con gente’”.

Comenzó vendiendo diarios en el centro de Monterrey.

Aprendió a andar en la calle, a trasladarse en camión, sin brazos para sostenerse.

Tiempo después, la gente de Saltillo se quedó boquiabierta cuando vio en los cruceros a un hombre sin brazos que empujaba un diablito rebosante de periódicos del día.
Después vino lo de los mercados.

“Amá”, grita Arturo mientras entramos en el solar de una casa de la colonia Isabel Amalia, en la que, dice, llegó a vivir por primera vez cuando se mudó de Monterrey a Saltillo para trabajar, hace unos 11 años.

“¿Eh?”, responde una voz femenina desde adentro.

Arturo me ha traído aquí porque quiere que conozca a Juana Obregón Rangel, su mamá adoptiva, la que le lava la ropa, le da comer, lo lleva al doctor cuando se enferma, baila con él en las fiestas y le cuida el carrito de lámina que usa para vender su aluminio en el mercado de la Pueblo Insurgente.


'Aparte de que trabajo, me la paso padre'. Foto: Vanguardia/Marco Medina

Meneaba el huevo con el pie. No, si le digo que este señor hace unas cosas que uno…”.

JUANA OBREGÓN RANGEL, “MAMÁ ADOPTIVA”.

Arturo viene sudoroso y pide a su mamá Juana le traiga agua.

La señora atraviesa la cortina de trapo de un cuarto de block y a su regreso la miro dándole de beber agua en la boca a Arturo de un vaso grande.

“Así lo verá. A él no se le dificulta nada. Es muy buen muchacho”, dice la mujer.

¿Qué siente de que le diga mamá?

“Muy bonito”.

Otra mañana que le hago una visita inesperada, Juana me cuenta de la vez que ella andaba ayudando a Arturo a tapar una gotera en el techo de su cuarto, necesitaba un ladrillo, Arturo lo agarró con el píe y se lo pasó.

Arturo tenía su parrillita, donde montaba una cacerola que Juana le prestaba, y se ponía freír huevos con el pie, para el desayuno.

“Meneaba el huevo con el pie. No, si le digo que este señor hace unas cosas que uno…”, me dice doña Juana.

Y cuando vivía en casa de Juana  a Arturo le gustaba jugar dominó y lotería con ella y su cuñada.

“Como un pollito. Haga de cuenta que agarraba las fichas con la boca y las ponía”.

Pero una tarde que lo acompaño a tomar el colectivo, después de terminar su jornada en el mercado de la Centenario, Arturo me confía que tiene problemas con algunos choferes de rutas urbanas que se niegan a ayudarle a sacar la tarjeta de prepago de su cangurera y pasarla por la maquina contadora.


Es un ejemplo a seguir, dice Alejandra, el amor imposible de Arturo. Foto: Vanguardia/Marco Medina

“Una vez le dije a un chofer, ‘saca la tarjeta de aquí y pásala, por favor’, dijo ‘yo no soy tu gato’”.

A mí se me revolvió el estómago del coraje con la anécdota. Miércoles, nublado, como a las 11:00.

Desayunamos en un puesto de comidas del mercado Vista Hermosa.

De pronto, me quedo mirando un colguije en forma de “T” que Arturo lleva en el pecho.

Dice que es una Tau y que la usa desde que se hizo alvernista (movimiento inspirado en San Francisco de Asís, su espiritualidad y su acción apostólica), después que decidió acercarse a Dios y dejarle a Él las cargas que Arturo no puede sostener sin sus brazos.

¿Vas a la iglesia?

“Sí, bueno de vez en cuando, pero sí voy”.

¿Y qué le pides a Dios?

“Pos nomás que me eche la mano, nomás. Seguir adelante”.
Hoy ha sido uno de esos días malos en el mercado de la Vista Hermosa.

Hubo poca gente y a Arturo se le quedó más de la mitad de su mercancía.

Pero él no se enfada ni putea, al contrario se ríe, se ríe, se ríe…


(VANGUARDIA/  SÁBADO, SEPTIEMBRE 30, 2017 - 07:00)

CRISTAL, META, CRISTO, VIDRIO, FOCO, SPEED: LA METANFETAMINA COMIENZA A ROBARLE EL SUEÑO A SALTILLO


PAPEL CREPÉ

La droga que mantiene en alerta a Estados Unidos ha llegado a la ciudad y cada vez es más consumida. Esta es una crónica de un grupo de jóvenes que narran la euforia y el bajón que produce esta substancia






Cristal La metanfetamina es un estimulante altamente adictivo, tiene la apariencia de cristales. Fotos: Vanguardia/Especial


Papel Crepé
SALTILLLO.- El camarógrafo y yo llegamos primero a la calle acordada. Estática, casi vacía y silenciosa, llevaba un rumor de comida en el aroma. Yo fumaba impaciente apretando un poco los dedos de los pies. Después de 20 minutos, un coche llegó con tres tripulantes; usaban gafas oscuras, pantalón de mezclilla y playeras de skate: parecían tres especies ravers montados en su nave.

Estábamos rodeados por casas de Infonavit no tan nuevas. Caminaron hacia nosotros a saludar y presentarse. El conductor se quedó en el auto. Los integrantes del trío metanfetamínico aparentaba entre 25 y 30 años. Ofrecí un delicado de mi cajetilla. “¿De qué se va a tratar?”, preguntó con el tabaco entre los labios y protegiendo del viento a la flama del encendedor, “pues queremos que cuentes tu experiencia con el ‘Cristo’”, contesté.

El tipo que daría el testimonio se notaba intranquilo. “¿Pero qué vas a decir?”, preguntó nervioso y sentado en la cuneta. “Hablaremos del consumo y sus efectos”. “Pero de manera positiva, ¿no?”, interrumpió con sarcasmo su acompañante.

Reímos. La piel de éste se mostraba un poco pálida y llevaba algunos tatuajes de colores en el hombro.

Duramos varios minutos en la cuneta: fumábamos y bebíamos coca cola; sentados a ras de piso, pensábamos en qué lugar grabaríamos el video; charlamos del anonimato y de algunos pormenores de la información.

Entramos a una habitación desordenada y por poco tropiezo con uno de los cojines del sillón tirados en el suelo. Poca luz se les escapaba a las cortinas. Era un día pálido como la piel de los hablantes.

Un biberón rosa estaba tirado sobre la mesa; le rodeaban botellas de refresco olvidadas. El llanto de un niño se escuchaba en el piso de arriba. La mesa llevaba un mantel blanco con un hule encima. Nos sentamos y le indiqué algunas de las preguntas antes de empezar.



La cajetilla de cigarros se vaciaba rápido: uno tras otro tras otro tras otro. Estábamos cinco individuos entreviéndonos por las rendijas del humo: se sumó un vecino del lugar que llegó a curiosear y a fumar un poco de foco. El camarógrafo preparaba la toma y daba indicaciones.

El cristal es una de las presentaciones de la metanfetamina: la más bélica de las drogas; fármaco desviado; bomba atómica para las neuronas.

Los científicos comenzaron a crear diversos medicamentos para tratar enfermedades y trastornos, y con ellos también surgieron las drogas de diseño. Se les llama así porque, en lugar de proceder de plantas, su fórmula se diseñó en un laboratorio químico.

Los historiadores aseguran que los doctores militares utilizaban la meta para reanimar a sus ejércitos cansados y deprimidos: los nazis y el ejército japonés. La anfetamina se preparó por primera vez en 1887 en Alemania; y la metanfetamina, más potente y fácil de hacer, se desarrolló en Japón en 1919.

A los kamikazes japoneses se les daba una fuerte dosis antes de sus misiones suicidas: para estrellarse contra el enemigo necesitaban volar en dos aviones.

Es una sustancia pensada para soportar los resabios del frío, las bombas, las balas y, aún así, tener energías para matar e intentar no morir.

Nada que provenga de la guerra puede ser tan bueno.

Según Richard Alan Friedman,  profesor de Psiquiatría Clínica, en el Colegio Médico Weill Cornell, en un artículo escrito para el  New York times, cita los resultados de la investigación realizada de una doctora llamada Diana Martínez, psiquiatra cuya investigación se centra en ver y comparar los cerebros de consumidores y personas “limpias” por medio de tomografías para medir la neuroquímica de la adicción.

En un estudio realizado en el año 2010, ella y sus colaboradores descubrieron que un bajo estatus económico y el menor grado de apoyo social percibido, factores que producen estrés, estaban correlacionados con menos receptores dopaminérgicos D2, en el circuito de recompensa del cerebro: en la pobreza cuesta ser feliz.

Esto se traduce a que: entre más estresado estés por el contexto en el que vives, tienes menos receptores que sirven para disfrutar la sabrosa dopamina natural. Necesitarás de alguna sustancia exterior para estimular los receptores que te quedan. Las drogas son una especie de ventana al “paraíso” inmediato.

¿Problema de salud pública?

En saltillo

Jesús Rodríguez Aldape, comisionado estatal de la Secretaría de Salud contra las Adicciones de Coahuila, negó que sea un problema de salud en Saltillo.

En La Laguna

Torreón y San Pedro son los municipios con más niveles de casos en los centros de rehabilitación por esta droga, dijo Rodríguez Aldape.

Difícil de atender

Obviamente sí. No hay interés por los médicos para tratar el problema de la drogadicción, dijo el Dr. Mario Alberto José de los Santos, exdirector del Centro de Salud Mental.



Tal vez por eso, en la miseria más aberrante, vemos tantas bocas pegadas a las botellas con resistol.

La dopamina es unas sustancias que secretamos para ser felices. Sentirnos bien. El sexo, comida, dinero, amor y las drogas causan una liberación de dopamina, genera una sensación que marca nuestra memoria. Por eso repetimos la experiencia con regularidad, para intentar revivir el éxtasis.

A final de cuentas, la misma lógica predomina al momento de comerte un bote de helado de chocolate, meterte diez gorditas de chicharrón y drogarte con heroína o metanfetamina: necesitamos sentirnos bien.

De vuelta a la habitación. En la mesa del comedor colocamos la cámara frente al rostro del fumador. La poca luz ayudaba a guardar la identidad. Estaba impaciente. Nervioso. “Imagino que es raro que alguien venga y te pregunte sobre tus vicios y te tome video. Tranqui”, le dije para calmarlo. Encendimos un cigarro cada uno y comenzamos.

¿Cómo fue tu primera vez?

“La primera vez […] aproximadamente hace dos años, más o menos. Igual. La típica reunión entre amigos, alcohol, fiesta […] más que nada era lo nuevo que recién llegaba a la ciudad”.

¿Cuánto cuesta?

“Depende de la cantidad […] va desde 200 pesos, hasta un gramo en 600, 700 pesos”.

¿Qué pedo con los efectos?

“Pues, en sí, no cambia nada. Todo es normal, solamente eres tú más acelerado […] puede decirse ‘activo’, pero no; porque hay cierta energía que tienes, pero no es una energía muy vital.
“No se distorsiona la realidad ni tu percepción del mundo (para mí). Simplemente nada más es eso… tener más ganas, energía, puedes durar horas haciendo algo”.

¿Qué has hecho con esa energía?

“Pues he durado muchos días sin dormir. He trabajado varios turnos de noche: fumar y después ir a trabajar […] Como si nada […] Bueno, no como si nada […] No hay la necesidad de dormir. ¿Me explico? A veces tampoco de comer”.

¿Bajaste de peso?

“Bajé, bajé”.

¿Es constante el consumo?

“Hace un tiempo no. Después de un año ya fue un poco más regular. Dos tres veces a las semana”.

¿Has visto que aumente el consumo?

“Demasiado. Tanto como en hombres y mujeres. Está muy de moda, por así decirlo. En su mayoría, jóvenes”.

¿En fiestas?

“Pues no necesariamente en fiestas. Puede ser en casa. Pero eso es lo que tiene que no te deja estar en lugares abiertos. Por lo general prefieres estar aislado”.

¿Quiénes la consumen, sólo para ubicarlos, a qué posición económica pertenecen […] los que tú has visto?

“Pueden ser el que tiene varo hasta el que no tiene mucho.
Desde el que trabaja para solventar su vicio y el que no. Hay de todo. De todo un poco”.

¿Te has enterado de casos que vendan pertenencias para consumir?

“Sí”, responde con mucha seguridad.


La primera vez […] aproximadamente hace dos años, más o menos. Igual. La típica reunión entre amigos, alcohol, fiesta […] más que nada era lo nuevo que recién llegaba a la ciudad".

CONSUMIDOR DE METANFETAMINA

¿Con que otra droga compararías los efectos?

“Lo pondría entre las anfetaminas (tachas) y la coca: si estás ebrio, se te quita por completo la ebriedad. Tienen muchas ganas de hablar. Estás activo”.

¿Cambios físicos?

“Trastornos del sueño. Pérdidas irregulares de peso. También cambios emocionales […] está raro, te pone como que más efusivo y después, si ya no hay, te pone como cualquier droga que ya no las estás consumiendo”.

¿Te informaste antes de probarla?

“No, después. Durante el proceso”.

¿Qué les dirías a las personas que leerán esto?

“Que no es la gran cosa. Que no hay novedad. Es tal vez un gasto innecesario que te puedes echar al lomo. Y si tienes la astucia y las fuerzas de no hacerlo, evítalo.  

“Vivan sin drogas”, se ríe.

Terminamos la entrevista. El camarógrafo le enseñó parte del video. Dijo que lo oscureciera más. Bebimos agua. En el sillón ya estaban dos kamikazes preparando el avión. Sacaron el encendedor, prendieron el foco y se hizo la luz.

¿PROBLEMA DE SALUD PÚBLICA EN LA CIUDAD?    

La meta se puede fumar, inyectar y meter por el ano, según la teoría y las páginas de internet de guía para los consumidores primerizos. Es un estimulante del miocardio: hace que el pecho comience a bombear más rápido. Esto aumenta los niveles de dopamina y, ¡pum!, te conviertes en una locomotora llena de payasos que no parará en varias horas.

Fuimos con los expertos esperando que nos ubicaran con cifras, casos, datos, números, síntomas: la información espesa y dura que secretan las instituciones.

Jesús Alfonso Rodríguez Aldape, el comisionado estatal de la Secretaría de Salud contra las Adicciones de Coahuila, en entrevista, negó que estemos frente a un problema de salud en la localidad. Dijo que Torreón y San Pedro son los municipios con más niveles de casos en los centros de rehabilitación por esta droga.

No cualquiera quiere soltar el foco, pues indicó que las cifras de drogadicción son difíciles de obtener: ellos se basan en las personas que acuden a dichos centros y no todos los consumidores se encuentran ahí.

Facilitó las cifras de casos presentados en rehabilitación en varios municipios: 8 en Torreón, 5 San Pedro, 3 en Matamoros, 1 en Nueva Rosita, 1 en Piedras Negras y 1 en Monclova; en total 19 casos en todos los centros y no tenía a la mano las cifras de Saltillo.


El despegue

El efecto de euforia y gran energía dura hasta 18 horas y puedes durar despierto varios días.

LAS CALLES Y LOS ADICTOS VS LA VERSIÓN OFICIAL

Contradicción las Para la Secretaría de Salud, los fumadores de cristal no representan un problema de salud pública, pero las consumidores y los decomisos en Coahuila van en aumento.


Lo bajones producen escalofríos, temblores, sudoración, cambios digestivos y un malestar general muy importante".

DR. MARIO ALBERTO JOSÉ DE LOS SANTOS, EXDIRECTOR DEL CENTRO DE SALUD MENTAL.

Norma Alicia Pérez Reyes, directora del Centro de Integración Juvenil en Saltillo (CIJ), aseguró que en lo que va del año, se han presentado 32 casos, siendo el de menor edad un niño de 13 años.

Esto quiere decir que tan sólo en un centro de Saltillo se han presentado casi el doble de casos que en todo Coahuila.

“A comparación de años pasados, la cifra es baja. La mayoría de los consumidores son trabajadores que tiene que funcionar largas jornadas laborales, como taxistas y camioneros”, dijo la directora.

MARIGUANA VS CRISTAL

La Encuesta Nacional del Consumo de Drogas realizada en el 2014 a nivel nacional a estudiantes de quinto de primaria hasta bachillerato (o preparatoria), en Coahuila, tomó como muestra a mil 178 alumnos de primaria (entre quinto y sexto), a mil 349 alumnos de secundaria y a mil 237 alumnos de bachillerato.

Los resultados muestran que el 16.3 por ciento de los estudiantes encuestados ha consumido drogas alguna vez en la vida. Como primer lugar de consumo se tiene a la mariguana, con 9.9 por ciento; y hasta en el último lugar, la metanfetamina, con 1.1 por ciento.

En número reales, porque los porcentajes siempre son confusos, lo anterior quiere decir que, de todos los alumnos encuestados, tan sólo son 3 mil 764 (dos veces la capacidad del Ateneo Fuente, aproximadamente), los que han consumido algún tipo de droga son 613; mariguana, 372; y cristal, 41 estudiantes menores de 17 años.

Sólo hay que recordar que en el último censo realizado por el Estado de Coahuila, dice que los morritos de primaria son 361 mil 650 alumnos; 155 mil 021 en secundaria y, en educación Media Superior, 107 mil 116: la encuesta sólo se realizó a 3 mil 764 alumnos. ¿Esto no inflaría los número de estudiantes consumidores?

Existe una evidente contradicción entre la Secretaría de Salud y los yonquis, amantes del cristal: la primera, no ha declarado problema de salud pública, y los segundos, cuentan que el consumo cada vez va más en aumento.

Cabe aclarar diferencias básicas entre los efectos del cristal y la mariguana y de la producción (según consumidores).

El primero: el efecto dura hasta 18 horas y puedes estar despierto varios días. La segunda, el efecto puede durar entre 3 ó 4 horas y regularmente te quedas dormido.

La meta se cocina en pequeños laboratorios. La mariguana se cosecha en hectáreas de tierra.

Y por último, el cristal se incluyó, en el Reino Unido, por la Convención Internacional de Psicotrópicos en la Lista II (Schedule II), lo que significa que la droga tiene un alto potencial de adicción y sólo es accesible por medio de recetas médicas oficiales, que no se pueden renovar.

Por su parte, de la mariguana cada vez se habla más de su legislación y legalización; en varios partes del mundo ya se puede usar de manera medicinal y hasta de manera recreativa, como en Las Vegas.  

Lo impresionante es que en Saltillo, el precio de las dos es casi el mismo y en los decomisos registrados, sólo hay diez casos de diferencia (14.08  por ciento).



He trabajado varios turnos de noche: fumar y después ir a trabajar […] Como si nada […] Bueno, no como si nada […] No hay la necesidad de dormir. ¿Me explico?

CONSUMIDOR DE METANFETAMINA.

'ES COMO UN GUSANO QUE EMPIEZA A DESPERTAR POR DENTRO Y NO HAY QUIÉN LO PARE'

El síndrome de abstinencia es una serie de efectos físico y emocionales que se manifiestan al dejar una sustancia que se ha vuelto indispensable para nuestro organismo y, por ende, en nuestros estados de ánimo, según el libro Intervención en Drogodependencia.

Se puede manifestar a diferentes escalas dependiendo de la frecuencia en que fumes, inyectes o comas la sustancia. Es algo similar a lo que sucede sucede al dejar el cigarro, el café, la azúcar y a una pareja.

Para concluir con el aglomeramiento de datos, fuimos con el Dr. Mario Alberto José de los Santos, exdirector del Centro de Salud Mental en la ciudad y psiquiatra en varios hospitales.

Ahí estaba con la luz del sol entrando por la ventana y pegando en la espalda del doc. Con sus anteojos circulares y vistiendo de blanco, me recordó a algunas fotos de Freud que andan por internet.

Éste habló  sobre los síntomas del síndrome de abstinencia al intentar dejar el “Cristo”. Él asegura que sí estamos frente a un problema de salud pública en la ciudad.

“Las abstinencias a estas sustancias generan mucha ansiedad, mucha taquicardia, son muy desagradables; obviamente generan otras complicaciones, no sólo de ansiedad, sino de deshidratación,  complicaciones renales, problemas físicos y, obviamente, a largo plazo va causando atrofia de las extremidades nerviosas en la sinapsis de algunos neurotransmisores (las patitas que hacen que nuestras neuronas se comuniquen con eficacia y eficiencia).

“Sí, es una droga que tiene efectos severos en el cerebro a corto plazo”.

¿Has convivido con consumidores constantes?

“Lo que yo sí he visto en la clínica es que el riesgo adictivo, la forma tan agresiva en que empiezan el consumo y abrazan el consumo, es alarmante. Unos estarán a tiempo y la dejarán o dirán: ‘ésta no la pruebo’, pero habrá población muy vulnerable que tienen patrones que los llevan a un deterioro físico-social importante, en el que pierden todo”.

¿Es muy difícil salir?

“El deseo por la droga parece en ocasiones implacable. Algunos pacientes me han dicho: ‘Doctor, es como un gusano que empieza a despertar por dentro y no hay quién lo pare’.

“Es ajeno a la voluntad. Se dan cuenta que ya ni dinero tienen para comprar, y comienzan a realizar actos antisociales: robos, vender pertenencias, con tal de conseguir para la sustancia”.


La mayoría de los consumidores son trabajadores que tiene que funcionar largas jornadas laborales, como taxistas y camioneros”.

NORMA ALICIA PÉREZ REYES, DIRECTORA DE CIJ SALTILLO.

“Los bajones producen escalofríos, temblores, sudoración, cambios digestivos y un malestar general muy importante y que, obviamente, lo hablo por experiencia, lo efectos se controlan regresando a consumir la sustancia.

“Si no hay deseo de salir, es muy difícil. Deben reconocer que están fuera de control”.

“Obviamente sí. No hay interés por los médicos para tratar el problema de la drogadicción. Yo pienso que es porque se frustran, ya que los adictos regularmente regresan a consumir”.

¿Estás de acuerdo en legalizar el consumo de drogas duras?

“Las medidas prohibitivas nunca han funcionado. Es muy debatible. Además son drogas que hacen muchos daños. Pero hay quienes han planteado legalizar todas para hacer frente a la violencia. No depende de mí la legalización.

“Valdría la pena hacer un análisis porque, evidentemente, el mercado sigue existiendo.

“Estos son problemas de salud. Pero hay que apostarle a la educación y a la legislación.

“Hay muchas cifras que se esconden”.

DATOS

19 casos de rehabilitación en todo Coahuila, de acuerdo a las cifras de la Secretaría de Salud contra las Adicciones.

32 casos de rehabilitación en lo que va del año en Saltillo, de acuerdo a cifras del Centro de Integración Juvenil de la localidad.

DECOMISOS DE METANFETAMINA Y OTRAS DROGAS

En las bases de datos de VANGUARDIA, en lo que va del año se tienen registrados 71 casos de decomisos de drogas (Saltillo y Ramos): desde dos bolsitas, hasta varias toneladas.


De esos 71 casos, 16 están relacionados con el cristal (22.53 por ciento) y 27 con la mariguana (38.02 por ciento). Los decomisos de mariguana han sido de Toneladas y los del cristal no.


(VANGUARDIA/  PAPEL CREPÉ/ Domingo, Septiembre 24, 2017 - 07:30)

EL AÑO EN QUE SATANÁS VISITÓ MONCLOVA

Buscando la verdad acerca del Callejón del Diablo, surgió otra versión que a la par de la leyenda nutre la famosa historia



La leyenda del Callejón del Diablo enriquece la historia de Monclova y la región.

Monclova, Coah.- Confiado en Dios y la Virgen de Zapopan, Fray Juan Antonio Marfil de Jesús decidió convocar a todas las potestades celestiales para que lo auxiliaran en la batalla que estaba a punto de librar con el demonio.

Armado con crucifijos, agua bendita y aceite consagrado, además de la Santa Biblia bajo su brazo, el religioso llegó a lo que era la entrada a un callejón que colindaba con la calle de Santiago (hoy la Juárez).

La angosta callejuela desembocaba con rumbo al Oriente en el río Monclova, pegaba con los carrizos y la luz de la luna daba un toque más siniestro a esa noche de septiembre de 1715 (algunas fuentes lo sitúan en 1716).

Marfil de Jesús hizo escala en Monclova cuyo alcalde era Pío Gil en su segundo mandato; se dirigía a Texas con sus misioneros al recién fundado San Antonio.

Apenas arribó a la Villa cuando los pueblerinos le informaron que meses antes el diablo hizo acto de presencia en la siniestra calle “sin salida” más pestilente que un zorrillo.

Tras considerar que era un verdadero problema y las narraciones daban por cierto que el “Príncipe de las Tinieblas” atormentaba a los monclovenses, el padrecito, en punto de las 12 de la noche hizo lo que consideró su deber.

Caminó los 100 metros de longitud que tiene el callejón mientras rezaba, lanzaba agua bendita y hacía la señal de la cruz con el aceite. El recorrido lo hizo solo, mientras que en la boca calle, asustados, estaban las supersticiosas autoridades y soldados que no se atrevieron a seguir al franciscano.

¡Santo Remedio!...Parecía que el diablo se fue frunciendo la cola a los más apretados infiernos tras el exorcismo hecho por Fray Marfil de Jesús. Quizá el obstinado “patas de cabra” no regresaría a ese lugar, pero hasta la fecha aún existe el Callejón del Diablo.

LA CLÁSICA LEYENDA LOCAL

Basándose en fuentes confiables como el doctor Regino Fausto Ramón y el ingeniero Melquiades Ballesteros (alcalde de Monclova en 1910 y 1911), el historiador Lucas Martínez Sánchez ubicó la leyenda un Viernes Santo, apenas 26 años después de la fundación de Monclova.

Narra la tradición que ha pasado por generaciones, que aún no era construida en forma la Iglesia de Santiago Apóstol mientras que la Ermita ya estaba siendo levantada (desde 1700) y las procesiones de los religiosos se hacían por las principales calles.

Algunos historiadores mencionan que en el siglo XVIII las vías que corrían de sur a norte se les llamaba calles y a las de oriente a poniente callejuelas y en algunos casos callejones.

“Ave María Purísima, las doce en punto y sereno”, gritó el pintoresco personaje que indicaba las horas por las calles y seguido se escuchó la campana que anunciaba el paso de la procesión del silencio.

Como un respeto a los actos sacros, los pueblerinos tenían la costumbre de encerrarse en sus casas, incluso estaba prohibido por las autoridades observar el paso de los caminantes que cumplían con sus penitencias, ni siquiera por la cerradura de las puertas.

Algunos cargaban pesados maderos, arrastraban pesadas cadenas y grilletes y otros representaban a Cristo mientras los flagelaban.

Martínez Sánchez refiere que dos jovencitas (fuentes indican que eran costureras y otras que se dedicaban al oficio más antiguo del mundo) que vivían en una casita del callejón, cerca de la propiedad de don León Villarreal, no hicieron caso y a escondidas contemplaron el paso de los penitentes.

De pronto un caballero ataviado elegantemente de rojo, sombrero emplumado del mismo color, ojos de un azul penetrante, rostro fino y melena negra larga, se acercó a las curiosas muchachas.

Demostrando una gran labia las aduló y obsequió dos paquetes que simulaban contener velas de cera elegantemente adornadas con papel de china. Ellas coquetearon aún más y prestas desenvolvieron los obsequios.

Con susto constataron que eran dos canillas o manos putrefactas y con el corazón a punto de salirse por el pecho, vieron con terror cómo aquel mozo bien parecido se convertía en satanás.

Cuernos en la frente, pata de gallo y la otra de cabra, la cola larga y con movimientos simiescos, el diablo se burlaba dando terribles risotadas para luego abalanzarse contra ambas.

Quiso el cielo que al momento de desmayarse de la impresión, unas tijeras que portaba una de ellas, cayeran abiertas en forma de cruz, que al verlas el “chamuco”, huyó despavorido. A raíz de éste incidente y de otras presuntas apariciones del diablo en forma de gato y chivo negro que dejaban un tufo sulfúrico, Fray Marfil de Jesús realizó el exorcismo cinco meses después.

UNA VERSIÓN MÁS TERRENAL

Lo que se conoce como el Callejón del Diablo, hoy en día es la calle Jesús Barrera de la Zona Centro de Monclova. Nace en la calle Juárez y termina en el cruce con la avenida Constitución y Suzanne Lou Pape, donde hace una pequeña cuesta y al igual que tres siglos atrás, desemboca en el río Monclova.

Al menos seis familias son las más antiguas del histórico lugar, entre ellas la formada por el matrimonio de José Manrique Cavazos Valdez y Patricia Elizabeth Rivera Hernández, que tienen más de 50 años en el número 710.

El padre de Patricia, Don Manuel Rivera Mata, uno de los sastres más famosos de Monclova y la región narraba a sus hijos lo que para él era la verdadera historia del mítico callejón.

Antes de su muerte acaecida el 1º de enero de 1998, don Manuel dejó escrito en un cuadernillo la historia donde refiere que en esa calle existió, un solicitado hojalatero y herrero del cual no recordaron su nombre, pero especularon que pudo llamarse Pedro, quien tenía dos hijas.

Para 1919, durante el mandato presidencial de don Venustiano Carranza, el ahora Museo Coahuila y Texas era el cuartel de la partida táctica Militar de Monclova.

La ahora Capital del Acero estaba en la administración del alcalde Rafael Gaona y se acostumbraban las pastorelas en la catedral de Santiago Apóstol. Don Pedro cada año participaba y personificaba de una manera magistral al diablo.

En diciembre de ese año, el herrero fabricó unas inmensas garras de hoja lata para emular las manazas del demonio y se dispuso a actuar una vez más en el festejo navideño.

Desde hace tiempo, una de sus hijas mantenía una relación amorosa con un bisogño soldado del cuartel, que aprovechaba las ausencias de don Pedro para ver a su amada.

Don Manuel dijo a su familia que la noche de la pastorela, los enamorados pactaron huir. El militar iba a desertar para llevar a cabo una vida normal con su novia, pero el idilio fue descubierto: un vecino fue con el chisme al papá en medio del evento.

Enfurecido y vestido de diablo, trinche en mano, don Pedro fue hasta su casa y sólo le faltó echar chispas para ser un satanás verdadero. La penumbra fue su aliada (no había alumbrado) y al descubrir al castrense lo tomó por la espalda.

Cuando el soldado volteó, la sangre se le heló en sus venas al ver que “El patrón de los infiernos” lo agarraba con sus puntiagudas uñas al momento que corría despavorido y pedía auxilio, pues…¡El diablo se lo quería llevar!

Luego de ese chusco episodio la gente se refería al herrero como “El Diablo” y como vivía en el callejón, de ahí partió el inmortal apodo de la callejuela.

De una forma u otra, ambas narraciones enriquecen la interesante leyenda de esa calle monclovense, que debería ser remodelada con motivos coloniales o coronada por un arco de entrada con una placa que recuerde su historia con fines turísticos. En la actualidad los peatones recorren tranquilamente la angosta callejuela pero hace 302 años, ¡Ni los más valientes se atrevían!


(ZOCALO/ NÉSTOR JIMÉNEZ/08 DE OCTUBRE 2017)

RUFFO APPEL A PROCESO: MARGARITA ZAVALA, EL “PLAN B” DEL PRI

Felipe Calderón y el PRI, especialmente el grupo que tiene sede en Atlacomulco, han estado aliados desde hace mucho tiempo, afirma en entrevista el senador panista Ernesto Ruffo Appel. Y asegura que los incondicionales del expresidente –a quienes tilda de traidores– dan forma al “PRIAN”, un grupo que favoreció a Enrique Peña Nieto en las elecciones de 2012. Dice que ahora, cuando el priismo se ve perdido rumbo a las elecciones de 2018, Margarita Zavala renuncia al PAN y anuncia su intención de ser candidata independiente, aunque ella podría ser el “plan B” del tricolor. En todo caso, el hecho es la derrota absoluta de Calderón, afirma.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Emblema del PAN –por haber sido su primer gobernador–, actual senador y miembro del Comité Ejecutivo Nacional, Ernesto Ruffo Appel no duda: el proyecto presidencial de Margarita Zavala es parte de un pacto de su esposo, Felipe Calderón, con Enrique Peña Nieto para convertirla en el plan B del PRI en 2018.

Con su renuncia al PAN, asegura, Zavala se convierte en candidata alterna del “PRIAN”, como denomina a la unión del PRI con los panistas encabezados por Felipe Calderón, gracias a la cual éste llegó a la Presidencia de la República en 2006 y seis años después favoreció a Enrique Peña Nieto.

“Desde agosto de 2015, cuando ella dijo que podría ser candidata independiente, comenzó a recibir apoyo de los medios, como El Universal y Milenio, y anticipé que sería el plan B del PRI. Y día que pasa, día que se confirma esto”, dice Ruffo el miércoles 4, dos días antes de oficializarse la renuncia al PAN de Margarita Zavala.

Y confirmada la aspiración presidencial de Zavala al margen del PAN, el viernes 6, el exgobernador de Baja California lo ratifica: “La renuncia es consistente con el plan de acción que es parte de los acuerdos de Calderón, desde 2006, con el PRI de Atlacomulco”.

–¿Margarita es, entonces, la candidata del PRIAN?

–Sí, sin duda. Es la esposa de Calderón. Punto. Entonces es la representante del PRIAN.
“No me atrevo a decir que Margarita lo haga con plena conciencia. Yo le tengo a ella respeto y estimación, pero anda entre coyotes y lobos, y lamento tener que colocarla entre toda esa jauría”.

–¿Y qué le augura fuera del PAN?

–Por el camino independiente va a tener que recopilar 866 mil firmas. Pero como ella es el plan B del PRI, el PRI le va ayudar a juntarlas.

Fragmento de la entrevista especial publicada en Proceso 2136, ya en circulación


(PROCESO/ REPORTAJE ESPECIAL/ ÁLVARO DELGADO/ 7 OCTUBRE, 2017)

ÁLVARO OBREGÓN 286: EL CAÓTICO MANEJO DE LOS CADÁVERES


Las familias de las víctimas vivieron el purgatorio en la zona cero, al pie del monte de escombros del inmueble de Álvaro Obregón 286. Allí, además de lidiar con la angustia del contrarreloj y los latidos que se extinguen, fueron engañadas, ignoradas, invisibilizadas por los gobiernos federal y capitalino que negaban información… y los cuerpos. Varias personas –familiares de víctimas, rescatistas, tianguistas, voluntarios– narraron a Proceso esos días de muerte lenta. Estos son fragmentos de sus relatos.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Las lonas tapaban el cementerio en el que se convirtió el edificio de Álvaro Obregón 286: las losas encimadas unas sobre otras, como amargo pastel mil hojas, el hueco al que no se le ve columna vertebral, cascarón o estructura; el desfondamiento de los pisos y derrumbe de los techos donde quedaron atrapadas casi 80 personas; la mayoría empleadas en un despacho contable.

Los primeros dos días, 28 personas saldrían con vida. En una alargada agonía que duró semanas fueron rescatados 49 cadáveres. Ahora van saliendo también los testimonios.

NOS OCULTARON EL CUERPO DE MI HERMANA

Llamaron a mi papá a la carpa de atención a víctimas de la policía federal, y Braulio, el psicólogo de la procuraduría se acerca y dice: Ya tenemos identificada a tu hija Michelle y comienza a prepararlo para que cuando vea el cuerpo no lo toque. Una señora de Gendarmería tenía un papel con el nombre de ella anotado: Michelle Fernanda Castillo Rayón Piso 4 posible piso 2 escaleras. Pasaron unos minutos, estábamos esperando que nos dejaran verla, pero llega uno de Gendarmería y dice: No, no, hombre. Te mandamos llamar porque queríamos saber cómo estaba usted, cómo había amanecido. Mi papá se pone fuera de control, lo llevan con mi mamá. Yo insisto que por qué nos llamaron. Entonces Javier (Pérez Arciniega, de Gendarmería) me explica: Lo que pasa es que sí tenemos un cuerpo de una mujer pero no es tu hermana, ella está totalmente desfigurada, es imposible reconocerla. Le digo que si no está mutilada puedo reconocerla por los tatuajes que se hizo en la muñeca, de un diamante y un signo de infinito, la palabra amore. Ellos dicen que aunque el cuerpo tiene tatuajes y no está mutilada, no coincide, que la que sacaron tiene entre 45 y 50 años, y mi hermana 23. Insisto, pero me dicen que si no estaba identificada no podría verla. Y Javier me sigue diciendo cosas ilógicas: Es una mujer grande que ni siquiera murió aquí, nos la trajo la Cruz Roja de Polanco. Así queda. Todos negaban que era Michelle. Preguntamos muchas veces. Eso ocurrió el viernes (22) a medio día. Nos la ocultaron hasta el lunes 25 a las 11 de la noche cuando la encontramos en el Semefo. (Susana Castillo, hermana de Michelle.)

¿CÓMO QUE NO HAY VIDA?

Entre el 19 y el 21 fue el rescate de 28 personas con vida, después de esa fecha prácticamente se para, estuvo llueve y llueve y llueve, se frena la operación, no sólo la búsqueda y rescate, también la información, y creo que la veracidad. El 21 publican en la Zona Cero una lista de personas que rescatistas han identificado adentro, vivas, entre ellas Iván. Para nosotros era la alegría, jurábamos que el siguiente de los 28 sería mi hermano.

La noche del 21 en la madrugada caminaba para calentarme y no dormirme y pasando por la carpa de médicos voluntarios escuché que la mujer que los comandaba dijo: Ya nos notificaron que ahí adentro no hay vida, sólo cadáveres.

Fragmento del reportaje especial publicado en Proceso 2136, ya en circulación


(PROCESO/ REPORTAJE ESPECIAL /MARCELA TURATI/ 7 OCTUBRE, 2017)

CRUJIÓ ESTREPITOSAMENTE: CRÓNICA DE UN TERREMOTO


CIUDAD DE MÉXICO (proceso.com.mx).- MARTES 19 DE SEPTIEMBRE

A mi madre le aterrorizan los temblores. Es por eso que mis papás decidieron vivir en el sur de la ciudad, donde los movimientos de las placas tectónicas se sienten menos.

El día 19 de septiembre, yo tomaba una siesta. El techo de mi casa es un domo que cruje cuando se calienta y se enfría, cuando llueve o hay viento, pero sobre todo cuando está a punto de temblar. En ese momento cruje estrepitosamente, como si se fuera a caer. Desperté abruptamente a la par de los gritos de mi madre: “¡Emilia, está temblando!”. Bajé corriendo las escaleras esperando que mi mamá bajara también para salir al patio común del condominio, pero en vez de eso corrió a su cuarto gritando: “¡Triángulo de la vida!”. La amiga con la que ella estaba trabajando y yo la seguimos. En cuanto entramos mi madre se tiró al suelo junto a su cama y su amiga a su lado.

Para ese momento el temblor estaba agarrando fuerza y lo único que pudo hacer mi cuerpo fue abalanzarse encima de ellas para protegerlas de algún vidrio que pudiera caer. Esperamos unos minutos que parecieron horas mientras los floreros, cuadros y espejos se caían del otro lado del cuarto. Cuando terminó, salimos de casa entre lágrimas de mi madre y alaridos de las personas de mi condominio. En ese momento no podía ni imaginar la dimensión que tomaría el suceso.

Dedicamos las siguientes horas a verificar que nuestro círculo cercano se encontrara bien. Mi madre no dejó que saliera de casa por miedo a que me pasara algo, pero ese día comencé a formar una brigada con mis amigos para salir al despuntar el alba.

MIÉRCOLES 20 DE SEPTIEMBRE

Me reuní con tres amigos en el Centro de Tlalpan. Pasamos al súper a comprar víveres, llevarlos a CU y formar parte de alguna de las brigadas.

Esperamos un largo rato a que nos asignaran, pero al no obtener respuesta decidimos partir por nuestra cuenta hacia Xochimilco, donde a través de las redes sociales nos enteramos que no había llegado ayuda de ningún tipo.

Para este momento éramos una brigada de cinco. Caminamos por Insurgentes y una pareja en una camioneta se detuvo delante de nosotros y nos ofreció llevarnos hasta Tepepan. Ellos iban a ver a su hijo que estaba de brigadista en Coapa y nos desearon mucha suerte.

Al llegar a La Noria nos subimos a otra camioneta, de un par de jóvenes que iban a ayudar, ella con los dos tendones de la rodilla rotos. Después de varias horas de camino llegamos a Santa Cruz, Xochimilco (el pueblo anterior a San Gregorio) donde nos pidieron ayuda. Nos dijeron que todo se estaba yendo a San Gregorio y que a ellos también se les habían caído sus casas. Decidimos quedarnos ahí.

Cargados de palas, cascos, guantes y herramientas recorrimos las calles levantando escombros y tirando bardas que corrían peligro de derribar muros. Un señor sugirió ir a las chinampas.

Para llegar, atravesamos un campo enorme lleno de invernaderos, donde había una casa totalmente derrumbada, de la que se asomaban peluches, muñecos, fotos. Ahí se encontraban seis personas intentando derrumbar los cimientos que quedaban, junto con el dueño de la casa y sus dos hijos. Entre todos tiramos lo que seguía en pie y apilamos los escombros para intentar salvar lo que quedaba debajo de ellos.

Era impresionante ver cómo los hijos adolescentes rescataban sus cuadernos escolares y reían. Pese a todo el dolor nos agradecían por ayudarlos a derrumbar lo que quedaba de su hogar.

Salimos de ahí con el corazón apretado y emprendimos el largo regreso a casa.

JUEVES 21 DE SEPTIEMBRE

Pasamos el día entero en el centro de acopio de Villa Olímpica y vaciamos totalmente una bodega repleta de víveres, mandándolos a todos los puntos donde se necesitaban. Decidimos que al día siguiente partiríamos a Morelos.

Después de largas horas de discusión en un grupo de WhatsApp en el que se unieron amigos de amigos, decidimos que iríamos al albergue y centro de acopio ubicado en el Hotel Montecarlo de Jojutla, Morelos. Ahí teníamos el contacto de una doctora voluntaria que nos aseguró que faltaba mucha ayuda.

VIERNES 22 DE SEPTIEMBRE

Salimos en una caravana de siete coches rumbo a Morelos. A la mitad del camino descubrimos que no todos queríamos ir al mismo lugar y nos separamos. Después de casi seis horas de carretera cerrada, vueltas, calor y tránsito pesado logramos llegar a nuestro destino a las seis de la tarde. Nos recibieron los coordinadores y la doctora, quienes nos organizaron en dos grupos: médicos y voluntarios. Nos dijeron que las brigadas no salían de noche, pues los caminos estaban dañados, no había luz y podía resultar peligroso, así que los voluntarios nos dedicaríamos a organizar la bodega del centro de acopio a la que no dejaban de llegar cosas. A la mañana siguiente transportaríamos los víveres a los lugares que nos indicaran los guías que conocían la zona. Los médicos, por su parte, saldrían en brigadas cuando se pudiera para brindar servicio a las comunidades.

A la hora de cenar volvimos a encontrar a nuestros médicos, empapados. Nos contaron que entraban a cada casa a dar atención médica y junto con ellos un político que iba haciendo campaña se acreditaba la ayuda. Como no estuvieron de acuerdo se separaron del grupo y comenzaron a dar consultas por su cuenta. Regresaron bastante satisfechos con su trabajo aunque con una espinita por el incidente proselitista.

SÁBADO 23 DE SEPTIEMBRE

Nos despertamos al alba y esperamos algunas horas a que nos dijeran qué hacer. No había comida ni para los voluntarios ni para los brigadistas y nadie podía indicarnos dónde comprar cerca.

Avisamos de nuestra disposición. Éramos 10 voluntarios y ocho médicos.

Mientras tanto nos pusimos a organizar la bodega. Mi trabajo consistía en anotar cuántas bolsas de víveres se hacían y cuántas salían. El coordinador me había dicho que nadie más que él podía darme instrucciones de entregarlas.

En lo que trabajábamos, a varios de nosotros nos llegó información de que las despensas se estaban utilizando para hacer campaña política, tal como nos lo habían advertido nuestro compañeros médicos. Comenzó a crecer entre nosotros un aire de duda y enojo. Decidimos marcar cada una de las bolsas con la leyenda “donación voluntaria”, y tachamos todos los códigos de barra.

Un rato después llegó un señor a exigirme que le diera tres bolsas de despensa. Al decirle que necesitaba la autorización del coordinador comenzó a gritarme prepotentemente. Yo le pedí que no me hablara de esa forma. Éste comenzó a enojarse cada vez más. Me gritó que él era el administrador del hotel, que gracias a él disponíamos del espacio y me arrebató las bolsas.

Llegó el coordinador y amablemente explicó la situación. Muy enojada le dije que esa no era la forma de hablarle a nadie y mucho menos a los voluntarios que estábamos ahí para ayudar.

El administrador recapacitó y me pidió disculpas. Me explicó que estaba muy estresado porque Televisa había dicho que los acopios de ese centro no se estaban entregando a las personas que lo necesitaban.

Un rato después nos mandaron en una brigada de cuatro autos a La Tigra y El Estudiante. Cuando llegamos descubrimos que los pueblos estaban sobreabastecidos, que los militares ya estaban ahí y nuestra ayuda no era requerida.

Buscamos por nuestra cuenta otro lugar y llegamos a Tlatenchi. Ahí, un profesor de la SEP nos dijo que la ayuda no estaba llegando hacia ese lado del estado y que habían muchos pueblos más lejos donde de verdad se necesitaba la asistencia. Como no teníamos un guía decidimos llevar la información al albergue para que desde ahí pudieran mandar más gente capacitada.

Después de estar un par de horas entregando despensas y brindando atención médica decidimos volver al hotel. Mientras, los compañeros que se habían quedado nos avisaron que estaban encontrando varias lonas pertenecientes al PRI. Confundidos y entristecidos por la sospecha de una alianza entre nuestra labor y el partido político, decidimos terminar nuestra colaboración ahí. Volvimos a recoger a los integrantes de nuestra caravana, nos despedimos del coordinador, le informamos todo lo que habíamos visto, y partimos.

El 19 de septiembre de 2017 cambió mi vida radicalmente. Me di cuenta de que la sociedad civil organizada puede hacer cosas grandes, que somos un pueblo de gente solidaria y amorosa que en momentos críticos puede dar todo de sí para ayudar a los que lo necesitan. Reforcé mi idea de que hay personas, aunque sean pocas, que utilizan su poder para sacar provecho de las situaciones. Es muy triste y desconcertante, pero estoy segura de que somos más los de buenas intenciones.

Aún queda mucho por hacer. Necesitamos reconstruir lo caído y apoyar a los damnificados hasta que puedan retomar sus vidas, que nunca serán las mismas. Fuerza México, juntos podemos salir adelante, como lo hemos hecho en repetidas ocasiones. No es momento de olvidar y continuar como si nada hubiera pasado, la amnesia colectiva no tendrá lugar ahora ni en el futuro.

Esta es la cuarta crónica de una serie de ocho (más un par de poemas), recopiladas por Indira Cato, colaboradora de estas páginas, para compartirlas con los lectores de la agencia apro y de proceso.com.mx. Cada texto se irá publicando día por día. La autora del presente texto es Emilia Baksht, de 26 años, egresada de Comunicación social de la UAM-Xochimilco, e hizo una especialización en Educación integral de la sexualidad en la Universidad Pedagógica Nacional.

(PROCESO/ CRÓNICA/ LA REDACCIÓN /7 OCTUBRE, 2017)