martes, 27 de junio de 2017

PEÑA NIETO Y PEGASUS


El presidente Enrique Peña Nieto luego del anuncio de la creación de nuevas unidades para prevenir conflictos de interés dentro de la Secretaría de la Función Pública, el 3 de febrero de 2015 Credit YURI CORTEZ/AFP/Getty Images

CIUDAD DE MÉXICO — El 11 de mayo de 2012, Enrique Peña Nieto, el joven gobernador del Estado de México y candidato presidencial del Partido Revolucionario Institucional, fue a la Universidad Iberoamericana, una institución de élite, para conversar con los estudiantes.

Para la elección del 1 de julio de ese año, Peña Nieto, que encabezaba las encuestas, se disponía a recuperar fácilmente una presidencia que su partido no había ocupado por 12 años después de haber gobernado México durante 71 años consecutivos. Peña Nieto y sus asesores no habían aceptado invitaciones para hablar en la UNAM, la enorme universidad pública en Ciudad de México con una larga historia de protesta y agitación política de izquierda, pero seguramente decidieron que no corrían riesgos si iban a “La Ibero” privada, católica y jesuita, conocida por educar a los hijos de personas adineradas, el tipo de escuela a la que Peña Nieto enviaría a su propia hija adolescente si ella pudiera cumplir con los estándares de admisión.

Sin importar cuáles fueran las preferencias políticas de esos estudiantes, Peña Nieto y su gente esperaban una recepción amable en la que los estudiantes aplaudieran en el momento adecuado, hicieran preguntas serias y bien intencionadas que el candidato —tan ensayado— sabría cómo responder, y que aparecieran videos del evento en los programas nocturnos de noticias de la monolítica televisora Televisa, que respaldaba al candidato del PRI por encima de los candidatos de los partidos rivales, el conservador PAN y el partido de izquierda PRD. Peña Nieto se presentaba, y lo vendían a México y el mundo, como miembro de “un Nuevo PRI”, uno moderno, activamente respetuoso de la democracia y el Estado de derecho, un partido que rechazaba el autoritarismo corrupto y a menudo violento que lo había caracterizarlo durante sus muchas décadas en el poder.

Ese 11 de mayo, que se conoció como el “viernes negro”, casi salvó a México.

Ese día, los estudiantes de La Ibero no querían escuchar sobre aquellas reformas neoliberales que el candidato siempre pregonaba. Querían hablar de San Salvador Atenco, un pueblo en el Estado de México donde, en 2006, como gobernador, Peña Nieto había enviado a 3500 miembros de la policía estatal para acabar con los disturbios surgidos cuando 200 policías antidisturbios desalojaron de sus puestos a 40 vendedores de flores asociados con una organización campesina de defensa de la tierra.

Dos jóvenes fueron asesinados: un policía le disparó a corta distancia a un niño de catorce años y la policía apaleó a un universitario hasta matarlo. Cientos fueron arrestados y se informó que decenas de mujeres fueron atacadas sexualmente por la policía; violaron a algunas de ellas en repetidas ocasiones. Entre esas mujeres había observadoras de derechos humanos y estudiantes extranjeras que fueron deportadas para evitar que hablaran. El gobierno de Peña Nieto las tachó de mentirosas y las procesaron en vez por diversos delitos.

“Atenco no se olvida”, gritaron los estudiantes dentro y fuera del auditorio en La Ibero. Exigieron respuestas por parte del candidato, quien exasperado —¿qué tenía que ver eso con el “Nuevo PRI” y sus reformas?— finalmente respondió: “Fue una acción determinada, que asumo personalmente, para restablecer el orden y la paz en el legítimo derecho que tiene el Estado mexicano de hacer uso de la fuerza pública”.

Los estudiantes contestaron con gritos de “asesino” y “¡fuera!”. Peña Nieto respondió con una mirada impávida antes de que su equipo de seguridad y asesores lo sacaran del escenario. Sus portavoces y simpatizantes afirmaron en Televisa esa noche que los manifestantes no eran estudiantes, sino agitadores profesionales infiltrados por el candidato de la izquierda. En respuesta, un estudiante grabó un video, que desde luego se hizo viral, en el que 131 estudiantes de La Ibero mostraban sus identificaciones de la universidad y afirmaban haber participado en la protesta.

Después 150 universidades mexicanas crearon grupos que se unieron al movimiento y pronto, sobre todo en Ciudad de México, parecía que todos, no solo los universitarios, querían convertirse en el estudiante 132. En una serie de manifestaciones, cientos de miles salieron a las calles para protestar contra la candidatura de Enrique Peña Nieto, el regreso del PRI y la complicidad antidemocrática de los principales medios, en especial Televisa. #YoSoy132 gritaba a México y al mundo que la presidencia de Peña Nieto sería un desastre para México y pondría su democracia en aprietos. Al final, no fue suficiente, aunque el movimiento ayudó a hacer que la elección fuera una controvertida contienda.



Un miembro del movimiento estudiantil #YoSoy132 protesta con una pancarta en forma de televisor a las puertas de la autoridad de comunicaciones, Cofetel, el 6 de junio de 2012. Credit Tomas Bravo / REUTERS

He estado pensando mucho en eso después del sustancial reportaje de The New York Times en torno al gobierno mexicano y su aparente compra y uso de spyware altamente sofisticado para celular —vendido y autorizado para uso exclusivo contra terroristas y organizaciones criminales— contra periodistas, activistas de derechos humanos y abogados, así como otros ciudadanos que el gobierno percibe como adversarios, incluyendo un hombre que redactó y promovió una legislación anticorrupción. El diario enfatizó que este es el suceso más reciente de una larga serie de actos criminales, corrupción y negligencia oficial por parte del gobierno que se han revelado durante la presidencia de Peña Nieto.

El periódico recordó cómo Peña Nieto había llegado al puesto en 2012 “con la promesa de poner en lo alto a México en el mundo” y ofrecer “la esperanza de que la democracia del país había triunfado”. La mayoría de los medios más establecidos e influyentes de Estados Unidos, incluso The New York Times, publicaron muchos artículos positivos al respecto mientras que los periodistas que cuestionaron ese optimismo fueron ignorados o ridiculizados.

Pero la pregunta que me persigue y que me parece pertinente plantear no solo con respecto a México, sino en general, es ¿por qué las reformas proempresariales —como la privatización del petróleo o la promulgación de lo que resultó ser una modesta reforma a la industria de las telecomunicaciones— son interpretadas por tantas personas como algo que promete valores democráticos modernos y el respeto por el Estado de derecho? ¿Por qué, en contraste, el historial de un candidato que había violado los derechos humanos así como la seguridad y la dignidad individuales, sobre todo en cuanto a las mujeres, no se interpreta como una advertencia de valores antidemocráticos y un incumplimiento del Estado de derecho?

Desde luego, #YoSoy132 gritó esa advertencia al mundo. No necesitaron el programa espía Pegasus para ver la relevancia de Atenco. Ahora, este se ha convertido en un tema de interés para la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que ha tomado el caso de 11 de las mujeres que fueron torturadas sexualmente y violadas por la policía después de sus arrestos en Atenco y ha ordenado una investigación en torno a los crímenes en la cadena de mando hasta llegar a los principales responsables, es decir, el presidente Enrique Peña Nieto.



Algunos mensajes que recibió la periodista Carmen Aristegui, quien ha sido blanco de espionaje a través del programa Pegasus, durante una rueda de prensa el 19 de junio en Ciudad de México. Credit Alfredo Estrella /AFP/Getty

Aquí en México, que se ha convertido en uno de los lugares más peligrosos del mundo para los periodistas, las revelaciones acerca de que el gobierno utiliza el programa espía Pegasus para infiltrar celulares no fueron sorprendentes. Tantos periodistas mexicanos como extranjeros suponen desde hace tiempo que sus comunicaciones en celulares, correo electrónico y redes sociales no son seguras. No solo el gobierno federal es responsable del ciberespionaje, de acuerdo con el periodista Diego Osorno. “Hay gobernantes —pequeños virreyes— que tienen sus propias unidades”, me dijo, “las cuales utilizan para espiar las vidas privadas de sus oponentes y críticos. Tengo la impresión de que el espionaje oficial, como muchos otros problemas, ya está fuera de control en México”.

Para mí, la cita más reveladora en el artículo de The New York Times del lunes fue la de Luis Fernando García, el dirigente de un grupo digital, quien dijo que: “El hecho de que el gobierno esté usando vigilancia de alta tecnología en contra de defensores de derechos humanos y periodistas que exponen la corrupción, en lugar de contra los responsables de estos abusos, dice mucho de para quién trabaja el gobierno”.

¿Para quién trabaja el gobierno? En el caso de los 43 estudiantes desaparecidos, México ha sido testigo de todo lo que el gobierno está dispuesto a hacer para cubrir la relación entre un cartel de la droga y el Estado, incluso al ignorar evidencia en video, que fue presentada al mundo por el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes, de su principal investigador plantando evidencia falsa.

¿Acaso en México el crimen organizado y el gobierno son uno mismo, o por lo menos en muchos casos? ¿Cómo puede ser que en México, como dijo el periodista John Gibler hace poco, “sea infinitamente más peligroso informar sobre un asesinato que cometerlo”? La prueba más reciente de eso fue el asesinato de Javier Valdez, uno de los periodistas más admirados de México, mentor y amigo de otros más jóvenes como Gibler. Esa es otra pregunta que me acecha. ¿Acaso pudieron utilizar Pegasus para rastrear a Valdez hasta el lugar donde lo asesinaron? ¿Podría utilizarse de la misma manera para acabar con otro periodista? Y, de ser así, ¿quién lo haría, exactamente, y quién lo investigaría?


Francisco Goldman, periodista y novelista, es autor de "El Circuito Interior: Crónica de la Ciudad de México".

MÁS DRONES Y CÁMARAS EN LA FRONTERA, MEJOR QUE EL MURO DE TRUMP


Un agente de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza utiliza una cámara de infrarrojo frontal, o FLIR (por su sigla en inglés), desde la cabina de un helicóptero. Credit William Widmer para The New York Times

ROMA, Texas — Desde un cobertizo compacto y portátil en las afueras de esta ciudad fronteriza, Jonathan Hoyt tiene un amplio campo de visión. Su computadora está enlazada a cámaras y equipos de vigilancia que le permiten ver balsas de plástico en el costado mexicano del río Bravo a casi 3,8 kilómetros de distancia, y lo hace solo moviendo una pequeña palanca de mando.



Jonathan Hoyt utiliza una cámara FLIR de vigilancia desde un cobertizo. Credit William Widmer para The New York Times

Hoyt, un agente de la Patrulla Fronteriza, está usando equipo que el Departamento de Defensa llevó desde Afganistán, donde fue utilizado para rastrear a los talibanes. Es parte de un potente arsenal que también incluye torres, drones y aerostatos: dirigibles gigantes unidos al suelo que pueden elevarse hasta a 1500 metros. Helicópteros con poderosos sensores infrarrojos y cámaras de video también patrullan las alturas.

Los agentes de fuerzas de seguridad dicen que desplegar este tipo de tecnología ha dado como resultado una decena de miles de arrestos en una frontera que sigue siendo una vía primaria para transportar droga y migrantes que cruzan a Estados Unidos de manera ilegal.



Agentes de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos arrestaron a un hombre que cruzó el río Bravo el mes pasado. Credit William Widmer para The New York Times



Un grupo de hombres en un campo cerca de la frontera se dispersaron mientras un helicóptero se elevaba por encima. Credit William Widmer para The New York Times



Helicópteros remodelados UH-1N Huey del Cuerpo de Marines, ahora utilizados para la seguridad fronteriza, en un hangar en McAllen, Texas. Credit William Widmer para The New York Times

A pesar del llamado del presidente Trump para construir un muro enorme con el fin de asegurar la frontera —algo de lo que el representante Henry Cuellar, un demócrata de Texas, se burló por ser una “solución del siglo XIV para un problema del siglo XXI”— la lucha contra la inmigración ilegal y el tráfico de drogas en la frontera entre México y Estados Unidos se ha convertido cada vez más en un asunto de alta tecnología.

Trump ha propuesto un aumento de 2,9 mil millones de dólares para la seguridad fronteriza, pero casi el 60 por ciento de ese incremento se destinaría al muro fronterizo.

“Drones Predator, aerostatos y torres llenan los espacios que se encuentran a lo largo de la frontera, donde la Patrulla Fronteriza no tiene personal”, dijo David Aguilar, un ex comisionado interino de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos, quien ahora es director de Global Security and Innovative Strategies, una firma de consultoría en Washington. “Les da una vista de lo que está sucediendo en la frontera”, dijo Aguilar, y “también les permite desplegar recursos y responder a las personas que cruzan la frontera o trafican drogas”.



Un aerostato anclado cerca del río Bravo. Los dirigibles pueden elevarse hasta 1500 metros. Credit William Widmer para The New York Times

Eso puede verse fácilmente desde el escritorio de Hoyt. Hace poco, movió su palanca de mando y acercó la toma para ver a decenas de personas en el costado mexicano del río Bravo. Transmitió la información a los agentes que se encontraban cerca del río, quienes se trasladaron de inmediato para atraparlos en el lado estadounidense.

El equipo se entrega al Departamento de Seguridad Nacional según el programa del Departamento de Defensa establecido para reutilizar el equipo militar usado anteriormente en Afganistán e Irak.

El Departamento de Seguridad Nacional también utiliza más de 12.000 sensores a lo largo de la frontera, cientos de lectores de matrículas en los puertos de entrada y escáneres gigantes de rayos X para observar trenes y camiones. La agencia planea agregar drones más pequeños con reconocimiento facial, y equipo adicional que puede capturar información biométrica.

La tecnología combinada crea lo que algunos expertos del Departamento de Seguridad Nacional dicen que es un muro virtual en algunas áreas de la frontera, el cual puede ser tan efectivo como uno físico con un costo mucho menor.

Aguilar dijo que la adquisición de nueva tecnología para la seguridad fronteriza debe ser la máxima prioridad para el Departamento de Seguridad Nacional, por encima de la construcción de un muro u otras barreras físicas o la contratación de más agentes para la Patrulla Fronteriza.

“La tecnología es definitivamente lo primero”, dijo. “Son dispositivos que se pueden usar en cualquier parte de la frontera. Hay lugares donde simplemente no se puede poner un muro”.



Alambre de púas extendido a lo largo del puente internacional Roma-Ciudad Miguel Alemán, que actualmente está cerrado. Credit William Widmer para The New York Times


Ropa vieja entre la maleza ocultaba una cámara de vigilancia activada por movimiento cerca del río Bravo. Credit William Widmer para The New York Times



Michael Johnson, un agente de la Patrulla Fronteriza, echa un vistazo al río Bravo desde un viejo muelle. Credit William Widmer para The New York Times

Aunque la tecnología hace que rastrear el contrabando y las drogas sea más fácil y más rápido, también facilita el rastreo de personas inocentes.

Guadalupe Correa Cabrera, profesora de la University of Texas Rio Grande Valley y becaria del Wilson Center en Washington, dijo que la acumulación de tecnología en la frontera había transformado ciudades tranquilas, donde la gente se desplazaba libremente a través de la frontera, en zonas de vigilancia masiva.

Cada movimiento de los residentes está documentado y catalogado, dijo, lo cual erosiona la privacidad de los residentes locales.



Algunos perros ladraron mientras agentes de la Patrulla Fronteriza pasaban a través de un área residencial de Roma, cerca del río Bravo. Credit William Widmer para The New York Times

A pesar de la preocupación de quienes apoyan el derecho a la privacidad, Manuel Padilla Jr., jefe de sector de la Patrulla Fronteriza en Rio Grande Valley, dijo que el área necesitaba más tecnología.

“Si nos fijamos en Rio Grande Valley en este momento, no tenemos la conciencia situacional de saber qué está sucediendo a través de la frontera debido a la falta de tecnología”, dijo Padilla.

Dijo que la tecnología adicional, como sensores que puedan penetrar el follaje denso, era necesaria porque los agentes de la patrulla fronteriza no podían llegar a muchos lugares a lo largo del río donde no hay rutas de acceso.



Tránsito en el puente que conecta Roma, Texas, y Ciudad Miguel Alemán, México. Credit William Widmer para The New York Times

“Como no podemos llegar allí, debemos ser capaces de ver lo que está pasando para que podamos capturar a quienes trafican con drogas o cometen otros delitos” antes de que lleguen a ciudades de la región, dijo.

El uso de la tecnología del Departamento de Defensa “nos ha permitido ver algunas cosas que antes no sabíamos que existían”, dijo Padilla. “Pero se necesita más tecnología para hacer frente a los desafíos únicos en el valle”.

La tecnología también se ha desplegado en los puertos de entrada, donde miles de personas cruzan la frontera todos los días. Se utiliza para todo, desde la detección de plagas agrícolas que representan una amenaza para el suministro de alimentos en Estados Unidos hasta la detección de grandes cantidades de dinero y narcotraficantes.



Agentes fronterizos y un perro detector de drogas inspeccionaron autos en el puerto de entrada de Hidalgo, Texas. Credit William Widmer para The New York Times

En el puerto de entrada de Hidalgo, justo al otro lado de la frontera con la ciudad mexicana de Reynosa, la tecnología está en pleno uso.

Conforme los vehículos se acercan a los puntos de control, las cámaras fijas toman imágenes de las placas delantera y trasera del auto, una imagen del conductor y una imagen en color del automóvil. Entonces, esas imágenes pasan a través de una base de datos para verificar los antecedentes penales, delitos de inmigración o actividades terroristas.

Las cámaras también almacenan la ubicación del vehículo y la fecha en que se tomó la imagen en una base de datos, aunque las búsquedas no activen alertas sobre los pasajeros de los vehículos.



A la izquierda, cámaras que capturan imágenes de las placas de los autos mientras pasan por el puerto de entrada de Hidalgo. A la derecha, el lado mexicano de la frontera. Credit William Widmer para The New York Times

“Esto nos da una muy buena idea de quién se está moviendo a través de la frontera”, dijo Frank Longoria, un oficial de aduanas que es director adjunto de operativos de seguridad fronteriza. “El 99 por ciento de las personas que cruzan lo están haciendo por una buena razón, pero tratar de captar ese uno por ciento que está haciendo algo ilegal es un reto”.

En un pequeño edificio, no lejos de las vías de entrada y salida, un oficial de aduanas, Eugenio Jiménez, observó un sistema de escáner de rayos X, que le permite ver anomalías en un vehículo. Dijo que estaba buscando espacios donde debería haber material sólido, o señales evidentes de manipulación en los tanques de gasolina, baterías u otras áreas.

Unos días antes, después de que un perro de detección de efectivo reaccionara a un Volkswagen Passat blanco 2008 que viajaba hacia México, Jiménez notó un espacio en la defensa del auto cuando le pidieron al conductor que se estacionara a un lado para una inspección, dijo.



Un agente de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza con un auto detenido en la estación de inspección de Hidalgo Credit William Widmer para The New York Times

Cuando quitaron la defensa, los oficiales descubrieron más de 250.000 dólares escondidos en su interior. El conductor fue arrestado.

“Se ponen muy creativos”, dijo Jiménez. “Hemos encontrado metanfetamina en los tanques de gasolina, marihuana que hacen lucir como sandías y limas. Lo que se te ocurra”.

Los oficiales de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza usan versiones más grandes de escáneres para examinar los autobuses e incluso los trenes para detectar drogas o tráfico de personas.



Un agente de la Patrulla Fronteriza inspeccionó el interior de un semirremolque vacío en la estación de inspección de Pharr, Texas. Credit William Widmer para The New York Times

Pero hay límites en el uso de la tecnología en la frontera. Los drones y aerostatos, por ejemplo, no pueden volar cuando hay tormentas o vientos fuertes.

Las cámaras de alta resolución no pueden ver a través de la maleza espesa que crece a lo largo del río Bravo, y la vida silvestre o el ganado pueden activar sensores, lo cual hace que los agentes de la Patrulla Fronteriza vayan tras falsas alarmas.



La densa maleza a lo largo del río Bravo hace que sea difícil el uso de cámaras de alta resolución. Credit William Widmer para The New York Times

Y los carteles de la droga están adaptando constantemente sus métodos para encontrar maneras de burlar la tecnología. Con el tiempo, dicen funcionarios de Seguridad Nacional, los contrabandistas aprenden rápidamente cómo funcionan los sistemas y ajustan su estrategia.

Longoria dijo que el cambio en las tácticas de los carteles mostró que la tecnología fronteriza surtía el efecto deseado.

“El hecho de que estén tratando de encontrar formas cada vez más creativas de obtener sus drogas y traficar con personas muestra que el sistema estratificado de la tecnología y la gente está funcionando”, dijo. “Queremos dificultar sus actividades tanto como podamos. Las cámaras, los dirigibles y otros dispositivos nos permiten hacerlo”.



Un agente escoltó a un hombre aprehendido cerca del río Bravo mientras intentaba cruzar la frontera. Credit William Widmer para The New York Times


(THE NEW YORK TIME/ RON NIXON/  22 DE JUNIO DE 2017)

EL ELN Y LOS RINCONES QUE ESPERAN LA PAZ EN COLOMBIA


Entre la guerra y la paz en ColombiaCreditFederico Ríos

Cuando algunos miembros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia comenzaron a deponer las armas a finales del año pasado, el hecho se volvió un hito en el conflicto de más de medio siglo en Colombia. Sin embargo, aunque las FARC son el grupo rebelde más grande, no son el único. El Ejército de Liberación Nacional (ELN), entre otros, ha estado en un tira y afloje con el gobierno mientras arrancan las negociaciones de paz en Ecuador.

Federico Rios ha seguido el conflicto de cerca. Ya ha hecho una serie de imágenes de los rebeldes de las Farc a medida que se preparaban para dejar las armas y reintegrarse a la sociedad. Pero él sintió que la historia estaba incompleta sin el ELN, que recientemente ha sido acusado por Human Rights Watch de diversos delitos, que incluyen secuestrar, plantar minas y evitar que personas en la parte noroeste del país pudieran generar ingresos en sus granjas.

“Con todas las negociaciones, y la paz con las FARC, sentí que faltaba parte de la historia”, dijo Rios. “El ELN está en el territorio en disputa y controla una gran parte de él. No podemos hablar de paz en Colombia sin incluir al ELN”.



Un miembro del ELN corta el cabello de un compañero. Credit Federico Rios

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El ELN es el segundo grupo rebelde más grande del país y, aunque no es tan grande como las Farc, sus integrantes poseen mucho armamento y dependen del secuestro, las drogas y la minería ilegal para financiar sus actividades.

Rios, quien ya había hecho numerosos viajes a los campamentos de las Farc, tuvo más obstáculos para poder acceder al ELN. Le tomó un año encontrar a alguien que pudiera ponerlo en contacto con los rebeldes. Cuando estaba listo para verse con el contacto, la reunión fue cancelada de último minuto. Finalmente lo pusieron en contacto con una persona que organizó un encuentro con los rebeldes. Llegar al lugar, dijo, implicó un vuelo, un viaje en auto hasta un río y un viaje de cuatro horas en bote.

“Cuando llegué allí tuve que preguntar por alguien con su nombre clave”, dijo. “Cuando lo hice, ellos aparecieron en medio del pueblo vestidos con camuflaje y con sus rostros cubiertos. Pero los habitantes del pueblo lucían tranquilos”.



Una formación del ELN Credit Federico Rios

Tal como descubrió durante su época con las Farc, la comunidad ve a los rebeldes como su única salida para obtener comida, medicina y satisfacer otras necesidades básicas. El gobierno, dijo, no tiene presencia en esas áreas remotas y a los pobladores se les dificulta vender sus productos o traer a maestros o doctores a la región.

Rios vio la situación como una oportunidad de retratar la vida cotidiana entre los rebeldes.

“Mis fotografías son muy tranquilas porque estoy viendo sus vidas cotidianas”, dijo. “Yo voy en calma con mis cámaras, hablo con ellos de una manera natural. Es como un ballet: levantas la cámara y lees la reacción en sus caras. Si se ve bien, tomo la foto. Pero ellos querían ver la imagen. A veces decían: ‘Mira qué feo soy’, y reían. Así es con personas que están alejadas de la sociedad digital en la que vivimos. Ellos no tienen celulares, Facebook ni se toman selfis todo el tiempo. Es extraño para ellos verse a sí mismos en una imagen”.



Un guardia del ELN durante una actividad en el pueblo Credit Federico Rios

Entre las rutinas que fotografió hay sesiones de estudio sobre lo que se consiguió a través de los acuerdos; reuniones donde alentaban a diferentes comunidades a encontrar maneras de ayudarse mutuamente para mejorar sus recursos; o la manera en que manejaban las solicitudes de pobladores que buscaban ayuda para medicamentos o un viaje.

Sin embargo, con el grupo rehusándose a deponer las armas y dejar de cometer secuestros, las negociaciones avanzan lentamente.

“Continúan luchando, aun cuando tratan de negociar”, dijo Rios. “Eso me parece extraño. Es como tratar de dialogar con alguien mientras te golpea. Finalmente, alguien dará el golpe más fuerte y ya no podrán hablar”.


(THE NEW YORK TIME/ DAVID GONZALEZ / 26 de junio de 2017)

BRASIL Y ARGENTINA SE MIRAN EN EL ESPEJO DE ODEBRECHT


Efectivos policiales resguardan la sede en Buenos Aires de la constructora brasileña Odebrecht, luego del allanamiento de esta por la investigación del pago de sobornos a funcionarios argentinos durante el kirchnerismo. Credit Victor R. Caivano/Associated Press

BUENOS AIRES – En los años 80, un comercial televisivo de vodka ayudó a determinar la manera en la que Brasil y Argentina interpretaban los reflejos de los hechos políticos y económicos de uno sobre el otro. El spot mostraba a un tipo elegante y sobrio que se sentaba a la mesa de un sosias e intentaba convencerlo de probar una bebida llamada Orloff. La promesa era que ese vodka no le daría resaca al día siguiente. El desconfiado doppelgänger preguntaba: “Pero, ¿quién sos vos?”. El forastero contestaba: “Eu sou você, amanhã” (“Yo soy vos, mañana”).

Desde entonces, “efecto Orloff” es el modo como en Brasil y Argentina se habla del presagio de que lo que pasó a uno le pasará al otro muy pronto, por la manera que están conectados ambos países.

Las semejanzas se explican solas. Sucedió con la hiperinflación de los años 80, con la implementación de los modelos neoliberales y las privatizaciones de los 90 y con la “ola roja” de gobiernos de izquierda a principios de este siglo. Pasó, también, con relación a hechos menores, como caídas de ministros y hasta de técnicos de fútbol. Si ocurrían en un país, al otro lado de la frontera surgía la pregunta: “¿Habrá esta vez efecto Orloff?”.

El eco más reciente del “fenómeno” se dio con la elección de Mauricio Macri en el 2015 en Argentina, que fue seguida muy pronto por la destitución de Dilma Rousseff y la llegada al poder de Michel Temer, alineado ideológicamente al nuevo líder argentino.

Por estos días, el “efecto Orloff” está de nuevo en el aire y en las conversaciones en Argentina, a raíz del inminente inicio de las investigaciones acerca de las coimas pagadas por la constructora Odebrecht en este país. El plazo acordado entre la empresa y la fiscalía brasileña para que las informaciones sobre sus delitos en el exterior dejen de ser secreto ha expirado y ahora los efectos del escándalo que hizo temblar a Brasilia encienden los ánimos en Buenos Aires.

El “efecto Orloff” ya se nota en lo parecido que son las reacciones políticas y los argumentos en el debate.

Como lo hizo Rousseff cuando empezó Lava Jato en el 2014, la posición oficial adoptada por el gobierno es que defiende que la justicia sea independiente y que se investiguen a todos los involucrados. Pero puertas adentro, el Poder Ejecutivo argentino empieza a pulsear con la fiscalía, como pasó y viene pasando en Brasil.

Macri, por medio de voceros como su ministro de Justicia, Germán Garavano, está enfrentando a la fiscalía local. El Ejecutivo intenta incentivar un acuerdo con Odebrecht, para que la misma siga actuando en el país a cambio de alguna multa o con el ofrecimiento de información. Acá, como en Brasil, eso genera rechazo en parte de la sociedad: “¿cómo vamos a seguir pagando con nuestros impuestos a empresas corruptas?”.

Pero, según la ley argentina, no se le puede ofrecer a Odebrecht un acuerdo como el que desea, con garantías de inmunidad a los empresarios brasileños. La legislación local no admite la “delación premiada”, como en Brasil se llama a los acuerdos de reducción de sentencia a cambio de información valiosa y comprobada. Pero por iniciativa del Ejecutivo, se empezó a votar una nueva ley que ofrece la figura del “colaborador eficaz”, o sea, la del empresario acusado que puede ver disminuida su sentencia si brinda información. El kirchnerismo trata de frenarla.


El presidente argentino Mauricio Macri durante la juramentación del nuevo ministro de relaciones exteriores, Jorge Faurie, en la Casa Rosada, el 12 de junio. Credit Eitan Abramovich/AFP/Getty Images

El Ejecutivo cree que hay una actitud pasiva de la fiscalía argentina por la cercanía de la fiscala general, Alejandra Gils Carbó, al gobierno anterior. Macri afirma que los nombres de funcionarios de la gestión kirchnerista (2003-2015) involucrados están siendo protegidos, mientras se divulgan aquellos mencionados en las delaciones en Brasil que están relacionados con el macrismo, como el del jefe de inteligencia Gustavo Arribas y Angelo Calcaterra, primo de Macri y anterior presidente de la empresa Iecsa cuando esta se asoció a Odebrecht para la excavación de una línea de trenes en Buenos Aires.

Los kirchneristas recién salidos del poder actúan igual a los petistas desde el juicio político a Rousseff. Argumentan que el poder establecido político-empresarial que gobierna ambos países promueve una “divulgación selectiva” de los probables culpables. Si los petistas protestan porque se persigue más a Lula que a políticos de otros partidos, para los kirchneristas el oficialismo estaría haciendo todo lo posible para que se exponga a algún alto funcionario kirchnerista, en especial al exministro de Planificación Julio De Vido o a la propia Cristina Fernández de Kirchner.

El costado positivo de un “efecto Orloff” respecto a las operaciones de Odebrecht en Argentina es el apasionamiento de la sociedad con la idea de que no se debe tolerar más la corrupción.

En ambos países se solía considerar que la corrupción era algo que había que aguantar, una característica consustancial a los políticos, al punto que frases como “este tipo roba, pero hace las cosas” se habían transformado en un lugar común.

En Brasil ya no es así, y eso se siente en el discurso mejor informado entre las capas más populares, antes ajenas a la política, y en un virulento debate en las redes sociales.

En una Argentina que renovará gran parte de su congreso en octubre, el tema parece agigantarse como sucedió en Brasil hace un par de años.

Es poco probable que en Argentina pase algo tan traumático como el impeachment presidencial. Pero se puede esperar que los electores cuestionen con mayor énfasis la histórica promiscuidad entre el Ejecutivo y la justicia –algo que en Brasil ya pasó– y que exijan que su clase política sea más transparente. Dos áreas donde la transparencia es urgente son la financiación electoral y los contractos de obras públicas con empresas privadas.

El “efecto Orloff” también alerta sobre un posible rechazo de la población a la clase política tradicional, como ha sucedido en Brasil, donde el repudio hacia el poder establecido ha abierto el espacio para aventureros con chances de llegar a la presidencia, como el extremista de derecha Jair Bolsonaro.

Tanto en Brasil como en Argentina, lo que plantea el caso Odebrecht es una reinvención de la política en tiempos de mayor conectividad y más participación popular.

Aún está por verse quién dará el mejor ejemplo al otro. Si la respuesta en Brasil va por el camino de una reforma política, en la cual se reglamente la financiación electoral, y eso se repite en Argentina, será una buena señal. Pero si vamos por la vía del rechazo a la democracia, lo único seguro es que al día siguiente ambos tendrán una resaca terrible, sea cual sea la marca del vodka.



(THE NEW YORK TIME/ SYLVIA COLOMBO/  23 de junio de 2017)

¡¡¡ NUEVO CIBERATAQUE GLOBAL…!!!

(YOUTUBE/ MUNDO DESCONOCIDO/ JL CAMACHO/ 27 DE JUNIO 2017)

EL CIBERATAQUE PARA EL QUE NADIE ESTÁ PROTEGIDO


Golan Ben-Oni es el responsable de sistemas informáticos en IDT, empresa que fue víctima de un avanzado ciberataque en abril. Credit Justin T. Gellerson para The New York Times

NEWARK, Nueva Jersey — En los últimos meses, Golan Ben-Oni ha sentido que grita hacia el vacío. El 29 de abril alguien atacó a su empleador, IDT Corporation, con dos ciberarmas que le fueron robadas a la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por su sigla en inglés).

Ben-Oni, el director de información global del IDT, pudo repelerlas pero el ataque lo dejó consternado. En 22 años de lidiar con hackers de todo tipo, nunca había visto nada parecido. ¿Quién estaba detrás de eso? ¿Cómo pudieron evadir todas sus defensas? ¿Cuántos más habían sido atacados pero no estaban conscientes de eso?

Desde entonces, Ben-Oni ha expresado su preocupación llamando a cualquiera que lo escuche en la Casa Blanca, el Buró Federal de Investigación (FBI, por su sigla en inglés) y las compañías más importantes de ciberseguridad para advertirles sobre un ataque que aún podría estar dañando invisiblemente a víctimas por todo el mundo.

Dos semanas después de lo sucedido en IDT, el ciberataque conocido como WannaCry causó estragos en hospitales de Inglaterra, universidades de China, sistemas ferroviarios de Alemania e incluso plantas automotrices de Japón. Sin duda fue muy destructivo.

Sin embargo, lo que Ben-Oni atestiguó fue mucho peor y, con todas las miradas puestas en la destrucción causada por WannaCry, pocas personas se han fijado en el ataque contra los sistemas de IDT… y otros similares que seguramente se han producido en otros lugares.

El ataque a IDT, un conglomerado cuyas oficinas centrales tienen una gran vista del horizonte de Manhattan, fue similar a WannaCry en un sentido: los hackers encriptaron los datos de IDT y exigieron un rescate para desbloquearlos. No obstante, la exigencia del rescate solo fue una cortina de humo para ocultar un ataque mucho más invasivo que se robó las credenciales de los empleados.

Con esas credenciales, los hackers podrían haber circulado libremente por la red informática de la empresa, llevándose información confidencial o destruyendo los equipos.

Lo peor es que el ataque, que nunca antes se había reportado, no fue detectado por algunos de los productos de ciberseguridad líderes en Estados Unidos ni por los principales ingenieros de seguridad de las compañías tecnológicas más grandes ni por los analistas gubernamentales de inteligencia.

Si no hubiera sido por una caja negra digital que grabó todo lo que sucedió en la red de IDT, y por la tenacidad de Ben-Oni, el ataque pudo haber pasado inadvertido. Los escaneos realizados a las dos herramientas usadas en contra de IDT indican que la empresa no está sola. De hecho, las mismas armas de la NSA tuvieron acceso ilegal a decenas de miles de sistemas de cómputo en todo el mundo.

Ben-Obi y otros investigadores de seguridad temen que muchas de esas computadoras infectadas estén conectadas a redes de transporte, hospitales, plantas de tratamiento de agua y otros servicios. Un ataque a esas redes, advierte el experto en informática, podría poner en riesgo muchas vidas.

“El mundo está escandalizado con WannaCry, pero esto es una bomba nuclear en comparación con WannaCry”, dijo Ben-Oni. “Esto es distinto. Es mucho peor. Se roba las credenciales. No puedes atraparlo y está sucediendo frente a nuestros ojos”. Y añadió: “El mundo no está preparado para esto”.

ATAQUE AL CENTRO NEURAL

En IDT, Ben-Oni se ha topado con cientos de miles de hackers de todo tipo de causas y niveles de habilidad. Según calcula, los negocios que trabajan con IDT experimentan cientos de ataques al día, pero quizá solo cuatro incidentes le preocupan cada año.

Sin embargo, ninguno se compara con el ataque sufrido en abril. Al igual que el ataque WannaCry de mayo, el realizado contra IDT fue hecho con ciberarmas desarrolladas por la NSA que fueron filtradas en línea por un misterioso grupo que se hace llamar Shadow Brókers, que se piensa que está integrado por ciberdelincuentes respaldados por Rusia, un infiltrado en la NSA o por ambos.

El ataque con WannaCry —que tanto la NSA como los investigadores de seguridad han vinculado a Corea del Norte— usó una ciberarma de la NSA; el ataque a IDT usó dos.


Las oficinas de la NSA en Fort Meade, Maryland. Decenas de miles de sistemas computaciones han sido "hackeados" con herramientas desarrolladas por esta agencia que fueron robadas en abril. Credit Patrick Semansky/Associated Press

Tanto en WannaCry, como en el incidente de IDT utilizaron una herramienta de hackeo que la agencia llamó EternalBlue. Esa aplicación se aprovechó de los servidores de Microsoft que no tenían las actualizaciones de seguridad para propagar automáticamente el programa malicioso de un servidor a otro, de tal manera que en 24 horas los hackers ya habían contagiado su ransomware a más de 200.000 servidores en todo el planeta.

El ataque a IDT fue un paso más allá: usó otra ciberarma robada a la NSA llamada DoublePulsar. La NSA la desarrolló para infiltrarse en sistemas informáticos sin activar las alarmas de seguridad. Eso permitió que los espías de la NSA pudieran inyectar sus herramientas al centro neural del sistema informático de un objetivo, llamado kernel o núcleo, que gestiona la comunicación entre el hardware y el software de una computadora.

En el orden jerárquico de un sistema de cómputo, el núcleo está en la cima, por lo que permite que cualquiera que tenga acceso secreto a él pueda tomar el control total de un equipo. También es un peligroso punto ciego para la mayor parte del software de seguridad, pues permite a los atacantes hacer lo que quieran sin ser detectados.


Luego los hackers activaron el programa de secuestro (ransomware) como una pantalla para cubrir su motivo real: un acceso más amplio a los negocios de IDT. Ben-Oni se enteró del ataque cuando una contratista, que trabajaba desde casa, prendió su computadora y se dio cuenta de que todos sus datos estaban encriptados y los atacantes exigían un rescate para desbloquearlos. Ben-Oni pudo haber supuesto que se trataba de un simple caso de programa de secuestro.

Sin embargo, le pareció peculiar. Para empezar, estaba perfectamente sincronizado con el sabbat. Los atacantes entraron a la red de IDT a las 18:00 en punto de un sábado, dos horas y media antes de que terminara el sabbat y por lo tanto un momento en que la mayoría de los empleados de IDT —el 40 por ciento de los cuales se identifican como judíos ortodoxos— estaban descansando. Además, los atacantes se infiltraron en la computadora de la contratista a través del módem de su casa, lo cual se le hizo muy extraño.

“Hay que entender que esto es, en realidad, una guerra: con la ofensiva de un lado e instituciones, organizaciones y escuelas del otro, defendiéndose de un adversario desconocido”.

GOLAN BEN-ONI, RESPONSABLE DE SISTEMAS INFORMÁTICOS EN IDT

La especie de caja negra, un dispositivo de grabación de la red fabricado por la empresa israelí de seguridad Secdo, muestra que primero los atacantes se robaron las credenciales de la contratista. Se las arreglaron para evitar todos los mecanismos de detección de seguridad con los que se encontraron. Finalmente, antes de salir, encriptaron su computadora con un programa de secuestro y le exigieron 130 dólares para desbloquearla. Así encubrieron el ataque, mucho más invasivo, que habían realizado en su computadora.

Ben-Oni calcula que ha hablado con 107 expertos e investigadores de seguridad sobre este ataque, incluyendo a los directores de casi todas las principales compañías de ciberseguridad y los jefes de inteligencia contra amenazas de Google, Microsoft y Amazon.

Con excepción de Amazon, que encontró que algunas de las computadoras de sus clientes habían sido escaneadas por la misma computadora que atacó IDT, nadie había visto ningún rastro del ataque antes de que Ben-Oni les avisara. “Comencé a sentir que éramos el conejillo de indias”, dijo. “Pero lo grabamos”.

Desde el ataque a IDT, Ben-Oni se ha puesto en contacto con muchos de sus contactos para advertirles de un ataque que aún podría estar sucediendo, sin ser detectado, a través de los sistemas de las víctimas. “Se está acabando el tiempo”, dijo Ben-Oni. “Hay que entender que esto es, en realidad, una guerra: con la ofensiva de un lado e instituciones, organizaciones y escuelas del otro, defendiéndose de un adversario desconocido”.

‘NADIE SE ESTÁ HACIENDO CARGO’

Desde que los Shadow Brokers filtraron las codiciadas herramientas de ataque en abril, los hospitales, escuelas, ciudades, departamentos de policía y compañías alrededor del mundo han tenido que arreglárselas por sí mismos para defenderse o protegerse ante las armas desarrolladas por el atacante más sofisticado del mundo: la NSA.

En marzo, Microsoft lanzó un parche para software con el fin de que los equipos pudieran defenderse de las herramientas de ataque informático de la NSA, lo que sugiere que la agencia le había avisado a la compañía. No todas las empresas lo instalaron a tiempo y fueron afectadas por WannaCry. Ben-Oni dijo que instaló los parches de Microsoft en cuanto estuvieron disponibles pero los atacantes lograron tener acceso al módem de la casa de la contratista de IDT.

Hace seis años, Ben-Oni se encontró con un empleado de la NSA en una conferencia y le preguntó cómo defenderse ante las amenazas cibernéticas actuales. El hombre le aconsejó “ejecutar tres de todo”: tres cortafuegos, tres antivirus, tres sistemas de detección de intrusión. Y así lo implementó.

Pero en este caso, los sistemas de detección y las actualizaciones no detuvieron el ataque a IDT. Tampoco lo hicieron con ninguno de los 128 proveedores de inteligencia contra amenazas públicamente disponibles a los que IDT está suscrito. Ni siquiera lo notaron los diez proveedores de inteligencia contra amenazas en las que su empresa gasta medio millón de dólares anuales por información urgente. Desde entonces ha dicho que podrían regresarles sus productos.

“A nuestra industria le gusta trabajar con problemas conocidos”, dijo Ben-Oni. “Este es un problema desconocido. No estamos preparados para él”.

No ha hablado con nadie que sepa si ha sufrido un ataque, pero ahora hay videos en YouTube que les enseñan a los criminales cómo atacar sistemas usando las mismas herramientas de la NSA empleadas en contra de IDT, y Metasploit, una herramienta de ataques informáticos automatizada, permite que cualquiera realice estos ataques con solo un clic.

Lo que es peor, dijo Ben-Oni, es que “nadie se está haciendo cargo”.

En mayo, él mismo le presentó un resumen al analista del FBI encargado de investigar el ataque con WannaCry. Le dijo que la agencia se había centrado en WannaCry y que, a pesar de que el ataque a su empresa era más invasivo y sofisticado, técnicamente era algo distinto, y por lo tanto el FBI no podía atender su caso. (El FBI no respondió a nuestras solicitudes de comentarios).

Así que Ben-Oni le ha dado seguimiento, en gran medida, por sus propios medios. Su equipo en IDT pudo rastrear parte del ataque a un teléfono Android personal en Rusia, y ha estado proporcionando sus hallazgos a Europol, la agencia europea con sede en La Haya.

“A nuestra industria le gusta trabajar con problemas conocidos. Este es un problema desconocido. No estamos preparados”.

GOLAN BEN-ONI, EXPERTO EN INFORMÁTICA

Las probabilidades de que IDT haya sido la única víctima de este ataque son pocas. Sean Dillon, un analista sénior en RiskSense, una compañía de seguridad de Nuevo México, fue de los primeros analistas de seguridad en escanear el internet en busca de la herramienta DoublePulsar de la NSA. Encontró decenas de miles de computadoras huéspedes infectadas, que los atacantes pueden usar a su antojo.

“Una vez que DoublePulsar está en el equipo, nada puede evitar que otro llegue y entre por la puerta trasera”, dijo Dillon. Es aún más preocupante que Dillon probó los principales productos antivirus contra la infección de DoublePulsar, pero 99 por ciento de ellos no pudieron detectarlo.

“Hemos revisado las mismas computadoras infectadas con DoublePulsar durante dos meses y no sabemos cuántos programas maliciosos hay en esos sistemas”, dijo Dillon. “En este momento no tenemos idea de qué ha sido infiltrado en estas organizaciones”.

En el peor de los casos, dijo Dillon, los atacantes podrían usar esas puertas secretas para desatar el programa maligno destructivo en infraestructura crucial, inmovilizar sistemas ferroviarios, causar apagones en hospitales o incluso paralizar los servicios de electricidad.

¿Podría avecinarse un ataque así? Los Shadow Brókers volvieron a salir a la luz en mayo, cuando prometieron un cargamento fresco de herramientas de ataque de la NSA e incluso se las ofrecieron a los suscriptores que pagaran mensualmente.

Ben-Oni está convencido de que IDT no es la única víctima y de que estas herramientas pueden usarse —y se usarán— para hacer mucho más daño. “Creo que esta situación es de vida o muerte”, dijo. “Hoy somos nosotros, pero mañana puede ser alguien más”.


(THE NEW YORK TIME/ NICOLE PERLROTH /26 de junio de 2017)

EL ESPIONAJE PEÑISTA, DE LARGA HISTORIA: INCLUYE A BELTRONES, AMLO, EBRARD Y A LA PROPIA ANGÉLICA RIVERA


El espionaje como recurso usual del gobierno es algo practicado y conocido desde hace tiempo. Y el presidente Peña Nieto –se sabe al menos desde 2008, gracias a una investigación de la PGR alentada por Manlio Fabio Beltrones– presuntamente lo aprovechó desde su periodo como gobernador mexiquense, cuando se cree que indagó en las vidas de muchos personajes de la política y la farándula, incluyendo a su ahora esposa. Una confusión más de alguien que suele ignorar la línea que divide lo público de lo privado.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- –¿Qué, nadie me va a preguntar si tengo novia, o qué? ¿No hay reporteros de espectáculos aquí? –preguntó Enrique Peña Nieto la mañana del 11 de abril de 2007 a un grupo de 10 periodistas. El entonces gobernador del Estado de México sorprendió a los reporteros y también a su jefe de Comunicación, David López. Reciente aún la muerte de su esposa, Mónica Pretelini, los rumores sobre sus romances eran una constante.


Una reportera de Milenio Diario le recordó que ellos iban a reportear sus actividades públicas y su trabajo como gobernador, no su vida privada.

–¿Es que nadie me va a preguntar si es cierto que salgo con Galilea Montijo? –insistió Peña Nieto.

Finalmente le preguntaron lo que quería. El gobernador mexiquense contestó que no andaba con la conductora de Televisa, porque era “muy exuberante” para su gusto.

No fue la única vez que el mandatario estatal mezclaba lo público con lo privado, la farándula con la política. Antes de dar la “exclusiva” de su noviazgo con Angélica Rivera, en noviembre de 2008, en entrevista con Katia D’Artigues y Sabina Berman, en el programa televisivo Shalalá, se lo confió a las reporteras que cubrían sus actividades.

Y no faltaba que él les preguntara: “¿Y qué dicen por ahí de mí?”.

Una constante de su gobierno estatal, pero también de su sistema de vigilancia, fue mezclar a periodistas con políticos, a empresarios con activistas sociales, a integrantes de su propio gabinete, a adversarios políticos dentro del PRI y en otros partidos, y también a conductores, actores y actrices de Televisa.

Quería formar parte de ese mundo de la farándula. Y Televisa lo apoyó también en sus labores de espionaje, mediante los servicios de Alejandro Quintero, entonces vicepresidente de Comercialización de la televisora, quien ahora ha vuelto a trabajar para Peña Nieto pero en el entorno de Los Pinos.

A través de una red de empresas y “consultoras”, como TV Promo, Zimat y Radar Servicios Especializados, no sólo lo asesoraban en asuntos de marketing político, sino también de espionaje. Una de sus operadoras fue Yessica de Lamadrid, quien posteriormente trabajó para Eduardo Medina Mora en el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen).

Uno de los temas que más le preocupaban, confía a Proceso un reportero que cubrió las actividades de Peña Nieto como gobernador, era el de su hijo fuera del matrimonio con Maritza Díaz Hernández, quien colaboró con el gobierno de Arturo Montiel. “Era el gran secreto”, afirma.

Díaz Hernández acudió a mediados de 2009 a Proceso porque se sentía espiada y fue amenazada vía telefónica por Angélica Rivera, la actriz de Televisa contratada para la promoción de los spots del gobierno del Estado de México y que se convirtió entonces en la novia oficial del mandatario.

El 4 de marzo de 2012, en vísperas del inicio de la campaña presidencial, Díaz Hernández rompió el silencio y contraatacó. Subió un mensaje en su red social de Facebook:

“EPN se reunió con Joe Biden (vicepresidente de Estados Unidos en ese momento). Ojalá le hayas comentado el asunto de tu hijo menor que tienes pendiente en USA. Es una responsabilidad que no has asumido.”

También hubo un acoso telefónico y llamadas intimidantes contra la actriz Verónica Castro, excuñada de Angélica Rivera, a raíz de una entrevista que concedió a la revista Hola! el 8 de julio de 2009.

La conductora estelar de Televisa desmintió en esa entrevista la versión oficial de que el matrimonio entre su hermano y Angélica Rivera había sido irregular. La noticia cayó como bomba en el corporativo. Castro fue “congelada” desde entonces no sólo de la pantalla de la empresa de Azcárraga Jean, sino del cine, el teatro y otras actividades. También fue espiada por el gobierno mexiquense y por la empresa televisiva.

En la confusión más fuerte entre lo público y lo privado, la propia Angélica Rivera fue objeto del espionaje de su prometido y futuro presidente de la República, tal como se supo al conocerse la investigación de la Procuraduría General de la República (PGR) sobre la empresa Seguridad Privada Inteligente, de Luis Miguel Dena, ex agente del Cisen (Proceso 1738).

EL CASO DENA

El 13 de junio de 2008, el coordinador de los senadores del PRI, Manlio Fabio Beltrones, interpuso una denuncia ante la PGR por presunto espionaje contra él, su familia y sus colaboradores.

Adversario de Peña Nieto por la candidatura priista de 2012, a Beltrones le llegó información de que lo espiaban y decidió denunciar.

El 6 de noviembre de 2008, la Unidad Especializada de Investigación de Delitos Cometidos por Servidores Públicos cateó dos casas en Naucalpan, Estado de México, desde donde se efectuaba el presunto espionaje.

Se encontraron “sábanas” de información con las transcripciones de llamadas telefónicas de personajes políticos, como Beltrones; Andrés Manuel López Obrador; el jefe de gobierno capitalino, Marcelo Ebrard; el senador panista Santiago Creel; el secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño; la líder nacional el PRI, Beatriz Paredes; el exgobernador de Zacatecas Ricardo Monreal; el exgobernador de Hidalgo Jesús Murillo Karam; y de decenas más de posibles aspirantes presidenciales, incluyendo a Humberto Moreira y Fidel Herrera. El único que no estaba en esas “sábanas” era Enrique Peña Nieto.

La información de vínculos, relaciones afectivas, información general, vulnerabilidades y “datos confidenciales” incluyeron también a Angélica Rivera, entonces novia de Peña Nieto, y Mariagna Pratts, entonces esposa de Ebrard.

La investigación de la PGR señaló a un exagente del Cisen, Luis Miguel Dena, como propietario de la empresa Seguridad Privada Inteligente Proveedora de Soluciones.

Originario de Zacatecas, Dena –con estudios en neurolingüística, neuroprogramación, epistemología y semiología– ingresó al Cisen en marzo de 1994. Trabajó para Jorge Tello Peón, entonces director de ese organismo, y fue su delegado en la Ciudad de México y en el Estado de México, donde se vinculó con la red de espionaje estatal creada desde la época de Arturo Montiel.

También aparecieron en la estructura de esa empresa varios exagentes del Cisen, como Guillermo Lago Montes, quien trabajó en distintas áreas gubernamentales de inteligencia entre 1980 y 1993; Miguel Ángel Solís Hernández; Alfredo Ávila Uribe, especialista en temas de subversión; José Tagle Balderas, agente entre 1993 y 2006; Alejandro Rodríguez Rosas, empleado entonces del centro de inteligencia; y Adriana Morales Rodríguez, analista.

Uno de los socios de Dena en esta empresa fue un exmilitar israelí, Yosef Shevah Porat, Yosi, especialista en antiterrorismo, quien huyó del país cuando se descubrieron las dos casas en Naucalpan.

Dena fue sentenciado a seis años de prisión por espionaje, pero recobró la libertad antes, a raíz del fallo del juez federal Fernando Córdova Valle.

Su nombre volvió a aparecer el 10 de junio de 2012, la noche del segundo debate presidencial. La candidata panista Josefina Vázquez Mota mostró un cheque emitido por el organismo policiaco Cuerpos de Seguridad Auxiliar y Urbana del Estado de México (Cusaem), considerado una “caja chica” de los políticos y comandantes mexiquenses.

“Enrique Peña Nieto mandó a espiar a varios personajes políticos. Con dinero público financió un centro de espionaje y aquí está la comprobación en un estado de cuenta donde su gobierno pagaba este centro de espionaje”, afirmó Vázquez Mota.

Peña Nieto no se dio por aludido. No respondió nada. Días después, el coordinador de su campaña, Luis Videgaray, rechazó que el candidato o el PRI estuvieran detrás de las acusaciones lanzadas por la panista.

Carmen Aristegui, en su programa radiofónico de MVS, entrevistó a Dena, quien negó que hubiera espionaje, pero admitió que los Cusaem compraron su software.

“Es cierto que Cusaem, que es un ente híbrido, me contrata y contrata a mi empresa, porque esa es la persona moral que de alguna forma yo constituyo; me contrata por la capacidad profesional que yo había demostrado, desarrollamos un software para la prevención del delito”, afirmó.

Dena se describió como “un hombre de inteligencia” –no como un espía– que recibió entrenamiento durante 20 años en la Escuela Nacional de Inteligencia Argentina, en la CIA y el FBI y en el Mosad israelí.

PARANOIA DESDE LOS PINOS

Antes del extenso reportaje publicado por Azam Ahmed y Nicole Perlroth en The New York Times el lunes 19, el gobierno de Peña Nieto enfrentó otros dos escándalos sobre sistemas de espionaje y adquisición de millonarios equipos de intrusión informática en las comunicaciones privadas.

En julio de 2015 los reporteros Jorge Carrasco y Mathieu Tourliere documentaron en Proceso que la paranoia de Peña Nieto lo llevó a contratar millonarios servicios de espionaje para combatir a sus críticos, no al crimen organizado.

Entre abril y julio de ese año, un ataque de hackers a la empresa Hacking Team, creada en 2003 por el italiano David Vincenzetti, reveló que habían vendido malware con nombres como Da Vinci o Galileo a más de 30 países, incluyendo a México.

La “filtración” múltiple demostró que desde 2009, cuando era gobernador, Peña Nieto autorizó la compra del Remote Control System, la principal herramienta de espionaje de Hacking Team, capaz de penetrar de manera simultánea miles de celulares y computadoras, con capacidad de infiltrarse en cuentas personales de Facebook, Google, Yahoo, Twitter, Gmail y decenas de aplicaciones.

Como presidente de la República, Peña Nieto autorizó también contratos por cerca de 26 millones 300 mil pesos para dependencias federales, como las secretarías de Defensa, Marina, Gobernación, la Policía Federal y el Cisen. En total, de 2009 a 2015 se habrían destinado más de 55 millones de euros para los servicios de Hacking Team, según el reportaje de Proceso.

En octubre de 2015 se dio a conocer el nombre de Pegasus como otro malware intrusivo comercializado por NSO Group, de origen israelí. En la revista Eje Central se documentaron 729 blancos de espionaje de este sistema entre el 31 de agosto y el 14 de septiembre de ese año: actores de Televisa Talento, el hijo de Andrés Manuel López Obrador, empresas de seguridad, periodistas como Carmen Aristegui y Raymundo Riva Palacio, la empresa poblana Multisistemas Noticias Cambio, y Diario 21, de Guerrero.

Incluso se documentó el espionaje al secretario del Trabajo, Alfonso Navarrete Prida, exfuncionario del Estado de México y señalado en otro momento como operador de otra red de espionaje en la época de Peña Nieto como gobernador.

Una nota interna de Los Pinos, de octubre de 2015, cuya copia tiene Proceso, señala:

“Lo que antes era un rumor, ya se ha constatado. En este sexenio arrancó un programa y un sistema para rastrear y monitorear a TODOS (sic) los blancos que pudieran ser un obstáculo para los objetivos del gobierno federal.

“Esta noticia no sería novedosa, si no se hubiera filtrado la categorización de dichos blancos: a) actores políticos; b) empresarios; c) líderes sociales; d) comunicadores; e) académicos; y f) funcionarios y militantes priistas.

“El objetivo de este monitoreo es, incluso, detectar el fuego interno que se da dentro de los grupos de interés del PRI.”

El 13 de febrero de este año, la Red en Defensa de los Derechos Digitales, Artículo 19, Social TIC, Amnistía y Citizen Lab denunciaron que el sistema Pegasus sirvió para espiar al abogado Simón Barquera, del Instituto Nacional de Salud Pública; a Alejandro Calvillo, de El Poder del Consumidor, y a Luis Encarnación, coordinador de Contrapeso.

Cuatro días después de las nuevas revelaciones del The New York Times y después de que el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, negara categóricamente que se utilizara Pegasus para espiar a ciudadanos, Peña Nieto hizo una serie de declaraciones confusas y equívocas que acabaron por avivar la indignación frente al escándalo.

En Lagos de Moreno, Jalisco, Peña Nieto improvisó un discurso para emprenderla no contra quienes violan los derechos de la privacidad, sino contra quienes denunciaron ser víctimas de espionaje.

“Espero que la PGR, con celeridad, pueda deslindar responsabilidades y espero, al amparo de la ley, pueda aplicarse contra aquellos que han levantado falsos señalamientos contra el gobierno”, afirmó.

De inmediato, el Centro Prodh, Artículo 19, Social TIC, la Red en Defensa de los Derechos Digitales, el Poder del Consumidor e Imco emitieron un comunicado señalando que el presidente “carece de elementos técnicos y jurídicos para afirmar que las denuncias son falsas y, por el contrario, los informes científicos realizados hasta ahora apuntan en otra dirección.

“Que el presidente de la República descarte a la ligera una denuncia de esta gravedad pone en entredicho la posibilidad de que se conduzca una investigación seria, objetiva, transparente y efectiva” que, además, “aún no ha comenzado”, recordaron estos organismos.

El corresponsal de The New York Times, Azam Ahmed, tuiteó: “Creo que el presidente acaba de ordenar una investigación sobre la sociedad civil y el NYT para historia de espionaje”.

Poco después, Ahmed redactó otro mensaje en Twitter informando: “Me llamó presidencia para decirme que @EPN no nos estaba amenazando, ni a la sociedad civil. Dijo que no quiso decir eso”.

El propio Peña Nieto tuvo que rectificar señalando que “no lo expliqué suficientemente. Advertí que se investigue si fuera de una entidad pública están teniendo intervenciones y esta es la indicación que he dado.

“No sé por qué este empeño de llevar a ese escenario al gobierno. Todo lo contrario. Lo que estoy queriendo afirmar es que no tenemos participación en espionaje” y que su gobierno “tolera y respeta las voces críticas”.

El viernes 23, en entrevista con Aristegui Noticias, Ahmed afirmó que en su llamada telefónica, el vocero presidencial, Eduardo Sánchez, le explicó que el mensaje equívoco se produjo porque “Peña Nieto improvisó, no leyó sus tarjetas”.

Este reportaje se publicó en la edición 2121 de la revista Proceso del 25 de junio de 2017.


(PROCESO/ JENARO VILLAMIL/ 27 JUNIO, 2017)