En el 2014, por recomendación
de Carlos Tapia Astiazarán, y por instrucción posterior de Guillermo Padrés
Elías, se formó un colegiado compuesto por Mario Cuen Arana, entonces tesorero
de Hacienda; Javier Alcaraz Ortega, director de Imagen Institucional; y el
propio Carlos Tapia Astiazarán, Oficial Mayor.
La consigna era no permitir
más la operación a manos libres de Jorge Morales Borbón, entonces secretario de
Comunicación Social.
Tapia, Alcaraz y Cuen, los
tres, negociaron durante el 2014, cuanto contrato con medios de publicidad y
comunicación pudieron, hasta que en el 2015 le regresan a Morales Borbón, sin
haberse nunca conocido las condiciones, esas mismas cuentas que antes
controlaron.
Ya en el proceso electoral, y
a la hora de conjuntar la planilla de regidores del candidato Damián Zepeda
Vidales, Carlos Tapia Astiazarán logró, bajo recomendación estricta de
Guillermo Padrés Elías, que su esposa, Elsa Velasco Chico, fuese incluida como
tal.
Una vez perdida la elección,
Tapia Aztiazarán empuja de nuevo, y Velasco Chico se convierte, oficialmente,
en regidora de Acción Nacional.
Durante todo el proceso
electoral, la descalificación, la crítica, los señalamientos y hasta la burla
mordaz por ser esposa del padrecista Tapia Aztiazarán fue lo que acompaño a
Elsa Velasco, acusando esas voces enconadas, que pasaba por encima de perfiles
panistas que merecían esa oportunidad, solo por recomendación de su entonces
influyente esposo.
Nepotismo y favoritismo vil y
despiadado, dijeron.
Durante los ocho meses de
esta administración malorista, la regidora Elsa Velasco Chico no ha hecho
absolutamente nada trascendental, o nada que la posicione como una buena
regidora.
-Cobra tu cheque y no hagas
ruido-, debió ser la recomendación de su esposo, que experimentado padrecista,
hizo lo mismo durante seis años, en los que se prestó en cuerpo y alma a
permitir que sus amigos funcionarios hicieran lo que en gana les pareció, sin
mover un solo dedo por evitarlo.
Pero, gracias a Salvador Díaz
Olguín, secretario del sindicato de trabajadores del Ayuntamiento, esta
regidora padrecista escuchó, por primera vez en su vida, las mieles del aplauso
a su figura política, prodigados por una cincuentena de trabajadores de la
recolección de basura, azuzados por el dirigente sindical, quien la presentó,
junto al resto de regidores de oposición, como héroes de una película de
Marvel.
-Los regidores de oposición
están de nuestro lado, ellos nos ayudaron, ellos nos entienden- dijo a los
sindicalizados que, empujados por esas palabras, aplaudían y gritaban -gracias
regidores-, mientras Salvador Díaz Olguín, los abrazaba y palmeaba por la
espalda.
Atrás quedaron seis años de
administraciones panistas en los que el sindicato, desesperadamente, hacia
antesala en la caja de tesorería reclamando pagos por becas, gastos funerarios,
renuncias, caja de ahorro y otras prestaciones sindicales, que le fueron
negadas o retrasadas por panistas como a los que ahora cobija.
El caso de Elsa Velasco
Chico, la regidora más padrecista de todos, es todavía más lastimoso.
Mire usted:
La sorpresa en el rostro de
ella ante tal manifestación de euforia, deja claro que ya le entendió al
concepto de ser oposición, golpeando a la administración malorista con la
izquierda, y con la derecha jalando agua para su molinito.
Esta situación, en la que los
regidores del PAN, los de Movimiento Ciudadano, y uno de Morena, se ponen de
parte del sindicato que representa a los trabajadores del Ayuntamiento, no hace
más que politizar aún más el engorroso tema de la privatización o no de la
basura en Hermosillo.
Y eso, politizar los temas,
es lo que los padrecistas están buscando con desesperación, y Elsa Velasco
Chico, esposa de uno de ellos, y además regidora como ya se expuso, se
convertirá en el canal para que, en adelante, así suceda con todas las acciones
que el gobierno municipal pretenda ejercer en el futuro.
Pero, ¿Por qué es lastimoso
el tema de Elsa Velasco?
Durante seis años de
administración estatal de Guillermo Padrés, con su esposo como Oficial Mayor en
el último periodo del mismo, esta cincuentena de recolectores de la basura que
le aplaudieron y la vitorearon, sufrieron los embates de la corrupción
padrecista, ante la suspensión en el pago de becas educativas, retraso en la
entrega de uniformes escolares, falta de transporte gratuito a estudiantes y de
medicamentos en hospitales, endurecimiento en programas sociales, entre otras
agravantes que atentaron vilmente con lo que ahora dicen defender: el
patrimonio familiar.
Como premio a eso, Salvador
Díaz Olguín la exaltó, y la hizo sentirse como una heroína.
En su defensa por sostener el
pago de horas extras, -que de alguna forma le genera un beneficio personal-,
traiciona los más elementales principios de ética, orgullo y autonomía
sindical.
Ahora, los padrecistas que antes
los agredieron en todas las formas posibles, encabezaran sus marchas y sus
protestas. Lástima.
@mensajero34 elmensajero.mx
(DOSSIER POLITICO/ GILBERTO ARMENTA /EL
MENSAJERO/ 2016-05-27)
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