McAllen, Texas (apro).- Sin
proponérselo, la filtración de los “Papeles de Panamá” puso al descubierto una
ruta de escape para oficiales nazis que cometieron genocidio durante la Segunda
Guerra Mundial, ya que gracias a la protección de la Agencia Central de
Inteligencia (CIA por sus siglas en inglés) les fue borrado el delito de “Lesa
Humanidad”, por el que hubiesen sido colgados en los Tribunales de Nuremberg.
Las investigaciones sobre los
#PanamaPapers sacaron a la luz la presencia en Centroamérica de Erhard Mossack,
padre de Jürgen, el abogado fundador del despacho Fonseca-Mossack. Durante la
Segunda Guerra Erhad fue Cabo Primero de las Waffen-SS, la organización que
ejecutaba en secreto la “Solución Final” al problema judío.
Los antecedentes de Erhard
Mossack precisan que estuvo militando en las Juventudes Hitlerianas y
posteriormente asignado a cuidar un campo de concentración en Polonia; al final
de la guerra se sumó a las “Werwolf”, las unidades “lobos solitarios” que
llevaba actos de guerrilla contra los Aliados. En 1952 escribió un libro, “Los
últimos días de Nuremberg”, que describe la toma de la ciudad en 1945 por el
ejército estadounidense.
También se menciona que
mantuvo relaciones con la CIA cuando se estaba formando el Servicio de
Inteligencia de Alemania Federal “Bundesnachrichtendienst, (BDN por sus siglas
en alemán) ya que tras ser detenido, Erhard Mossack fue interrogado por el
ejército y “decidió colaborar con Estados Unidos”.
Gracias a ello abandonó al
poco tiempo el campo de prisioneros de guerra, a pesar de que las SS eran
condenadas en los tribunales de Nuremberg como “organización criminal” y sus
generales y oficiales colgados o encarcelados.
La pronta liberación del
sargento Mossack indica que pasó a formar parte de la organización de
inteligencia que dirigía el General Reinhard Gehlen, la cual comenzó a
colaborar con el ejército norteamericano en el espionaje contra la Unión
Soviética desde los primeros días que concluyó la Segunda Guerra Mundial.
“Desde 1949, la CIA ha
mantenido estrechas ligas con la Organización Gehlen la cual se trasformó en
1956 en el Servicio de Inteligencia de Alemania Federal. A lo largo de las
décadas de la Guerra Fría, la CIA y el BND trabajaron conjuntamente”, precisa el
documento de la Central de Inteligencia titulado “Forging an Intelligence
Partnership: CIA and BND 1945-49”.
“La Agencia tomó esta
decisión después de un largo debate en el Ejército de Estados Unidos sobre la
conveniencia de resucitar al staff de Generales alemanes y a una organización
de inteligencia cuasi nacional independiente”, agrega el informe
desclasificado.
Durante el acalorado debate,
algunos altos mandos rechazaban la posibilidad de utilizar exnazis y criminales
de guerra. Sin embargo, la CIA acordó apoyarse en ellos cuando José Stalin
realizó sus primeros movimientos para quedarse con Polonia y Europa del Este
imponiendo gobiernos “comunistas” con sus tropas. Esa medida desarticulaba las
buenas relaciones entre los Aliados e inauguraba la “Guerra Fría”. El
rompimiento final ocurrió cuando la Unión Soviética bloqueó a Berlín, en 1948.
Hasta ese momento los Estados
Unidos desconocían la capacidad militar de la Unión de Repúblicas Soviéticas
Socialistas (URSS) y se apoyaron en la Organización de Gehler para conocer los
secretos de la maquinaria bélica de su nuevo y mortal enemigo.
Gracias a la nueva amenaza
que representaban los soviéticos, la cacería de criminales de guerra para
llevarlos a los Tribunales de Nuremberg pasó a segundo plano. Ahora los
oficiales nazis se trasformaban en nuevos aliados contra el Comunismo.
Su nuevo socio, el general
Reinhard Gehlen jefe de Inteligencia para Europa Oriental durante el Tercer
Reich, tenía el antecedente de haber participado en la Operación Valquiria, el
complot dirigido por el coronel Claus Von Stauffenber contra Adolfo Hitler,
pero supo esconder su papel y la venganza del Fuhrer no lo alcanzó.
En los días finales de la
Segunda Guerra Mundial las principales órdenes que recibieron los generales de
las Wehrmacht fue destruir todo tipo de archivos y documentos. Además, las SS
borraban todas las evidencias del genocidio contra los judíos y gitanos.
Reinhard Gehlen no destruyó
sus archivos y los escondió. Para evitar que cayeran en manos del Ejército Rojo
los trasladó a la zona que ya controlaban los Estados Unidos.
Tras la rendición de
Alemania, los militares estadunidenses que lo interrogaron comprendieron la
importancia del general nazi. Gehlen ofreció entregarle sus archivos y así
comenzó una estrecha relación con la CIA. A mediados de 1945 voló a
Norteamérica junto con tres oficiales de su organización.
Tras acordar trabajar con la
CIA, Gehlen primero reclutó a 350 ex agentes de inteligencia nazis para su
organización. Posteriormente el número aumentó hasta aproximadamente cuatro mil
agentes encubiertos, muchos de ellos criminales de guerra que obtuvieron un
salvoconducto para escapar de los Tribunales Militares al colaborar con los
estadunidenses.
Mossak, quien se especula fue
agente de Gehlen, abandonó Alemania en los inicios de los años sesenta con su
familia para establecerse en Panamá. En esa época no existían razones para que
un alemán ex miembro de las SS terminara en Centroamérica. La única importancia
estratégica que tenía la nación caribeña era el Canal. No obstante existía
otra: la formación del Comando Sur del ejército estadunidense.
“Durante la década de 1960,
la misión del Comando Sur de EU se involucró en la defensa del Canal de Panamá,
la planificación de contingencia para las actividades de la Guerra Fría (contra
el comunismo), y la administración del programa de asistencia militar
extranjera a América Central y del Sur”, precisa su historia oficial.
Desde el espacio que ocupaban
en el Canal, se establecieron las bases para espiar a los cubanos que
encabezaba Fidel Castro, quienes recién establecían una cabeza de playa
comunista a pocas millas de Norteamérica.
Un oficial de inteligencia
del Ejército escribió que la oferta de Mossak para espiar en Panamá a los
cubanos era simplemente “un intento astuto para salir de una situación
económica incómoda”.
Su traslado a Latinoamérica
no fue el único. Existen pruebas que gracias a la protección de la CIA decenas
de criminales de guerra nazis escaparon también a México. Algunos de ellos
posteriormente lograron refugiarse en los Estados Unidos.
CAMPOS DE CONCENTRACIÓN EN PANAMÁ
Otra de las razones por las
que el ex oficial nazi decidiera espiar a los cubanos desde Panamá pudiera ser
que durante la Segunda Guerra Mundial el presidente de esa nación, Arnulfo
Arias Madrid, edificó campos de concentración contra los hebreos y perpetró un
“pequeño” genocidio contra al menos 50 judíos de origen suizo.
Arnulfo Arias había estudiado
en Alemania donde se relacionó con los nazis. Regresó a su país con las ideas
de limpieza racial, calificando a la raza hebrea como indeseable.
El campo de concentración
secreto que se edificó durante su presidencia fue reportado por diplomáticos
estadounidenses al Departamento de Estado, documentos que se pueden consultar
en el Archivo Nacional de Washington.
Además se perpetró una “pequeña”
masacre contra judíos suizos que escaparon de los nazis trasladándose a Panamá,
en 1938. Se instalaron en Cotito y Palo Alto. En 1941, durante la
administración de Arnulfo Arias, fueron asesinados por la policía.
El Capitán Antonio Huff,
entonces el máximo jefe policial de Chiriquí, apareció en esa zona con cerca de
45 policías para realizar “un operativo contra la colonia” de judíos. “En un
momento de confusión, un disparo gatilló la balacera que terminó con 12
muertos”, según reportes de la prensa oficial. La cifra final de ejecutados se
calculó en más de 50 judíos.
El propio Arnulfo Arias
reconoció esa masacre cuando intentaba reelegirse a la presidencia en 1984. En
esa época fue entrevistado por un periodista a quien explicó que el capitán
Huff “actuando por su cuenta e iniciativa, había matado a varios miembros de
una comunidad religiosa”.
(DOSSIER POLITICO/ Tomado de: Juan
Alberto Cedillo / Proceso/ 2016-04-13)
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