La Viña del Señor
Contra lo que se
esperaba no fue Juan Valencia, ni Adrián Espinoza, ni ningún otro
jerarca del PAN estatal quienes operaron la sustitución de Francisco
López Lucero en la dirigencia municipal de ese partido en el puerto,
sino funcionarios del gobierno estatal los que cabildearon, ofrecieron
posiciones, intimidaron y metieron su cuchara para allanarle el camino a
Omar Núñez Caravantes para que se quedara con esa posición.
Según fuentes allegadas al blanquiazul fue el exsecretario del
ayuntamiento con Antonio Astiazarán, el exregidor priísta en la
administración de Carlos Bebo Zataraín, Manuel Villegas Rodríguez quien
cumplió la encomienda de su jefe el secretario de gobierno Roberto
Romero López, de sentar a los aspirantes a la presidencia del Comité
Municipal panista para dejarle ruta libre para suceder al Panchito al
Calamardo, compadre y parte de la secta de Francisco Paco Bueno al
interior de Acción Nacional y de quien se sospecha pondría todo de su
parte para abrirle cancha a su gurú para afianzarse en la candidatura a
la alcaldía en las próximas pizcas.
En esa planchada en donde
Villegas se reunió por separado con las otrora tiradores, para se supone
negociar ofrecimientos, anduvo muy movido el exalcalde César Lizárraga
Hernández, presionando y tratando de convencer para que declinaran sus
pretensiones tanto Andrés Valenzuela, Mirna Araujo como Eduardo Garza,
cosa que al final de cuentas lograron, con lo cual Omar se perfila a la
usanza priísta como “candidato de unidad” al cargo partidista.
De la
naturaleza y el nivel de intervención queda claro que el PAN porteño es
pieza clave en el engranaje de la estructura de poder del gobierno del
Nuevo Sonora, cuyos mandones no piensan dejar hilo suelto de cara al
proceso electoral del 2015, en donde los encontronazos en el Congreso
del Estado por el tema de Sebastián Sotomayor Tovar, quien primero fue
magistrado mediante un procedimiento cuestionado por la oposición y
presidente del Supremo Tribunal de Justicia, forman parte de las
escaramuzas y de los escenarios preparatorios de la guerra que viene.
Por
otra parte, algunos suspicaces comentan que la salida de Omar Nuñez de
la delegación regional de la SEC en Guaymas-Empalme, más que beneficiar
al grupo del Paco, lo perjudica, porque forma parte de un operativo para
ir desplazando de las posiciones administrativas a gente identificada
con éste, en aras de menguar la capacidad de presión de dicho grupúsculo
conocidas sus ambiciones políticas, pero también sus deficiencias a la
hora de operar las jugadas políticas, lo cual quedó evidenciado ante los
malos números que rindieron en la pasada elección cuando el PRI les
puso tremenda tunda en el municipio ganando de todas todas a grado de
perder la alcaldía guaymense a pesar del enorme dispendio de recursos
para encumbrar al candidato oficial Manuel Aguilar Juárez.
Es sabido
que el PAN local está dividido y las heridas que produjo el proceso
interno a propósito de la elección del candidato presidencial se
mantienen abiertas ante la soberbia mostrada entonces por los operadores
de Ernesto Cordero coordinados en el municipio por el propio Omar
Núñez, quien encabezó la línea dura en contra de sus rivales los
Chepinos que con la venia de Dolores del Río, gente cercana a la
excandidata Josefina Vázquez Mota, encabezaron Héctor Hernández y Oscar
González.
Posterior a eso, Omar y sus achichincles, se volcaron
siguiendo instrucciones o por convicción, a apoyar a sacar avante la
precandidatura de Manuel Aguilar en un proceso viciado y en donde los
dados estuvieron cargados a favor del armador y lograron aplastar las
aspiraciones de Oscar González.
A fuerzas, ni los zapatos, aunque sean azules
Ya
en la elección constitucional, la situación tomó otro rumbo y nunca
pudieron los operadores panistas, coordinados desde el más alto nivel
por Sebastián Sotomayor, responsable de sacar adelante a los candidatos
oficiales, remontar el empuje priísta en el sur del estado quien
aprovechando la inconformidad ciudadana por la construcción del
acueducto Independencia acaparó al por mayor espacios en disputa en
detrimento de las opciones blanquiazules y sus aliados del PANAL-SNTE.
Ese
fracaso pintó de cuerpo entero a los operadores del oficialismo en
Guaymas, incapaces de sacar adelante, ni con todo el dinero del mundo, a
las candidatos azules, pues César Lizárraga a diferencia de Javier
Caraveo en Empalme, perdió la contienda en la ciudad y puerto que
gobernó tres años, pues es sabido que Javier ganó en la ciudad rielera
pero perdió en la zona yaqui, muy resentidos contra el gobierno por la
obra hidráulica que dicen los habrá de despojar del agua de la franja
izquierda del río Yaqui que les pertenece por decreto de tata Lázaro.
En
la elección quedó demostrado que Lizárraga fue rechazado como candidato
por los porteños por entre otros factores su pésima imagen pública y
los señalamientos de corrupción que marcaron su mandato como alcalde.
Ese
adverso escenario es el que ameritaba que Acción Nacional contara con
un liderazgo municipal con el habla completa, que tuviera la legitimidad
democrática y la fuerza moral suficiente tanto al interior como al
exterior del partido para pian pianito asumir una postura de verdadera
oposición responsable con sus regidores en cabildo y a la par ir
conformando una opción de gobierno para el 2015, sin las cargas
negativas que heredó la administración de Lizárraga, cuyo legado y
fallas habrá de utilizar el gobierno de Otto Claussen para minar y
desprestigiar al partido en donde habrán de pagar justos por pecadores y
en donde el Contralor Héctor Hernández, el Maizena, desempeñará un rol
importante.
Por lo pronto la rueda de la justicia se echó a andar y
serán citados para aclarar paradas de la entrega-recepción 17
exfuncionarios de la administración pasada entre ellos para abrir boca
los exalcaldes César Lizárraga y Mónica Marín. El show se va a poner
bueno.
¿Y la militancia, apá?
En todos
estos intríngulis y tenebras para imponer perfiles de conveniencia la
que pierde es la militancia del PAN, a la que se le niega el poder
escoger a sus dirigentes y se les trata como a menores de edad incapaces
de alcanzar la madurez suficiente para ejercer sus derechos
político-partidistas y a quienes más que como ciudadanos plenos se les
otorga categoría de vasallos, con apoyo de cortesanos como Javier
(Tasitas) Peralta y Felipe (Grillo) Valenzuela, en perjuicio del debate
de ideas y el empobrecimiento intelectual de la militancia, cuyo
producto es una democracia partidista simulada.
Lo que queda claro
es que los panuchos no aprendieron de los errores y de que tienen riesgo
de volver a tropezar con la misma piedra, cuando el despido masivo de
panistas del ayuntamiento será factor a considerar cuando al PAN le
urgía un líder con legitimidad y con capacidad de interlocución, no otro
embajador.
Desde hace rato Acción Nacional dejó de ser el partido
que soñaron sus fundadores y doctrinarios y que diseñan sus documentos
básicos al menos en la forma al hacerse realidad el temor de Carlos
Castillo Peraza de “ganar el gobierno, pero perder el partido”
Ni hablar, cada quien tiene el partido que se merece…