domingo, 24 de febrero de 2013

"EL CHAPO" REESTRUCTURA Y EXPANDE SU IMPERIO



Agencia Proceso
Lejos de las versiones que lo dan por muerto, El Chapo Guzmán parece más fuerte que nunca. Su organización, el cartel de Sinaloa, está afianzándose en México y expandiéndose por todo el continente, de acuerdo con un análisis de la Procuraduría General de la República.

El área de inteligencia de la dependencia advierte que en su disputa con organizaciones rivales por el control del territorio nacional, la mafia de Guzmán derramará en el país mucha más sangre de la que ya ha corrido en los últimos años. Entretanto, los enviados del sinaloense tejen alianzas directas con los narcos centroamericanos y de Colombia para prescindir de los intermediarios en sus adquisiciones y traslados de cocaína.

A un cuando ya tiene el control en 20 de las 32 entidades federativas y cada vez extiende su poder más allá de México, el líder del cartel de Sinaloa, Joaquín Guzmán Loera –designado como enemigo público número uno en Chicago, al parejo del legendario Al Capone, según la administración federal antidrogas de Estados Unidos (DEA)–, pretende expandir su imperio aún más

Catalogado por la revista Forbes como uno de los multimillonarios más destacados del mundo, en los últimos meses El Chapo comenzó a reestructurar su organización criminal e incluso reclutó a menores de edad a los que habilita como “informantes”; ahora, además de dedicarse al tráfico de mariguana, heroína y cocaína, cuenta con personal que le ayuda en la elaboración, distribución y venta de drogas sintéticas.

El Chapo no sólo busca mantener su hegemonía sino también hacer crecer sus dominios y acabar con sus rivales en los próximos meses, de acuerdo con un documento elaborado por investigadores del Centro de Planeación, Análisis e Información para el Combate a la Delincuencia (Cenapi) de la PGR a finales de la administración calderonista, según el cual el capo sinaloense modificó su organización y redefinió su estrategia para mantener su poder, ampliar sus territorios y obtener la protección del nuevo Gobierno priísta.

Y mientras para Enrique Peña Nieto y sus colaboradores El Chapo es innombrable y la palabra cartel ha sido borrada de los discursos oficiales –como si las organizaciones criminales ya no existieran–, el cartel de Sinaloa se reposiciona para enfrentar a sus rivales.

Según la información obtenida, el grupo delictivo que lidera El Chapo “tiene las raíces más profundas, lo que le proporciona flexibilidad y habilidades considerables de penetración social e institucional y le confiere proyección internacional. Es la más compleja de las organizaciones del narcotráfico en México, agrupa varias estructuras y grupos delictivos”

A diferencia de otros grupos criminales, la mayoría de las veces El Chapo y sus seguidores han podido mantener la cohesión de sus estructuras y, según admite la PGR por primera vez de manera explícita, hoy son los más poderosos.

“Sus redes de protección institucional están más desarrolladas, por eso pueden desplegar mayores capacidades logísticas”; el Cártel de Sinaloa es omnipotente y omnipresente, pues hoy tiene presencia también en Centro y Sudamérica. Y advierte:

“Reforzará sus posiciones en Centroamérica y Sudamérica. Las funciones de protección institucional están más desarrolladas que las de su competidor (el cartel de) Los Zetas. En la zona cuentan con rutas de tráfico terrestres y costeras, así como con áreas de almacenamiento.”

El cartel de Sinaloa tiene presencia en por lo menos 20 de las 32 entidades federativas de México. Según se desprende del análisis, se avizora un incremento de la violencia en por lo menos 16 estados de la República.

NUEVO “MODUS OPERANDI”

Desde enero de 2001, cuando se escapó del penal de máxima seguridad de Puente Grande, Jalisco, se han tejido innumerables mitos sobre El Chapo: que fue capturado y lo dejaron escapar, que fue ejecutado –esta versión ha circulado por lo menos una decena de veces–, como ocurrió el jueves 21 en el departamento de Petén en Guatemala, lo que resultó falso.

Lo cierto es que en los últimos 12 años el capo sinaloense se convirtió en un narcotraficante todopoderoso. El análisis del Cenapi afirma por primera vez que el Cártel de Sinaloa –rebautizado por la dependencia como Cártel del Pacífico– es la organización más poderosa porque tiene mayor protección de las instituciones responsables de combatir el crimen y el narcotráfico.

“Sus redes de protección institucional están más desarrolladas, por eso pueden desplegar mayores capacidades logísticas”, indica el documento; señala como presuntos cómplices de la organización a empresas, empresarios, presidentes y ex presidentes municipales, jueces y hasta procuradores regionales en diferentes estados.

El Chapo controla ya el tráfico de mariguana, cocaína y heroína dentro y fuera del país, y ahora incursiona de manera más agresiva en la producción de metanfetaminas.

Lo mismo en Jalisco, donde proliferan los narcolaboratorios, que en el llamado Triángulo Dorado, el cual abarca los estados de Sinaloa, Durango y Chihuahua.

La investigación de la PGR indica que en el Triángulo Dorado se encuentran laboratorios de “diferentes grados de sofisticación y capacidad instalada”. Cita incluso el de Tamazula, Durango, “que llamó la atención por las grandes dimensiones del inmueble que permitía, de manera simultánea, contar con una gran capacidad de almacenaje de precursores químicos y enervantes y para alojar al personal que laboraba en sus instalaciones”. El laboratorio fue desmantelado el 6 de agosto de 2009.

Además del negocio de la droga, la información oficial reconoce que existen “ilícitos conexos” en los que participan integrantes del Cártel de Sinaloa, como la “extorsión, la privación ilegal de la libertad en la modalidad de secuestro (contra empresarios de bajo y mediano perfil)”, así como levantones de los grupos rivales.

Para incrementar el control del territorio donde mantiene presencia, agrega, El Chapo recluta a menores de edad para evitar que su estructura se vea afectada por las bajas durante las confrontaciones con sicarios de otras organizaciones o con las policías y las tropas del Ejército y la Marina; ellos “no son sujetos a sanciones jurídicas equiparables con las de los adultos, lo que les permite evadir la cárcel y reintegrarse en el corto plazo a las actividades criminales”.

En su “seguimiento de información” la PGR indica que los integrantes de grupos como Los Ántrax y Sanguinarios del M1 son los encargados de enganchar a menores en las escuelas, sobre todo en las secundarias.

“Se observa que ese sector constituye el grueso de las bases de la organización, en tanto les son asignadas tareas específicas a partir del comportamiento y lealtad que demuestren, dado que son fácilmente manipulables y sustituibles en caso de ser detenidos o asesinados por sus contrarios o por autoridades”, dice el documento.

La mayoría de ellos son utilizados como informantes, “ya sea en las inmediaciones de los barrios y colonias donde viven, o a través de internet y en las redes sociales”. Además suelen integrarse a las pandillas y grupos afines a la organización en las entidades donde ésta tiene presencia.

A uno de esos grupos se le conoce como Los Chapitos y sus integrantes son considerados “el ala juvenil de la organización”. Según el documento, tienen presencia en Nuevo Laredo y Ciudad Juárez.

LIDERAZGOS EMERGENTES

De acuerdo con el documento de la PGR son tres los líderes del cartel del Pacífico: Joaquín Guzmán Loera, quien es considerado el ícono de la organización; Ismael El Mayo Zambada, el estratega, y Juan José Esparragoza Moreno, El Azul, el negociador.

La organización es considerada la más sólida y poderosa dentro y fuera del país y también como la que “mayor número de desafíos” tiene, no tanto por los ataques de las corporaciones policiacas, sino por los embates de los pistoleros de los cárteles enemigos.

En los reacomodos de las organizaciones criminales como resultado de la llamada “guerra contra el narcotráfico” –que durante el sexenio de Felipe Calderón provocó más de 80 mil muertes– se define también a los tres principales rivales del Chapo y su clan: Los Zetas, el cartel de los Beltrán Leyva y el Cártel de Juárez –que decidieron aliarse para disputarle la hegemonía a los capos de Sinaloa–, además de organizaciones menores, como el cartel Independiente de Acapulco (CIDA)

Como parte de la reestructuración de los grupos de narcotráfico, el “seguimiento de información” de la PGR señala que el Cártel de Sinaloa también ha hecho “alianzas circunstanciales” con La Familia Michoacana, Los Valencia y el cartel del Golfo.

La dependencia prevé un recrudecimiento de la violencia en Ciudad Juárez, pese a que pareciera que disminuye. Y aun cuando la guerra entre los carteles ha absorbido “cuantiosos recursos”, subraya el análisis, los carteles de Juárez y de Sinaloa no ceden.

El documento identifica a tres “hombres clave” de la organización del Chapo en Chihuahua: Paulino Guerrero Estrada, su lugarteniente; Félix Valderrama Esparza, líder de Los Sinaloas, y los hermanos Ángel, Francisco, Juan Ramón, Guillermo y Valentín Olivas Olivas, integrantes de la célula Los Huarachudos.

Otros territorios donde es posible que se recrudezca la violencia son: Veracruz, Guerrero, Baja California, Tamaulipas, sobre todo en las ciudades de Nuevo Laredo y Ciudad Victoria, así como en algunas zonas de Colima, Nayarit, Sinaloa y Jalisco.

“En Durango se observará una aparente calma, prevalecerán los enfrentamientos posiblemente entre grupos locales bajo el mando de Joaquín Guzmán Loera, El Chapo, y Los Zetas, específicamente en la región de la Comarca Lagunera y el Triángulo Dorado”. Ahí, según el documento, “los posicionamientos son más rígidos, y los comportamientos, más violentos”.

Y agrega: “En Jalisco, el cartel persistirá para cohesionar a la vertiente de Ignacio Coronel Villarreal, autodenominada cartel de Jalisco Nueva Generación y su brazo armado Los Matazetas. En esta zona, además, encara las incursiones de Los Zetas procedentes de Zacatecas, para ello usa una célula disidente de La Resistencia”.

A la organización, concluye el documento, le es “útil” hacer ostensible la violencia, y aunque este esquema le ha resultado efectivo, mantendrá un “bajo perfil”, mientras que en entidades como Tamaulipas intentará “tener notoriedad”.

LOS PRESUNTOS CÓMPLICES

El análisis de la Cenapi incluye una relación de personas y empresas que presuntamente están involucradas con el cártel del Chapo y serían parte de su estructura criminal.

La lista incluye varios estados que, según el informe de la PGR, forman parte de las redes de poder del clan del Chapo.
En Baja California se menciona la empresa Grupo Ambiental del Noroeste y la compañía Mina International Group Inc. Proceso detectó que la primera se dedica a la prestación de servicio de reciclado de residuos peligrosos y tiene su sede en San Diego, California.

En Chihuahua, siempre según el documento de la Cenapi, aparece el nombre del panista Francisco David Carrasco Carnero, presidente municipal de Julimes entre 2004-2007, quien “renta un rancho denominado Carrizo Viejo” supuestamente usado para la siembra de mariguana.

En Guerrero, los presuntos cómplices son Luis, Diógenes, Arquímedes y Lauro Justo Herrera, de Azoyú, en la región de la Costa Chica. Se les acusa de la “compra y venta de ganado”, así como de acopio y venta de armas de fuego; también se les relaciona con Rogaciano Alba Álvarez, El Roga. Según el análisis, todos son familiares de Omar Justo Vargas, alcalde de Azoyú, y hermanos del ex procurador regional Héctor Justo Herrera.

Con respecto a Jalisco, el presunto integrante del cartel de Sinaloa es Octavio Herrera Ávila, quien era juez municipal en el Estado cuando se elaboró el documento. Su hermano Francisco Herrera Ávila, de extracción panista, fue alcalde de San Martín Bolaños en el periodo 2004-2006. El municipio se ubica cerca de Zacatecas y se le conoce por haber en él mucha siembra de mariguana.

Asimismo, se incluye en la lista al empresario Catarino Treviño Chávez, de Lagos de Moreno, a quien se le adjudica el negocio El Potrero; al presunto líder del Cártel de Jalisco Nueva Generación Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho, quien actúa bajo la fachada de empresario. Él vive con su esposa, Rita Parada, en Zapotlán el Grande.

En Michoacán los cómplices del Chapo son: Alberto Sosa, El Cali, quien “mantiene el control de bares, cantinas, centros nocturnos y vacacionales”, y cuya zona de influencia incluye los municipios de Jiquilpan, Sahuayo y Marcos Castellanos, además de que opera en Quitupan, Valle de Juárez, Mazamitla, Tamazula de Gordiano y Tuxpan”, en Jalisco; y Uriel Farías, El Paisa, ex presidente municipal de Tepalcatepec, quien fue encarcelado temporalmente en 2009 durante el michoacanazo. En 2012, un juez volvió a señalar los presuntos nexos del Paisa con el Cártel del Milenio, una de las organizaciones aliadas al Chapo.

En cuanto a Sinaloa el documento de la PGR señala a Luis Guillermo Roiz Ruiz, yerno del ex rector de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS) Héctor Melesio Cuén Ojeda, quien presuntamente tiene vínculos con Ismael El Mayo Zambada García; también se señala como el “operador financiero” de la organización a Juan José Esparragoza Monzón, El Negro, hijo de Juan José Esparragoza Moreno, miembro de la tríada que encabeza la organización criminal del Chapo.

(DIARIO DEL YAQUI/ Agencia /Sábado, 23 Febrero 2013 23:50)

EL NARCO: MÁS ALLÁ DE LA DEMENCIA



Proceso
Bruselas.- Quedó impresionado al llegar a México, no por su belleza arquitectónica, su rica naturaleza o por su artesanía, sino por el grado de violencia que impera en nuestro país. Plasmó una y otra imagen que fue recolectando en diversos estados, teniendo a Ciudad Juárez como su principal fuente de información.

Gracias a su trabajo somos más conocidos en países como Holanda y Bélgica, por desgracia nuestra fama no es del todo buena, pues las imágenes representan la barbarie que existe en México; describen el problema al cual se enfrenta la sociedad en un país donde la violencia radica y se enraíza en cada estado de la República. México pasó de ser conocido por sus bellas playas y su gran cultura, a un país donde da pánico salir pues la gente desconoce si regresará con bien a casa.

Como fotógrafo de conflictos armados, el holandés Teun Voeten presenció sobrecogedoras escenas en Bosnia-Herzegovina, Afganistán, Chechenia, Ruanda, Sierra Leona… pero, afirma, “nada de eso se compara con la extrema violencia que hay en México”, donde el sadismo de los asesinos es “demencial”. En los múltiples viajes que realizó al país, su cámara captó imágenes de “una moderna guerra subterránea cuyas víctimas son casi todas pobres”. Las plasmó en “Narco Estado: Narcoviolencia en México”, libro que ya circula en Bélgica y Holanda.

El cadáver de un hombre yace bajo una intensa luz amarilla del alumbrado público. Su rostro se esconde al ángulo de la cámara que lo fotografió. Un abundante chorro de sangre mana de su cabeza y desciende la calle mal pavimentada. A unos metros cuatro policías caminan, parecen ignorar el cuerpo. Es la escena de un crimen, cometido en marzo de 2010 en la colonia Paso del Norte, en Ciudad Juárez. La imagen, lejos del morbo y el amarillismo, no deja de plantear interrogantes al espectador; es obra del veterano fotoperiodista de guerra holandés Teun Voeten y forma parte del libro gráfico “Narco Estado: Narcoviolencia en México”.

La obra, de la editorial belga Lannoo, contó con el apoyo económico del Fondo Pascal Decroos para el Periodismo Especial de Bélgica; del Fondo para Proyectos Periodísticos Especiales de Ámsterdam, Holanda, y del Fondo de Emergencia de la Fundación Magnum, de Nueva York.

Entre 2009 y 2011 Teun Voeten vino a México en varias ocasiones. Le impresionó saber que Ciudad Juárez era una de las ciudades más peligrosas del mundo. En ese periodo tomó imágenes relacionadas con la violencia no sólo en Juárez –la que visitó unas 10 veces–, sino también en Culiacán, Sinaloa, y en Morelia, Michoacán.

Profesor de Antropología e investigador de temas mexicanos de la Universidad de Texas, Howard Campbell habla acerca del trabajo de Voeten: “En sus obras, la cotidianidad de que aparezca otro cadáver es representada por un soldado que fotografía el cuerpo con la cámara de su celular. Entre tanto, las imágenes en claroscuro de las tenebrosas calles de Juárez, proveen el telón de fondo de una moderna guerra subterránea cuyas víctimas son casi todas pobres. Como lo ilustra la galería de fotos de Voeten, Juárez es un sitio donde los tragos, las drogas y el sexo barato son elementos clave del comercio, y los participantes de ese comercio llevan vidas duras, rápidas y cortas”.

Voeten, quien realiza su tesis de doctorado sobre la extrema narcoviolencia en México, prevé que en marzo próximo presentará su libro en la Ciudad de México.

En entrevista con “Proceso”, Voeten comenta que al inicio de su proyecto contactó a las autoridades de Ciudad Juárez y les pidió que le permitieran acompañar a los policías cuando acudieran a escenas de crímenes.

“Tuve mucha cooperación de la Alcaldía. Reconozco que fue más fácil para mí, como extranjero, que me dejaran acompañarlos, ya que para los periodistas locales eso representa un riesgo enorme, pues el narco los puede considerar aliados de la Policía”, explica.

Precisa que el anterior Gobierno le dio esa facilidad, y dice: “El actual quiere dar la imagen de que en Juárez ya no hay violencia”.

El fotógrafo también acudió con los militares para que le dieran permiso de acompañarlos; sin embargo, narra que le dieron excusas y no pudo obtener la autorización. “Fue un no a la mexicana”, afirma con una sonrisa.

En la introducción de su libro, así como en la entrevista, comenta que documentar la narcoviolencia es todo un desafío, pues los grupos antagonistas “son actores ocultos, desconocidos, que operan tras un velo de secrecía”.

Asegura que ha sido testigo de todo tipo de actos de barbarie, que los seres humanos son capaces de cometer en contra de sus semejantes. “En Sarajevo, durante la guerra de Bosnia-Herzegovina, huí de los tiros de los francotiradores que disparaban contra los civiles, en un cerco que además los estaba matando de hambre. En Kigali, capital de Ruanda, me tocó estar al principio del genocidio y ver hordas cazando a sus víctimas con machetes. En Kabul (Afganistán) y Grozni (Chechenia), caminé por barrios residenciales convertidos en ruinas y al lado de gente que imploraba por comida”.

También menciona que obtuvo “su dosis de locura” en los conflictos de Sierra Leona y Liberia, donde lidió con niños soldados totalmente drogados. Más recientemente, dice, en Libia pudo ver y oler cadáveres que yacían apilados después de una masacre.

Sin embargo, el holandés asegura que nada de eso se compara con la extrema narcoviolencia que hay en México.

El libro

El libro presenta, en 228 fotografías en 143 páginas, los sucesos que han marcado la era de la violencia protagonizada por los grupos criminales del narcotráfico en los últimos cuatro años, por la disputa del mercado de las drogas.

“La violencia en México es lo peor que yo he visto en el mundo”, dijo Voeten, quien fuera corresponsal de guerra durante 22 años.

Para él, en una guerra combaten ejércitos nacionales por alguna ideología, pero en la lucha contra las drogas se disputan el poder por la plaza.

“Es increíble lo que pasa en México, porque México no es un país de tercer mundo. Es moderno”, dijo el periodista holandés.

“En 2008 escuché que Juárez era la ciudad más peligrosa del mundo, más que Bagdad y Kabul, por lo que decidí investigar. Fue un shock muy fuerte cuando estuve ahí”, puntualizó.

Con ensayos de introducción escritos por el antropólogo Howard Campbell, de UTEP y el escritor Javier Valdez Cárdenas, de Culiacán, México, este “photobook” explica de manera contundente la situación imperante en ese país donde ha relucido la corrupción, impunidad, complicidad y protección de las autoridades hacia los grupos de la delincuencia organizada.

(ZOCALO/ Proceso/24/02/2013 - 04:05 AM)

LA RECOLECCIÓN DE LA BRUTALIDAD EXTREMA


Proceso 
México, DF.- Teun Voeten es claro en su descripción y sobre todo en la forma en cómo compara a México con otros países que se han visto afectados por la violencia. Pareciera que lleva años radicando en nuestro país, sin embargo, sólo ha estado unas cuantas veces y eso le ha bastado para percatarse de todo lo que aquí ocurre. Confiesa haber sentido miedo pues está enterado de que en México el trabajo del periodista es de alto riesgo. Caminaba por las calles temeroso a pesar de la compañía de algunos cuerpos policiacos.

Su intención no es poner a México como ejemplo de país violento, es sólo recolectar lo que ha dejado la narcoguerra por la lucha del territorio y la venta de droga.

En presentación de su libro el fotógrafo Teun Voeten explica cómo vivió sus días en México y la impresión que le causó el país en sus días de estancia.

“En Ruanda, por ejemplo, mataban a la gente, pero dejaban en paz los cuerpos. En México, primero torturan salvajemente a las víctimas y luego los desmiembran, los mutilan, los cuelgan; los asesinos hacen alarde de maneras muy creativas de salvajismo: el sadismo que hay en México no lo he visto en otra parte del mundo; en Sierra Leona atestigüé la locura, pero en México la situación es completamente demencial”, plantea.

Voeten, desde su formación como antropólogo, ofrece una explicación de lo que sucede en México.

Para comenzar, lo define como una “guerra”, pero del tipo que los expertos en materia de seguridad llaman “nuevas guerras”. Los conflictos en Afganistán, Sierra Leona, Ruanda, Bosnia o Liberia son representativos de ese fenómeno.

Estas guerras, a diferencia de las convencionales –donde dos Estados se enfrentan con ejércitos profesionales en campos de batalla delimitados–, se caracterizan por ser conflictos prolongados, de baja intensidad, en los que la ideología no importa y las facciones hostiles toman de pretexto causas religiosas o étnicas. En este contexto, la población civil se convierte en un objetivo de ataque.

En esas “nuevas guerras” –prosigue Teun– la ausencia del estado de derecho, el caos y la anarquía significan un fin en sí mismo, “una precondición necesaria para que los señores de la guerra exploten los recursos locales, como estupefacientes o minerales, y puedan conformar un mercado negro bajo su control”. Tales conflictos no son financiados por gobiernos centrales, sino mediante turbios acuerdos entre facciones rivales con elementos criminales, expone.

Y precisa: “En México, ese fenómeno de “nueva guerra” ha ido más lejos. Ya no es necesario que las facciones rivales desarrollen vínculos con el crimen internacional, pues éstas ya son mafias criminales”.

Narcoestado

El aspecto que más sorprendió a Voeten fue la impunidad prevaleciente en el país. En su libro indica: “Un 98% de los asesinatos en Ciudad Juárez no son resueltos, y probablemente nunca lo serán. Uno se siente muy vulnerable al saber que en cualquier momento, por cualquier razón, puede ser acribillado y los asesinos huyen con toda tranquilidad. A la mayoría de los asesinatos se les clasifica como “relacionados con el narcotráfico” y no se profundizan las investigaciones.

“De todas formas los servicios forenses no se dan abasto con la carga de trabajo. De manera oportunista, el “crimen no organizado” florece en esta atmósfera general sin ley, en la que el Estado ya no es capaz de garantizar la seguridad de sus ciudadanos: partes de México son, de facto, controladas por la delincuencia organizada.”

–De ese análisis nace el título de su libro –se le comenta a Voeten.

–Así es. Fue una idea mía. Tiene que ver con el concepto de los estados fallidos. Hay zonas del país donde el Estado ya perdió el control: Tamaulipas, Ciudad Juárez, partes de Michoacán, Durango... Yo creo que en estos casos se justifica hablar de un narcoestado. Hay grandes zonas donde el Estado se encuentra completamente infiltrado por el narco, la corrupción y la impunidad.

Esa interpretación la comparte Campbell –autor del libro “Drug War Zone”–, quien participa en el libro de Voeten con un texto introductorio.

“El narcoestado mexicano –plantea el académico– es un sistema político y económico en el que los narcotraficantes internacionales, el mercado estadunidense de las drogas, así como banqueros y funcionarios del Gobierno trabajan de la mano. Cada socio del arreglo hace su parte. Los políticos designan a los policías y los militares convenientes en un territorio particular. Los traficantes transportan la cocaína por barco, submarino y camiones desde Sudamérica.

“Los capos de la droga organizan el cultivo, o la producción industrial, de heroína, mariguana o metanfetaminas, así como su transportación a los mercados de Estados Unidos. La policía y los soldados mexicanos protegen la mercancía de los cárteles más poderosos y atacan aquellos cargamentos que no cuentan con apoyo del régimen.”

Y remata: “Los hombres de negocios y consumidores estaduonidenses nunca se cansan de los beneficios y de los “vuelos” baratos de fumar, aspirar o inyectarse tal mercancía. Éste es un sistema perfecto para quienes se benefician de su fructífera cosecha monetaria y de sus alucinantes placeres”.

Por su parte, Voeten comenta que muchos amigos y colegas suyos lo critican por enfocarse en lo que consideran como un “problema criminal marginal”. Ante estos comentarios, el antropólogo responde que su trabajo se enfoca en los conflictos sociopolíticos.

En este tenor asegura que la narcoviolencia en México no es un “caso aislado de una guerra de mafias”, y que, al contrario, “tiene inmensas implicaciones sociales y ante todo políticas”.

Y advierte: “La erosión de la sociedad civil y su gradual reemplazo por el crimen organizado; el nacimiento de una nueva clase de excluidos y de gente desechable que elige una carrera criminal que termina con la muerte; la devaluación de la vida humana, todos estos elementos presentan un escenario de pesadilla de cómo podría ser nuestro futuro”.

(ZOCALO/ Proceso/ 24/02/2013 - 04:03 AM)