La
guerrilla en Guerrero encontró un enemigo en común que prácticamente unificó su
discurso y dio pie para el inicio de una ofensiva militar, en la búsqueda de
funcionarios y narcotraficantes que consideran responsables del asesinato y
desaparición de estudiantes y civiles.
El
ataque a normalistas de Ayotzinapa, Guerrero, y las 22 personas asesinadas por
militares en Tlatlaya, estado de México, removió las más importantes fuerzas
subversivas del país que se decidieron modificar su estrategia y comenzar con
una “ofensiva generalizada” y “responder con todas las formas de lucha,
violentas y pacíficas, legales e ilegales”.
Incluso
abrió paso a la aparición de una nueva organización que, en apariencia,
pretende convertirse en aglutinador de la movilización político-subversiva, que
se autodenominó “Milicias Populares ¡Basta ya!”, que emitió su primer
comunicado el pasado 6 de octubre.
A
partir de junio de este año, las distintas organizaciones comenzaron a tener
una presencia un poco más visible a través de sus comunicados, después de
varios meses de silencio. Sin embargo, entre el 30 de septiembre y el 6 de
octubre, en sólo seis días, se pronunciaron con un discurso bélico el Ejército
Popular Revolucionario (EPR), el Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente
(ERPI), las Fuerzas Armadas Revolucionarias-Liberación del Pueblo (FAR-LP) y
las Milicias Populares ¡Basta ya!.
EPR
es el grupo más antiguo de todos ellos, que se instituyó en 1994 y que se
presentó públicamente el 28 de junio de 1996, en el aniversario de la masacre
de campesinos de Aguas Blancas, pero que tiene como antecedentes el Partido
Revolucionario Obrero Clandestino-Unión del Pueblo (PROCUP-PDLP) y algunos
integrantes de las Fuerzas de Liberación Nacional, grupos surgidos en los años
60.
Desde
entonces, el EPR, logró documentar el especialista Jorge Luis Sierra, ha
mostrado que se integra por un mando estratégico y que tiene capacidad
política, militar y un frente de masas, que le ha permitido tener presencia
social, política y llevar a cabo acciones de hostigamiento militar y siguiendo
unas estrategia de guerra popular prolongada.
El
ERPI, por su parte, surgió de una escisión del EPR en 1995, generada por
diferencias sobre la estrategia de combate, pero fue hasta 1998 cuando se
documentó su actividad y con presencia en Guerrero, San Luis Potosí, Distrito
Federal y Oaxaca.
Este
grupo ha mantenido una estrategia de apariciones públicas, de acciones de
hostigamiento militar y acciones sociales, que les permite amplificar su
respaldo comunitario. De las FAR-LP se conoce menos, apenas se dio a conocer
con una aparición formal y a través de comunicados a finales de 2013, pero como
lo establece el especialista Jorge Lofredo, aún falta por determinar la
“legitimidad de sus reclamos o la veracidad de sus posicionamientos”.
Se
ha detectado la presencia del EPR en los estados de Guerrero, Oaxaca, Chiapas,
Michoacán, Puebla, Veracruz, Tabasco, Tamaulipas, estado de México e Hidalgo.
Este
grupo también asume sus antecedentes desde el PROCUP-PDLP, posteriormente en el
EPR y finalmente en el ERPI, organización a la que abandonaron para
constituirse en una nueva organización por lo que parecerían diferencias
estratégicas en las formas de lucha.
Esas
tres organizaciones parten de una misma estructura y en los tres casos
coinciden en la necesidad de la vía de las armas como forma de lucha. Veinte
años después de la integración de EPR y de las escisiones sufridas, por primera
vez los grupos coinciden en iniciar una ofensiva militar y esta vez es contra
los narcotraficantes del Guerreros Unidos y funcionarios vinculados con ellos.
ARRANQUE ARMADO
El
comunicado más preciso sobre el inicio de las acciones armadas y que constituye
una brigada de ajusticiamiento, fuerza que se crea en este tipo de grupos como
un comando militar destinado a perseguir y someter a quienes consideran los
traidores o enemigos, en este caso son narcotraficantes y funcionarios que
participaron en el ataque a normalistas y civiles en Iguala, Guerrero, por eso
le colocaron la fecha de 26 de septiembre: “Se convoca al interior de nuestras
filas y al pueblo en general a la conformación de la Brigada Popular de
Ajusticiamiento 26 de Septiembre, expresamente fundada para enfrentar en
aspectos político-militares esta nueva afrenta del narcoestado mexicano y,
particularmente, al cartel de sicarios del Estado, mal llamado ‘Guerreros
Unidos’”.
Además
de declarar a la Corriente Nueva Izquierda del PRD como cómplices del ataque a
normalistas, el ERPI también envió el mensaje a sus militantes en todos sus
frentes, tanto políticos como células armadas, que recaben “toda información
sobre elementos, propiedades e intereses de dicho cártel y póngase a
disposición de nuestro ERPI, por cualquier vía pública o secreta”.
Las
FAR-LP en su comunicado fechado el primero de octubre, hace responsable de la
tortura y asesinato de los dirigentes sociales Arturo Hernández Cardona, Rafael
Balderas y Ángel Román de la Unidad Popular de Iguala, así como de Justino
Carvajal Salgado, primer síndico procurador de Iguala, al presidente municipal
con licencia José Luis Abarca y a su esposa María de los Ángeles Pineda Villa,
ambos, sostiene, vinculados al Cártel de Guerreros Unidos.
El
mensaje a sus simpatizantes y militantes es también muy claro: “preparémonos
para pasar de la defensiva estratégica a la ofensiva generalizada contra el
Estado; saben cuáles son los medios para ponernos de acuerdo; no dejemos pasar
esto, nuestros hermanos muertos no se lo merecen, es hora de poner en práctica
la máxima de Patria o Muerte”.
El
grupo exige la renuncia del gobernador de Guerrero, Ángel Aguirre Rivero,
porque “traicionó al pueblo que lo eligió, se doblegó a los intereses y
ambiciones de poder, su alianza con la delincuencia organizada y el pago de
favores a los amigos que lo llevaron al poder”.
Y
el comunicado firmado por la comandancia general de las FAR-LP cierra con una
advertencia: “pronto sabrán de nosotros”.
El
EPR fue el primero en lanzar sus comunicados, dos en total el mismo 30 de
septiembre, en uno de ellos se refiere a la desaparición forzada de sus
compañeros Raymundo Reyes Amaya y Gabriel Alberto Cruz Sánchez, y en general de
este tipo de actos como un método del Estado contra los líderes sociales.
En
su segundo comunicado, convoca a la unidad “cada cual en su trinchera y forma
de lucha. Al terrorismo de Estado se le enfrenta con la unidad popular,
constituye una necesidad la generalización en el plano nacional de las acciones
políticas de masas, la acción popular combativa, la acción múltiple de
solidaridad en todo el país y la estructuración de la autodefensa del pueblo
para que se ejerza la justicia popular”.
Y
acusa que la desaparición de los normalistas no es producto de la acción de los
narcotraficantes, sino de “elementos activos de las fuerzas policiaco-militares
realizando acciones de paramilitarismo”.
“Es
grotesco sostener la tesis de la infiltración del crimen organizado para
endosar este crimen de lesa humanidad a la ‘delincuencia organizada’, dicha
afirmación constituye una burda maniobra política para diluir la
responsabilidad del Estado y garantizar impunidad a los criminales materiales e
intelectuales. Especulaciones dolosas promovidas por el Estado mexicano y
difundidas perversamente por ‘sesudos analistas’ y funcionarios públicos”,
sostiene el Comité central del Partido Democrático Popular Revolucionario
(PDPR) y la Comandancia General del Ejercito Popular Revolucionario (CG-EPR).
NUEVO GRUPO, MISMAS DEMANDAS
Las
Milicias Populares lanzaron su primer comunicado el pasado 6 de octubre, “ante
la violencia del brutal neoliberalismo que en México se mantiene mediante el
narcogobierno, hoy, más que nunca, necesitamos responder con todas las formas
de lucha, violentas y pacíficas, legales e ilegales”.
Hace
un recorrido por histórico de matanzas y abusos de autoridades y gobiernos,
menciona las reformas recién aprobadas, hasta llegar a Tlatlaya y Ayotzinapa
“que se parece mucho a Tlatelolco, en medio de un discurso oficial conciliador,
la masacre, como advertencia y escarmiento que intenta frenar la inconformidad
de los de abajo”.
“Y
claro, se culpará al crimen organizado, posiblemente encarcelarán a un
‘Chucky’, hasta podrían sacrificar al camaleónico gobernador Aguirre para
simular que el crimen organizado actuó por la libre. La detención del último de
los Beltrán Leyva como respuesta inmediata después de los asesinatos y
desaparición de estudiantes nos muestra que el gobierno ya sabía dónde
localizarlo y lo agarró en el momento en que les estorbó, cuando ya no les
sirvió para mantener el control del estado de Guerrero. Y si, los sicarios son
los asesinos materiales, pero el crimen es de Estado”, sostiene.
En
su comunicado fechado en Guerrero, llama a sumarse a la lucha e insiste: “hoy
más que nunca necesitamos responder con todas las formas de lucha, violentas y
pacíficas, legales o fuera de esta legalidad sin ética que intentan imponernos
los de arriba. Al fin que ellos son los primeros en violar la legalidad”.
(RIODOCE/ REDACCION/ EJE CENTRAL/ octubre 10,
2014)
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