domingo, 6 de noviembre de 2016

VERACRUZ, CINISMO GALOPANTE

Esto sucedió en Xalapa la noche del 17 de octubre. Cinco días antes Javier Duarte solicitó licencia como Gobernador de Veracruz, e iniciaba abiertamente la persecución de quien hoy es un prófugo de la justicia. Los administradores de los 12 hospitales de la red de la Secretaría de Salud estatal, al mando del secretario Fernando Benítez Obeso –enfrentado con el secretario federal del ramo, José Narro–, fueron convocados de emergencia al día siguiente. Ningún teléfono celular fue permitido en esa reunión, lo que generó inquietud. Peor cuando, de acuerdo con personas que narraron ese encuentro, quien presidía la junta era Luis Ángela Soto Maldonado, dirigente de la Sección 26 del sindicato de Salud, y representante de la FTSE. Incondicional del líder nacional de burócratas, Joel Ayala, y a quien en agosto, el defenestrado Duarte había llamado “mi hermana”. Soto Maldonado habló abiertamente con los funcionarios para plantearles una operación que, de investigarse, podría ser un nuevo caso de corrupción por cuando menos 20 millones de pesos. La líder sindical no cubrió ninguna apariencia. Debió sentirse segura, pues este sábado, si no sucede nada excepcional, tendrá fuero como diputada plurinominal del PRI.

La relatoría del encuentro no deja dudas que lo que les planteó es un abierto y cínico acto de corrupción. Según la narrativa de la reunión, les dijo que gracias a sus gestiones personales había conseguido recursos extraordinarios para realizar obras y acciones de mantenimiento en los hospitales, pero que ante el pronto cambio de Gobierno, sería imposible llevar a cabo las licitaciones, porque el dinero extra obtenido debía “gastarse” antes del 30 de noviembre, último día de la administración duartista. La lideresa sindical les dio la solución: el dinero se les entregaría de cualquier forma, y sería facturado por Andrés Noé Rodríguez Velázquez, quien estaba presente en la reunión, pero que nadie sabía quién era. Rodríguez Velázquez aparecería como “proveedor de servicios”.

Las obras y las acciones de mantenimiento que iban a ser “licitadas”, explicó Soto Maldonado según la relatoría del encuentro, no se iban a realizar. Pero, instruyó, las facturas tenían que llevar los conceptos que escogieran, dentro de un abanico limitado a “mantenimiento preventivo y correctivo de redes y plantas eléctricas de emergencia, modernización de cableados e instalaciones, impermeabilizaciones, instalación y mantenimiento preventivo de sistemas de aire acondicionado”.

Varios de los administradores deben haber mostrado una cara de extrañamiento y sorpresa ante lo que oían, porque en la narración de esa reunión se recuerda que la lideresa les dijo que “no se preocuparan porque tenía todo controlado”. Al día siguiente, el 19 de octubre, les dijo, se les depositaría a las cuentas del hospital la mitad de los fondos asignados a cada hospital, que no es posible conocerlos porque tuvieron cuidado en no incluir la cantidad entregada a cada hospital en los correos electrónicos donde se les añadieron instrucciones. El cálculo que se hace es de 20 millones de pesos, aunque según expertos que conocen el sistema de hospitales, podría sumar tres o cuatro veces más el monto.

Soto Sandoval tenía toda la autoridad para hacer ese ofrecimiento y compromiso, que se infiere por las personas que la acompañaban a esa reunión: Hugo Odón Flores Lira, director Administrativo de la Secretaría de Salud de Veracruz, quien llegó con la representación y los saludos del titular Benítez Obeso; Judith Parrazal, subdirectora de Recursos Financieros, y Humberto Peña Ceronio, subdirector de Servicios Generales. Todas las instrucciones, reiteró, las daría la lideresa sindical y “debían” ser cumplidas de manera “inmediata y obligatoria”.

Las instrucciones eran que en el momento de recibir los recursos se debían depositar nuevamente –la totalidad del dinero en la cuenta bancaria de Rodríguez Velázquez, en un banco español en Tantoyuca. La operación financiera inició al día siguiente, cuando los hospitales de Acayucan, Boca del Río, Cosamaloapan, Llano de En Medio, Naranjos, Pánuco, Poza Rica, San Andrés Tuxtla, Tarimoya, Tlalixcoyan y Veracruz, recibieron la primera transferencia realizada por el área de Recursos Financieros de la Secretaría de Salud estatal.

Los administradores de los hospitales, instruyó Soto Sandoval, debían enviar un oficio de solicitud de obras y servicios con fecha del 5 de octubre o previo, dirigido al director de Administración y Finanzas de la secretaría, Ricardo Sandoval Aguilar, quien renunció el 1 de noviembre en medio de todas las denuncias de corrupción por el presunto desvío de miles de millones de pesos en el estado. Flores Lira fue quien lo sustituyó. La lideresa sindical les anticipó que una vez que cumplieran “esta importante misión”, serían “generosamente recompensados cuando se haga el pago de la segunda mitad de los trabajos”. Soto Maldonado, sin embargo, había sido muy enfática en señalarles que una vez que recibieran el dinero, cada uno de los administradores de los hospitales serían responsables únicos de la contratación y la comprobación del supuesto ejercicio de los recursos que, comenzarían a serles transferidos como “anticipo de gastos”.

La relatoría de lo que sucedió aquella noche reciente en Xalapa sugiere un patrón de comportamiento cínico y permeado por impunidad. No se puede acusar a nadie de ladrón y corrupto a partir de una relatoría, pero sí es un primer documento para que las autoridades federales inicien una nueva investigación sobre lo que está sucediendo en Veracruz, donde el sistema de corrupción en el duartismo está colapsado. No hay mucho tiempo, empero. Soto Maldonado está a un día de obtener fuero.


(ZOCALO/ESTRICTAMENTE PERSONAL/ RAYMUNDO RIVA PALACIO/ 03 DE NOVIEMBRE 2016)

DUARTE EL INSACIABLE (Y II)

Javier Duarte, su esposa Karime Macías y Moisés Mansur Cisneyros, se conocieron cuando estudiaban Derecho en la Universidad Iberoamericana a mediados de los 90. Su relación era profunda y extraña, y en ocasiones tomaban al alimón decisiones sobre ella. En una ocasión, le ordenaron a Alfonso Ortega López, amigo y socio de los dos, unos regalos para el aniversario de boda. En una joyería sobre Campos Elíseos adquirió unos aretes de 40 mil dólares, y un anillo de 185 mil pesos. La anécdota es un aperitivo de años de locuras y disparates donde el dinero fluía sin problema, según una de las investigaciones de la PGR contra el gobernador. Más de 3 mil millones de pesos están volando, pero la indagatoria sobre Duarte y sus socios es porque creen que se los embolsaron.

Ortega López, amigo desde el kindergarten de Mansur Cisneyros, es la pieza clave en esta parte de la amplia indagatoria. Abogado corporativo, Ortega López constituyó una parte de las empresas fantasma en México y Estados Unidos investigadas por la PGR por presunto por lavado de dinero y delincuencia organizada en contra del gobernador con licencia y su principal socio, que era una especie de gobernador adjunto porque nada que tuviera que ver con asuntos de dineros en la administración se movía sin su autorización. Por años, el abogado construyó la estructura mediante la cual presuntamente se desviaron, escondieron y evaporaron recursos federales.

La inclusión de Ortega López en el equipo particular de Duarte, Macías y Mansur Cisneyros, comenzó al inicio de la Gubernatura. En este espacio se mencionaron las empresas y las acciones presuntamente delictivas en las que incurrieron durante los primeros nueve meses de la administración, cuando los viejos amigos, sin recursos en sus tiempos universitarios, recuperaron los tiempos perdidos, según se desprende de la investigación, mientras que Karime Macías, considerada más inteligente que su esposo, fue beneficiaria directa de muchas de las operaciones con empresas fantasma.

Ortega López narró a los investigadores, por ejemplo, cuando en diciembre de 2012, la familia de Duarte lo invitó junto con su familia a unas vacaciones en Aspen, Colorado. Se hospedaron en el hotel St. Regis de ese destino turístico de invierno, donde la señora Macías le pidió que les endosara a ella y a su esposo, en blanco, las acciones que adquirieron de los condominios en el hotel St. Regis de Nueva York –detallados en la columna anterior–, y de una lancha bautizada como “Candelaria”. Esa lancha es un botón más de los absurdos de Duarte. Como en muchas otras veces, instruyó a Ortega López que adquiriera “una embarcación digna de su investidura”, para poder llevar a cabo la procesión acuática de la Virgen de la Candelaria, en las fiestas de Tlacotalpan. Quería específicamente una lancha Acquariva, de la marca italiana Riva, que navegan los lagos europeos. El costo era de 790 mil dólares, para lo cual constituyó una empresa en Estados Unidos llamada Alpargate Marine Ventures Corp., que hizo la compra en julio de 2011 por medio del abogado Juan José Janeiro Rodríguez, socio de Mansur Cisneyros y testaferro de Duarte.

Septiembre y octubre de 2011 fueron bajos en actividad para Duarte y Mansur Cisneyros, pero en noviembre de ese año continuaron la constitución de empresas fantasmas para la circulación irregular de dinero. En ese mes, el Gobernador le pidió a Ortega López una Sociedad Financiera de Objeto Múltiple, las llamadas “sofomes”, cuyo principal objetivo es otorgar créditos, que llamó Corporativo Monjafin, donde se apuntaron como socios Salvador Mansur Cohen, primo de Mansur Cisneyros y segundo secretario de Finanzas de Duarte, relevado a mediados de 2013 en medio de un escándalo sobre el presunto uso ilegal de programas sociales, Álvaro Ladorrodo García –sobre quien no hay datos públicos–, y Rafael Gerardo Rosas Bocardo, prestanombres de Mansur Cisneyros. Esa Sofom recibió una inyección de recursos de procedencia desconocida de 300 millones de pesos, 70 de los cuales fueron utilizados para fondear “una empresa de medios de comunicación” que Duarte, a sus amigos, decía que era de él.

Antes de que terminara el año, Duarte y Mansur Cisneyros le pidieron participar en el negocio inmobiliario en Miami, donde los bienes raíces estaban deprimidos por la crisis de 2007 y 2008, por lo que creó una nueva empresa, Runsam, que adquirió una cartera de propiedades valuadas entre 80 mil y 120 mil dólares, con el propósito de rentarlas. El último día de ese año, en la fiesta de fin de año en un departamento de Duarte en el bello conjunto Finestre en Ixtapa, el Gobernador le pidió que adquiriera los dos departamentos en el piso superior para invitados y uno extra para más visitas. A través de Janeiro Rodríguez y otro socio de Mansur Cisneyros, José Antonio Bandín, se pagó un millón y medio de dólares, y se invirtió otro medio millón para acondicionarlos.

Ortega López sospechó hasta este año del origen de los recursos que movió por instrucciones de Duarte, y creía que lo había utilizado para lavar dinero. En abril pasado lo vio en el hotel Camino Real y le expresó su inquietud por las denuncias en la prensa. “Me tomó del brazo y me dijo: ‘no te puedes salir de esta. Estás involucrado. Todos sabíamos que los fondos para las inversiones provenían del Gobierno del Estado de Veracruz’”. El abogado sí se salió, y habló. Ofreció a la PGR revelar el uso indebido de recursos federales y estatales para fines privados, su desvío, ocultamiento, distracción de fondos por instrucciones de Duarte. La historia, sigue caminando.


(ZOCALO/ESTRICTAMENTE PERSONAL/ RAYMUNDO RIVA PALACIO/ 02 DE NOVIEMBRE 2016)

DUARTE EL INSACIABLE (I)

Cómo fue construyendo Javier Duarte su riqueza es como observar un rompecabezas de locura y disparates. Si quería unos aretes para su esposa, la orden era comprarlos en las joyerías de Campos Elíseos. Si quería celebrar la Fiesta de la Candelaria, qué mejor que comprar una lancha italiana para la procesión acuática. ¿Quería retirarse en Miami? Entonces compró una casa en Coral Gables, el barrio de alto ingreso al sur de esa ciudad. ¿Cambió de opinión sobre dónde retirarse? Entonces adquirió una mansión en Bosques de Las Lomas. ¿De dónde salía el dinero? Las indagatorias de la PGR son precisas: del erario veracruzano.

La forma osada y descarada como presuntamente amasó Duarte su fortuna en los tres primeros años de su gobierno en Veracruz no se puede explicar sin la arquitectura que diseñó Moisés Mansur Cisneyros, un mexicano de madre brasileña sin recursos como él, que conoció en la Universidad Iberoamericana y con quien compartió la casa de estudiantes cerca de la universidad, cuya ambición descomunal lo introdujo a un mundo que hoy está colapsado y los tiene huyendo de la justicia. Mansur Cisneyros le presentó a Juan José Janeiro Rodríguez y Rafael Gerardo Rosas Bocardo –que aparecen como los propietarios del hoy famoso rancho Las Mesas en Valle de Bravo– para que movieran el dinero, y a Alfonso Ortega López, para que ejecutara las transacciones a través de diversas empresas que constituyó y hoy se sabe, eran “fantasma”.

Ortega López, un abogado corporativo amigo de Mansur Cisneyros desde el kindergarden, conoció a Duarte en 1996 en sus tiempos de universitarios, aunque él estudió en el ITAM. No volvió a tener contacto con él, aseguró a los agentes ministeriales de la PGR que lo interrogaron por vez primera el 12 de octubre pasado, hasta 2009, cuando Duarte era diputado federal, por mediación de Mansur Cisneyros, poco antes de ser candidato al Gobierno de Veracruz. En 2010, como gobernador electo, lo invitó a colaborar con él en inversiones y negocios, pidiéndole que buscara oportunidades para invertir su dinero, porque él estaría dedicado a los asuntos del Gobierno.

Lo primero que hizo Ortega López fue crear en 2011 una sociedad para un negocio inmobiliario. El 3 de febrero de ese año, escasos dos meses después de tomar posesión Duarte como gobernador, constituyó la Inmobiliaria Roor, donde el político y su esposa Karime Macías colocaron testaferros como propietarios, a través de la cual adquirió dos inmuebles en la calle de Sierra Fría, en el pomposo barrio de Las Lomas de Chapultepec, donde “pretendía construir su casa de retiro”, por la que pagó 47 millones de pesos. Poco después le pidió constituir una empresa en Estados Unidos, Siamese Twin, Inc., que salió a su nombre, para comprar tres condominios en el elegante hotel St. Regis, en la Quinta Avenida en Nueva York. A través del despacho de Janeiro Rodríguez se pagaron, en tres transferencias, un total de un millón 200 mil dólares.

No había terminado el primer semestre de su primer año de gobierno cuando Duarte le pidió a Ortega López que constituyera otra sociedad porque se le había presentado la oportunidad, le dijo, de acuerdo con la indagatoria de la PGR, para la compra de parcelas en el ejido Lerma, en Campeche. El abogado estudió el proyecto y le comentó al Gobernador que “no costaba mucho” –entre 15 y 20 millones de pesos–, pero que su potencial era “ilimitado” porque se podían hacer varias parcelas para construir casas, fraccionamientos ecológicos, y “tener un ambiente en el que los inversionistas no tuvieran contacto con casas contiguas”. El ejido se le vendió a otra empresa, Terra Urbanizaciones y Desarrollos Inmobiliarios, y las parcelas salieron a nombre de Mansur Cisneyros, Janeiro Rodríguez y Rosas Bocardo. En total se compraron 500 hectáreas en 25 millones de pesos, cuya operación coordinó un gestor, Antonio Almazán.

Para desincorporar el ejido, Ortega López se convirtió en “avecindado” y en una asamblea de ejidatarios el 21 de agosto de 2011, se le aceptó como ejidatario. El abogado fue adquiriendo más parcelas por un monto no especificado, y en agosto de 2013, vendió la propiedad a Terra, a un precio valuado por un corredor de bienes raíces y un escriturado por un notario de la ciudad de México, en 240 millones de pesos. Las parcelas de Manzur Cisneyros fueron vendidas al Consorcio Brades, vinculada a las empresas fantasma de Duarte.

Almazán era amigo de Ortega López, a quien le pidió que lo ayudara a encontrar parcelas ejidales para comprar en el país. La primera y única en la indagatoria fue Lerma, en el municipio de Campeche, por cuya operación Almazán se llevó 5 millones de pesos. Las parcelas fueron vendidas posteriormente por Terra a la empresa Cartujano Inmobiliaria, donde aparecen como socios Mansur Cisneyros y José Antonio Bandín Ruiz, a quien conoció desde sus tiempos de universitario porque junto a la casa de estudiantes había un local llamado “Pollos Río”, que era de su familia. Bandín.

Todo estaba armado para el monumental desfalco en Veracruz. Incluso los abogados defensores de Duarte. Guillermo Barradas, quien lo ayudó a escapar de Veracruz, tiene su despacho en Prado Norte 135, el mismo edificio donde está Cartujano.


(ZOCALO/ESTRICTAMENTE PERSONAL/ RAYMUNDO RIVA PALACIO/ 02 DE NOVIEMBRE 2016)

CÓMO CAYÓ DUARTE (Y II)

Javier Duarte estaba feliz. Las amarguras después de la elección del 5 de junio habían quedado superadas. Dos meses antes de solicitar licencia como Gobernador de Veracruz, platicó con el presidente Enrique Peña Nieto, quien le dijo que no se preocupara porque todo el escándalo de corrupción era un tema de medios. Fue el mismo diagnóstico que hicieron en Los Pinos cuando la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa, cuando pescaron al director de Conagua, David Korenfeld, usando como taxi el helicóptero de la institución, o como cuando estalló el escándalo de la “casa blanca”: todo es un problema de medios. Gradualmente, Peña Nieto mostró haber aprendido de aquellos errores, pero Duarte no lo vio. Por eso se echaba para delante y afirmaba que nada malo había hecho y que no renunciaría, y tan contundente en privado al afirmar que él no había firmado nada, por lo que nada malo llevaría a él.

La realidad es que el apoyo del Presidente a Duarte en agosto, cambió en septiembre. Funcionarios de la Presidencia y la Secretaría de Gobernación hablaron con varios gobernadores para sensibilizarlos sobre acciones penales que pensaban emprender contra Duarte y otros gobernadores y exgobernadores, como César Duarte de Chihuahua, Roberto Borge de Quintana Roo, y Guillermo Padrés de Sonora, y buscar su apoyo sin generar críticas sobre una cacería de brujas. Así, el 21 de septiembre la PGR anunció que atraería las denuncias interpuestas por el gobernador electo de Veracruz, Miguel Ángel Yunes, en contra de Duarte, quien reaccionó presentándose sin cita para tener una audiencia con el Presidente dos días después.

Duarte fue maltratado ese día en Los Pinos y buscó el apoyo del coordinador del PRI en el Senado, Emilio Gamboa, quien era junto con el diputado Enrique Jackson, su asesor político, pero no llevó a nada. El Presidente le había ordenado a la entonces procuradora Arely Gómez que comenzara a vigilar a Duarte, aunque esa tarea recayó en el CISEN, que emitió una alerta migratoria para evitar que saliera del país. Duarte no estaba al tanto de todo esto, y seguía pensando que el Presidente lo respaldaba. Por eso, cuando el martes 11 de octubre recibió una llamada telefónica de que el Presidente lo esperaba en Los Pinos, “viajó muy contento”, según una persona que lo vio ese día.

Sin embargo, recordó el cercano a Duarte, “cuando llegó a la Ciudad de México supo que no lo vería a él sino a (Miguel Ángel) Osorio Chong”. De acuerdo con personas que platicaron con él sobre lo hablado, el secretario de Gobernación le confió que tenían un amplio expediente de corruptelas de Yunes y que no iba a tomar posesión como gobernador porque lo iban a hacer público. Para ello, Duarte contó a sus cercanos, Osorio Chong le dijo que para que pudieran proceder contra Yunes, tenía que solicitar licencia al día siguiente. Quiso argumentar en contra de ese paso, pero no había marcha atrás. Al día siguiente, le instruyó, daría una entrevista a Carlos Loret en su programa matutino en Televisa, donde anunciaría su decisión.

Duarte salió de las oficinas alternas de Osorio Chong en Polanco y se fue a su departamento, registrado a nombre de su amigo de la universidad y socio en los negocios en Veracruz, Moisés Manzur, en la elegante calle de Campos Elíseos en esa misma zona. A las 6:30 de la mañana del 12 de octubre llegó a Televisa donde comenzó la entrevista con Loret media hora después. Salió rumbo a Toluca, donde tomó un avión para Xalapa y preparar la licencia. “Estaba muy contento”, recuerda una persona que lo vio. “Estaba muy tranquilo y relajado. Dos días después estaba jugando golf en la casa que rentaba en el Club de Golf de Xalapa cuando al mediodía llegaron sus abogados”. El principal, Guillermo Barradas, formado en el despacho de los panistas Fernando Gómez Mont y Julio Esponda, le dijo que su situación judicial era grave y que la PGR gestionaba una orden de aprehensión en su contra.

Duarte decidió desaparecer del ojo público. Se escondió en la cajuela del automóvil de una prima de su esposa, Karime Macías, para escabullirse hasta el aeropuerto de Xalapa. De acuerdo con las investigaciones, voló en el helicóptero de la Fiscalía de Veracruz a Coatzacoalcos el mismo 14 de octubre. Cuatro días después, Yunes denunció que se había escapado en un helicóptero del Gobierno, que negó el Gobernador interino Flavino Ríos. Las autoridades, sin embargo, interrogaron a los pilotos del helicóptero, quienes les confirmaron que habían transportado a Duarte.

“Después de la plática con el Presidente, estaba seguro de que no le iban a hacer nada”, dijo una de las personas que hablaban con él. Inclusive, en vísperas de hablar con Osorio Chong, Duarte estuvo en el rancho El Faunito en Fortín de las Flores junto con su arquitecto, para revisar las cascadas que había pedido construyeran en la instalación. El rancho fue asegurado por la PGR el 22 de octubre, y cuando llegaron junto con la Marina, observaron que nada se había movido. Estaban colgados los cuadros, todo en su lugar sin alteración, incluidas las decenas de botellas en la cava con vinos de 100 mil pesos. Peña Nieto le había volteado la espalda.


(ZOCALO/ESTRICTAMENTE PERSONAL/ RAYMUNDO RIVA PALACIO/ 01 DE NOVIEMBRE 2016)

CÓMO CAYÓ DUARTE (I)

Lo que le sucedió a Javier Duarte es una hecatombe para él, quien aún después de solicitar licencia como gobernador de Veracruz, pensaba que el presidente Enrique Peña Nieto lo protegía. La cronología de los meses de la crisis de Duarte es un caso de estudio impecable de la forma como el presidente Enrique Peña Nieto ha gobernado. Revela su decisión original de respaldar a Duarte, que migró a buscar la entrega pacífica de la Gubernatura a Miguel Ángel Yunes y que chivos expiatorios pagaran por la corrupción, a buscar respaldo en la Conago para las acciones legales contra el Mandatario, para que finalmente, mediante engaños, lo empujaran a solicitar licencia y perseguirlo. En poco más de un año, la ruta crítica de la caída de Duarte, por cuanto a la toma de decisiones, fue esquizofrénica.

Desde otoño del año pasado, el entonces secretario de Hacienda, Luis Videgaray, tenía la información sobre el hoyo financiero en Veracruz. Uno de sus colaboradores lo parafraseaba: “Los estados no quiebran, pero Veracruz es la excepción; está quebrado”. El secretario había expuesto en Los Pinos que había evidencias de que Duarte había desviado recursos públicos. En esa misma línea, el exlíder del PRI, Manlio Fabio Beltrones, pidió al Presidente varias veces que le ofreciera un cargo en el Gobierno para sacarlo de Veracruz. Peña Nieto no escuchó a Videgaray y rechazó las peticiones de Beltrones, quien decía que su permanencia provocaría la derrota del PRI en las elecciones para gobernador el 5 de junio.

Peña Nieto, de acuerdo con la reconstrucción cronológica de la caída de Duarte, rechazó hacerlo, pero al mismo tiempo, no lo recibía. Públicamente, Duarte se mostraba seguro y confiado. Sobrado, inclusive, donde difícilmente permitía que sus interlocutores terminaran sus diagnósticos sobre la pendiente por la cual estaba cayendo. Pero en privado, Duarte estaba congelado por Peña Nieto. Inclusive una vez fue sin cita a Los Pinos y esperó cinco horas en vano que lo recibiera. A la salida fue a ahogar sus penas y empezó a mencionar en público que no podían tratarlo de esa manera después de haber apoyado a su campaña presidencial en 2012 unos 2 mil 500 millones de pesos. El Gobernador pensaba que quien le generaba un mal ambiente en Los Pinos era Videgaray, quien durante los dos últimos años que estuvo al frente de Hacienda, no lo recibió él ni ningún subsecretario para hablar sobre temas presupuestales o recursos.

Duarte, enfrentado con Videgaray, se recargó en el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, quien trabajó con él en contra de la candidatura a gobernador del priista Héctor Yunes. En varias regiones del norte del estado, legisladores priistas leales a Osorio Chong trabajaron por el panista Yunes, mientras que Duarte habló dos veces con el jefe de Morena, Andrés Manuel López Obrador, para ofrecerle todo su apoyo al candidato de su partido en Veracruz, Cuitláhuac García. Morena no ganó la elección para gobernador, pero tuvo un enorme avance en el estado, particularmente en Coatzacoalcos, uno de los refugios de Duarte cuando comenzó su escape tras saber que la PGR lo estaba buscando. Veracruz fue uno de los estados donde la lectura subliminal del proceso fue la confrontación de Osorio Chong con Videgaray y Beltrones.

El escándalo mediático contra Duarte crecía. Dos semanas antes de la elección, una investigación del portal Animal Político con el apoyo de la ONG financiada por el sector privado, Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad, reveló que el Gobierno de Veracruz había desaparecido casi 700 millones de pesos a través de empresas fantasma. Para entonces, Videgaray había ordenado al jefe del SAT, Aristóteles Núñez, una investigación, y armó un expediente donde cuando menos 50 empresas en forma directa, y 230 en forma indirecta, estaban involucradas en la presunta red de corrupción de Duarte. Informado Duarte de esta investigación, presentó ante la Presidencia documentación que, alegaban sus representantes, probaban su inocencia. Duarte pidió además una cita con el Presidente que le negaron. Cuando la volvió a pedir, se la programaron pero la cambiaron. Le dijeron que la volverían a dársela, pero no le confirmaron fecha.

Peña Nieto había hablado con políticos cercanos confiables para él y a Duarte para transmitirle el mensaje que bajara su perfil. El 6 de junio, la mañana después de que el PRI perdió la elección para gobernador en Veracruz, Duarte se desconectó del mundo: apagó su BlackBerry y ya no volvió a contestar mensajes en forma directa. “Sólo me hablan para darme el pésame”, se quejó con cercanos. El Presidente autorizó que Hacienda, el SAT y la PGR trabajaran intensamente para documentar lo que Videgaray había dicho desde un año antes, los desvíos de recursos públicos para enriquecimiento del gobernador y sus socios, a fin de que se revisaran los resultados a finales de junio y tomara una decisión sobre Duarte.

Un mes después de la elección, el nuevo líder del PRI, Enrique Ochoa, comenzó a hablar de la corrupción en su partido como uno de los factores que fueron determinantes en las derrotas, lo que parecía ser el principio del fin del gobernador. Otra vez equivocados. Peña Nieto recibió finalmente al gobernador, y según confió Duarte a sus cercanos, le dijo que no se preocupara porque todo era un problema de medios y que las olas de críticas en la prensa se diluirían y todo acabaría. Duarte regresó feliz a Veracruz.


(ZOCALO/ESTRICTAMENTE PERSONAL/ RAYMUNDO RIVA PALACIO/ 31 DE OCTUBRE  2016)

LA TRAICIÓN A DUARTE

La caída de Javier Duarte es como cuando un barco se está hundiendo. Primero saltan las ratas y después sálvese quien pueda. A Duarte, que soñaba con terminar su gobierno en Veracruz e irse a vivir a su casa, la vida le ha hecho una jugarreta. Las dos personas que lo deslumbraron cuando le enseñaron un mundo de opulencia, y a quienes les delegó el poder para hacer negocios que los beneficiaran, lo han traicionado. Sus socios Jaime Porras y Moisés Manzur decidieron cantar para evadir la cárcel, pero su arrepentimiento forzado no les compra aún la inmunidad. La historia de la debacle de Duarte es producto de deslealtades, pero, sobre todo, de su propia decisión y ambición.

Porras heredó un negocio de distribuidoras de automóviles que su padre tenía en sociedad la familia Chedraui, y es quien abrió el ostión de la corrupción en ese Gobierno, y el que aportó los primeros datos incriminatorios al gobernador electo Miguel Ángel Yunes. A través de los Chedraui tuvieron cuando menos un encuentro, según personas que están reconstruyendo el prólogo de esta debacle, tras la elección. La relación de Yunes con los Chedraui es vieja.

El padre de quienes hoy manejan el imperio económico del sur comenzó a proporcionar todos los alimentos que requería el gobierno de Patricio Chirinos en los 90, cuyo secretario general de Gobierno era Miguel Ángel Yunes. Los convenios firmados en ese Gobierno continuaron durante las administraciones de Miguel Alemán, Fidel Herrera y Duarte, a quien apoyaron durante su campaña para gobernador. Los Chedraui, en paralelo, mantuvieron su relación con Yunes cuando fue director del ISSSTE en el gobierno de Felipe Calderón, mediante un programa de préstamos a los trabajadores de la paraestatal y servicios de outsourcing. La relación de los Chedraui con Duarte, a quien apoyaron en su campaña, se deterioró por la falta de pago del contrato a Yunes. Al ganar, dijeron las fuentes consultadas, le pidieron recibir a Porras, a quien ya tenía en la mira, como consideración por ser su socio.

Porras empezó a contarle sobre las propiedades y puso a Yunes en la pista firme para envolver a Manzur y a sus asociados. Uno de ellos fue Juan José Janeiro Rodríguez, uno de los testaferros en la compra de inmuebles. Según allegados a Manzur, además de aportar mayor información, Janeiro Rodríguez fue quien lo buscó fuera de México, para hablar sobre el creciente conflicto en el que estaban involucrados. Manzur acudió a la cita con Janeiro Rodríguez y cuando entró a donde habían quedado, añadieron, estaba Yunes. Manzur le confió a sus cercanos que Yunes le dijo que sabía todo y le comenzó a preguntar. Esa conversación fue videograbada y terminó siendo difundida en el programa Despierta de Carlos Loret el 17 de octubre. Manzur mencionó a Porras como prestanombres, deslindándose de él, aunque en realidad fueron ellos dos quienes le abrieron la puerta, los ojos y la ambición a Duarte y a su esposa a un mundo de opulencia que desconocían. De acuerdo con los cercanos a Manzur, el hasta entonces incondicional de Duarte comenzó a dar información a Yunes, que se interrumpió, dijeron, cuando se asustó en el momento en que le dijo que le endosara su rancho en Valle de Bravo, Las Mesas, con un valor estimado de 200 millones de pesos, que la prensa señala como propiedad de Duarte. Según los allegados a Manzur, Yunes le dijo que necesitaba esos documentos para poder mostrar a los veracruzanos que estaba comenzando a recuperar lo que Duarte se había robado.

De acuerdo con personas que conocen del caso, el video fue proporcionado al programa Despierta por Yunes con una amplia edición de su contenido, como un acto de control de daños porque se había enterado gracias a que Duarte bufoneó ante sus cercanos que le daría una entrevista a Loret en la cual le entregaría un voluminoso paquete con pruebas de corrupción del gobernador electo, entre lo que se encontraban cheques y facturas del ISSSTE de los tiempos cuando lo dirigió. Este paquete de documentos apoyaría las denuncias previas de Duarte contra Yunes de enriquecimiento inexplicable, que sustentó en medios con la difusión de fotografías de casas en Veracruz.

Previamente, hizo llegar a la cadena hispana de televisión en Estados Unidos Univisión el fragmento de un audio en el que Yunes habla con su hijo sobre la compra de un edificio en Nueva York por 58 millones de dólares, que nunca se concretó.

Duarte ya no pudo entregar esa documentación a Loret, ni se sabe en dónde quedó o quién pudiera tener copias de todo ese expediente. Ni siquiera tuvo la gracia de sus viejos socios para dar ese último golpe. Al contrario, se le revirtió. Quienes se lo dieron fueron quienes son señalados por el entorno de Duarte y las autoridades como los que más lucraron en su gobierno.

Porras y Manzur, quienes más lo encapsularon y más información entregaron para no ir a la cárcel, se encuentran en el extranjero; Duarte, sugirieron personas que saben del caso, está escondido en un rancho en la zona metropolitana de la Ciudad de México, en espera de que llegue su momento de pisar la cárcel.


(ZOCALO/ESTRICTAMENTE PERSONAL/ RAYMUNDO RIVA PALACIO/ 28 DE OCTUBRE  2016)

CÓMO DEFINIR ‘JODER’

Ni Vicente Fox, el presidente más folclórico, coloquial y desparpajado que hemos tenido los mexicanos, llegó jamás a proyectar su frustración, hartazgo y quizás hasta agotamiento político y cansancio físico de una manera tan plástica como Enrique Peña Nieto este martes, en un seminario organizado por Interacciones, El Financiero y Bloomberg. “Un presidente no creo que se levante, ni creo que se haya levantado pensando, y perdón que lo diga, cómo joder a México”.

Para un político mexiquense, formado en la escuela política de mayor ritual y formas que hay en el país, la utilización de la palabra malsonante “joder” es tan insólito –tanto que la mayoría de los periódicos de la Ciudad de México le dieron su titular principal– como extraño. La jerarquización en los medios es correcta desde el punto de vista que habla del carácter de Peña Nieto. La pregunta es si el Presidente entiende las implicaciones de lo que dijo, o qué es lo que quiere que los mexicanos entendamos que dijo.

No es un juego de palabras. “Joder” tiene varios significados en el diccionario de la Real Academia Española, donde dos de sus acepciones se encuentran en el contexto de las improvisadas palabras del Presidente al terminar una sesión de preguntas y respuestas. Dícese de molestar o fastidiar a alguien, o de destrozar, arruinar o echar a perder algo. Uno, entonces, puede pensar que lo que Peña Nieto quiso decir es que ni él, ni nadie de sus antecesores se levanta todas las mañanas pensando de qué manera le fastidia la vida al prójimo o, en el caso particular de un presidente, cómo arruinar el futuro de una sociedad. Una vez más, la palabra en sí misma fue desafortunada. Juega perfectamente en contra de su llamado a la acción, “Mover a México”, que motivó que los memes, esa nueva forma ingeniosa y salvaje de comunicación política, tradujeran rápidamente el logo de su llamado motivacional en “Joder a México”.

“Joder a México” no es de su autoría intelectual. Así se llama un documental elaborado por el canal 6 de Julio, que hace la propaganda de Andrés Manuel López Obrador, que colocó su tráiler en las redes sociales hace 8 meses –el 28 de febrero pasado–, y que no tuvo tanta difusión como este fin de semana, cuando volvió a tener una vida activa en Facebook. Cuál fue el detonador del presidente Peña Nieto para que utilizara tan desacertada palabra sólo él lo sabe. Pero no es por qué lo dijo, sino qué existe en su estructura mental para haber llegado a este punto después de una evolución negativa de la forma como percibe que la opinión pública lo trata. Primero fue una crítica reiterada a los medios de comunicación de que sólo se asoman a lo negativo de su gestión y, como se le escapó alguna vez con el micrófono abierto el año pasado, no lo aplauden. Esa inconformidad se tradujo en una exitosa propaganda con motivo del cuatro informe de Gobierno, sustentada en la frase “lo bueno no se cuenta, pero cuenta mucho”, para narrar las  historias de éxito que soslaya la prensa.

La frustración del Presidente está en que no le reconoce la opinión pública lo que ha hecho. Entre ello, como dijo en el seminario, el que sea el primero en reconocer los aciertos y logros, así como las fallas y sus errores. Quizás en su dislexia política es donde está el origen del desencuentro. ¿Cómo entender que su motivación central no es “joder” a los mexicanos cuando horas después de afirmarlo designó al senador Raúl Cervantes como nuevo procurador general? Cervantes, un gran abogado constitucionalista, no sabe nada de Derecho penal, que no es más grave que nombrar para la procuración y administración de la justicia a quien se ha visto involucrado en demandas de diversos tipos, una de ellas fundamental: de violencia intrafamiliar, aireado públicamente por su exesposa, la empresaria Angélica Fuentes. En esta misma línea de acción también se encuentra el nombramiento de su compadre, Luis Enrique Miranda, como secretario de Desarrollo Social, entre cuyos antecedentes como secretario de Gobierno en el Estado de México figura lograr la gobernabilidad mediante la compra de opositores, como lo hizo con los líderes de la Coordinadora Magisterial durante 3 años en el Gobierno federal, en una rebelión inconclusa todavía en contra de la reforma educativa.

El escándalo de la “casa blanca”, difundido en noviembre de 2014, fue reconocido como un error por el Presidente casi un año y 7 meses después. Niega que fue un error la visita de Donald Trump a México, que produjo una condena nacional y un conflicto con los demócratas en Estados Unidos, y motivó la renuncia del secretario de Hacienda, Luis Videgaray, y que con esas consecuencias, lo volvería a hacer. Hace tiempo se dice incomprendido porque el crimen de los normalistas de Ayotzinapa no se ubica en el plano municipal o estatal, pero no admite que al invitar a los familiares de las víctimas a Los Pinos, y firmar un documento exigido por ellos, llevó el caso al ámbito federal.

Peña Nieto, puede uno argumentar, no se levanta pesando cómo “joder” a México, pero sería bueno saber cómo define esa palabra porque, hasta ahora, la forma como ha tomado decisiones sí ha “jodido” a México y a él mismo, en un suicidio político que seguramente no ha sido su intención cometerlo. “¡Joder!”, como dicen los españoles, ¡explíquenos qué quiere decir, señor Presidente!


(ZOCALO/ESTRICTAMENTE PERSONAL/ RAYMUNDO RIVA PALACIO/ 27 DE OCTUBRE 2016)