sábado, 31 de marzo de 2012

BENEDICTO XVI Y PEÑA NIETO


ENRIQUE CONTRA ENRIQUE


MOTA CONTRA MOTA


¡DEJARON IR AL PRESUNTO HOMICIDA INTELECTUAL!


Dejaron ir al principal sospechoso del homicidio de la occisa María Clarita Hernández Tabanico. 
Porfirio Sarabia P.
La Paz, Baja California Sur.- Voces ciudadanas y abogados litigantes lamentan lo sucedido en la Procuraduría General de Justicia del Estado, con el homicidio de María Clarita Hernández Tabanico, de 37 años de edad, al dejar ir a Gregorio Parra Rivas, de profesión Ingeniero, esposo presunto homicida intelectual.

"Lo tuvieron en sus manos, estuvo frente al Ministerio Público cuando rindió su declaración testimonial y no les ocurrió arraigarlo, porque era lógico la presunción de su participación en el homicidio, era el principal sospechoso del crimen de su esposa", expresaron indignados a este medio abogados litigantes.

"De haberlo arraigado oportunamente la Procuraduría habría realizado el mejor trabajo del año, en materia de delitos de alto impacto como siempre se mencionan pero nunca se ejecutan", subrayaron. 

Los dos detenidos presuntos homicidas materiales de la occisa: Luis Enrique López Gómez y Enrique Francisco Canale Parada, oriundos de Ciudad Obregón, Sonora y ex trabajadores del ahora prófugo Gregorio Parra Rivas, trabajador de la paraestatal Comisión Federal de Electricidad, están confesos que ellos mataron a golpes a María Clarita, por órdenes del patrón de ambos.

A 14 días del homicidio de María Clarita Hernández Tabanico, - el último apellido nos lo aclaró el adolorido Fernando Hernández, padre de la occisa- porque lo manejábamos como Tabano-.

Desde una ciudad Estadounidense se comunicó vía telefónica con nosotros, para agradecer las informaciones y seguimiento que estamos dando el homicidio de su hija, enterándose lo que están haciendo y no las autoridades, para el esclarecimiento del crimen.

Dijo que María Clarita Hernández Tabanico, dejó dos niños huérfanos: Fernando Cortés, de 11 años, hijo de su primer matrimonio y la niña Ana Olga Parra, de 2 años de edad, quien por cierto nació muy pequeñita que apenas cabía en la palma de la mano, pero poco a poco fue creciendo actualmente está sana.

Los niños están con ellos en Estados Unidos porque existe una buena relación con el padre del niño Fernando, quien por cierto fue quien vino a La Paz, B.C.S., a identificar el cuerpo de su ex esposa, trasladando el cuerpo a la ciudad de Mexicali, Baja California, donde le dieron cristiana sepultura el 22 de marzo de 2012.

Fernando Hernández, confía en las autoridades y que pronto habrán de esclarecer el homicidio de su hija, capturando al presunto autor intelectual Gregorio Parra Rivas. 

VIOLÓ A UNA NIÑA EN TIJUANA Y LA COMPARTIÓ CON SUS "COMPAS"


violador

Rafael MORALES MAGAÑA 
TIJUANA.- El “calafiero” Luis Alejandro Silva López violó a una niña de 9 años de edad y todavía se atrevió a obligarla a sostener relaciones sexuales con otros chóferes tan depravados como él.

Por fortuna ya está recluido en la penitenciaría de La Mesa, luego de ser capturado por agentes de la Policía Ministerial del Estado, en acato a la orden obsequiada por el titular del Juzgado Octavo Penal, donde será procesado por violación equiparada agravada.

Según consta en la denuncia que familiares de la menor presentaron en la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE), Silva López, de 37 años y originario del Distrito Federal, perpetró su fechoría desde 2012 y probablemente antes.

Como era chofer de vehículos de transporte público conocidos como “calafias”, obligaba a la niña a intimar con otros choferes.

En las investigaciones ordenadas por el agente del Ministerio Público del fuero común se pudo establecer que la criatura fue forzada a tener estas prácticas en repetidas ocasiones durante 2011.

MÁS AMENAZAS CONTRA SEMANARIO ZETA DE TIJUANA




gLo que está en cuestión para todos los mexicanos (¡no se diga para los que a diario viven pacíficamente!) es terminar de tajo con la violencia sangrienta provocada por todas las delincuencias encabezadas por narcotraficantes y sus sicarios, y que combaten con muy contados saldos a su favor las Fuerzas Armadas y policiacas (en cuya “guerra” fallida, no pocos de sus elementos, soldados, marinos y policías, cometen abusos contra la población civil) para tener cientos de miles de homicidios, secuestros, violaciones a derechos humanos y sexuales, en cuyos hechos participan la barbarie delincuencial y los uniformados. En sus fuegos cruzados quedan atrapados niños y adultos que, con madres angustiadas por los otros tantos miles de feminicidios, demandan el restablecimiento de la paz pública.
Ésta y el cese de la violencia homicida, así como el regreso de los militares a sus cuarteles y funciones de auxilio ante desastres, es lo que los gobernantes deben de resolver, ya que esos problemas no pueden continuar como hechos cotidianos. Por todo el territorio los mexicanos no hallan cómo seguir con sus actividades diarias en el contexto de la crisis económica y las pavorosas necesidades sociales, porque no saben en qué momento los atraparán los encuentros entre militares-policías y matones.
La nación sobrevive angustiada, desesperada y huyendo de sus lugares de origen y domicilio: expatriados en su propia patria. Nos han impuesto un nuevo despotismo “con las fuerzas (de la violencia física, derramamiento de sangre) explotadoras vueltas hacia dentro contra una población sometida. Se mantiene a las masas en estado permanente de subdesarrollo (y una “guerra”, para favorecer esto y aquello)”: Harvey Wheeler, La democracia en una era revolucionaria, editorial Monte Ávila.
En ese estado de cosas, los periodistas también padecen esa violencia mezclada con amenazas, atentados, agresiones, levantones y homicidios. Una vez más el semanario Zeta, editado en la frontera bajacaliforniana, es víctima de esas amenazas cumplidas de funcionarios y delincuentes, las dos caras de la violencia. Los medios de comunicación que no se han plegado a la censura informativa, que demuestra el servilismo de algunos contados diarios, han informado sobre las “amenazas telefónicas provenientes de sujetos que se identificaron como parte de un grupo criminal”.
El texto completo apareció en varios periódicos, en solidaridad con el semanario y el Acuerdo para la Cobertura Informativa de la Violencia (propone criterios editoriales comunes para que la cobertura informativa de la violencia que genera la delincuencia organizada no sirva para propagar terror entre la población y establecer mecanismos para la protección de los periodistas y de la identidad de las víctimas de esta violencia).
“El equipo del semanario Zeta ha sido objeto de diversos ataques y amenazas a lo largo de sus más de 30 años de trayectoria, que han llegado incluso, a cobrar la vida de tres de sus colaboradores. A ello se suma el atentado sufrido por su fundador. Estos hechos lamentables han estado marcados y promovidos por la impunidad: el Estado debe poner fin a este perverso ciclo” (Reforma, 6 de marzo de 2012).
En los últimos casi 12 años que los militantes del Partido Acción Nacional como funcionarios federales (en los municipios y su configuración como estados) tienen la obligación de hacer prevalecer la legalidad, para no privar de la vida y libertad a todos los mexicanos. Sesenta y siete trabajadores de la información han sido víctimas de homicidios y otros más secuestrados, para que no ejerzan sus derechos a manifestar en el periodismo impreso, la radio y audiovisualmente, información a la opinión pública.
El presidencialismo fallido de Felipe Calderón ha descuidado la máxima seguridad para los mexicanos y, al dirigir torpemente la “estrategia” militar y policiaca para enfrentar a la delincuencia, ha contribuido al aumento de la criminalidad. Lo que aprovechan funcionarios y delincuentes para atacar a la prensa, como el caso de Zeta, cuyos reporteros, columnistas, editores y directora han amenazado y, en cualquier momento cumplirán. La respuesta del semario es que “ante la impunidad nos queda la publicación, el ejercicio de nuestra libertad de expresión y el derecho a estar (y dar) información, que es lo que nos sostiene”.
El periodismo crítico, veraz y contrastado de Zeta no ha perdido esa brújula desde Jesús Blancornelas, director y fundador, víctima de varias agresiones políticas, inquisiciones administrativas, judiciales y atentados. Tres más de sus reporteros han caído por homicidios y sus autores intelectuales gozan de impunidad. Así que las advertencias telefónicas por parte de quienes se identificaron como “un grupo criminal” (lo sean o aparenten serlo), pone en grave riesgo a los periodistas del semanario que sí están informando sobre los hechos de la violencia generalizada por todo el país, sobre la pavorosa corrupción que priva en todas las instituciones administrativas y judiciales y la impunidad.
*Periodista

JOVENCITAS, ANZUELO DEL NARCO EN MONTERREY

Dewy Vianey Rojas, alias “la China”, de 24. Foto: Juan Alberto Cedillo

/ Reportaje Especial

MONTERREY, N.L., (apro).- “El Colitas”, quien recién había cumplido 18 años de edad, fue el primero en irrumpir en el Casino Royale gritando: 

“Ya se los cargó la verga”, acto seguido accionó su arma de grueso calibre provocando pánico entre los más de 200 parroquianos que se encontraban en la casa de apuestas.

Un par de horas antes, Jesús Rafael Torres Bautista, alias “el Colitas”, fue citado en un concurrido restaurante especializado en cabrito, el platillo típico de Monterrey, por sus jefes: José Alberto Loera Rodríguez, “El Voltaje”, Francisco Medina Mejía, “El Quemado” y Baltazar Saucedo Estrada, “El Mataperros”, los líderes “Zetas” en la zona metropolitana.

Después de comer y recibir órdenes, “El Colitas” salió del restaurante “El Gran Pastor” con al menos una docena de colegas para dirigirse en tres vehículos a comprar alrededor de 200 litros de gasolina, que verterían en la entrada del Casino Royale.

Los dueños del casino se negaban a pagar una cuota de 150 mil dólares para que los “Zetas” los dejaran trabajar.

Después del atentado, Rafael Torres Bautista regresó a su centro de operaciones: los barrios marginados del norte de la zona metropolitana donde destaca la CROC, una colonia controlada por pandillas.

En esa zona, “El Colitas” era líder de una célula de los Zetas integrada por Josué Mejía Garza alias “El Flaco” o “El Negro”, de 24 años, y los menores de edad Jesús, “Chuy Pestañas” de 16 años; Itsama,“Chama”, de 16; Yesenia, de 17, y Yaresi,“Ale”, de 15.

Las pesquisas de la Procuraduría General de Justicia de Nuevo León arrojaron que Torres Bautista y su banda de menores estaría implicada directamente en diez homicidios y por lo menos en otros 50 actos delictivos, entre secuestros, asaltos y robos con violencia. Además de ser corresponsable de la muerte de las 52 víctimas inocentes del Casino Royale.

“El Colitas” y las mujeres adolescentes fueron reclutados entre las 20 pandillas que controlan la delincuencia organizada en Monterrey, nuevos miembros que han fortalecido la estructura de los Zetas en toda la República.


La estrategia de “Los Maras”
Los jóvenes y adolescentes se han convertido en la nueva carne de cañón para el grupo, ya que los usan como sicarios, halcones y vendedores de droga al menudeo.

El “Estudio Longitudinal de Pandillas en Monterrey”, realizado por investigadores de la Universidad Autónoma de Nuevo León, señala que durante los últimos cuatro años las bandas juveniles aumentaron 20 por ciento, para sumar alrededor de 2000 integradas por más de 30 mil pandilleros.

La Secretaría de Seguridad Pública de Nuevo León detectó alrededor de veinte de esas pandillas de donde los “Zetas” y el cártel del Golfo reclutan a sus nuevos miembros.

La manera de cooptarlos la contó a Proceso un expandillero que habló bajo la condición del anonimato: “Los Zetas están usando el mismo método que Los Maras para reclutar”.

El sistema es muy sencillo: consiste en provocar conflictos y riñas entre las pandillas para que los jóvenes finalmente se hagan miembros y se protejan con el grupo más fuerte, en este caso, “Los Zetas”.

Tienen como prioridad reclutar mujeres para atraer a más jóvenes. Como ejemplo destaca el caso de Rogelio Chacha Quintero, alias “El Yeyo”, excapo del municipio de Guadalupe, quien recién se fugó del penal de Apodaca.

“El Yeyo” fue detenido la mañana del 13 de diciembre del 2011 tras un operativo de fuerzas especiales del Ejército que logró burlar el cerco de diez policías que lo protegían.


El operativo ocurrió en una bodega ubicada sobre la calle México entre Tamaulipas y Yucatán de la Colonia Orizaba del municipio de Guadalupe, que forma parte de la zona metropolitana de Monterrey.

En esa bodega se encontraban 23 autos, algunos de lujo, que habían sido robados. El Ejército capturó a cuatro hombres y tres jovencitas, fueron sorprendidos cuando se encontraban durmiendo. Se les decomisaron dos paquetes de droga, cuatro armas entre largas y cortas, 15 aparatos celulares y cientos de cartuchos de distintos calibres.


El militar que encabezó el operativo confirmó que Rogelio Chacha Quintero usaba a “las tres mujeres para reclutar a hombres para el 
grupo de la delincuencia organizada al que pertenecían”.


Las mujeres de “Los Zetas” además están levantando la estafeta que dejan los capos caídos en la “narco guerra” contra el cartel rival y contra los efectivos del Ejército y la Marina.

En los últimos meses han sido capturadas una gran cantidad de adolescentes pertenecientes a ese grupo, que no han sido presentadas por ser menores de edad.

En lo que va de 2012 también han ocurrido al menos una docena de asesinatos de mujeres jóvenes, presuntamente “ejecutadas” por sicarios del grupo rival.

El cártel de Golfo no se queda atrás y también tiene entre sus filas a una gran cantidad de mujeres jóvenes. El ejemplo más reciente ocurrió el pasado 2 de febrero. Ese día fue capturada una banda de secuestradores que operaba en municipios rurales del sur del estado. Estaba integrada por: Alan Josué González, de 24 años, Jorge Eduardo González, de 18 y Dewy Vianey Rojas, alias “la China”, de 24.


Después de su captura estuvieron arraigados varios días. En la madrugada del 21 de febrero fueron enviados al penal del Topo Chico, prisión controlada por los Zetas.

Dewy Vianey y sus compañeros aún no tenían celda designada. Los hombres se encontraban en el área de observatorio, mientras que la mujer estaba en la enfermería. Hasta esos lugares llegaron dos reos: Eduardo Sánchez Contreras de 21 años y Jesús Sandoval Gómez de 32, quienes asesinaron a “la China” y sus colegas del cártel del Golfo con armas punzo cortantes.