martes, 13 de agosto de 2024

MALAYERBA: QUIERO DESCANSAR


El jale había sido bueno. Buenos los dividendos. Ameritaba un pachangón. Y eso hizo, pero no terminó ese día ni el otro.

Ahí en la colonia era apreciado. Todos sabían que era narco. Todos lo querían: era una persona apacible, chaparro, moreno claro, citadino, sin estridencias ni escándalos en la cuadra.

Saludador y empalagoso. Pero no se metía con nadie. Al contrario, ayudaba a los de enseguida igual que a los de enfrente. Los niños coincidían con él en la calle y era para que empezaran juntos a patear la pelota o jugar béis.

Pero incluso era igual en sus pedas. No había en su conducta o de su gente actos de prepotencia o agandalle. Tampoco amenazas. Era uno más en el barrio, con la diferencia de que tenía mucha lana. Y poder.

En sus pachangonas no pasaba nada. Excepto que se emborrachaba, llegaba la banda y no se sabía a qué hora iba a terminar. La música podía continuar y los vecinos unirse al festejo. No pasaba de ahí.

Esa vez empezó temprano. Mandó comprar comida. Pidió como siempre la banda. Carpas, sillas, mesas y mucha cerveza. Esto tenemos que festejarlo. Y es que todo le había salido bien: mucho dinero, ninguna baja y todos contentos.

El primer día fue explosivamente reventado. Nada tenía fin y el rastro de la cerveza y la comida era una madeja interminable.

El segundo día fue de cansancio. La banda se fue porque sus integrantes ya no podían soplar. Y como si fuera una carrera de relevos le entregó el turno a otra para las próximas 36 horas.

Y el tercero fue de hartazgo. La comida, exquisita y en cantidades industriales, parecía un castigo divino. Los tomadores empezaron a menguar su carrera desenfrenada. Y los meseros habían desertado felices y extasiados, con paga y propina.

Solo quedaban el festejado y dos o tres de sus integrantes de su séquito. Seguían ahí, a media calle, bajo la carpa del centro y entre las sillas y mesas vacías. Solos ellos y la banda.

Los vecinos ya no podían. No habían dormido en dos días y ya iban por el tercero. Salían en las mañanas con las ojeras sombreándolo todo. Malhumorados, rumbo al trabajo, la escuela.

Entre ellos estaba el albañil. Dos noches irreconciliables con Morfeo y con el pípila de ese arduo trabajo encima de su nuca, encorvándole la existencia. Ya no puedo. No duermo ni me rinde en la chamba. Le confesó a su mujer, desesperado.

Este cabrón es muy buena onda. Pero ya va a cumplir tres días con su fiesta y nosotros en este infierno. Es buena onda y todo, sí. Pero ya estuvo bueno. Esa noche, la tercera, se acercó al vecino zigzagueando entre las mesas.

Estaba echado en esa silla, junto a uno de sus acompañantes. Traía una mirada torva y los ojos puestos en otro lugar. Una mueca que parecía sonrisa. Y una fiesta de doscientos cartones y quién sabe cuánto por la nariz y las venas.

Vecino ya estuvo bueno. Tengo dos noches sin descansar y no quiero que llegue la tercera. Por qué no le para y nos deja descansar. Digo, de favor. En buena onda.

El festejado lo vio como quien mira a un espectro y no le hace caso. Arrugó la cara. Quiero descansar, amigo. Écheme la mano: quiero descansar.

¿Quieres descansar?, le dijo, con voz espesa y la mirada enferma. Pues descansa: sacó la pistola y le jaló dos veces. Cuando vio la sangre y al albañil tirado se le quitó la peda. Le pidió perdón a la viuda y le dejó mucho dinero.

El vecino se fue de ahí para no volver. Con el dinero la vecina pagó la casa. Y también el funeral de su marido.

Artículo publicado el 23 de junio de 2024 en la edición 1117 del semanario Ríodoce.

MALAYERBA: PALACETE

 

Era un lote baldío ese que compraron. Colonia Universitarios. Basurero y meadero colectivo. Las máquinas revolvedoras, el ejército de albañiles, carpinteros, plomeros, herreros y electricistas, hicieron equipo.

Todos hicieron lo suyo para parir en unas cuantas semanas un palacete: tres pisos, cochera para cinco carros, terraza en el segundo piso y un área de servicio en la azotea, con un jardín a pocos metros del cielo.

Los de los muebles esperaron su turno. Se fueron unos y llegaron otros. Los detalles finos se abrieron paso a punta de brillos, tallados finos, maderas preciosas y colores exquisitos, pero igualmente escandalosos.

El dinero les saltaba desde las bolsas de los pantalones y los bolsos femeninos. Camionetas del año y automóviles confortables entraban y salían. La tambora no faltaba en los festejos y los movimientos en la casa eran cada vez más intensos.

Un niño de menos de diez. Una niña más chica. La joven esposa y madre, que se colgaba de todo lo que encandilara. Y un padre tan gritón como simpático. Eran los habitantes de la nueva mansión en el barrio.

Pero las abultadas cuentas bancarias, los dólares en los bolsillos y tanto lujo en tan poco tiempo y espacio, tienen su precio: su éxito espumoso dejaba a otros a la vera del camino y fuera del negocio.

Rencillas y envidias aparecieron en su vida. Pugnas por el control. Cobros de servicios, comisiones por privilegios, mermas y lastres que lo perseguían. Todo eso lo alcanzó. Se le echó encima. También sus enemigos.

Allá por Costa Rica le llegaron. Iba con su hijo, el menor de diez. Le atravesaron el cristal delantero de la lobo. Los vidrios tapizaron el asiento y tablero.

Quedó ahí, bajo el volante. Los orificios se habían multiplicado sobre la cartera de la puerta del conductor. La sangre brotaba de un cuerpo ya sin vida. Y el niño se quedó ahí, mudo, observando la muerte con el rostro de su padre.

Los sicarios se acercaron sin bajar sus armas. Confirmaron que habían concluido satisfactoriamente el encargo. Vieron al niño pero lo ignoraron. Y se fueron.

Entonces abrió las compuertas de su llanto. Gritó como un animal salvaje: pataleó, manoteó, balbuceó sin decir nada. Guardó un silencio de mausoleo y brincó al volante. Le habían soltado varias veces la camioneta y se dispuso a manejarla.

Con una frialdad que espanta movió la palanca. Agarró carretera. Viró hacia Culiacán. Siguió ese camino recto que ya conocía. No miró a los lados. No dejó de llorar. Ni se detuvo.

Como una carroza agujerada por las balas en una película macabra llegó al crucero de la salida a Navolato. Cruzó la mitad de la ciudad. Libramiento, luego malecón viejo. Xicoténcatl y Calzada de las Américas. Hasta su casa.

Ahí recuperó el llanto y el habla. Le gritó a su padre. Llegaron familiares y la policía. Hicieron preguntas que nunca contestó. Ese fue el último día que los vieron ahí.

La casa fue abandonada. La desmanteló el tiempo y los vándalos: la cochera para cinco carros perdió su portón eléctrico, el grafiti pobló la fachada y el jardín cercano al cielo se marchitó.

El palacete fue perdiendo estilo y lujo. Y se convirtió en todo un baldío, un mingitorio comunal, un rincón oscuro y decadente: un edificio en venta por cuyos intersticios asomaba el monte que el concreto había extinguido.

Artículo publicado el 16 de junio de 2024 en la edición 1116 del semanario Ríodoce.

MALAYERBA: IMPUNTUAL

 


No la dejaba salir a menos que fuera con mujeres conocidas o parientes. No podía platicar con hombres ni verlos ni saludarlos de lejos. Las llamadas telefónicas también eran sometidas a riguroso control: las que entraban y salían eran revisadas por él, teléfono en mano.

El hombre no solo era celoso. También sicario. Y estaba enamorado. Miraba a su mujer con amor y también como un tesoro preciado que nadie debía tocar ni abrir ni mirar ni escudriñar. Luego de muchos ruegos, lo único que aceptó fue que ella entrara a trabajar en una cadena de farmacias. Le dijo que además quería que fuera en esa sucursal. En ninguna más.

Solo había un problema. La joven, de buena estatura y silueta infartante, pocas veces llegaba a tiempo a su trabajo. El encargado la regañaba pero a ella no parecía preocuparle: una mueca, un bah, un pujido, un ademán despectivo. Se ponía la bata blanca y se abrochaba el gafete, recargada en el mostrador, en espera del cliente y dueña de la situación.

El encargado de la farmacia se cansó de aguantarla y la reportó. Entre él y otro encargado maniobraron para que la cambiaran de sucursal. Cuando el trámite administrativo estaba casi listo, la maroma se les cayó. El hombre tuvo que seguir soportando sus retrasos y desdenes.

Hasta esa vez que llegó un supervisor. Entró a las siete. Puntual. Vio al personal: solo dos de los tres que debían estar en ese turno. Habló al encargado y este le explicó que era una empleada problemática e impuntual, que ya había intentado cambiarla. Córrela, le dijo. Que vaya a las oficinas por la liquidación y la den de baja.

La mujer fue informada y en ese momento le llamó al esposo. El hombre, que regularmente la llevaba e iba por ella al trabajo y cuando no podía hacerlo enviaba a un pistolero de confianza para que la llevara a su casa, se encabronó cuando supo: de por sí era común que le salieran un denso manto de humo y pólvora de sus dedos y de esa mirada torva, aunque no tuviera armas en mano.

Ahorita lo arreglo, le anunció. Acudió con ella a las oficinas y preguntó por el supervisor. No quería recibirlo pero le pateó la puerta y le mostró el cañón de la treinta y ocho. Corrió el carro de la pistola y le apuntó. Te voy a matar si no le das el trabajo. Bueno, bueno. Sí, sí, sí. Hizo llamadas, vio papeles: trastabilló con sus extremidades, la lengua, respiración, la voz. Pero la vamos a poner en otra sucursal, anunció.

Cómo la ves, mi vida. Preguntó a ella, todavía con la pistola en la mano y el brazo en posición escuadra. Pujó, hizo muecas, pucheros, enchuecó la boca y lanzó un no como piedra. Es que a mí me gusta esa sucursal, la que está cerca de la casa. Y hasta ahí la llevó. De nuevo media hora tarde.

Artículo publicado el 09 de junio de 2024 en la edición 1115 del semanario Ríodoce.

REVELA GOBERNADOR QUE COMANDANTE DE LA POLICÍA ERA ESCOLTA DEL "MAYO" DESDE LA ÉPOCA DE "cHUY" TOÑO

 

Revela Gobernador que comandante de la policía era escolta del ‘Mayo’ desde la época de ‘Chuy’ Toño



El comandante de la Policía Investigadora del Estado, José Rosario Heras López era escolta el Mayo Zambada desde la época de Chuy Toño, informó el gobernador Rubén Rocha Moya.

El agente de la PIE estaba en la reunión del Mayo Zambada y Joaquín Guzmán López él 25 de julio y desde entonces está desaparecido.

Rocha Moya comentó que el policía fue asignado a la sindicatura de El Salado por Jesús Antonio Aguilar Íñiguez

Detalló que cuando Chuy Toño lo puso en esa sindicatura se hizo escolta del Mayo Zambada y hasta la fecha siguió siéndolo.

Mencionó que ese es un tema que compete a la Fiscalía General del Estado que es de quien depende la Policía Investigadora.

La FGE, manifestó, tiene que tomar medidas al respecto.

EU Y EL "MAYO" ATRAPAN AL PRESIDENTE AMLO

 

EU y el ‘Mayo’ atrapan al presidente AMLO





Pocas veces se vio tan destanteado. Ante los cuestionamientos sobre la detención de Ismael Zambada García y de Joaquín Guzmán López, el presidente AMLO respondió siempre con evasivas, datos falsos, mentiras y salidas absurdas como “vamos a esperar información oficial (de los gringos) para saber qué pasó, a los amigos hay que tenerles paciencia”… como si el gobierno mexicano no hiciera trabajo de inteligencia.

Fue falsa la primera versión de que el avión que llevó a los capos a Texas salió de Hermosillo, se confundieron de avión, de matrícula y hasta de piloto, y tuvieron que pasar dos semanas para que esa información oficial llegara en forma de carta que firma el embajador de Estados Unidos en México, Ken Salazar, donde afirma que Joaquín Guzmán López se entregó a las autoridades estadounidenses y el Mayo Zambada fue llevado contra su voluntad.

Y trata de salvar, para eso está, la relación con México: “Quiero que lo entiendan muy claramente, no hubo recursos de los Estados Unidos en esa operación, no fue un avión de los Estados Unidos, no fue un piloto de los Estados Unidos, no fueron nuestros agentes o nuestra gente en México”, señaló.

Horas después, vaya casualidad, viene la carta filtrada por uno de los abogados del Mayo, Frank Pérez, donde Zambada afirma que ese 25 de julio a las 11 de la mañana, se reuniría con el gobernador Rubén Rocha, pero a esa hora este iba volando a Los Ángeles, California, para reunirse con su hermana y su sobrino. También dice que fue convocado por Joaquín, hijo del Chapo, para mediar en un conflicto entre Rocha y Héctor Melesio Cuen y que, al llegar al lugar, Huertos del Pedregal, fue secuestrado y Cuen asesinado.

¿Nos tragamos esa sopa? Pues cada quién. Vi uno de los videos que se grabaron en la gasolinera donde supuestamente —supone la Fiscalía— trataron que robarles la camioneta a Cuen y a Fausto Corrales, pero queda la impresión de que no fue balaceado allí, no se aprecian forcejeos, la acción dura entre tres o cuatro segundos y no hay destellos de arma de fuego adentro de la camioneta. Esto tendería a coincidir con la versión del Mayo, de que Cuen Ojeda fue asesinado en el lugar de la supuesta reunión. ¿Pero de cuatro balazos en las piernas? ¿Y entonces cómo llegó a la Ford Lobo Raptor? ¿qué pasó entonces con el cuerpo de Cuen desde casi las once de la mañana hasta las diez de la noche? ¿qué papel ha jugado y está jugando Fausto Corrales en esta historia?

Si siguiéramos la línea de la entrega voluntaria del Mayo entenderíamos las coincidencias entre la versión oficial del gobierno norteamericano y la versión del capo que se ventila horas después. El Mayo tuvo siempre una relación de alto nivel con los gringos, no solo con las agencias, sobre todo la DEA, sino con altos funcionarios del gobierno de aquel país. ¿Por qué entonces no se pondría de acuerdo para salvar un conflicto entre ambos países y salvarse así de una pena que lo recluya de por vida en una cárcel, aislado, en lugar de estar en una casa de seguridad recibiendo visitas de sus hijos y sus nietos en el ocaso de su vida?

Una entrega voluntaria significa cooperación de ambos lados, ganar ganar. Y si el Mayo coopera con lo que le requiere el gobierno gringo tendrá beneficios. ¿Dónde estuvo Vicente Zambada Niebla antes de ser detenido en la Ciudad de México? En el hotel Sheraton, ubicado a un lado de la embajada norteamericana. ¿Con quién se reunió? Con dos agentes de la DEA. ¿Quién lo envió a esa reunión? Su padre.

Otro fragmento de la carta refrenda el interés que tiene Zambada de quedar bien con el gobierno norteamericano porque, en otras palabras, repite lo que dijo Ken Salazar: “Durante toda esta terrible experiencia, fui sometido a abuso físico… Luego me llevaron a una pista de aterrizaje a unos 20 o 25 minutos de distancia, donde me obligaron a subir a un avión privado. Joaquín me quitó la capucha y me ató con bridas al asiento. No había nadie más a bordo del avión excepto Joaquín, el piloto y yo”.
“No había nadie más a bordo del avión excepto Joaquín, el piloto y yo.”

Bola y cadena
LA OTRA ARISTA TAMIÉN ES CUESTIONABLE, la de que Rocha estaría en una reunión con él y con los Chapitos para tratar el asunto de la UAS. Cuen, hasta donde se dice en sus propios círculos en que se movía, presionó una y otra vez al gobernador para que se sentaran con el Mayo Zambada para encontrar una salida negociada al conflicto que tenían desde hace dos años, la UAS, pero también los juicios contra funcionarios, contra él y contra su hijo Héctor. Era amigo del Mayo, ya lo hemos dicho y lo dice el Mayo en su carta; y Cuen se quejaba de que Rocha no aceptaba la intermediación del Mayo y que le decía que las cosas podían arreglarse entre ellos, pero que en primer lugar sacara las manos de la UAS… y así se fueron meses y meses, en algunas reuniones de “acercamiento”, en las que participaba también Enrique Inzunza, pero que terminaban siempre abruptamente, incluso, con la presencia de su hijo Cuen Díaz.

Sentido contrario
SIGO CREYENDO EN LA ENTREGA voluntaria del Mayo Zambada. Él no hubiera ido a una reunión bajo las condiciones de los Chapitos, en el terreno de los Chapitos, porque se tenían desconfianza mutua. Y menos por algo que le interesaba a Cuen, no a él. Refuerza mi creencia el hecho de que el Señor del sombrero visitó a algunos de sus familiares días antes de subir al avión que lo llevó a los Estados Unidos. Nunca lo hacía por seguridad de él y de sus familiares, ¿por qué ahora sí? No les dijo que se iba para siempre, pero la pura cortesía pudo oler a despedida.

Humo negro
UNA DE LAS RAZONES DE LA FALTA DE CLARIDAD sobre estos temas es que tanto el gobierno norteamericano, como el nuestro han ocultado la información porque así les conviene. El gringo porque nunca aceptará que llevó a cabo una operación clandestina en México para llevarse a dos importantes capos; el gobierno mexicano porque no va aceptar que lo humillaron; ellos tienen el control de los aeropuertos minuto a minuto, del espacio aéreo también. Decir que van a esperar a que el gobierno norteamericano les informe qué pasó, es simplemente vergonzoso.

Artículo publicado el 11 de agosto de 2024 en la edición 1124 del semanario Ríodoce.

"CHUYTOÑO", PROTECOR DEL "MAYO"


JESÚS ANTONIO AGUILAR ÍÑIGUEZ.

El secreto a voces que se propagó en el juicio del ‘Chapo’

Jesús Antonio Aguilar Íñiguez, ex director de la Policía Ministerial del Estado (PME) con los ex gobernadores de Sinaloa Juan Millán Lizárraga y Mario López Valdez, brindó protección y sirvió de informante a Ismael el Mayo Zambada, de acuerdo al testimonio de Vicente Zambada Niebla, el Vicentillo.

Lea: ¿A dónde va el juicio del Chapo? https://bit.ly/2FdDW1T

El hijo del Mayo testificó en el juicio contra el Chapo Guzmán esta semana y confirmó los nexos con el crimen organizado y específicamente con su padre, que tenía el jefe policíaco hoy jubilado, conocido como Chuytoño.

Chuytoño, como le decían de cariño, dijo el Vicentillo, era muy amigo de su padre y lo proveía de información y protección sobre decomisos y búsquedas que tuvieran otras corporaciones policíacas en su contra.

“Comandaba comandantes a petición del Mayo, y el Mayo le pidió sobre todo que en El Salado, Costa Rica, Eldorado (sindicaturas de Culiacán) y Cruz de Elota le pusiera comandantes y policías amigos, para que le dieran protección”.

En el breve testimonio sobre Chuytoño, el Vicentillo no precisó las fechas en que este presuntamente le brindó protección e información a su papá, por lo que pudo haber sido entre 2000 y 2004 cuando fue director de la Policía Ministerial con Juan Millán o durante el gobierno de Malova, con quien repitió en el cargo de 2011 a 2016, hasta su jubilación.

Ríodoce publicó el 5 de julio de 2004 un reportaje que expuso la entonces riqueza inexplicable de Aguilar Íñiguez —titulado “Las casitas de Chuytoño“—, quien había adquirido residencias en Mazatlán y Escuinapa, así como varios camiones de pasajeros.

En el puerto mazatleco compró una casa de lujo en el Cid, una casa de campo (también de lujo) en Isla Paraíso, una privada paradisíaca cerca de Teacapán con vista a la playa. Las dos casas fueron adquiridas en menos de dos meses (entre julio y agosto de 2002) y los autobuses también por esos días. Y todo aparecía a nombre de su esposa, Dolores Ramona González. El entonces gobernador Juan Millán no inició ninguna investigación en su contra y lo mantuvo en el cargo.

Dos meses después, el 11 de septiembre de 2004, fue asesinado el hermano menor del Señor de los Cielos, Rodolfo Carrillo Fuentes y su esposa Giovana Quevedo, en el estacionamiento del Cinépolis en Culiacán, donde salió herido su jefe de escoltas, quien resultó ser el comandante Pedro Pérez López, jefe de Investigaciones de la Ministerial, quien gozaba en ese momento de un permiso con goce de salario.

Lea: El ‘Vicentillo’ implica a ‘Chuytoño’, a ‘Malova’ y a Millán https://bit.ly/2Cc2FQu

Junto a él fue detenido otro ministerial, señalado de alterar la escena del crimen, dicho asesinato de acuerdo al Vicentillo fue ordenado por el Chapo Guzmán. Pedro Pérez saldría libre años más tarde.

El 16 de septiembre de 2004, Aguilar Íñiguez y Martiniano Vizcarra renunciaron a sus cargos de director y subdirector de la PME, “para no entorpecer las investigaciones de la Procuraduría General de la República”.

Chuytoño y otros comandantes ministeriales desaparecieron poco después; posteriormente la PGR publicó una lista de presuntos delincuentes por los que ofrecía 5 millones de pesos para quien proporcionara información para su captura, entre ellos estaba Chuytoño, su esposa, Martiniano Vizcarra, Carlos Núñez y Ovidio Plata.

Aguilar Íñiguez obtuvo amparos para evitar ser detenido y posteriormente fue exonerado de los delitos de lavado de dinero y delincuencia organizada.

Esa no fue la única ocasión que se denunciaron nexos de Chuytoño con cárteles del narcotráfico. En octubre de 2001, luego de la captura de José Nilo Rojo Rosales, el Bivio, en Mazatlán, presunto miembro del Cártel de Tijuana, se publicó un desplegado en el que lo acusaban de proteger a Ismael Zambada, ubicado por la PGR como uno de los líderes del Cártel de Sinaloa.

Cuatro años más tarde, en junio de 2004 su hermano Tamar Salatiel Aguilar Íñiguez fue detenido junto con siete personas más, entre ellos Antonio Fraustro Ocampo, supuesto operador del Cártel de Sinaloa en el sur del estado. Entonces Aguilar Íñiguez se deslindó de las actividades de su hermano.

Pese a sus antecedentes, Malova lo llamó para dirigir nuevamente la Policía Ministerial en 2011. Al ser cuestionado por los medios sobre los antecedentes de Aguilar Íñiguez, López Valdez respondió que con “blancas palomas” no se combate al crimen.

Lea: Tiempo de volar: ‘Chuytoño’, la ‘paloma negra’ del malovismo https://bit.ly/2GUYu10

Chuytoño no logró aprobar los exámenes de control y confianza para ocupar el cargo, pero siempre contó con el respaldo del gobernador Malova.

Actualmente el ex jefe policiaco que en 2016 cumplió 27 años de servicio, se encuentra jubilado y recibe una pensión mensual de 49 mil 786 pesos.

 

Ejército y PFP pelearon la guerra del ‘Mayo’ y el ‘Chapo’

Vicente Zambada Niebla también reveló en el juicio contra el Chapo Guzmán, que en Sinaloa, militares y elementos de la Policía Federal Preventiva (PFP), operaron en contra de los cárteles rivales del Mayo y el Chapo.

Declaró que cuando se enteraron que los Carrillo Fuentes, Beltrán Leyva y Los Zetas se aliaron para derrotar al Cártel de Sinaloa, y comenzaron a rentar casas y contratar sicarios en Culiacán para iniciar la guerra, informaban a los militares y a los agentes de la PFP para que los detuvieran.

En Culiacán, relató que en 2008 se desató una guerra. Y se registraron emboscadas a militares y a agentes de la PFP, que trabajaban para ellos.

El Vicentillo recordó que él mismo tuvo que salir de Culiacán, porque uno de los militares que trabajaba con ellos y que había detenido a uno del bando rival, le dijo que tenían órdenes de secuestrar a su esposa y de mandarle la cabeza a él. Por lo que huyó a Mazatlán, y desde allá siguió controlando la plaza.

Mencionó que otros altos mandos que recibieron sobornos de su padre fueron Humberto Eduardo Antimo Miranda, oficial mayor de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) en el sexenio de Felipe Calderón, y el escolta personal del ex presidente Vicente Fox, coronel Marco Antonio de León Adams.

Artículo publicado el 6 de enero de 2019 en la edición 832 del semanario Ríodoce.

EL AGENTE ESCOLTA DEL "MAYO" ZAMBADA

Uno de los escoltas de Ismael el Mayo Zambada desaparecido desde el día de la detención del líder del Cártel de Sinaloa, es un agente activo de la Policía de Investigación del Estado de la Fiscalía General del Estado.

De acuerdo con información obtenida de las filas de la corporación, se trata de José Rosario Heras López, de 44 años, conocido como comandante Chayo o Chayo Bules.

En el pasado la corporación ha sido señalada de dar protección a narcotraficantes, incluso han detenido agentes que estaban en activo y al mismo tiempo servían a los cárteles.

La familia del comandante Chayo presentó denuncia en la FGE debido a que está desaparecido desde el pasado 25 de julio, el día que detuvieron al Mayo Zambada y a Joaquín Guzmán López.

En la edición del domingo 4 de agosto, Ríodoce publicó que personas allegadas al Mayo dijeron que cuatro escoltas del capo que lo acompañaron a la reunión estaban desaparecidos e identificaron a tres de ellos con los apodos de Chayo, Peña y Chaidez.

Fuentes ministeriales confirmaron que Chayo es el comandante Chayo y que estaba activo en la policía investigadora.

Los agentes consultados mencionaron que al comandante Chayo rara vez se le veía en la corporación y no se sabía a qué unidad estaba adscrito.

Los policías comentaron que en la corporación se supo que estaba desaparecido después de que su familia presentó la denuncia.

Señalaron que era una especie de agente “fantasma” porque ocasionalmente se presentaba y no sabían cuál era su área.

El reporte de la desaparición fue ingresado al Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas, aunque no muestra fotografía ni señas particulares.

La Fiscal General del Estado, Sara Bruna Quiñónez Estrada, confirmó que Rosario Heras es agente de la PIE y está desaparecido, y aseguró que en la investigación por la desaparición no tienen ninguna línea de investigación que lo relacione con el Mayo Zambada.

Quiñonez Estrada dijo que el comandante sí trabajaba en la corporación normalmente, mientras que los policías aseguraron que no.

—¿El comandante Rosario Heras está desaparecido?

—Sí, tenemos una denuncia de desaparición, sí, una hermana de él, ella dijo ser hermana de él, y denunció su desaparición, sí es cierto.

—¿Desde el día que detuvieron al Mayo Zambada?

—Desde ese día.

—Hay versiones que apuntan que trabajaba para el Mayo, que era su escolta…

—No de eso yo no sé nada.

—¿Él seguía activo en la policía?

—Sí, lo teníamos activo cuando desapareció.

—Agentes dicen que rara vez lo veían ahí y que no se sabía a qué unidad pertenecía.

—No, no tengo reporte de eso, me dijeron que sí, que sí estaba asistiendo.

—¿Hay alguna línea de investigación de probable relación con el Mayo?

—No, no, no tenemos ninguna.

De acuerdo con la versión de los periodistas Ioan Grillo y Juan Alberto Cedillo, quienes citan fuentes del gobierno de Estados Unidos, el Mayo Zambada acudió a la reunión del 25 de julio acompañado de cuatro escoltas.

Cuentan que, al llegar al lugar los sicarios de Joaquín sometieron a los escoltas del Mayo y desde ese día están desaparecidos.

No es la primera vez que la policía que depende de la Fiscalía General del Estado se ve involucrada en protección a narcotraficantes.

En 2001, el entonces director de la Policía Ministerial del Estado, Jesús Antonio Aguilar Íñiguez, conocido como Chuytoño, fue señalado de proteger al Mayo Zambada, incluso, el Procurador General de Justicia del Estado, Óscar Fidel González Mendívil, inició una investigación en la que encontró indicios de que el jefe policial sí tenía vínculos con el narcotraficante y remitió la investigación a la entonces Procuraduría General de la República por tratarse de delitos federales.

En 2009, Vicente Zambada, hijo del Mayo, declaró en el juicio contra Joaquín el Chapo Guzmán que su papá había puesto a Chuytoño como jefe la policía.

En 2004 se descubrió que agentes de la corporación, dirigida por Aguilar Íñiguez, daban protección a Rodolfo Carrillo Fuentes, hermano de Vicente y Amado Carrillo, fundadores del cártel de Juárez.

Cuando asesinaron a Rodolfo y a su esposa Giovanna Quevedo en la plaza Cinépolis, en Culiacán, resultó herido el comandante de la PME Pedro Pérez, de quien en ese momento se supo era jefe de escoltas de Carrillo Fuentes.

En 2009 elementos de la extinta Policía Federal detuvieron en Mazatlán a dos agentes de la PME y a otra persona con siete fusiles, 16 granadas y más de 35 mil cartuchos de diversos calibres.

Según la Secretaría de Seguridad Pública federal los tres eran sicarios de Francisco Romero, alías el Artista, operador del Mayo en Culiacán. Uno de los agentes presuntamente se encargaba de reclutar policías para dar protección al cártel.

Artículo publicado el 11 de agosto de 2024 en la edición 1124 del semanario Ríodoce.