lunes, 3 de diciembre de 2018

MAREOS


Cuando chamaco, viajar en autobús era mareo seguro. A veces hasta con vómito. Por eso mientras traqueteaba el armatoste me daban a chupar medio limón con azúcar. Y a ir oliendo un algodoncito empapado de alcohol. Mi madre advertía antes y durante el viaje “…no te asomes a la ventana porque se te vuela la cabeza viendo los postes”. Es que como en las películas “pasaban” muy rápido enclavados tan cerca a la carretera. No tomaba pastillas para el mareo porque decían que estaba muy chico y podía volverme tarado. “Así es que te aguantas”. Pero por esas rarezas, en el tren la pasaba como si nada. Hasta dormía sin sentir lo duro de las bancas siempre de tablillas fuertes y bien barnizadas. Redondeadas al parejo de las corvas. Así no sentía lo duro de la esquina. Tampoco me trastornaba el olor penetrante a chapopote comparado con la hedionda gasolina del autobús, autos y camiones en sentido contrario. Me adormilaba el traca-traca de las ruedas sobre las vías. Y aunque el vagón se movía más a los lados a veces suavemente y otras brusco. Pero ni vahídos, dolor de cabeza y menos ganas de ir al baño.

Cuando viajaba en autobús ni jugaba y menos platicaba con mi hermana. Iba con la cabeza agachada rezando a mi manera. Y como oía a mis padres y tías, me comprometía con una “manda” famosa. “Virgencita de San Juan, no dejes marearme y te prometo entrar de rodillas a tu templo”. Y como casi siempre el viaje era San Luis-Guadalajara, llegábamos a San Juan de los Lagos, mitad de jornada. El chofer “nos daba” una hora para comer y visitar el templo. Entonces no tenía plaza enfrente ni pavimento a los lados. Todo, eran puestos de dulces. Arrayanes, jamoncillos, charamuscas, cocadas, tejocotes cristalizados y, la verdad, sobraban ojos y faltaban centavos para darse el gusto.

Entraba de rodillas, desde el grueso portón hasta la orilla del altar. Siempre vi muy chiquita la imagen. Pero cuantas veces fui sobraban los fieles. Cumplida la promesa me encantaba ver los retablos colgados entonces al lado derecho del templo y cerquita del altar. Casi todos dibujados sobre madera y a colores. Otros en tela. Obra personal de los agradecidos devotos en señal del favor pedido a la Virgen y concedido. Nada de pintores profesionales.  Hubiera querido pasar tanto tiempo como para ver cada uno. Pero con el tiempo encima apenas le echaba ojo a unos cuantos. Eran admirables. El de cierto hombre aplastado por “una troca” pero “gracias a la Virgencita volví a vivir”. Las muletas colgando con su etiqueta constando cómo dejó de usarlas algún cristiano cuando la sanjuanera le hizo el milagro para nuevamente caminar. Había muchos retablos de señoritas agradecidas por haber encontrado al hombre de su vida. Otras escribieron con pincel pasional, cuando el amado regresó luego de “andar volado” con una “mala fulana”. La madre agradecida porque encontró al pequeño perdido. El campesino derribado y arrastrado por su caballo. Todo mundo lo daba por muerto. En plena desgracia se encomendó a la Virgen y dejó su testimonio por salvarlo.

En mi parentela materna era muy dados a “las mandas”. Más a la Virgen de San Juan de los Lagos. De allá venían mis abuelos y sus padres. En la línea paterna la devoción se encaminaba al Señor del Saucito. Llamado así un pueblucho entonces terregoso, asoleado y desértico en los años cuarenta. Había más perros y menos pobladores. Sobraba el pulque, aguamiel, colonche, “gorditas” de maíz y dulce. Torteadas a mano, les ponían una hoja de mazorca abajo. Inmediatamente las metían en hornos caseros de ladrillo. Sabrosas. Allí, cerca del camposanto está el templo del Señor del Saucito. Crucificado. Y lleno también de retablos. Colgaban además pequeñas figuritas planas de oro legítimo chapeado o plata: Piernitas, brazos, cabezas, corazones y manos como señal de gratitud y por alivio en tales partes. Eso lo vi hace 56 años y cuando tenía nueve. Igualmente los viajes.

Por aquellos días mi padre nos llevó al viejo aeropuerto cercano a Morales en San Luis Potosí. Simple pista terregosa. Ni torre de control y menos alumbrado para aterrizaje nocturno. “Vamos a subirnos a una avioneta”. Le cobraban cinco pesos “por una vueltecita sobre la ciudad”. Me clavé en el suelo cuando quiso treparme. Tenía pavor y pénsula. Se caerá igualito a como los veía en las películas sobre la guerra. O en el noticiero “Movietone”, de cada domingo en el cine.

Pero cuando llegué a los 21 en 1957 no pude hacerme para atrás. Ya tenía dos años como reportero y fui enviado al “Esto” de Distrito Federal. Jamás olvidaré al avión. Un DC-3. Dos ruidosos motores con hélice. Un hombre empezaba a darles vuelta a mano. Cuando arrancaban soltaban apestoso humo entre negruzco y azulado. Tenía dos grandes llantas delanteras. La trasera muy pequeña. Por eso en tierra, nariz para arriba y cola abajo. Para mi fortuna no hubo zangoloteos en aquel vuelo. Apenas dos que tres turbulencias antes de aterrizar en México. Bajé sonriente, entre llovizna y sin mareos.

Ese mismo año y por mi trabajo debí encaramarme en aeroplanos de un motor o aviones comerciales. Siempre ida y vuelta a México. Unas veces desde Torreón o Monterrey. Otras, Guadalajara o Morelia. También Aguascalientes o León. Por eso cuando menos lo imaginé desapareció el temor a los mareos. Desde entonces me encanta viajar por aire. Los jets son una maravilla. Pero me choca la incomodidad en algunos. Apeñuscan los asientos para más pasajeros. El de enfrente pega en las rodillas y cuando se reclina, lo tiene uno en las narices.

Solamente dos veces me ataranté y asusté. Una, en avioneta. Salimos de Mexicali a Isla de Cedros. Nos atrapó una tormenta y andábamos como pelota de raquet. Tanto como recordar a la Virgen de San Juan de los Lagos y ofrecerle una “manda”. Y la otra ocasión, saliendo de Tijuana a México. Era un DC-9. Ya los discontinuaron. Llevábamos media hora de vuelo. El piloto avisó por el sonido “…señores pasajeros, se presentó una pequeña emergencia y debemos regresar”. Pidió no asustarnos. Las aeromozas nos dijeron a casi todos “no es nada de cuidado”. Algunas lloraban y otros rezaban angustiados. Me agarré fuerte al descansa-brazos. “Hasta aquí llegué”. Pero al ratito aterrizamos a salvo. Al bajar nos advirtieron “…antes de una hora salimos…cuestión de reparación inmediata”.

Llegó la hora de levantar vuelo. Algunos decidieron no subir y cancelar. Otros lo hicieron con desconfianza. Un viajero me dijo “…quédese, esa descompostura es un aviso”. Pero en eso vi a un sacerdote. No lo había divisado al inicio original del viaje. Subió tranquilamente. Me animó su presencia. Pensé “…Dios va con este hombre y yo cerca de él”. Subí al jet. Tranquilo. Casi tres horas después las turbulencias alrededor de Aguascalientes alarmaron. El susto entró al jet sin abrir la cabina. Arreció el bamboleo y alcancé, por si las dudas, la bolsa para mareados. Busqué al sacerdote. Unos 45 años. Robusto y dejando ver el inicio de calvicie. Lentes con armazón dorada. Traje negro. Notable su alzacuello. Tranquilo. Entré en la quietud. Al ratito aterrizó el jet. La semana pasada viajé entrada por salida a México. Escribí estas líneas en el vuelo 177 de Aeroméxico. Recordé al cura y ni siquiera vi la bolsa de mareo.



Tomado de la colección “Dobleplana” de Jesús Blancornelas, publicado por última vez en noviembre de 2015.

(SEMANARIO ZETA/ DOBLEPLANA/ JESÚS BLANCORNELAS/ LUNES, 15 OCTUBRE, 2018 12:00 PM)

ME CASO GANSO


En su discurso en la plaza pública el sábado, el presidente Andrés Manuel López Obrador fue muy enfático sobre dónde se construirá el nuevo aeropuerto. No hubo cambio de señal. En Santa Lucía, como determinó tras una consulta ciudadana, se construirían dos pistas, y Texcoco, donde originalmente estaría, será un cementerio de cemento y fierro. El domingo, en el primer Consejo de Administración del Grupo Aeroportuario de la Ciudad de México, bajo una nueva administración, se acordó mantener las obras mientras se hace una nueva reevaluación. Lo que hará el nuevo gobierno es ganar tiempo y maniobrar para salirse con su cometido sin afectación financiera.

La clave se encuentra en la segunda página del borrador de la minuta que trascendió el domingo por la mañana –la definitiva tiene matices-, donde señala que este mismo lunes emitirá en Nueva York una oferta de compra por mil 800 millones de dólares. Es decir, no significa que el aeropuerto en Texcoco será terminado, sino que seguirán la obra hasta que logren eliminar la contingencia de una demanda colectiva –denominada Class Action- de los tenedores de bonos que fueron ofertados y adquiridos a través de la Bolsa de Valores en Nueva York.

Se desconoce cuántos y cuáles fondos extranjeros estarían involucrados en la demanda colectiva. Algunos de estos fondos han hecho pública su participación en el aeropuerto de Texcoco. Por ejemplo Paul Hastings LLP, un despacho de abogados global, anunció en 2016 y 2017 dos ofertas por un total de seis millones de dólares para financiar la construcción del aeropuerto en Texcoco, en representación de Citigroup Global Markets, HSBC Securities y J.P Morgan Securities, cuya cancelación podría acelerar el pago del bono y el interés. Varios manejadores de fondos viajaron a la Ciudad de México tras la cancelación de la obra en Texcoco para saber cómo resolvería el nuevo gobierno las pérdidas por incumplimiento del contrato, pero no hubo quién atendiera sus preocupaciones.

Tras las frustradas gestiones se empezó a preparar una demanda colectiva que se presentaría tan pronto como oficialmente el gobierno del presidente López Obrador cancelara la obra en Texcoco. La decisión de continuar las obras fue un primer paso para evitar una acción legal. Ir a comprar los bonos en poder de los fondos, es una acción estratégica. De otra forma, lo que podría enfrentar el nuevo gobierno es una situación similar a la que vivió Argentina cuando en 2011 incumplió pagos por 132 mil millones de dólares en empréstitos, en medio de una crisis económica que provocó disturbios y violencia en las calles que produjeron la muerte de 39 personas. El gobierno argentino reestructuró la deuda y el 93% de los tenedores de bonos aceptaron los términos de la negociación.

Ese 7% restante de los tenedores de los bonos demandaron al gobierno argentino en un largo litigio en la corte en Nueva York. En octubre de 2012 el juez Thomas Griesa determinó que Argentina debía pagar el 100% de la deuda. El gobierno de Cristina Fernández apeló, y se fue dos años más a litigio, que finalmente perdió en un caso que se llamó “los fondos buitre”, luego que en el proceso llegaron a embargarle activos en el extranjero. Los tenedores de bonos recibieron casi cinco mil millones de dólares, y en cuando menos un caso, se estima que su retorno fue de mil 500 por ciento sobre la inversión original, profundizando la crisis económica con la que recibió el gobierno Mauricio Macri. Este precedente es el contexto de la decisión adoptada por el gobierno de López Obrador para evitar un juicio colectivo en Nueva York, donde residiría ese litigio porque el sistema de la Bolsa de Valores le otorga esa competencia.

La decisión, por esta razón, es estratégica. La nueva administración del Grupo Aeroportuario de la Ciudad de México, bajo la dirección de Gerardo Ferrando, mantendrá activa la obra y los contratos mientras que el gobierno va recomprando bonos en poder de los fondos internacionales. Mil 800 millones de dólares no serán suficientes, por lo que se esperarían mayores ofertas de compra. El problema es que por más lento que avance la obra, seguirán concluyéndose etapas y los costos de la cancelación se incrementarán. Esto, sin embargo, no parece importarle al presidente López Obrador, cuando menos por ahora.

La apuesta tendrá que ser por la Fibra E y las afores, para seguir financiando las obras del aeropuerto “Benito Juárez” y la construcción en Santa Lucía, que en el borrador del presupuesto para 2019 no tiene asignado recursos. Las afores Pensionissste, Inbursa y XXI Banorte participaron en la emisión de la Fibra E con una inversión de 30 mil millones de pesos, que también congregó a fondos institucionales y privados, bancos y aseguradoras. No será algo sencillo de lograr, por la pérdida de valor que tendrán que absorber al cambiar la escala del proyecto, pero al ser empresas mexicanas que tienen un alto número de contratos con el gobierno, garantiza que no habrá demandas ni litigios.

El aplazamiento de la cancelación de la obra en Texcoco y la oferta de compra de bonos, tampoco es un camino sencillo y tiene que explicarse bien en México. La percepción de que el presidente López Obrador reculó es amplia. La comunicación tiene que ser precisa, sin márgenes a la confusión, y dirigida a dos audiencias simultáneas: la doméstica, particularmente quienes se opusieron a Texcoco, que ratifique que la cancelación es definitiva; y a los mercados, que antes de parar la obra, pagarán lo que se invirtió. Las dos conviven y no son excluyentes, no hay que olvidar.

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(EJE CENTRAL/ COLABORACIÓN/ RAYMUNDO RIVA PALACIO/3 DE DICIEMBRE DE 2018)

EL BENEFICIO DE LA DUDA


La transición de gobierno entre Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador fue tan larga en términos de horas, intensidad y acciones que provocaron turbulencias políticas y financieras, que como bromeó en algún momento el presidente electo, el primero de diciembre no tomaría posesión sino rendiría un informe de todo lo que hizo durante este tiempo. Muchas de sus decisiones políticas tuvieron impacto en la confianza interna y externa sobre lo que será su gobierno, y antepusieron obstáculos a su deseo de transformación del país. El monto de recursos que se estimaba tendría tras ganar la elección, quedó reducido ante la incertidumbre que generó, que frenó inversiones y aceleró la salida de capitales.

Mucho temor generó por todos lados, menos en sus bases electorales sólidas e incondicionales a él bajo cualquier circunstancia. El López Obrador que despertaba miedos en 2006 y en 2012 y pareció desaparecer en 2018, regresó ante la sorpresa de unos, la decepción de otros y el desasosiego de quienes pensaban que el político que siempre ha sido congruente, sería incongruente. ¿Por qué un pensamiento tan arraigado por décadas que siempre tuvo como meta la conquista del poder, tendría que cambiarlo cuando lo alcanzara? No hay ninguna razón objetiva que dé sustento a esa idea que ha sido causa, por cierto, del desencanto de algunos que nunca lo habían visto como opción, pero votaron por él. López Obrador es lo que siempre fue y nadie quiso engañar. ¿De qué se sorprenden tantos?

La consistencia y congruencia, si bien no compartida cuando proyecta el país con el que sueña, por millones de mexicanos, han sido sus principales valores, y los desplegó durante toda una transición que se sintió eterna. Comenzó oficialmente el 20 de agosto, cuando la iniciaron formalmente el presidente Enrique Peña Nieto y el presidente electo tras su tercer encuentro en Palacio Nacional, aunque el dinamismo y la energía desplegada por López Obrador, alargó el proceso por cinco meses. Este periodo fue como estar en una montaña rusa donde los desaciertos y las contradicciones, las confrontaciones y las descalificaciones contra quienes piensan distinto a él o lo critican por sus dichos y sus actos.

Las imágenes con la que se explicó el protagonismo y la conducción unipersonal y vertical de López Obrador la sintetizó hace cuatro días John Paul Rathbone, editor de asuntos latinoamericanos del diario Financial Times, que vive en Nueva York, al plantear que López Obrador era una mayor amenaza a la democracia que Jair Bolsonaro, el ultraderechista que en enero asume la Presidencia de Brasil. La analogía de Rathbone tenía un antecedente inmediato en México, donde un libro, How Democracies Die (Cómo Mueren las Democracias), escrito por los profesores de Harvard Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, se comenzó a vender copiosamente en las librerías de la Ciudad de México, buscando en él pistas para entender la Cuarta Transformación y a su líder.

Levistky y Ziblatt describieron el estilo de gobernar y los objetivos que busca el presidente Donald Trump, y plantearon que el laboratorio de la democracia definido por el ministro de la Suprema Corte de Justicia, Louis Brandeis, en el caso New State Ice Co. v. Liebmann en 1932, se está transformando en un laboratorio del autoritarismo, donde un personaje con escaso compromiso con los derechos constitucionales, está tratando de reescribir las reglas. El populismo ha capturado al mundo, cautivados por la retórica y las soluciones simplistas que plantea, o quienes que quieren castigar al régimen en el que viven. El populismo, en la definición del politólogo Cas Mudde adoptada por The Guardian en el inicio de una serie de reportajes sobre el fenómeno la semana pasada, “es una ideología que observa en la sociedad una división fundamental entre dos grupos homogéneos y antagónicos –los ‘puros’ y la ‘elite corrupta-, y que postula que la política debe expresar la voluntad del pueblo”.

Los populistas llegaron para quedarse, cuando menos por un tiempo. Es un fenómeno viejo que se ha convertido en una realidad política que está montada en la ola de su mejor momento histórico, al ir ganando el poder a través de lo que rechazan por definición sus ideas y sus acciones: la democracia. En la actualidad, argumentan Levitsky y Ziblatt, el retroceso democrático empieza en las urnas. Los políticos tratan a sus adversarios como sus enemigos, intimidan a la prensa libre y amenazan con impugnar resultados electorales. También buscan debilitar las defensas institucionales de la democracia, incluidos los tribunales, para minar los contrapesos.

Si se observan los eventos más relevantes en la etapa de la transición, parecería que el traje de Trump le queda a López Obrador. The Guardian dice que Europa no experimenta sola el surgimiento del populismo. “Se han electo populistas en las presidencias de cinco de las siete más grandes democracias: Brasil, Estados Unidos, Filipinas, India y México”, apuntó. Para una buena parte del mundo, López Obrador es un líder populista cuyas políticas asustan y generan incertidumbre, como se vio con los fenómenos financieros y bursátiles de las últimas semanas.

Durante el periodo de la transición quedó encasillado en esa categoría de análisis, y el presidente López Obrador podrá caber en la descripción de populista, pero no se puede hacer un juicio concluyente a priori. Se puede no ser un demócrata, pero conducir una nación hacia la democracia. Se puede ser populista, pero gobernante responsable y capaz de tomar decisiones que vayan contra su ideología pero en beneficio del país. Ya se verá qué López Obrador es el que tendremos los mexicanos. Mientras tanto, hay que otorgarle, incuestionablemente, el beneficio de la duda.

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(EJE CENTRAL/ ESTRICTAMENTE PERSONAL/RAYMUNDO RIVA PALACIO/ 30 DE NOVIEMBRE DE 2018)

GABINETE DE PESADILLA


Nadie puede decir que la mayoría del futuro gabinete del presidente Andrés Manuel López Obrador es inexperto, aunque no para las tareas que tendrán enfrente. La futura secretaria de Gobernación, ex ministra de la Suprema Corte. El próximo titular de Hacienda, académico estimado y funcionario por tres años de un gobierno local. Tres políticos  estarán a cargo de la Seguridad, Energía y de la Comisión Federal de Electricidad, además de un ingeniero agrónomo no titulado en Pemex. Operadores políticos de Tabasco y el Estado de México ocuparán subsecretarías, y en un octogenario se recargan los proyectos de punta para el desarrollo. Este no es el dream team que han visto en el mundo en otros gabinetes mexicanos. Se perfila más bien como un nightmare team, un equipo de pesadilla, que comienza sus funciones este sábado.

La inexperiencia tiene sus curvas de aprendizaje, algunas muy pronunciadas. En el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, la curva de aprendizaje de Luis Videgaray en Hacienda, deshidrató la economía, y la de Miguel Ángel Osorio Chong en Gobernación, fue tan larga, que lo hundió como candidato presidencial y llenó de sangre el país. Felipe Calderón escogió gente más experimentada, pero compitió y peleó durante una buena parte del sexenio. Vicente Fox quedó atrapado en las veleidades y ambiciones de su equipo más cercano. Incluso Ernesto Zedillo, que tenía un gabinete nombre por nombre superior a los que vinieron después, tuvo que hacer ajustes antes de cumplir un mes en la Presidencia para rescatar al país de una crisis económica.

Todos estos gabinetes han tenido problemas serios casi desde el inicio de la administración en la que trabajaban, pero ninguno había generado tanto conflicto como el de López Obrador. Han habido choques públicos como los del próximo secretario de Hacienda, Carlos Urzúa, con la futura secretaria de Energía, Rocío Nahle, porque esta no entiende cómo funcionan los mercados y ha hecho algunas declaraciones que aterrorizaron a inversionistas. Fueron los mercados famosos, de los que el equipo de López Obrador se queja que “no los entienden”, los que cambiaron la percepción global del gobierno que viene. Todavía no inician sus funciones formales y ya muestran los síntomas del Paradigma de la Rana, donde no se dan cuenta de que el entorno está cambiando negativamente en forma acelerada hasta que, cuando reparan en ello, es demasiado tarde y ya se cosieron.

Los choques de Urzúa para que el resto del futuro gabinete económico no diga sandeces que producen temores e incertidumbres, son menos violentos de los que se viven en el gabinete de seguridad. Pero el propio Urzúa admite en privado que no sabe cómo hablar a los mercados. No es lo mismo conocer el predial y el agua, que manejar con pulso de cirujano las finanzas públicas de una nación. Alfonso Durazo, próximo titular de Seguridad, se quedó con los instrumentos de coerción de la Secretaría de Gobernación que encabezará Olga Sánchez Cordero, aunque después perdió el eje de su fortaleza porque la Policía Federal no tomará órdenes de él, sino de las Fuerzas Armadas, y la Agencia de Inteligencia Nacional, que sustituye al CISEN, quedará en manos del general retirado Audomaro Martínez, que no acordará con él, sino con López Obrador.

El próximo secretario de Comunicaciones y Transportes, Javier Jiménez Espriú, sólo tiene la protección del presidente electo, pues la mayoría del gabinete consideran que es incompetente. No por falta de inteligencia, sino porque sus conocimientos huelen a naftalina. Su cruzada contra el aeropuerto en Texcoco fue el punto de quiebre de la confianza de los inversionistas, y cuando dijo que construirían un aeropuerto alterno en una zona donde no hay proyectos de ningún tipo, aniquilando una obra con más de 30% terminada, sentido común fue lo menos que le reconocieron. Entre quienes ven temas presupuestales del equipo de López Obrador, hubo quien afirmó: “Jiménez Espriú nos borró el bono de arranque de sexenio y elevó la deuda por las tasas a mediano y largo plazo”. Traducido al castellano, su lucha contra Texcoco le quitó recursos al proyecto de López Obrador.

En parte por él y en otra buena parte por López Obrador, se han ido del país más de cinco mil millones de dólares y hay fiebre en varias capitales del país por vender propiedades para cambiar a dólares. En octubre se fueron de la bolsa 113 millones y aparecieron en Brasil, lo que detonó un análisis donde ven a López Obrador más como un riesgo que a Jair Bolsonaro, el próximo presidente brasileño de extrema derecha.

El desconocimiento de cómo opera el mundo y cómo funciona la información, provocó que este fin de semana Sánchez Cordero se metiera en otro problema. Admitió que el gobierno entrante estaba negociando un acuerdo con el gobierno de Donald Trump en materia migratoria, lo que significa, de concretarse, que por primera vez México se pliega a una política migratoria de Estados Unidos. Un gobierno tan lleno de nacionalismo, quedó en entreguista por esa falta de conocimiento general. El conflicto entre Trump y López Obrador ya viene en camino.

El gran problema que tiene enfrente López Obrador, es que está a cuatro días de ser gobierno. Entonces, si como equipo de transición han causado tantos estragos por sus limitaciones e incompetencias, cabe preguntarse qué es lo que podrá suceder una vez que sus acciones tengan consecuencias concretas y duraderas sobre el rumbo del país. Acelerar la marcha en la transición se pensaba ayudaría a concretar esa curva de aprendizaje sin daños mayores. No fue así. Todavía no aprenden y tampoco se ve que lo harán, cuando menos, en el corto plazo.

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(EJE CENTRAL/ ESTRICTAMENTE PERSONAL/ RAYMUNDO RIVA PALACIO/29 DE NOVIEMBRE DE 2018)

LOS MANOTAZOS DE ANDRÉS MANUEL


Lejos del escrutinio público, la política económica de Andrés Manuel López Obrador, que este sábado asume la Presidencia de la República, está hecha un caos. La destitución de quien iba a ser subsecretario de Egresos y fue su principal asesor económico durante la campaña presidencial, Gerardo Esquivel, no ha sido suficientemente calibrada, pero se puede argumentar que refleja las tensiones internas en el equipo de transición. Esquivel fue removido en vísperas de entregar el presupuesto, lo que es inaudito, y esconde una serie de errores críticos que cometió el equipo económico en la elaboración del documento que propició el dramático desenlace. La crisis comenzó el viernes pasado.

Personas dentro del equipo de transición narraron aspectos generales de una reunión de gabinete que tuvo López Obrador, a donde no fue convocado Esquivel, en donde hubo fuertes reclamos de un buen número de futuros secretarios de Estado en contra del equipo hacendario porque, describieron, era un desastre la asignación de las partidas presupuestales. El área más afectada era la Secretaría de Agricultura, en donde el próximo presidente quiere impulsar para regresarle vigor al campo, que tuvo recortes estimados entre 40 y 50 mil millones de pesos. La segunda que mayor impacto tuvo fue Educación Pública, donde el recorte superó los 39 mil millones de pesos.

López Obrador, según las personas que narraron el encuentro, se molestó con el equipo económico y regañó públicamente al próximo secretario de Hacienda, Carlos Urzúa, ordenándole que “comenzara de cero” en materia presupuestal y quien, con la cabeza gacha, apechugó la reprimenda. Las quejas que se han generado no sólo provienen de los futuros secretarios de Estado, sino también de las áreas económicas del Congreso, que han expresado al equipo de transición que los números que les han dado para el presupuesto son incorrectos y no había forma de poder acomodarlos manteniendo la disciplina fiscal.

La responsabilidad primaria de esas equivocaciones ha sido puesta en Esquivel, quien desde la campaña calculó mal los recursos disponibles para el gobierno equivocando incluso, la metodología para realizar algunas de las estimaciones. La primera reunión que sostuvo el equipo de transición en la Secretaría de Hacienda fue una sorpresa para los representantes de López Obrador, que no sabían cómo se estructuraba y asignaba del presupuesto, y sólo preguntaban si eso que les mostraban, era todo el dinero disponible.

En otras reuniones los técnicos de Hacienda cuestionaron los números de Esquivel, quien decía que el error era de los hacendarios no de él, hasta que exhibido cuando le demostraron que al calcular el IVA en la frontera, lo había hecho a partir de las ciudades, cuando debía haberlo hecho sobre la recaudación en los municipios. La diferencia en las estimaciones era de 30 mil millones de pesos. Esa promesa de campaña, tuvo que ser pospuesta y no estará incorporada en el presupuesto.

Qué tanto influyeron los errores de Esquivel en su remoción, no está claro todavía, pero la revolución interna en el equipo económico de López Obrador llevó a reuniones urgentes, incluso el lunes por la noche, para poder armar todo el equipo que estará a cargo de la política económica en Hacienda y en la Presidencia de la República, bajo la dirección de Urzúa y del próximo jefe de Oficina, Alfonso Romo. Pero enviar a Esquivel al Banco de México para ocupar el puesto de subgobernador de Roberto del Cueto, quien adelantó su renuncia a diciembre, tampoco es una buena señal para los mercados, que están reaccionando con mucho nerviosismo por la incertidumbre y un incremento en el riesgo país, y que verán esa designación como una pérdida en la autonomía del banco central.

A decir de los expertos, la designación de Esquivel muestra el desconocimiento de López Obrador y su equipo económico de la hipersensibilidad de los mercados, que reaccionan e interpretan instantáneamente ese tipo de decisiones, en particular con López Obrador, que les provocó una alta dosis de incertidumbre tras la cancelación del aeropuerto en Texcoco mediante una consulta ciudadana. A diferencia de la designación de un Jonathan Heath, con un perfil altamente autonómico, que reemplazará a Manuel Ramos Francia como subgobernador del Banco de México, López Obrador compensó a Esquivel con otra subgubernatura, quien será percibido invariablemente como subordinado del próximo presidente.

Esa es una sola razón por la que lo verán negativamente. Esquivel es un economista bien preparado en términos académicos, pero heterodoxo. Esta característica se suma a que al ser una extensión de López Obrador en el Banco de México y apuntado a sustituir a Alejandro Díaz de León como gobernador de la institución, es altamente probable que la política monetaria sea más flexible y actúe en concordancia con la Secretaría de Hacienda, donde el jefe real será López Obrador. “La Junta (de gobierno del banco) va a funcionar peor”, dijo un manejador de fondos en Estados Unidos que conoce el Banco de México, Hacienda y a los protagonistas del actual y próximo gobierno. “Es un co-piloto que va a mandar sobre el piloto”. Los presagios no son alentadores.

Se anticipa un Banco de México más desordenado, que es lo que menos le interesaría a López Obrador en este momento, y un mar de incertidumbre por el bajo nivel, estimaron analistas, de la próxima subsecretaria de Egresos, Victoria Rodríguez. Esta crisis inconclusa en el equipo económico del presidente electo, llegó en el peor momento y en las peores condiciones, donde hay altas expectativas para que cumpla todas sus promesas de campaña, pero no hay dinero suficiente ni, por ahora, un presupuesto claro y definitivo que entregar al Congreso.

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(EJE CENTRAL/ ESTRICTAMENTE PERSONAL RAYMUNDO RIVA PALACIO//28 DE NOVIEMBRE DE 2018)

LOS TEMORES DE ANDRÉS


 A nada le teme más Andrés Manuel López Obrador que a un terremoto y a que no haya inversión extranjera. No lo dice ahora, sino que es una idea que ronda hace tiempo en su cabeza, y que siempre se ha ubicado en el contexto de él al frente de un gobierno. El próximo sábado así será, y esas variables no escaparán de su mente. Sobre la primera no tiene control, y el temor se puede entender en lo que esto significa para cualquier gobernante, que tiene que parar o cancelar su programa de gobierno por que una situación de emergencia requiere mucho dinero para enfrentarla y estabilizarla, como lo pudo haber visto y estudiado con los sismos de 1985 en el gobierno de Miguel de la Madrid. Sobre la segunda sí tiene control, porque depende del mensaje que transmita y la confianza que genere entre los inversionistas. En esto, las cosas le han salido bastante mal.

Un vistazo a la prensa de la Ciudad de México y el extranjero dan idea de lo que sus acciones y decisiones han generado. Este domingo publicó The Wall Street Journal en su edición que el presidente electo está espantando a los inversionistas extranjeros, que le habían dado el beneficio de la duda de que sería un líder moderado y pragmático hasta que comenzó a utilizar consultas públicas para que la gente decidiera proyectos de infraestructura, que propició la cancelación del nuevo aeropuerto internacional en Texcoco. El diario de mayor circulación en Estados Unidos agregó que varios gestores de fondos de mercados emergentes están reconsiderando sus inversiones en México o reduciendo su exposición.

El Banco de México, reportaron los medios, informó que entre julio y septiembre registró salidas netas de capital por mil 886 millones de dólares, que contrastó fuertemente con la entrada de capitales que se dio entre enero y junio de este año. Analistas de Barclays y Goldman Sachs consultados por la prensa adjudicaron la salida de capitales a la incertidumbre por las guerras comerciales de Estados Unidos contra el mundo, y por cautela frente a López Obrador tras la cancelación del aeropuerto. Los expertos internacionales se quedaron cortos.

Enrique Quintana, director de El Financiero, publicó este lunes que el índice de la Bolsa cerró el viernes con una caída de 18.4% con respecto a finales de agosto, cuando la transición terminó de ser tersa, con lo cual la pérdida de valor de las empresas fue el equivalente a 90 mil millones de dólares, que traducidos en pesos significaron 1.8 billones de pesos -casi una tercera parte del presupuesto-, mientras que el dólar interbancario cerró en 20 pesos con 43 centavos. “¿Qué es lo que están viendo los mercados financieros que han cambiado radicalmente de comportamiento en un trimestre?”, preguntó Quintana, respondiendo inmediatamente: “Han visto señales de lo que puede ser el desempeño del nuevo gobierno que no les han gustado y que generaron dudas”.

“Creo que López Obrador ha mostrado sus verdaderos colores”, dijo Walter Molano, economista en jefe de BCP Securities, que tiene su cuartel general en Connecticut. “Ni siquiera ha asumido el cargo de presidente y está mostrando una verdadera vena autoritaria”. Parte de lo que ven es la utilización de consultas para validar proyectos prometidos en la campaña, como la cancelación de Texcoco con el apoyo de menos del 1% del padrón electoral, con un 70% de ese porcentaje que jamás ha viajado en avión. La segunda multiconsulta para aprobar 10 programas prioritarios del presidente electo fue un fracaso, que arrojó resultados de aprobación del más del 90%, que describió Ciro Gómez Leyva en su programa en Radio Fórmula este lunes, como mediciones de régimen autoritario, que es el único sistema político donde se da ese tipo de resultados.

Las acciones y decisiones de López Obrador están teniendo altos costos en materia de inversión extranjera. En octubre salieron de la Bolsa 113 millones de dólares, de los que aterrizaron 111 en el Bovespa brasileño, reportó Bloomberg. Paul McNamara, operador de bonos en mercados emergentes para la firma suiza GAM Holding, le dijo al Wall Street Journal que sus medidas los están afectando y están analizando reducir sus activos mexicanos. Alejandro Schtulmann, director de la firma de análisis de riesgos Empra, agregó que una compañía interesada en un proyecto de infraestructura energética de 100 millones de dólares, la aplazó.

Hace dos semanas, tras escuchar a uno de los asesores económicos del equipo de López Obrador, cuatro empresas texanas aplazaron sus inversiones programadas en México. Empresarios mexicanos han decidido hacer lo mismo y tiendas de autoservicio optaron por parar su expansión. “López Obrador ya afectó el clima de inversión”, dijo un economista mexicano que conoce perfectamente al equipo económico del presidente electo, que maneja fondos de inversión en Nueva York. La “luna de miel” con los inversionistas, como lo describió el Wall Street Journal, no existe más.

Los avisos son claros para López Obrador, que el próximo sábado asume la Presidencia de la República y sus acciones y decisiones tendrán un efecto más elevado de lo que hasta ahora han sido. Su discurso será clave para tranquilizar a los mercados y evitar el principio de una crisis, siempre y cuando mantenga el miedo a la falta de inversión y no piense, como en la actualidad, que es el capital global, manejado por empresarios mexicanos y medios de comunicación, que se oponen a su proyecto de Nación porque van a perder privilegios. La retórica electoral ya terminó. Se exige seriedad y responsabilidad, no ocurrencias, porque de lo que haga dependerá el futuro de 130 millones de mexicanos.

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(EJE CENTRAL/ ESTRICTAMENTE PERSONAL/ RAYMUNDO RIVA PALACIO/27 DE NOVIEMBRE DE 2018)

EL AMOR Y ODIO DE ANDRÉS MANUEL


La relación del presidente electo Andrés Manuel López Obrador con las Fuerzas Armadas es esquizofrénica. Las llama asesinas y las reconoce como una institución del pueblo. Las denuesta y acude a ellas para abatir la inseguridad. Quería el retiro paulatino de los militares de las calles mexicanas y ahora dice que eso no es posible. Les tiene confianza, pero en realidad no. López Obrador lleva tiempo tensionando las estructuras militares y no parece importarle mucho. En los altos mandos de las Fuerzas Armadas, lo único que ha generado es resentimiento y desconfianza. Mal inicio de gobierno para una administración que aún no arranca.

Este domingo se reunió en el Campo Militar 1 con soldados, marinos y sus familiares y explicó que propuso la Guardia Nacional “porque le tengo confianza al Ejército y la Marina, porque el Ejército es el pueblo uniformado”. Es cuestionable. El pensamiento más claro sobre ellas lo externó en febrero de 2017, cuando tras un operativo de la Marina en Nayarit donde se abatieron a 12 miembros del cártel de los Beltrán Leyva, el entonces aspirante a la Presidencia, afirmó: “¿Por qué los aniquilaron? ¿Por qué si ellos investigan y supuestamente tienen asesoría del extranjero en materia de inteligencia los masacraron?”.

La presencia de militares en las calles para combatir la seguridad pública no es algo que lo convenza. Desde hace casi dos años ha sido su crítico sistemático. “Tiene que cambiar la política de masacrar, torturas que desde (el presidente Felipe) Calderón no ha dado resultado; al contrario, trae más sufrimiento”, dijo en Nayarit. Dos meses antes le pidió al general Salvador Cienfuegos y al almirante Vidal Soberón “no continuar con la política coercitiva, pues no resuelve nada con el uso del Ejército, Marina, policías, cárceles, amenazas de mano dura, con leyes más severas, dado que la paz y la tranquilidad son frutos de la justicia”.

López Obrador sabía lo que quería. El Proyecto Alternativo de Nación 2018-2024 que dio a conocer en diciembre, incluía el regreso de los militares a los cuarteles paulatino y programado, porque la seguridad pública era responsabilidad del ámbito civil. No tardó mucho en rectificar. Un mes después de ganar la Presidencia, con el apoyo de decenas de organizaciones de derechos humanos que respaldaban su propuesta, cambió el discurso. Ni soldados ni marinos regresarían a los cuarteles, y seguirían trabajando en tareas de seguridad pública.

Es decir, lo que hizo el presidente Calderón que tanto cuestionó el presidente electo, será la ruta que mantendrá. Lo que tanto criticó del presidente Peña Nieto, será continuado por él. La forma como los mantendría en las calles sería mediante la creación de una Guardia Nacional, que es algo similar a lo que hizo el presidente Ernesto Zedillo en 1999, cuando creó la Policía Federal Preventiva, pero al revés. Retoma de tres gobiernos el modelo, pero modifica el diseño institucional que viola la Constitución, pues un reciente fallo de la Suprema Corte de Justicia impide que realicen esas tareas por no considerar los tratados y la legislación que en materia de derechos humanos limitan su actuación en casos excepcionales. Para hacer lo mismo, había mejores formas.

La Policía Federal (en un principio se le añadió Preventiva) se integró con la Tercera Brigada de la Policía Militar al mando de Genaro García Luna, que fue trasladado del CISEN para construir una fuerza policial civil. Trasladar del ámbito militar a los soldados para integrarlos al ámbito civil, no requirió de modificaciones constitucionales ni violó la ley. La Guardia Nacional es una galimatías que en lugar de construir una policía que permita el retiro gradual de los militares de las calles, la destruye y provocará que soldados y marinos se queden permanentemente a cargo de la seguridad pública, como policía nacional que, otra ironía de este enredo, la propuso García Luna y la clase política, incluidos los cercanos a López Obrador, la bloquearon.

López Obrador dijo en Campo Militar 1 cosas imprecisas o falsas. La justificación de la Guardia Nacional es para atacar unidos la inseguridad, porque “en la actualidad cada autoridad trabaja en forma separada, por lo que deben estar unidos”. La cooperación entre soldados, marinos y policías federales no está rota, como sugiere el presidente electo. Lo que sí rompió en los últimos días es la participación de los gobiernos estatales, que provocó la reacción de los gobernadores, quejándose de la exclusión.

López Obrador provoca el divisionismo, no al revés. En el caso de las Fuerzas Armadas, tuvo oportunidad de enmendar las cosas con el nombramiento de los titulares de la Defensa y la Marina, pero ignoró las recomendaciones del general Cienfuegos, y del almirante Soberón. El general Cienfuegos le propuso para sustituirlo al subsecretario, al general Roble Arturo Granados Gallardo, o al general Alejandro Saavedra Hernández, jefe del Estado Mayor, pero escogió al general Luis Crescencio Sandoval, el número 22 de los 23 generales en la lista. El almirante Soberón propuso al almirante José Luis Vergara, oficial mayor de la Marina pero se inclinó por el almirante José Rafael Ojeda, a quien sus pares no le ven suficiente experiencia para el reto.

Las tensiones con las Fuerzas Armadas no cejarán. En este espacio se reportó que cuando el presidente electo le detalló al secretario de la Defensa lo que haría la Guardia Nacional y el general Cienfuegos le replicó que era anticonstitucional, López Obrador le respondió: “Pues modificamos la Constitución”. Eso es lo que va a hacer a través de su brazo legislativo en el Congreso, que es Morena, sin importar el sentir y el pensar de las Fuerzas Armadas.

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(EJE CENTRAL /ESTRICTAMENTE PERSONAL/ RAYMUNDO RIVA PALACIO/ 26 DE NOVIEMBRE DE 2018)