viernes, 18 de agosto de 2017
PONEN A PRUEBA NUEVA MODALIDAD DE CAMIONES DE TRANSPORTE EN MAZATLAN
(NOROESTE TV/ 18 DE AGOSTO 2017)
LO PERDIÓ TODO; DOÑA HERMELINDA, MUJER QUE SALVÓ A SUS NIETOS EN AGRESIÓN DE PANDILLA, CLAMA AYUDA
La
tristeza y desesperación apenas permiten hablar a la mujer que, abrazada de su
fe, salvó a sus nietos de la agresión de la pandilla “Los Gavilanes”, en la que
casi pierde la vida uno de sus hijos
Tristeza.
Doña Hermelinda no para de llorar; con impotencia recuerda la pesadilla que
vivió el pasado domingo cuando los pandilleros que tienen asolado el sector de
Las Tetillas, atacaron su hogar. / Orlando Sifuentes/Archivo
“Yo
sólo abracé a mis nietos y pedí a Dios”.
Hermelinda
no ha vuelto a pisar su casa, fue a través de un video que recibió la noticia:
lo perdió todo. Con su hijo dado de alta, a la señora le dijeron que se fuera a
su casa... “¿Cuál casa?, si ya no tengo”, respondió.
De
la vivienda de la familia Macías, en colonia La Palma, sólo la lavadora y un par
de prendas corrieron con suerte de ser alcanzadas por las llamas. Quizá la fe a
la que se aferró Hermelinda justo al momento que decidió enfrentar a la muerte
a costa de la vida de sus nietos, fue lo que mantuvo alejada a la familia de su
hogar mientras éste fue atacado con bombas molotov y éstas a su vez desataron
llamas que arrasaron con todo.
Las
marcas de la intensidad del fuego aún se aprecian en el 125 de la colonia La
Palma, sobre la calle Cola de Pescado. El color negro opacó el tono rojo de la
casa que uno de los hijos de Hermelinda le regaló años atrás.
Por
más que duela y las lágrimas corten la conversación de Hermelinda, una serie de
ataques durante el año fueron tomados como señal suficiente para no regresar.
Los
recuerdos fueron lo único que sus agresores no pudieron borrar, de ahí en
fuera, lo perdieron todo.
“No
puedo explicar lo que siento… nos dejaron sin cama, sin cobijas, sin nada”,
dice con tristeza e impotencia.
La
máquina de bomberos que acudió al lugar del incendio no pudo frenar la ira
sembrada por los responsables. Por seguridad no ha vuelto a pisar su antiguo
hogar. Las lágrimas de Hermelinda que rodaron frente a la pantalla del celular,
dejaron claro a sus hijos que no tendría caso llevarla al lugar, además de
exponerla, comprometería su salud debido a su edad.
Destrucción.
Todo quedó inservible luego del ataque de la pandilla de “Los Gavilanes” el
domingo pasado; a esta casa, dice doña Hermelinda, ya no regresará./ Orlando
Sifuentes/Archivo
Nomás
le pedí a Dios que no entraran porque ahí estaban mis nietos”
DOÑA
HERMELINDA
LA PESADILLA
Con
las manos temblando y tratando de cubrir su rostro para frenar el llanto.
Hermelinda recordó el momento justo en que todo dio inicio. Al igual que su
esposo, alcanzó a ver a su Luis Alberto tirado en la calle, inconsciente y vio
cómo los agresores se dejaron venir contra la casa.
Lo
dejaron tirado y se metieron (a la cochera).
Dando
pasos cortos, pero siguieron, Hermelinda corrió hacia sus nietos. En la casa,
además de su esposo y su hijo, estaba habitada por su nieta de 14 años y su
bisnieto de 4 meses.
“Les
dije que no se metieran por los niños, yo tenía miedo, no por mí, sino por los
niños”, recuerda como si viviera nuevamente el momento.
Hermelinda
ignoraba si había heridos o no, por eso corrió hacia atrás para abrazar a sus
nietos. En 14 años de historia sobre la propiedad, aseguró que jamás habían
pasado por algo similar, entre gritos, pedradas y el escándalo que rodeaba el
ataque, se abrazó a su fe.
“Nomás
le pedí a Dios que no entraran porque ahí estaban mis nietos”, repite una y
otra vez.
Fue
lo único que le importó. Ella a su edad —aseguró—, lo ha vivido todo, pero al
escucharlos llorar sólo rezó como pudo para que no les pasara algo malo, y es
que el recuerdo de una niña tuerta —producto de una riña— invadió su mente.
Semanas atrás una menor fue víctima y una riña en la que ni ella ni su familia,
aparentemente, no tenían algo qué ver; pagaron las consecuencias.
A
la embestida le siguieron los balazos y de ahí el silencio. Hermelinda recuerda
los gritos de los pandilleros, después llegó la calma por saber a salvo a sus
nietos, minutos después escuchó la ambulancia y desde ese momento no volvió a
su casa. A su esposo, “Don Juve”, no lo volvió a ver.
¿Cuál casa?, si ya no tengo (...) Yo
creo que ya no regreso ahí. Si en esta vez no nos pasó nada, a la otra acaban
con nosotros”
DOÑA HERMELINDA
Del
susto vinieron noches en vela, paramédicos encontraron signos vitales en Luis
Alberto y le salvaron la vida. En el Hospital General doña Hermelinda habría
enfocado energías restantes para cuidar a uno de sus cinco hijos. Habría sido
hasta el martes que supo que la pesadilla no había terminado.
“Salí
y me gritaron asesina, ahí estaban ellas (se refirió a las allegadas de Los
Gavilanes).
Después,
notó la presencia de dos patrullas y la vigilancia. Así supo que la historia
seguía. El miércoles por la mañana, Hermelinda recibió la noticia de su casa, a
través de una pantalla de celular le enseñaron cómo había quedado su hogar. Con
su hijo dado de alta, en el hospital le habrían dicho que ya se podía ir a su
casa.
“¿Cuál casa?, si ya no tengo”, responde
desconsolada.
La
racha de noticias malas siguió para la familia al saber que don Juve abandonó
el Hospital Geriátrico y permanece en la enfermería del penal donde seguiría
con el brazo izquierdo vendado en espera de su audiencia el lunes próximo.
Hermelinda
viste lo que puede, su hijo también. La historia desde que llegó de Los Lirios
para formar una familia con su esposo dio un giro radical, tanto así que ha
pedido ayuda porque sabe que se salvaron por milagro y no regresarán a La
Palma.
“Yo
creo que ya no regreso ahí. Si en esta vez no nos pasó nada, a la otra acaban
con nosotros”,
¿DONDE AYUDAR?
>Doña Hermelinda necesita de su
ayuda; no tiene ropa, muebles... nada. Si te animas, deposita en la cuenta
número (BANORTE) 4915 6663 2719 7491
(VANGUARDIA/ KARLA GUADARRAMA/ 17 DE AGOSTO 2017)
UN CURA PEDERASTA DE COAHUILA, PROTEGIDO POR JERARCAS CATÓLICOS
Un
caso más de pederastia sacude a la Iglesia católica mexicana: un seminarista de
Piedras Negras, Coahuila, sufrió abusos sexuales del rector del seminario
local. Y pese a que la víctima denunció ante las autoridades eclesiásticas,
nada se hizo para castigar al abusador. Para cuando el joven acudió a las
autoridades judiciales, su victimario ya estaba prófugo, aparentemente ayudado
por el arzobispo de Monterrey y el nuncio apostólico en México.
CIUDAD
DE MÉXICO (apro).- En 2015, aún como rector del Seminario Menor de la diócesis
de Piedras Negras, Coahuila, Juan Manuel Riojas Martínez abusaba sexualmente de
su estudiante Javier Calzada Tamez, entonces de 16 años y quien denunció ese abuso
ante las autoridades eclesiásticas. Al comprobar que éstas protegían al
sacerdote, el joven acudió este año a la Procuraduría General de Justicia de
Coahuila, donde denunció penalmente tanto al pederasta como al obispo de
Piedras Negras, Alonso Gerardo Garza Treviño, por considerarlo encubridor.
Estos
hechos ocurren en un entramado de encubrimiento eclesiástico de muy alto nivel,
en el que participan el arzobispo de Monterrey, Rogelio Cabrera; el nuncio
apostólico en México, Franco Coppola; y algunos sacerdotes subalternos. Todos
conocían los atropellos de Riojas Martínez, conocido como el padre Meño, y aun
así permitieron que se fugara.
En
entrevista, Calzada Tamez, ya de 18 años y quien acaba de abandonar sus
estudios en el seminario, relata paso a paso los atropellos que sufrió, así
como las artimañas y presiones de la Iglesia con que intentaron acallarlo. De
entrada, detalla que entre marzo y julio de 2015 el padre Meño lo obligaba a
entrar a su habitación para cometer ahí sus abusos sexuales, valiéndose de su
autoridad como rector del seminario.
Cuenta
el hoy ex seminarista: “La primera vez que el padre Meño abusó de mí fue el 23
de marzo de ese año, día de su aniversario sacerdotal. Me ordenó que le llevara
a su cuarto una casulla. Él estaba ya ahí… esperándome… y andaba tomado.
“A
partir de entonces usó varios pretextos para jalarme a su recámara; en una
ocasión me pidió que le llevara su teléfono celular; en otra, un jarro de agua…
Llegó el momento en que me asignó un cuarto al lado del suyo para tenerme
cerca. Ahí también abusó de mí.”
–¿Y
mientras estudiabas ahí, nunca le informaste al obispo?
–No.
Tenía mucho miedo de que el padre me corriera del seminario. También pensaba
que quedaría como un mentiroso que sólo le levantaba falsos al rector y que más
bien él me culparía a mí.
“Al
único a quien entonces llegué a confesarle estos abusos fue a mi director
espiritual, el padre Jesús Martínez Compeán. Pero él me decía que
lamentablemente el seminario no tenía una estructura para afrontar este tipo de
situaciones.”
Del
Seminario Menor de Piedras Negras el adolescente pasó a estudiar al Seminario
Mayor de la arquidiócesis de Monterrey. Fue ahí donde, a mediados de diciembre
de 2016 –más de un año después de los hechos–, se atrevió a denunciar al
sacerdote ante las autoridades eclesiásticas.
Les
comentó el caso al prefecto académico y al coordinador del curso introductorio
del Seminario Mayor, los sacerdotes Arturo Garza y Anuar Canavati,
respectivamente. Éstos consideraron que la denuncia debía hacerse ante el
obispo de Piedras Negras, Garza Treviño, por tratarse del superior jerárquico
del pederasta.
Para
debatir el espinoso asunto, el 19 de diciembre Garza Treviño y Canavati
tuvieron una reunión en Monterrey en la que también participaron Pedro Pablo
González, promotor de justicia de la arquidiócesis de Monterrey, y Juan Carlos
Arcq Guzmán, rector del seminario de esa arquidiócesis.
Ahí
elaboraron una constancia –copia de la cual tiene Proceso– donde asientan haber
“recibido información de un posible acto de pederastia por parte del pbro. Juan
Manuel Riojas Martínez”.
El
documento agrega que, junto con el arzobispo de Monterrey, todos acuerdan
“actuar de manera apropiada cumpliendo con el artículo 12 bis de la Ley de
Asociaciones Religiosas”, que exige denunciar estos ilícitos ante las
autoridades civiles. También acordaron juzgar internamente al sacerdote según
la “legislación canónica”, en concreto a “las normas de los delitos reservados
a la Congregación de la Doctrina de la Fe”.
En
suma, en ese escrito de diciembre se comprometieron a denunciar a Riojas ante
la justicia civil y eclesiástica, como lo marcan las leyes. Pero todo quedó en
el papel. No lo denunciaron ante las autoridades civiles. Más bien se dieron a
la tarea de acallar a la víctima para evitar cualquier escándalo.
Para
lograr eso, el 20 de diciembre –un día después de elaborar el documento– Garza
Treviño se reunió con el seminarista abusado, quien relata así los pormenores
de ese encuentro: “Me hizo jurar que lo que yo le contaba era verdad. Y así lo
hice. Luego me comentó que jamás le habían presentado una queja de ese tipo
contra el rector de su seminario.
“Para
ese tiempo mi familia ignoraba todavía los abusos que sufrí. El obispo me pidió
que no le contara a mis papás todos los hechos, sólo los menos graves, y que
además lo hiciera de una manera ‘atenuada’ para no alarmarlos. Me prometió
resolver el problema y me mandó hacer estudios psicológicos.”
El
diagnóstico psicológico, emitido por el doctor Omar Kawas Valle, indica que la
víctima “sufre de un trastorno de estrés postraumático. Este trastorno se
manifiesta con ansiedad severa, sensación de falta de aire, palpitaciones,
dolor de cabeza, pensamientos de minusvalía, alteraciones en el sueño e
irritabilidad. Además de recuerdos del evento traumático, lo que le impide
desempeñarse en sus actividades académicas y espirituales de manera regular”.
DENUNCIA PENAL
No
fue sino hasta enero de este año cuando el seminarista reveló a sus padres los
abusos de que fue víctima. Relata: “Estaba en un centro comercial, con mi padre
y mi madre cuando les conté lo que había pasado. Se los hice saber como me lo
pidió el obispo; de manera atenuada. Aún así mi mamá empezó a llorar. Mi papá
quedó muy confundido.
“Le
hablaron entonces a quien había sido mi director espiritual en el seminario
menor, el padre Jesús Martínez Compeán, quien supo todo desde el principio.
Éste tuvo pláticas con mis papás para tratar de tranquilizarlos. Pero siempre
intentó que el caso no llegara a las autoridades civiles.”
Después,
el 17 de enero, Garza Treviño citó en su casa a los padres de la víctima para
tratar de acallarlos a cambio de dinero. Relata el ex seminarista los
pormenores de ese encuentro: “Al obispo lo que le preocupaba era que el caso se
hiciera público. Les advirtió a mis papás que si denunciaban penalmente al
padre Meño, el asunto inmediatamente se ventilaría en la prensa, y yo sería el
más perjudicado por toda la presión que tendría encima.
“Entonces
el obispo les ofreció dinero a cambio de su silencio: ‘Pídanme lo que quieran,
lo que se les ofrezca, yo estoy dispuesto a dárselos’, les decía. Pero mis
padres no aceptaron.”
Señala
que un mes después, el 18 de febrero, el obispo le quitó finalmente la rectoría
del seminario al padre Meño. Pero no lo castigó. Solo lo cambió de puesto. Lo
nombró vicario del Santuario de Guadalupe.
Sobre
este cambio de adscripción, comenta indignado la joven víctima: “El obispo más
bien le dio un premio al padre Meño, pues el Santuario de Guadalupe es el
principal templo de la diócesis y al que concurren más feligreses. Y, por si
fuera poco, el obispo también lo dejó a cargo de una casa para migrantes aquí
mismo, en Piedras Negras.
“Luego,
a principios de marzo, durante unos días que tomé de asueto en el Seminario
Mayor para estar con mis papás en Piedras Negras, el padre Jesús Martínez me
llamó para decirme: ‘Ya te tengo una respuesta del obispo’. Me alegré
muchísimo, pensé que el obispo por fin se había decidido a denunciar a su
sacerdote. Pero al encontrarme con el padre Chuy (Martínez Compeán), éste me
entregó una carta, redactada en primera persona y en nombre mío, como si yo la
hubiera escrito. La carta decía que yo exculpaba al obispo de todo acto de
encubrimiento.”
Fechada
el 8 de marzo, la carta dice textualmente: “Expreso que no es mi voluntad que
el Sr. Obispo Alonso Gerardo Garza Treviño sea acusado de no actuar en el orden
civil, en lo referente al caso de mi persona. Lo exculpo totalmente de que no
proceda él ante la autoridad civil, pues sé que él nunca aceptaría complicidad
en una situación así”.
En
la carta aparece el nombre del seminarista abusado. Sólo faltaba su firma para
exculpar al obispo. Cuenta ahora el joven: “El padre Chuy me instaba a firmar
esa carta. Le respondí que lo pensaría y que me la llevaría. Se la mostré a mis
papás y jamás la firmé. Fue una maniobra del obispo para intentar protegerse,
utilizándome a mí”.
–¿Recurriste
a otra autoridad eclesiástica para pedir ayuda?
–Sí,
le pedí apoyo al nuncio Franco Coppola. Le escribí una carta donde le relaté
los hechos. Se la envié a mediados de marzo. Ya para entonces había comprendido
que el obispo de Piedras Negras jamás denunciaría a su sacerdote.
“Por
otro lado, mi familia y yo también decidimos denunciar penalmente al padre
Meño. Lo hicimos el pasado 24 de marzo, ante la Procuraduría de Justicia de
Coahuila. Un día antes le avisamos al padre Martínez Compeán que pondríamos la
denuncia porque la diócesis no hacía nada.
“Nos
llevamos una gran sorpresa; el mismo día que pusimos nuestra denuncia, la
diócesis también denunció a su sacerdote ante la procuraduría. ¿Cómo sucedió
esto? El padre Chuy le había dado el pitazo al obispo de que interpondríamos la
denuncia, por lo que la diócesis, para cubrirse, también puso inmediatamente la
suya.
“Fue
un error nuestro haberle avisado a Martínez Compeán, porque esto además provocó
que la diócesis alertara al padre Meño para que ese mismo día se diera a la
fuga.”
–¿Y
el nuncio Coppola finalmente intervino? ¿Respondió a tu petición de apoyo?
–En
abril recibí su carta de respuesta. No me sirvió de nada. Ahí sólo me dice que
al padre Meño se le abrió un proceso en el Vaticano, y que el obispo de Piedras
Negras lo había suspendido de sus funciones sacerdotales, cosa totalmente
falsa. Lo único que hizo el nuncio fue proteger al obispo.
Fechada
el pasado 4 de abril, la carta de Coppola –este semanario tiene copia– le
informa al seminarista: “A finales del mes de enero pasado, S.E. Mons. Alonso
Gerardo Garza Treviño, obispo de Piedras Negras, remitió tu denuncia a la Santa
Sede, la cual actualmente está siendo considerada por la Congregación para la
Doctrina de la Fe, institución encargada por el Papa Francisco para tratar
estos dolorosos casos. Tengo entendido, además, que Mons. Garza Treviño dispuso
diversas medidas cautelares al p. Riojas Martínez, incluyendo la suspensión
temporal, por ahora, del ejercicio del ministerio sacerdotal”.
Esta
carta del nuncio le llegó al seminarista a través del arzobispo de Monterrey,
quien lo mandó llamar para dársela personalmente.
Cuenta
el joven sobre ese encuentro: “Al entregarme la carta, el arzobispo Cabrera me
pidió que se la leyera en voz alta. Se la leí. Me recomendó mucho que no me
metiera con el obispo de Piedras Negras, porque quien cometió el abuso fue el
padre Meño. Para entonces ya todos protegían al obispo, querían impedir que lo
acusara de encubridor”.
–¿Y
finalmente te atreviste a denunciarlo?
–Sí,
lo denuncié penalmente el pasado 8 de mayo, en la misma procuraduría. Dos días
después me salí del Seminario Mayor. Ahí ya todos me veían mal por haber
protestado.
–¿Y
del padre Meño qué se sabe?
–¡Nada!
La procuraduría dice que lo sigue buscando. Y la Interpol ya puso, por su lado,
la ficha roja… No sabemos dónde se esconde.
Este reportaje se publicó en la edición
2128 de la revista Proceso del 13 de agosto de 2017.
(PROCESO/ REPORTAJE ESPECIAL/ RODRIGO
VERA/ 18 AGOSTO, 2017)
EL SISTEMA ESTÁ FUNDADO EN LA CORRUPCIÓN: PML; EL PRESIDENTE DEBER SER ENJUICIADO Y NO SER “FIGURA INTOCABLE”: BÚRQUEZ
Porfirio
Muñoz Ledo y el senador del PAN, Francisco Búrquez, hablaron sobre la
corrupción, el problema institucional para combatirla en México y las
posibilidades de que se pueda enjuiciar al Presidente de la República.
Porfirio
Muñoz Ledo dijo que si es verdad que todos los bienes de Emilio Lozoya Austin
provienen de la iniciativa privada, entonces los recursos transferidos por
Odebrecht se utilizaron para la campaña electoral de Enrique Peña Nieto.
Afirmó
que el principal problema de México es la impunidad y este caso demuestra que
el sistema político está basado en esa práctica pues ninguna conducta es
castigada y los políticos responsables únicamente “le echan la culpa a otras
personas”.
El
coordinador de la Reforma Política para la Ciudad de México participó en una
mesa de análisis sobre la corrupción y capacidad institucional para castigarla.
Muñoz
Ledo sostuvo que es necesario armonizar la Constitución federal a lo que
establece la Carta Magna de la Ciudad de México, donde sí hay controles
democráticos para las autoridades y se establece, incluso, la revocación del
mandato.
El
senador panista, Francisco Búrquez Valenzuela, sostuvo que Petróleos Mexicanos
(Pemex) es propiedad de los políticos mexicanos y se utiliza como ‘caja chica’
para financiar partidos y campañas.
El
panista afirmó que es necesario eliminar los bloqueos constitucionales que
impiden juzgar al Presidente de la República, de tal forma que enfrente
responsabilidades por la corrupción y deje de ser una “figura intocable”.
Francisco
Búrquez dijo que la clase política está en decadencia y franco peligro de
desaparecer, por lo cual pueden intentar combatir la corrupción “por instituto
de supervivencia”.
(ARISTEGUI NOTICIAS/ REDACCIÓN AN/
AGOSTO 18, 2017 12:17 PM)
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