domingo, 30 de diciembre de 2012

BALEAN A DOS HOMBRES EN PUESTO DE TACOS EN MONTERREY

Monterrey, N.L.- Los hechos se registraron a las 16:10 horas a una cuadra de la estación del Metro Cuauhtémoc, donde perdió la vida uno de los jóvenes que no fue identificado, mientras el otro fue trasladado gravemente herido por la Cruz Roja.

Las víctimas se encontraban en un puesto de tacos en la esquina de la avenida Colón y Jiménez, uno de ellos era trabajador del negocio, mientras que el otro era vendedor de flores.

Según testigos los responsables fueron dos hombres armados quienes iban caminando y abrieron fuego contra las víctimas.

Al lugar acudieron elementos de la Policía Regia, elementos de la Marina, de la Agencia Estatal de Investigaciones y socorristas de la Cruz Verde y Roja.

Debido a la movilización uno de los accesos de la estación del Metro Cuauhtémoc fue cerrada, así como tres carriles de la avenida Colón.

LAS MATEMÁTICAS CAUSAN DOLOR FÍSICO

Agencias

Buenos Aires, Argentina.- La ansiedad por las matemáticas, un problema muy frecuente en los chicos de primaria y el secundaria, activa regiones cerebrales relacionadas al dolor físico y la detección de amenazas.

Un estudio realizado por la Universidad de Chicago (Estados Unidos) encontró que cuanto mayor es el estrés que genera la matemática, más fuerte es la activación de estas regiones cerebrales. Las conclusiones fueron publicadas en la revista PLOS ONE.

MIEDO EN EL CEREBRO

Los especialistas citaron estudios previos que encontraron que otras formas de estrés psicológico, como el miedo al rechazo, generan la sensación física de dolor. En su estudio, analizaron si anticipar una actividad o evento que genera ansiedad produce esta sensación negativa.

Con ese fin, trabajaron con un grupo de voluntarios que sentía miedo por las matemáticas. Los expusieron a la tarea de resolver este tipo de problema y analizaron el nivel de ansiedad que sentían antes de realizar esta actividad, en vez de durante la realización de la misma. Utilizaron equipos de resonancia magnética funcional que registraron los cambios que el miedo generó en su cerebro.

La investigación encontró que anticipar un evento desagradable activa regiones del sistema nervioso central relacionadas a la sensación del dolor físico y a la identificación de una amenaza. Los expertos recalcan que los voluntarios que más ansiedad sintieron fueron los que tuvieron una mayor actividad cerebral en estas áreas. También enfatizan que esta actividad comenzó con la sola anticipación de las matemáticas, es decir antes de enfrentarse a los problemas en sí.

"Encontramos la primera evidencia neural que indica la naturaleza de la experiencia subjetiva de la ansiedad por las matemáticas", afirman. Los expertos afirman que estos resultados explican por qué las personas con miedo a esta disciplina intentan a toda costa evitar esta situación, llegando incluso modificar su decisión de carrera para no encontrarse con la disciplina que temen.


Información: NeoMundo

DUDAS Y DESCONFIANZA PROVOCA EXAMEN DE CERTIFICACIÓN A POLICÍAS

Reforma

México, DF.- La opacidad con la que se operan las evaluaciones de control de confianza, en la que los examinados no tienen acceso directo a sus resultados ni pueden solicitar la revisión de sus pruebas, puede generar actos de corrupción al interior de las corporaciones de policía, señaló María Elena Morera, presidenta de Causa en Común.

Como los resultados de las evaluaciones son entregados a los mandos de los policías, indicó la líder ciudadana, esto se puede prestar a que soliciten dinero u otro tipo de favores a cambio de dejarlos permanecer supuestamente en el cargo.

“Te mandan al Control de Confianza y a ti no te dan los resultados, se los dan a tu jefe, entonces tu jefe te puede extorsionar diciéndote que reprobaste cuando en realidad no reprobaste”, indicó.

Morera, cuya organización le ha dado seguimiento al proceso de depuración policiaca a nivel nacional, señaló que otra forma que tienen los mandos de presionar a sus elementos es amenazándolos con enviarlos a los exámenes, ya sea para obtener ventajas u hostigar a quienes no les caen bien.

“Están usando el control de confianza como verdugo de los policías, entonces muchos no quieren ir, muchos jefes amenazan a sus elementos con que los van a mandar al control de confianza como un método para extorsionarlos”, dijo.

Deben transparentar resultados

Para evitar este tipo de prácticas, sugirió, los mecanismos de aplicación y los resultados deberían de transparentarse, empezando por los de los altos mandos y funcionarios de primer nivel, cuyo aprobación o no aprobación debería de hacerse del conocimiento de la sociedad.

“Los exámenes de los mandos deberían de ser públicos. Debemos saber que pasaron el examen, para no tener el riesgo de desconocer a quienes están al frente de las corporaciones; me parece que ésta es la parte más importante. Y una vez que los mandos son confiables, que los policías puedan saber su mando es confiable y su compañero también es confiable”, dijo.

Evalúan a policías técnicos inexpertos

Los exámenes de control de confianza con que se intenta depurar a las instituciones de seguridad pública, procuración de justicia y prisiones, tienen fallas desde el diseño de las pruebas hasta la aplicación que hacen técnicos sin conocimientos suficientes en áreas policiales ni tampoco de procuración de justicia.

Estas dos deficiencias provocan que mientras en unos estados aprueban prácticamente todos los policías y funcionarios evaluados, en otras reprueba la mitad, advirtieron especialistas.

El mecanismo de evaluación, consideró Bernardo Gómez del Campo, autor del libro “En búsqueda de un perfil policial mexicano”, carece de los perfiles tipo que deberían tener los servidores públicos congruentes con las funciones que desempeñan. Al carecer de una lista de la habilidades específicas que requiere cada puesto de trabajo, con una misma batería de pruebas se evalúan las aptitudes de personas que desempeñan funciones distintas.

Esto ocasiona que califique como no aptas a personas que, con guía adecuada, podrían ser elementos eficientes, indicó María Elena Morera.

“Al principio no estaba bien calibrado el examen y te ponían no apto cuando estabas gordo, aunque eso no era relevante para el perfil de tu puesto. A personas que tenían problemas con su manejo de estrés, en lugar de aprobarlos con restricciones y enviarlos a una terapia o cambiarlos de adscripción, les ponían no apto; yo creo que ahí se nos fue mucha gente que sí valía la pena”, indicó.

Los contrastes

De acuerdo con datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNP), mientras que en Zacatecas y Sonora la mitad de los evaluados reprueba; en Jalisco, Veracruz, Chihuahua, Nuevo León y Sinaloa uno de cada tres resulta no apto. En Campeche y Yucatán, aprueban prácticamente todos los examinados.

Gómez del Campo indicó que estos contrastes son ilógicos. Además de la falta de los perfiles-tipo que sirvan de referentes para cada función, en los resultados influye la percepción de los aplicadores de las pruebas: en aquellas entidades con mayores problemas de violencia son más estrictos y en los estados que les parecen más seguros relajan la evaluación.

“Muchos poligrafistas estigmatizan al elemento por la zona. ¿Qué sucede? Van a levantarle el polígrafo a una persona en Tamaulipas y llegan con la idea de encontrarse con alguien que pertenece a la delincuencia organizada.

“El poligrafista nos diría que esto no es cierto, que él no califica, que lo hace el polígrafo, que es el que va a medir las respuestas y que él sólo va a formular las preguntas; ahí está el asunto: en la forma y en el tipo de preguntas va a buscar lo que pretenden encontrar”, explicó.

Cada entidad federativa evalúa a su personal a través de los diferentes Centros de Evaluación y Control de Confianza, que fueron desarrollados a través de un modelo elaborado por el Secretariado Ejecutivo del SNSP. Todos los procedimientos están estandarizados.

Los centros estatales operan desde 2009, en fechas distintas, y sin personal especializado para aplicar las pruebas -toxicológica, psicológica, de situación patrimonial y poligráfica-, lo que provocó la formación “fast-track” de examinadores.

Gómez del Campo indicó que la mayoría de poligrafistas son técnicos que carecen de conocimientos de las áreas policiales y de procuración de justicia, lo que limita su trabajo y genera distorsiones en sus diferentes evaluaciones.

“Un poligrafista que vaya a examinar a un policía tiene que conocer de policía, para que sus preguntas vayan direccionadas a interpretar, independientemente de la medida tecnológica que es el polígrafo, lo que dice la persona evaluada, qué piensa y por qué lo piensa”, señaló.

Morera dijo que la prórroga de 10 meses que el Senado autorizó para que los estados puedan cumplir con la meta de certificar a la totalidad de su personal, debe de aprovecharse para revisar el modelo de evaluación y corregir todas las fallas que tiene.

“Lo que se tiene que hacer es una evaluación y un estudio de los exámenes de control de confianza y de la forma como están estructurados y operando los Centros de Evaluación”, indicó.

Una sola falla en la carrera

Después de 25 años de carrera con un expediente limpio, en que figuran tres notas meritorias, por el que fue invitado a participar en una homologación salarial, un inspector de la Policía Federal fue informado hace tres semanas que reprobó el examen de control de confianza.

El mando, quien pidió no revelar su nombre para no afectar más su situación, aseguró que desconoce en cuál prueba falló, pues no le informan detalles de sus resultados.

El policía, quien pertenece a la División de Seguridad Regional, ingresó a los 18 años a la entonces Policía Federal de Caminos (PFC) y ha aprobado exámenes completamente idénticos al que ahora lo descalifica.

“No importa la trayectoria que tengas. Mi expediente está limpio, sólo tengo un par de faltas menores, un retardo y no haber contestado a tiempo el radio hace muchos años; pero ahora dicen que no soy confiable para la institución a
la que le he servido toda la vida”.

ENTRE LA SAÑA Y LA DEPRESIÓN

 

Rosendo Zavala
Saltillo, Coah.- Uno de los cánceres sociales que más atacaron a la región en el año que se va fueron los homicidios, y es que al menos 164 personas fallecieron de manera trágica por diferentes circunstancias, sin que la mayoría de los casos hayan sido resueltos por la autoridad hasta el día de hoy.

Aunque del total registrado en el archivo de este medio, 58 se derivan de situaciones sociales como las riñas, mientras que el resto han ocurrido por eventualidades generadas de las acciones delictivas que inundan la ciudad.

Por si fuera poco, los suicidios también estuvieron a la orden del día, pues en términos estadísticos al menos una persona se quitó la vida por semana, utilizando el método del ahorcamiento como su pasaporte al otro mundo y como causa recurrente los problemas amorosos.

LAPIDARIOS

2012 arrancó salvajemente, pues apenas habían transcurrido 72 horas cuando la primera “campanada” de la tragedia retumbó en Saltillo, luego de que un joven asesinara a su padrastro de varios tablazos por defender el honor de su madre.

Lázaro Castañeda Montelongo arremetió contra la pareja sentimental de su progenitora al no soportar verla sometida por el agresor, tomando un barrote y concretando el primer crimen de enero en una vivienda de la colonia La Gloria.

Pero quien se convirtió en noticia por la forma tan despiadada como encontró la muerte fue Roberto Betancourth Rodríguez, quien pereció tras recibir un balazo en el tórax y diversas lesiones de arma blanca en el cuerpo mientras participaba en una riña campal acontecida en la colonia Ciudad Las Torres, el 22 de enero.

Aunque los siguientes días transcurrieron con aparente calma, el 4 de febrero se suscitó el doble homicidio que estremeció a gran parte de la ciudadanía, cuando dos indigentes fueron masacrados por un hombre de origen hondureño, que de inmediato se perdió en las sombras del anonimato.

Fue durante la tarde de aquel sábado gris cuando “doña Cuquita” y “don Salcido” terminaron victimados por el desconocido, con quien se embriagaban en una propiedad abandonada situada en el bulevar V. Carranza. Los entrañables amigos se divertían con vino barato, cuando uno de los tantos invitados que tenían en la juerga enloqueció repentinamente, agrediendo a los infortunados que perecieron por las pedradas recibidas minutos después del brutal ataque.

Pero aunque la violencia extrema se convirtió en el sello característico de este rubro, también se dieron asesinatos que rayaron en lo absurdo, al desencadenarse por obra de la casualidad o causas que sorprendieron hasta a las autoridades.

Tal fue el caso del tabasqueño que murió apuñalado por su vecina en la colonia Bellavista, cuando al tratar de sofocar una pelea entre su mujer y ésta recibió el “piquete” que le arrebató la existencia de manera inmediata. Anselmo Méndez Cruz intentó sacar paz ignorando que su acto de conciliación resultaría trágico, porque Susana Díaz no aguantó la discusión y le asestó una cuchillada en la espalda que acabó con la discusión de la peor manera.

Sin embargo, el primer semestre no podía terminar de diferente manera, y es que tres mujeres fueron ultimadas por el galán de una de éstas, que sin piedad las calcinó para después enterrarlas en un predio localizado sobre la carretera a Zacatecas, en el ejido San Juan del Retiro.

DE MUCHOS MATICES

En uno de los casos más sanguinarios que se registraron durante el fatídico año, un sujeto arremetió contra varios jóvenes que se embriagaban en el exterior de un domicilio en la colonia Río Bravo, dejando un saldo de dos muertos y un lesionado grave el 19 de agosto. Luis Arturo Cepeda Pérez, “El Chepe”, aparentemente confundió a sus victimados y se les fue encima logrando asesinar a César Arturo Nevaez López, así como a Gerardo Gaytán Valdés, quienes fallecieron al no soportar las lesiones sufridas en el ataque.

Tres semanas después, elementos municipales de Saltillo acribillaron a un hombre que se había metido en un domicilio del fraccionamiento Europa sin motivo aparente, los uniformados argumentaron que dispararon porque el infractor portaba una navaja con la que pretendía atacarlos.

Durante el mes de octubre la muerte mostró su peor lado, participando activamente en los sucesos que estremecieron a la comunidad saltillense como pocas veces, con los crímenes que por su sadismo destacaron incluso a nivel nacional.

El primero de éstos fue el de Vicente Hernández López, un director de escuela en la colonia Zaragoza, que recibió 64 puñaladas presuntamente a manos de una “amiga” el día 16 de octubre, quien lo atacó por motivos que hasta hoy en día son un misterio para la autoridad.

Esa misma semana, Eleuterio Vega Salazar conmocionó a la opinión pública, cuando en un acto de completa cobardía golpeó brutalmente al pequeño Christopher, de apenas 2 meses de edad, quien pereció producto de los azotones, mordeduras y asfixia que le propinó su propio padre.

Aunque de inicio la madre del menor también había sido implicada en los deleznables hechos, la justicia ministerial la deslindó de toda culpa al comprobar que estaba trabajando al momento del crimen.

Por su parte, Mauricio Castañuela también se convirtió en parte de las estadísticas cuando volvía a su casa en el sector Las Candelarias la madrugada del 10 de noviembre, al ser vapuleado por desconocidos y ultimado a blockazos sin motivos específicos, aunque la PGJE aún tiene como máxima línea de investigación el robo.

Cerrando la cuenta del rojizo 2012, cuatro personas fueron encontradas colgadas en uno de los puentes del Distribuidor Vial El Sarape, mientras que otra más terminó decapitada en el mismo lugar horas después, en acontecimientos ocurridos a principios de este mes de diciembre.

LOS SUICIDAS

Otro de los puntos importantes que también enlutaron a 56 familias de la Región Sureste de Coahuila fueron los suicidios, generados en su mayoría por depresiones amorosas, económicas o sociales, causando estragos emocionales a los deudos.

Para lograr sus objetivos fatalistas, los decepcionados sociales han recurrido a las cuerdas para terminar con su vida de manera efectiva, utilizando el ahorcamiento en 48 ocasiones, mientras que en otras cuatro las balas hicieron su labor y en el resto fueron elementos tóxicos los que desencadenaron la tragedia.

Ricardo García Castro decidió acabar con su vida al no soportar los problemas que tenía con su madre, siendo rebasado por la depresión que lo orilló a tomar el arma calibre .22 con que se dio un tiro en el cuello, validando su deseo en su domicilio del sector Vistahermosa.

Por su parte, Luis González García entregó su destino a la suerte y perdió cuando menos lo esperaba, porque al jugar con sus amigos a la “ruleta rusa” se dio el plomazo que evocó a la tragedia minutos después. El joven de 23 años jaló el gatillo, dejando de existir ante la incredulidad de propios y extraños, porque tras confirmarse el deceso por parte de las autoridades, sus deudos negaron la teoría del suicidio, argumentando que el infortunado limpiaba el arma cuando ocurrió el “accidente” que lo mató, según ellos, sin darse cuenta.

Además de las desgracias donde las pistolas han salido a relucir, el envenenamiento también figuró entre los métodos socorridos.

Entre los casos más sonados están los de Moisés Barrios Lima y Emma Pérez García, que optaron por una técnica diferente a la convencional, pero con la misma efectividad, que ahora los tiene en el recuerdo de su familia.

Moisés dejó de existir tras tomar un “coctel” compuesto por varios líquidos químicos que se utilizan para arreglar vehículos, mientras Emma Pérez García sufrió una intoxicación medicamentosa que su organismo no pudo soportar.

Además, el 18 de diciembre, un reo que purgaba una sentencia de 34 años por homicidio en el Cereso varonil se quitó la vida. Se trata de Luis César Franci Trinidad, quien fue localizado ahorcado en su celda.

Entre golpes, puñaladas, balazos, y para otros con la firme voluntad de acabar con sus propias vidas, fue como terminó el año en la Región Sureste, mientras la ciudadanía espera que 2013 llegue con mejores augurios y minimizar en algo el pesar que tiene a muchos hundidos en la preocupación.


Angelitos caídos

Uno de los ámbitos que dejó marcada la historia de la región en el año que termina fue el de las tragedias infantiles, y es que al menos una decena accidentes caseros o viales enlutó a una gran cantidad de familias, que harán recordar el 2012 el más triste de su vida.

Aunque la desgracia empezó a expandirse por las colonias del sureste del estado desde los primeros días de 2012, fue el último bimestre el que se distinguió por la cantidad de eventos funestos que conmocionaron a la sociedad.

Irónicamente, los descuidos de los padres afectados han sido el factor que detonó la mayoría de las desgracias, donde los más perjudicados fueron los pequeños que perdieron la vida por cuestiones “del destino”.

UN COMPLICADO INICIO

La primera de las eventualidades que cubrió de duelo a una familia saltillense se registró el 9 de enero, cuando una abuela cometió el descuido que consternó a la comunidad de la Ampliación Morelos, tras generarse el atropellamiento de su nieto.

Pero el acontecimiento que destrozó el clan familiar de manera irreversible fue el ocurrido con el infante de apenas un año de edad, que jugaba en las inmediaciones de la tienda que atendía doña Petra Aguilar. Y es que cuando la señora apartó la vista del pequeño para atender a un cliente, el infortunado salió a la calle atravesándose al paso de la camioneta Windstar que transitaba por el cruce de Calle R y 15. Pese al esfuerzo del conductor el pequeño no logró librarse y llegó sin vida al centro de salud a donde lo llevaron para atenderlo de las mortales lesiones.

Horas después, una mujer enloqueció de ira y en un acto de defensa “involuntario” agredió a su hijo golpeándolo con una almohada, alegando Fernanda Martínez Enríquez haberse convertido en homicida por defenderse de las maldades de su pequeño Miguel Ángel, manifestando que a sus 7 años el niño la había querido manosear para saciar sus bajezas infantiles.

El desarrollo de esa increíble historia se dio en una casona de la colonia Lomas de Santa Cruz, cuando “Miguelito” veía la tele con su progenitora en la cama, presuntamente, el menor abrazó a la mujer con la intención de regalarle una caricia, pero la potosina de 23 años, confundió el mensaje de amor con el del deseo y le asestó un almohadazo que tumbó al infante.

Por su parte, la familia Fahara viviría el momento más amargo, luego de ver cómo el portón de su residencia caía estrepitosamente sobre la humanidad del pequeño Luis Carlos.

El menor de 4 años bajó del auto donde viajaba y al tratar de abrir la compuerta de acero ésta se vino abajo, aplastando al pequeño que murió de manera instantánea.

BIMESTRE DE DOLOR

Pero tras un periodo de aparente calma en el rubro de las tragedias entre menores, la maldad volvió a azotar de la peor manera con el repunte en las cifras de mortandad por diversas causas, ocasionando cuatro decesos en el lapso de un mes y al menos seis durante el periodo octubre-noviembre.

La cuenta arrancó el 29 de septiembre con la insensatez de una mujer, que por dejar a su bebé en carreola bajo el cuidado de otra niña evocó a la muerte, que se postró en un humilde barrio del sur oriente de Saltillo.

Aquel fin de semana la desgracia llegó a la calle San José de la colonia Postal Cerritos, cuando las circunstancias se combinaron para matar las ilusiones de la mujer que sin pensarlo dejó a su bebé en manos de la propia muerte.

Claudia Elizabeth Cruz paseaba con Jonathan Alexis y estando afuera de su domicilio escuchó el sonar del teléfono, por lo que presurosa dejó al niño de un año bajo el cuidado de su otro hijo, Bryan, de 9 años, que impotente vio cómo el cargador de agua mataba las aspiraciones terrenales su hermanito.

Fue de esa forma como un descuido mutiló la felicidad de la familia que perdió uno de sus miembros bajo las ruedas del camión asesino, cuyo conductor intentó remediar auxiliando al pequeño que para entonces ya había fallecido.

Al otro extremo de la ciudad, un bebé de la misma edad sufría el mismo destino pero por diferentes causas, ya que un balde de agua bastó para que extinguiera su corta vida. William jugaba en la sala de su casa en el sector Rancho de Peña durante la mañana de aquel lunes negro, pero tal era su inocencia que lo llevó a asomarse en la cubeta en donde accidentalmente cayó. Como resultado, el pequeño se ahogó y fue su hermanita de 6 años quien lo sacó de entre el agua jabonosa, mientras gritaba a su madre, desencadenando el drama familiar que se concretó con el deceso del bebé de 14 meses.

Sin embargo, una de las tragedias que más ha conmovido al sector social durante el año que termina es el asesinato de Christopher Ángel, quien murió a manos de su propio padre, cuando éste le dio una feroz golpiza porque no lo dejaba dormir…a plena luz del día, el 21 de octubre.

La ciudadanía no podrá olvidar la tarde en que Eleuterio Vega Salazar ultimó a su pequeño hijo con la salvaje agresión que le infirió en la soledad del cuartucho donde vivían en la colonia Antonio Cárdenas, mientras su esposa trabajaba ignorando lo que ocurría.

De manera cruel y despiadada el sujeto golpeó, mordió y azotó a su víctima de 2 meses contra lo que encontraba a su paso, propiciándole las heridas que prolongaron su agonía algunos minutos.

VIOLENTO FINAL

Con la lógica por delante, el 2012 está concluyendo con el grado de violencia que comenzó y la estadística sigue creciendo al tomar los accidentes como la manifestación requerida para patentar su presencia en la región, registrando incidentes que han apagado la existencia de otros dos niños.

El 25 de noviembre, Candelario Contreras atropelló sin darse cuenta a su hijo cuando salía en reversa de la casa de ambos en el sector Valle Azteca, siendo entonces cuando pasó por encima del menor la Chevrolet que manejaba, concretando la tragedia automáticamente.

Una semana después, Alan Jonathan jugaba con sus amigos en el taller de la colonia Zaragoza donde se realizaba una fiesta, pero la fatalidad lo alcanzó cuando una polea de acero que estaba recargada en la pared se venció y cayó sobre él, muriendo en el trayecto al hospital por el severo golpe que había sufrido en la cabeza.

Así termina un año de penas para el plano infantil de la Región Sureste, que padeció los estragos de la muerte en sus diferentes.

RESCATAN EN SALTILLO A HOMBRE CON BOTELLA EN EL RECTO

Luis Durón

Saltillo.- Momentos de angustia pasó un hombre dentro de su domicilio, cuando fue atacado sexualmente por una persona, que supuestamente le enterró una botella de vidrio en el ano.

Los hechos se registraron cerca de las 11:00 horas de ayer, en la casa marcada con el número 261 de la calle Quince, en la colonia Federico Berrueto Ramón; se trata de un hombre identificado como José Carlos, de 28 años

Fue a esa hora cuando la radioperadora de la Cruz Roja reportó los hechos a los paramédicos, pero sólo mencionó que se trataba de una persona enferma, sin anticipar los que se encontrarían los socorristas.

Y es que cuando llegaron al domicilio donde solicitaron el servicio, se dieron cuenta de que un hombre tenía el mencionado objeto dentro de su cuerpo, por lo que inmediatamente le proporcionaron los primeros auxilios.

Debido a que la botella había hecho vacío en el recto de José Carlos, los paramédicos decidieron llevarlo de urgencia a la Clínica 82 del Seguro Social, donde le extraerían el objeto.

Según las palabras de José Carlos supuestamente una persona lo atacó cuando se encontraba dormido y fue quien le incrustó la botella, por lo que de inmediato pidió ayuda al Sistema de Emergencia.

Sin embargo, hasta el momento no hay una denuncia formal por los hechos ocurridos, además, el afectado se negó a dar más información al respecto, manteniendo en secreto lo que verdaderamente ocurrió en su alcoba y qué fue lo que lo llevó a terminar con una botella dentro de su cuerpo.

LLORAN TAMBIÉN FAMILIAS MUERTES DE LOS SICARIOS

Proceso

México, DF.- Con base en el estudio “Indicadores de víctimas visibles e invisibles de homicidio”, publicado en noviembre por el Centro de Análisis de Políticas Públicas México Evalúa, y con datos oficiales y periodísticos, Proceso ofrece el perfil de la mayoría de los asesinados en el sexenio de Felipe Calderón y de su victimario (“reflejos del mismo espejo”). Es un joven pobre, sin educación, padre y esposo... En ese rostro está todo lo que México perdió de su futuro y de su tranquilidad. Y como fondo y marco de ese retrato, las ciudades devastadas, las sombras y los trozos de quienes fueron excluidos de la escuela, del empleo y finalmente de la vida.

En seis años el territorio nacional se pobló de tumbas prematuras.

Los muertos de la guerra desatada durante la administración de Felipe Calderón tienen rostro de joven de 24 a 35 años, de sexo masculino, habitante de la frontera norteña. Estaba casado, si no es que vivía en unión libre. Era padre. No tuvo más que la educación básica. Siempre fue pobre. Murió de forma violenta.

Si tuviera que describirse en uno solo, este sería el perfil que compartiría la mayoría de los asesinados del sexenio. Un retrato idéntico al de su homicida, que sólo varía en la edad: era cinco años más joven. Víctima y victimario son reflejos del mismo espejo.

El asesinato es la segunda causa de muerte entre los jóvenes mexicanos. En las actas de defunción de los registros civiles los accidentes automovilísticos fueron desplazados por los homicidios o, mejor dicho, los juvenicidios, que en algunas zonas alcanzaron proporciones epidémicas.

Ese contagio obligó a miles de padres y madres a enterrar a sus hijos jóvenes, a contracorriente de la ley de la vida. Dejó con el corazón roto y pocos pesos en la bolsa a miles de niñas-madres-viudas, y con el futuro desdibujado a sus hijos.

En el sexenio que concluye fueron abiertas 62 mil fosas nuevas que no estaban contempladas en los trazos de los panteones (según estimación del analista Diego Valle-Jones). Esas son las tumbas conocidas, con el nombre del finado escrito en una cruz. Hay por lo menos otras 25 mil personas de las que no se sabe si están vivas pero retenidas a la fuerza, o si descansan en fosas clandestinas o fueron convertidas en ceniza.

En ese lapso murieron asesinadas 101 mil personas. Casi un Estadio Azteca con cupo lleno. El mismo número de los muertos en las guerras de Los Balcanes o de Irak. Poco más de la mitad alcanzados por balazos, aunque la mayoría no eran soldados.

Son 101 mil actas de defunción o expedientes abiertos en alguna procuraduría, aunque un solo expediente puede contener hasta 72 muertos, como el que fue abierto para los migrantes asesinados en San Fernando. Según la PGR, 53 de ellos ultimados con bala.

A pesar de los reiterados esfuerzos, México no alcanzó el título de país más mortífero del planeta pero sí destacó como el país puntero en el incremento de sus homicidios. El aumento de 30% le dio el récord.

Con datos del INEGI, de las procuradurías de justicia estatales y del Sistema Nacional de Seguridad Pública, y apoyado de un grupo de expertos, el Centro de Análisis de Políticas Públicas México Evalúa hizo posible este primer perfilamiento de los muertos del sexenio. Los asesinados. Al menos la mitad, víctimas del crimen organizado. O ejecutados, palabra derivada de “ejecutar”, verbo que ingresó a nuestro diccionario a la par de “sicarear”.

Aunque este reportaje se basa en el estudio de noviembre de 2012 del mencionado centro de análisis, titulado “Indicadores de víctimas visibles e invisibles de homicidio”, este semanario ubicó informes oficiales y periodísticos para ayudar en la caracterización de quiénes, cómo y dónde murieron.

Conforme el país se fue militarizando y los cárteles se fragmentaban, el perfil de asesinos y asesinados varió y se volvieron más crueles las formas de arrancar almas de sus cuerpos. Cuerpos muchas veces descoyuntados.

Los datos fríos dan nuevo sentido a los testimonios recogidos a lo largo de estos años en voz de organizaciones sociales, expertos locales y familias víctimas. Esos cambios demográficos ya los notaban empleados de morgues y panteoneros de municipios como Badiraguato, Sinaloa, donde las muertes de jóvenes desplazaron a las de ancianos.

Y los gritaban muchas madres frente a los cuerpos sangrantes de sus hijos baleados, tirados como bolsas de basura en el pavimento de cualquier calle de Ciudad Juárez, que a partir de 2008 se convirtió en maquiladora nacional de muertos. Esa frontera escupió uno de cada 10 asesinados del país.

De esa magnitud era la queja del médico encargado de guardias de la Clínica 35 del Seguro Social, una de las tres destinadas a baleados, quien lamentaba:

“A cada rato hace falta sangre porque el banco de sangre tiene un stock limitado (….) Los que llegan no son derechohabientes casi nunca, no pagan porque no hay manera de cobrarles: o no vienen con familia o están en condiciones muy precarias (…) La mayor parte de los que están matando son jóvenes, pobres, tatuados en condiciones de indigencia muy marcadas. Pocos son a los que matan en camionetas”.

Sociedad malherida

La vocación industrial de producir muertos en serie pronto fue copiada por ciudades como Chihuahua, Tampico, Torreón, Culiacán, Cuernavaca, Monterrey, Acapulco y Apatzingán, entre otras, contagiadas por las “epidemias de violencia”, como definió el experto Eduardo Guerrero, el fenómeno del crecimiento abrupto de la violencia sostenida durante semanas o años.

El tifón de la violencia dejó a su paso sociedades malheridas. Al menos 344 mil personas son consideradas “víctimas invisibles”, esos sobrevivientes (padres, esposas, hijos) que dependían del asesinado, que lloran su partida, que algunas veces se describen a sí mismos como muertos en vida.

La proporción sugerida por Arturo Arango Durán y su hijo Juan Pablo Arango, expertos en estadística criminal, es de 1.4 huérfanos por cada muerto. Son niños a los que les arrebataron el horizonte: tendrán problemas para continuar los estudios por falta de dinero y de concentración. Si eran pobres, si no reciben ayuda, caerán al sótano de la miseria.

Gaby, una viuda juarense de 21 años, que intentaba inscribir a sus dos hijos en el padrón de huérfanos de la Secretaría de Fomento Social del estado, explica lo que es entrar a esa estadística:

“Lo que Gil tenía guardado eran mil 500 pesos, eso es lo único que conseguí para enterrarlo (…) Cuando lo vi en el ataúd yo enloquecí (…) Duramos tres o cuatro años juntos, éramos muy unidos, íbamos a la iglesia pero cuando empezó a trabajar en el car wash empezó a agarrar dinero, a volarse, quería parecerse a sus amigos, tener ropa nueva, carro, estéreo, se apantalló pensando en ropa chida porque no teníamos. Pero andaba mal, en el velorio me enteré que vendía drogas y que lo mataron porque se pasó sin pagar a otra zona. Ahora limpio casas los fines de semana y mi familia me ayuda con mandado o pañales para mis niños”.

En esa misma oficina la licenciada Verónica Nuño Gutiérrez, receptora de los documentos, describió el perfil de las viudas:

“Muchas veces estaban en unión libre, no tenían primaria, lo máximo secundaria. Todas, jóvenes nacidas entre el 75 y el 90, con promedio de dos a tres hijos, que muchas veces no están registrados por el padre, la víctima. En general no tienen trabajo, las ayuda la mamá o los suegros o nadie. Unas no saben ni leer, nos toca decirles dónde firmar (…) A veces las vemos tan amoladitas que hasta ropa traemos de casa para darles”.

Familias y cuerpos mutilados

Las tasas de homicidios se duplicaron en todos los estados que comparten frontera con Estados Unidos (Chihuahua, Sonora, Baja California, Nuevo León, Tamaulipas, Coahuila) y prendieron como pólvora en Aguascalientes, Colima, Durango, Guanajuato, Guerrero, Morelos, Nayarit, Sinaloa, Tabasco y Zacatecas.

La comezón asesina se ensañó con algunas ciudades: Tijuana, por ejemplo, acaparó el 82% de los asesinatos ocurridos en Baja California; Torreón, el 80% del total de Coahuila; Juárez, el 63% de todo Chihuahua, y Culiacán el 43% de Sinaloa.

En algunas ciudades y municipios la mayoría de los crímenes tuvieron la indudable marca de la disputa entre cárteles. Fueron Culiacán y Ahome, Sinaloa; Torreón, Coahuila; Tampico, Ciudad Madero y Reynosa, Tamaulipas; Juárez y Chihuahua, Chihuahua; Apatzingán y Morelia, Michoacán; y Tijuana, Baja California.

Hace falta establecer cuántos asesinatos corresponden al Ejército, la Marina, las policías estatales, municipales y federal, o funcionarios de gobierno.

El nuevoleonés Otilio Cantú, padre-huérfano de un hijo ajedrecista, elevó su lamento:

“Un uniforme y un arma no les da derecho a matar con más de 15 impactos de gran calibre que hicieron marca en la carne de mi hijo. No sólo era un joven inocente, destrozaron a toda una familia mexicana que cree en México y que quiere seguir creyendo en las instituciones”.

Los noticieros generalmente se ocuparon de la violencia ocurrida en las ciudades, pero ignoraron el infierno que vivieron municipios pequeños de Chihuahua, Sonora, Tamaulipas y Nuevo León, más expuestos a los asesinatos que, por ejemplo, los pobladores de Ciudad Juárez.

Según un estudio de Geo-México, de 2007 a 2010 las tasas de mortalidad se dispararon a niveles desquiciantes en Guadalupe, Práxedis G. Guerrero, Matamoros, Ascención, Gran Morelos, Cusihuiriachi, Riva Palacio, Ahumada y Satevó, Chihuahua; Ciudad Mier, Guerrero y Miguel Alemán, Tamaulipas; General Treviño, Doctor Coss y General Bravo, Nuevo León; Sáric, Arizpe, Tubutama y Yécora, Sonora. En esos lugares, si aún están habitados, urgen psicólogos.

Las estadísticas no reflejan lo ocurrido estos dos últimos años en poblados como Nava o Allende, Coahuila.

“Hubo un día que estuvo feo, horrible, yo solita con mi niña, nos metimos al baño, tiradas al piso, yo la abrazaba para que no tuviera miedo, la calmaba, le rezábamos a Diosito para que por culpa de esos maleantes no fuéramos a perder la vida, le aseguraba que esos hombres no se iban a meter dentro de la casa, pero yo creía que estaban adentro. Era horrible, en el patio estuvieron corriendo, tirándose balazos. Y todavía después de ese día nos quedamos, no teníamos dinero ni a dónde ir, hasta que empezaron a decir que se iba a poner más feo, que iban a empezar a entrar a las casas a matar, ¿ya a qué te esperas”?, narró una mujer embarazada desde el albergue de Ciudad Alemán, donde los pobladores de Ciudad Mier fueron hospedados. Ese fue el primer desplazamiento masivo por la violencia.

Un maestro anónimo de la escuela preparatoria del municipio rural de Guadalupe narró:

“Aquí no ensayamos simulacros de balaceras, no queremos generar psicosis, lo que queremos hacer es hablar con ellos, platicarles de otras cosas, que se distraigan porque ya vienen con mucha carga, tensión. El otro día los alumnos presentaron una obra de teatro que trata de una quinceañera que en su cumpleaños recibe de regalo la cabeza de su papá. ¿Y qué podemos decirles? Si está apegado con la realidad”.

En ese municipio con 6 mil 458 habitantes registró 139 asesinatos en cuatro años; esto equivale a 2 mil 152 homicidios por cada 100 mil habitantes. El promedio nacional es de 31 por cada 100 mil.

Si en algo se distinguió México fue por la creatividad de los grupos rivales por explorar métodos de muerte. La competencia fue para demostrar quién patentaba los más crueles.

Mario Alberto Aguirre Puente, un perito médico forense entrevistado en el Semefo de Chilpancingo, describió el impacto que sintió al revisar los cuerpos hallados en la mina de Taxco:

“Estamos viendo que a los descuartizados los están matando en vida. Los amarran, tienen huellas de tortura, los van desarticulando, cortando con un cuchillo de carnicero. Son lesiones ante-mortem. Traen fases de angustia. Vienen con la bola de ropa en la boca, pero la expresión en los cuerpos es de dolor, de angustia (…) Esto se sale de contexto: es algo patológico, terrorífico”.

Por lo menos 24 mil cadáveres permanecen anónimos en cualquier panteón, en la sección de fosas comunes, esperando que los identifiquen. Sus familias, mientras tanto, penan por todo el país en su búsqueda.

Esto se desprende de la investigación del reportero de “Milenio”, Víctor Hugo Michel, quien obtuvo los datos mediante la Ley de Transparencia. El número es conservador, si se toma en cuenta que los estados de Guerrero, Michoacán, Sinaloa y Tamaulipas no dieron informes.

Un número indefinido de personas fueron “disueltas” en al menos 15 “centros de procesamiento” construidos específicamente para la destrucción de cuerpos en Chihuahua, Hidalgo, Morelos, Distrito Federal, Durango, Guerrero, Coahuila, Guanajuato y Michoacán.

En Tijuana, por ejemplo, la organización Unidos por los Desaparecidos se ha dedicado a pedir exhumaciones en los terrenos donde operaba el disolvente de cuerpos apodado “El Pozolero”. El fundador de la organización y padre en busca de un hijo, Fernando Ocegueda, explicó: “No podría decir de personas (encontradas), podría hablar de pedazos encontrados en donde él declaró que enterró a alrededor de 45 a 50 personas”.

Cacería de jóvenes

Por cada nueve varones asesinados murió una mujer. En los estados más permeados por el narcotráfico la mayoría de las asesinadas fueron solteras o concubinas. Aunque se notó un importante incremento de asesinatos a mujeres de todas las edades, el grupo más afectado tenía entre 25 y 29 años. Al igual que los varones, sólo educación básica.

Según las estadísticas del INEGI, las tasas de muerte entre las mujeres se “anabolizaron” rápidamente entre 2006 y 2010. En Durango, por ejemplo, subió 7.6 veces; en Chihuahua 34.8 veces. Si en Sinaloa antes era asesinada una mujer de 20 a 24 años por cada 100 mil habitantes, la proporción aumentó a 16 muertas.

La ola homicida trituró 2 mil vidas de niños y niñas. Cada 25 horas cayó uno; falló un ángel de la guarda. Dos de cada tres de estos cuerpos infantiles fueron perforados por balas.

Guadalupe Cervantes López, mamá de Daniel Alejandro Galván, víctima de una bala perdida en Lerdo, Durango, relató:

“Este 3 de julio iba a cumplir 13 años. Él quería aprender a tocar la batería, era su sueño. Me quitaron un pedacito de mi vida. ¿Quién? Quién sabe. ¿Por qué? Quién sabe (…) Era un niño bueno, querido, modelo, que ya no está conmigo, alguien le arrebató su vida de un trancazo de manera cruel, de un calibre que se expandió en su cabeza”.

Con el duelo aún atorado, aseguraba que el alma de su pequeño permanecía intranquila: “Mi niño acá anda en las noches, en este sillón, yo le digo ‘m’ijo, ¿ahí estás?’. Creo que no se ha dado cuenta porque todo fue tan rápido y violento”.

En el que ha sido bautizado como “el sexenio de los muertos” la cacería tuvo como blanco principal a jóvenes en edad productiva, principalmente de 19 a 39 años, pero salpicó a infantes y a adultos. El festín de sangre logró el aborto de un segmento del bono demográfico. Quemó con pólvora parte de la fuerza productiva.

Las causas dejaron de entenderse. Como describió un agente del Ministerio Público Federal afuera de la morgue de Matamoros, donde eran recibidos los 189 cadáveres exhumados de las fosas de San Fernando, Tamaulipas: los asesinos actuaron preventivamente, para evitar que los pasajeros de autobuses fueran reclutados, una ciudad adelante, por un cártel rival.

Son al menos 150 cadáveres pero hay muchas narcofosas. Mataron a casi todos con un mazo en la cabeza. Tenían brazos amarrados y camisetas en la cara. Mataron a todos los que ven como potenciales enemigos, porque van a Reynosa o Matamoros (donde pueden ser reclutados), sólo detienen al peladaje, que es la gente que no puede pagar para ir por otra vía más rápida.

Con las estadísticas cae el mito aquel de “más vale vivir un año como rey que 10 como buey”. Queda claro que la violencia se ensañó con los más pobres, con los excluidos, aquellos que no tuvieron un lugar asegurado en la preparatoria o en un trabajo formal, pero sí en los panteones. En algunos lugares tomó forma de “limpieza social”.

Muchas señoras cuentan que sus hijos y ellas se acostumbraron a vivir en peligro a cambio de nada. Lo única alternativa que les ofrecían a los jóvenes eran: o mueres luchando o víctima de otra pandilla. Aquí no hay nada de la frase de vivir como rey. Las viudas los entierran con lo que pueden vender: un refrigerador, una estufa vieja, carros chuecos sin placas. Esos fueron los que murieron por miles, como 8 mil de los 11 mil (asesinados en Juárez), estimó Gustavo de la Rosa, visitador de la Comisión Estatal de Derechos Humanos de Chihuahua.

La defensora Mercedes Murillo, directora del Frente Cívico Sinaloense, lamentó desde el inicio del sexenio, ese sin destino al que la juventud fue condenada:

“Esta sociedad se está quedando con jóvenes enfermos de sus facultades mentales por la droga, consumidores capaces de todo, sicarios a sueldo, jóvenes que su aspiración es ser narco o jóvenes muertos de 35 para abajo”.

Sin embargo, expertas en jóvenes como la antropóloga tapatía Rossana Reguillo o la socióloga chihuahuense Teresa Almada son tajantes al señalar que pobreza no es sinónimo de violencia, que las causas deben buscarse en otro lado.

Una de las explicaciones a la racha homicida es el alto nivel de impunidad. Y si la falta de castigo genera más violencia, los próximos años México se ahogará en su propia sangre. Porque quedó probado que la violencia se desborda y toca y destroza a quien se atraviesa. De pronto todos se convierten en ejecutables. Los victimarios siguen viviendo entre sus víctimas potenciales.

De los 24 mil 500 asesinatos cometidos en 2010, la estimación de México Evalúa es que se queden 21 mil sin resolver. La impunidad aumenta en Chihuahua, Sinaloa, Morelos y Durango, donde se resuelven menos de 2% de los crímenes. Las familias víctimas se frustran porque la justicia nunca llega.

Como manifestó el campesino veracruzano Jacinto Seba Tome, papá de uno de los 11 albañiles masacrados en La Marquesa en 2008:

“Como no tenemos dinero para decirles que busquen a los asesinos, estamos como los perros que morimos en la calle: nadie nos va a levantar, nomás nos van a echar cal y gasolina”.

ATACAN SICARIOS A CIVILES Y GATES EN TORREÒN; 4 MUERTOS Y VARIOS LESIONADOS

Agencias
Torreón, Coah.- Enfrentamientos armados en diversas zonas de Torreón dejaron como saldo cuatro personas muertas y varios lesionados, así como daños por arma de fuego en autos y casas durante este sábado por la madrugada.

La Delegación Laguna I de la Procuraduría de Justicia del Estado reportó que la noche del viernes a las 23:45 horas, se registró el deceso de tres personas en las calles Sierra de Tepehuanes y Cerro de la Cruz, de la colonia Ciudad Nazas.

El Código Rojo se activó a partir de ese momento, generando una movilización hasta el punto donde se registraron los hechos; únicamente se logró ubicar los cuerpos de tres hombres, todos con heridas de bala, dos de los cadáveres eran de jóvenes de alrededor de 22 años y uno más de 50.

Aún no se daba por concluida la alerta cuando se registró un segundo reporte de detonaciones, ahora en la zona norte de la ciudad, donde a las 1:00 horas se tomó conocimiento de la muerte de un hombre, de unos 35 años, en la calle Ónix, en la colonia Nueva California.

Seguridad Pública Municipal indicó que esta persona fue abatida por policías estatales durante una persecución en la citada colonia.

A un lado del cuerpo fueron hallados dos rifles AK-47; en el piso se encontraron cinco cargadores de “cuerno de chivo” vacíos y una funda sobaquera; y fueron asegurados 11 casquillos percutidos.

En las redes sociales se reportaron detonaciones de arma de fuego desde el norponiente hasta el nororiente de la ciudad, por las colonias La Moderna, Ampliación Los Ángeles, hasta al periférico Raúl López Sánchez.

En las redes sociales también se manejó que debido a persecuciones que se realizaron cerca de la medianoche, algunos bares de Torreón fueron desalojados.

También dieron cuenta que se registraron detonaciones en la Laguna de Durango, en las inmediaciones de la vicefiscalía, localizada en los límites de las ciudades de Lerdo y Gómez Palacio.