Torreón, Coah.- Los homicidios vuelven a flagelar a los
torreonenses, justo el Día de Muertos, un minuto después de la siete de
la mañana los cuerpos desmembrados de dos mujeres y dos hombres, fueron
localizados en la frontera con Gómez Palacio, contiguo a ellos se
localizaron dos mensajes.
Los hechos ocurrieron a las 7:01 horas en Periférico Raúl López Sánchez a
la altura de la Sección 35, Voceros oficiales indicaron que sobre un
Jetta color gris con placas GAK 2770 del Estado de Durango se
abandoraron cuatro troncos, al parecer dos de mujeres y dos de hombres.
El compacto, que tenía las luces encendidas y aún se hallaba en marcha,
en la parte delantera del vehículo se hallaron dos cartulinas, en la
parte trasera dos troncos superiores de mujer, en la cajuela otros dos
troncos de hombres y un costal con extremidades a la vista.
Torreón, Coah.- Un comando armado atacó la tarde de ayer a los
participantes de una celebración de la Santa Muerte, dejando un saldo de
seis hombres muertos y un menor herido, informó la Delegación Laguna 1
de la Procuraduría de Justicia de Coahuila.
A las 17:10 horas se activó el Código Rojo tras registrarse detonaciones
de arma de fuego en el ejido Santa Fe, localizado dentro de la mancha
urbana de Torreón, en el nororiente.
En la entrada del ejido, frente a unas canchas, se localizaron los
cuerpos sin vida de cuatro personas y tres lesionados, de los cuales dos
fallecieron minutos después, cuando recibían atención médica.
En el sitio del ataque estaba un altar de la Santa Muerte y al momento
en que sujetos desconocidos dispararon se estaba repartiendo comida,
guisado de carne y pastas, conocida en la región como reliquia,
señalaron las autoridades.
Los cuerpos presentan múltiples heridas por proyectil de arma de fuego;
en el sitio se localizaron 35 casquillos calibre 7.62 X 39.
Descuartizados
También ayer, pero por la mañana, los cuerpos descuartizados de dos
mujeres y dos hombres fueron localizados en el interior de un vehículo,
en el periférico Raúl López Sánchez, ubicado en la zona nororiente de
Torreón.
La Delegación Laguna 1 de la Procuraduría de Justicia de Coahuila
informó que el hallazgo de los cuerpos se reportó a las 7:15 horas,
dentro de un vehículo Jetta, color gris, el cual estaba encendido sobre
la vía referida, a la altura del destacamento de la Policía Federal.
En el asiento trasero y en la cajuela se encontraron los cuerpos mutilados, dentro de bolsas y costales.
En los asientos delanteros del vehículo, que tiene placas de Durango,
había dos cartulinas con un mensaje, el cual no fue revelado por las
autoridades.
México, DF.- El hijo mayor del ex gobernador de Coahuila, Humberto Moreira, fue encontrado muerto el 3 de octubre en Ciudad Acuña.
La muerte de José Eduardo Moreira Rodríguez fue ligada a una posible
venganza por el asesinato del sobrino del líder de un cártel.
Vía celular, fue Heriberto Lazcano, “El Lazca”, quien ordenó a sus
hombres que asesinaran al hijo del ex gobernador y los policías
municipales de Ciudad Acuña lo entregaron, revelaron autoridades.
El periódico “La Jornada” afirma que el Gobierno federal cuenta con las
llamadas y mensajes que realizó Heriberto Lazcano el 3 de octubre a
Miguel Ángel Rodríguez Díaz, “El Alfa-Metro”, para que se hiciera cargo
del asesinato de un familiar del Mandatario coahuilense.
Para lograr el asesinato del hijo de Humberto Moreira se requirió el
apoyo de Rodolfo Castillo Montes, subdirector de la corporación policial
y quien era amigo de José Eduardo Moreira.
Castillo Montes se reunió con José Eduardo Moreira “después de las seis
de la tarde y fue sometido por el supervisor de la policía de Ciudad
Acuña, Víctor Landeros Cifuentes, ‘La Iguana’, y los oficiales Jorge
Tenorio Takajasi, ‘El Taka’, y Víctor Carrizales, quienes entregaron a
la víctima a Rubén Cifuentes Cadena, ‘El Shaggy’, y Carlos Arnulfo
Flores Flores para que lo asesinaran”, indica “La Jornada”.
Las investigaciones de la Policía han determinado que el autor de los
disparos que causaron la muerte a José Eduardo Moreira fue “El Shaggy”.
El jueves, personal de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena)
logró la captura de Carlos Arnulfo Flores Flores, “El Flaco”, y/o “El
Fantasma”, presunto autor material de la ejecución de José Eduardo
Moreira Rodríguez.
Córdoba, Ver.- Dos
niños y un joven perecieron cuando la camioneta en la que viajaban se
volcó en un barranco con una profundidad de 50 metros, a la altura del
km., 10 de la autopista Córdova-Veracruz, vía la Tinaja. Según
confirmo la Policía Federal, división Caminos, el hecho se trafico se
registro cerca de la población de Cuitlahuac, Ver., y se desconocen al
momento las causas del accidente. En el lugar de los hechos
murieron; Los niños Christopher Fernández, de dos años de edad y Yai
Fernández Cifuentes, de tres, asimismo un joven de 26 años identificado
como Amador Hernández. Los servicios de socorro rescataron a
otras cinco personas que son integrantes de la misma familia, los cuales
resultaron lesionados algunos graves y fueron canalizados a hospitales
públicos de la ciudad Córdoba.
El presidente del Senado recordó que en las iniciativas
preferentes no se contempló el hecho de que la Cámara revisora pudiera
regresarla
Ciudad de México • El presidente del Senado, Ernesto Cordero aseguró que la próxima semana habrá reforma laboral.
En entrevista con Joaquín López Dóriga, para Radio
Fórmula, el senador aclaró que ninguna de las iniciativas preferentes
que presentó el presidente Felipe Calderón, pierde este carácter y que
“los diputados están trabajando con responsabilidad”.
Cordero recordó que ambas Cámaras cumplieron con los 30 días que
marca la ley para la revisión y elaboración del dictamen tanto de la
iniciativa de reforma laboral y la de contabilidad gubernamental.
Agregó que en las iniciativas preferentes no se contempló el hecho de
que la Cámara revisora pudiera regresar las iniciativas, con
correcciones, a la de origen, proceso en el que se encuentra la reforma
laboral.
Judith Ortiz Incubado durante años en la frontera sur de México, la migración
hacia Estados Unidos tiene un sinfín de testimonios sobre abusos, dolor
y crueldad. Los indocumentados que cruzan el país a lo largo de las
rutas del migrante han sido asaltados, extorsionados, violados,
prostituidos, esclavizados, secuestrados y muchos asesinados. Muchas de
esas vejaciones ocurren también en Culiacán. En su huída de la pobreza extrema que vive en sus comunidades de
origen, muchos del sureste mexicano pero también de Centroamérica, cerca
de 400 mil migrantes al año, principalmente de Guatemala, Honduras y El
Salvador, inician el peregrinar en Chiapas. Trepan a La Bestia, en un
recorrido peligroso que cruza cientos de kilómetros de áreas rurales de
13 estados de México.
Sinaloa está a mitad de camino de una de las tres rutas que siguen los
migrantes, la del Pacífico. Los extranjeros ilegales pasan por Jalisco y
de ahí prosiguen hacia Nayarit, Sinaloa y Sonora, para llegar a las
ciudades de Tijuana o Nogales.
Durante años, el paso por Sinaloa no significó peligro. Los puntos
críticos eran ciudades fronterizas y del sureste. Pero hoy, transitar
por Culiacán se ha vuelto riesgoso. Cada madrugada, grupos de
delincuentes esperan en las inmediaciones de la estación el paso de La
Bestia para asaltar a los migrantes. Les quitan su ropa, su calzado, sus
papeles de identificación, su dinero y algunas mujeres han sido
violadas. Pocos denuncian. Las víctimas tienen miedo. Están en suelo
ajeno y no confían en nadie. Siguen su camino en el mismo tren que
llegaron.
Contacto en Culiacán
Una de tantas historias es la de José Gerónimo Colón, hondureño de 20
años, quien junto con otros cinco amigos, decidió salir de su pueblo
rumbo a la ciudad de Los Ángeles, en Estados Unidos, en donde radica su
hermano. Llegó en camión a la frontera sur de México y abordó el tren en
Tenosique, Tabasco. El recorrido transcurrió sin problemas hasta llegar
a Culiacán, alrededor de las tres de la mañana.
“Todos veníamos dormidos, solo uno estaba despierto, y al parar el tren
se subieron unos hombres y le pusieron a él la pistola en la cabeza. A
todos nos quitaron dinero, ropa y documentos. Uno de mis amigos forcejeó
con el que traía la pistola y resultó que no servía porque quiso
disparar y se atascó, sacó un cuchillo y lo picó”.
El joven aún muestra signos de cansancio. Habla bajo, pero dispuesto a
contar lo sucedido: “Nos bajamos y pedimos ayuda a los guardias de la
estación y lo llevamos al Hospital General. Ahí estuvimos todo un día,
en la calle, esperando que saliera”.
Ahí fue donde los encontró Salomón Monárrez Meraz, quien apoya a grupos
vulnerables a través de la organización civil Oficina del Pueblo. Pero
antes que él, un hombre ya había hecho contacto con José Gerónimo, quien
le prometió ayudarle a cruzar la frontera. Le pidió el teléfono de su
hermano en Los Ángeles, le habló y le dijo que le cobraría mil 200
dólares por el trabajo.
Mientras el herido se recuperaba, los seis hondureños fueron asistidos
por Monárrez Meraz durante catorce días, para luego regresar a su país.
Menos José Gerónimo, quien ya tenía el contacto que lo llevaría con su
hermano.
Una semana después, ya con el dinero en mano, el contacto del muchacho
lo envió a Mexicali en autobús y le dijo que lo esperara en la central
camionera. Él se iría en su carro y allá lo vería “para no despertar
sospechas”.
“Llegué a Mexicali y no lo vi, y estuve un día esperándolo en la
terminal, hasta que llegó, como a las diez de la noche, y me llevó a una
casa alejada y abandonada, me dijo que ahí me iba a quedar mientras
buscaba a alguien que me pasara a Estados Unidos. Estuve dos días ahí
sin comer. Ahí rondaba un grupo que entraban en la noche a drogarse. A
los cuatro días regresó y le pedí dinero para comprar algo de comer y me
dijo que ya no tenía ni un cinco. El habló con mi hermano y le pidió
cuatro mil 500 dólares más. Mi hermano le dijo que ese no era el trato,
pero él le contestó que igual le podía decir que me tenía secuestrado y
que mandara los dólares”. Y lo dejó de nuevo encerrado, sin dinero ni
comida.
“Un día se me hacía como una semana que pasaba, yo solo quería salir de
ahí, no podía dormir porque tenía miedo que de repente el grupo de
drogadictos me hiciera algo —el joven se agacha y se queda en silencio
por un rato. Con voz más baja solo atina a decir: “Se me hace difícil
todo eso”.
A los siete días de encierro, José Gerónimo aprovechó la llegada del
grupo nocturno para escapar. Anduvo vagando por Mexicali hasta que
regresó como pudo a Culiacán. Ahora José Gerónimo está a salvo, pero el
encargado de la Oficina del Pueblo sigue recibiendo migrantes que llegan
asustados, asaltados, hambrientos y sin dinero.
Los mexicanos igual
En la madrugada del miércoles pasado, Eusebio Herón, Édgar Torres y
María Esperanza Peña fueron golpeados y asaltados por un grupo de
alrededor de siete personas junto a las vías del ferrocarril. Son
mexicanos, pero como trampas sobre el tren, todos corren los mismos
riesgos. Eusebio tiene una herida de navaja en las costillas que cubre
con una gasa que le dieron en la estación. Lo picaron para quitarle los
diez mil pesos que traía para cubrir el viaje.
Junto a la tumba de Malverde narran la historia. No se conocían, pero
los tres coincidieron en la central camionera de Mazatlán, en donde
acordaron continuar el recorrido por tren rumbo a Tijuana. Se mezclaron
con decenas de indocumentados y salieron del puerto a la una de la
mañana.
“Veníamos sentados en unos toldos dentro de un vagón y llegamos aquí
como a las cinco de la mañana. Cuando el tren se detuvo se subieron tres
hombres con lámparas. Pensamos que eran policías, pero traían cuchillos
y nos quitaron la ropa y el dinero. A la otra muchacha le rompieron la
ropa y la violaron. Le dimos una cobija para que se tapara y le dijimos
que se bajara para avisar a la Policía, pero no quiso. Se siguió. Así se
fue la pobre muchacha”.
Édgar Torres cuenta que cuando clareó le hicieron señas a una patrulla
de la Policía Municipal, les contaron lo sucedido a los oficiales, pero
nos dijeron que ahí ellos no se podían meter”.Dos horas más tarde, María
Esperanza vislumbró una patrulla de la Policía Estatal y le hizo la
parada. Los elementos escucharon con lujo de detalle la manera en que
habían sido robados; ella y Édgar les indicaron el lugar exacto en donde
habían sido asaltados y los llevaron hasta allá. Cuentan que alrededor
de “60 policías catearon las casas aledañas”. Luego les dijeron que se
fueran y no supieron más.
Alrededor de las cuatro de la tarde, un policía municipal los buscó para
levantar un parte informativo. Hasta ahí llegó Salomón Monárrez Meraz,
encargado de la Oficina del Pueblo, ubicada justamente frente a donde
estaban las víctimas. De nuevo contaron lo sucedido. Y de nuevo se
quedaron sin saber qué hacer.
Édgar expresa que tiene miedo: “Es que ya van dos veces que viene a
decirnos uno de aquellos que están allá —y señala con un movimiento de
cabeza a un grupo apostado sobre las vías del tren, a unos cien metros
de distancia— que hasta ahí la dejemos, que si seguimos hablando nos van
a levantar”.
Oscurece. Se sientan en los escalones que suben a la Oficina del Pueblo y
ahí esperan que caiga la noche del día más largo de su vida.
Policías y asaltantes, coludidos
“Y es que esto que les pasó no es un caso aislado”, argumenta Salomón
Monárrez: “Desde marzo pasado hemos atendido a más de 50 personas que
han levantado 15 denuncias por asalto con armas blancas y de fuego,
siempre en el mismo lugar, cuando llegan en el tren de la madrugada.
—Y después de 15 denuncias, ¿ningún resultado?
—Ninguno, las mismas autoridades los asaltan. La Comisión Estatal de
Derechos Humanos tiene documentado un caso de dos hondureños que
denunciaron cómo en el poblado de El Mármol, cerca de Mazatlán, policías
federales de caminos pararon el autobús en que venían y les quitaron su
dinero.
—¿Cuáles son las áreas más peligrosas para el migrante en su recorrido por Sinaloa?
—Mazatlán es el punto crítico, pero ahora también es Culiacán, en donde
se está permitiendo la delincuencia, se tiene descuidada la estación del
ferrocarril. Hay grupos de delincuencia local que esperan la llegada
del tren para asaltar a los migrantes, los agreden, les quitan su ropa,
su calzado, su poco dinero que traen y a las mujeres las violan, además
de que son una tentación para los secuestradores. Es sumamente grave.
—¿Se tiene una estadística de cuántos migrantes cruzan por Sinaloa hacia Estados Unidos?
—No la hay. Yo he visto cada día, aproximadamente 120 personas encima del tren, pero vienen también dentro de los vagones.
—Hay programas de gobiernos locales de apoyo a los migrantes?
—No existen, para migrantes no hay.
—Entonces las organizaciones civiles de apoyo hacen lo que pueden. ¿Hasta dónde pueden?
—En mi caso yo los defiendo cuando se violan sus derechos, pero aquí han
llegado grupos y se les da algo de comer y se quedan a descansar aquí
en la oficina. De los 15 apoyos que se han brindado aquí a grupos que
han sido robados, 13 cargaron baterías y siguieron su camino al día
siguiente. Hay puntos de la ruta en donde la misma gente se acerca al
tren para darles agua y algo de comer.
—Cree que hay complicidad entre autoridades policiacas y grupos de delincuencia que asaltan el tren?
—Aquí enfrente tenemos una tiendita donde venden droga y también aquí
enfrente está el grupo de delincuentes que asaltan en el tren, pero los
mismos que fueron asaltados cuentan que les dijeron que no se metieran
más porque esos pagan plaza.
El camino de la muerte
Decenas de crímenes contra migrantes han sido documentados. El más cruel
fue en 2010, cuando 72 de ellos fueron masacrados en una finca de la
comunidad de San Fernando, Tamaulipas, y en donde alrededor de 200
cadáveres más fueron encontrados en 40 fosas clandestinas. Las
autoridades informaron que los migrantes habrían sido secuestrados y
asesinados por miembros del cártel conocido como Los Zetas.
El pasado 2 de octubre, 40 migrantes indocumentados centroamericanos
fueron secuestrados en el sureste de México. De acuerdo a testimonios de
testigos, fueron sacados de un tren de carga en la localidad de Medias
Aguas, en Veracruz, mientras cruzaban México con la intención de llegar a
Estados Unidos.
Trece días después del hecho, una caravana de 60 madres de Nicaragua,
Honduras, El Salvador y Guatemala, iniciaron una marcha desde Chiapas
hasta Tamaulipas, en la frontera con Texas, para exigir justicia a las
autoridades mexicanas en la desaparición de sus hijos. Buscan a sus
familiares en hospitales, morgues y plazas públicas. Hasta hoy se
desconoce el paradero de los secuestrados.
El informe Víctimas invisibles: migrantes en movimiento en México,
realizado por Amnistía Internacional, informa que cientos de migrantes
irregulares que cruzan México desde Centro y Sudamérica para llegar a
Estados Unidos, “han sido secuestrados por bandas criminales que, en
ocasiones, trabajan en complicidad con las autoridades locales”, y
agrega que “la impunidad ha permitido que estos abusos se incrementen”.
Datos violentos
— Según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, el flujo de
migrantes que pasan por México es de alrededor de 400 mil al año, de los
cuales cerca de 70 mil son detenidos.
— El Instituto Nacional de Migración de México documenta que el 20 por ciento de la población que emigra son mujeres.
— La organización civil Sin Fronteras registró en su último estudio que
el 47 por ciento de las mujeres migrantes confirmaron haber sido
atacadas sexualmente.
— Las autoridades sanitarias mexicanas estiman que durante 2010, entre
300 y 350 personas de origen centro y sudamericano sufrieron caídas
graves o pérdidas de extremidades de su cuerpo.
Ciudad de México.- Cuando recorremos los pasillos de un
supermercado, o entramos en una tienda de marca, o simplemente leemos el
menú de un restaurante, no siempre sabemos interpretar realmente lo que
estamos viendo. Especialmente cuando se trata de números. Padecemos una
serie de defectos de comprensión matemática que no dependen de cada
persona concreta, sino que nos afectan a todos. Son fallos de
comprensión que están en la estructura misma del cerebro humano. Y
gracias a ellos existen pequeños trucos que pueden inducirnos a comprar
un producto creyendo que estamos realizando un gran ahorro, cuando
realmente no es así.
Somos malos comparando precios
En efecto: somos retrasados matemáticos. Así como la evolución ha
sintonizado nuestra percepción y nuestros sentidos para que podamos
diferenciar con facilidad y precisión millones de tonos de color y
sutiles matices de sabor y olor, nuestra percepción intuitiva de
cantidades, números y relaciones entre magnitudes deja mucho que desear.
El cerebro fracasa de modo sistemático en muchas tareas de comparación
cuando se trata de cifras y magnitudes. Veamos una demostración basada
en experiencias habituales. Te encuentras ante dos ofertas de
detergente. Una te ofrece un descuento del 33% en el paquete habitual.
La otra te cobra lo mismo, pero añade un 33% de producto extra. ¿Cuál te
conviene más? Rápido, decide, que se pasa el plazo...
La mayoría de las personas responde que las dos ofertas son
equivalentes: que un 33% menos de precio equivale a un porcentaje
idéntico superior de detergente en el paquete. Pero no es así: un 33% de
precio equivale a un 50% de producto. Imaginemos que el paquete es de
kilo, y el precio 5 euros.
El precio sin oferta es así de 5 euros/kilo.
Un 33% del precio serían 1,7 euros, así que la rebaja dejaría el precio
en 3,3 euros/kilo. Un aumento del 33% de producto supondría pagar 5
euros por 1,333 kilos de detergente, lo que supone un precio de 3,75
euros/kilo. A primera vista las dos ofertas nos parecen similares, pero
la rebaja del 33 por ciento del precio nos conviene más a nosotros y
menos al comerciante.
Por eso, los pasillos de tu supermercado están repletos de ofertas del
tipo “20% más de producto gratis”. Los vendedores se aprovechan de
nuestra confusión. Y no es el único defecto de percepción matemática del
que hacen uso los comerciantes. Porque la verdad es que no tenemos ni
idea de lo que valen las cosas. Podemos memorizar precios, y hay gente
capaz de recordar con detalle de céntimos de euro cuánto cuesta un
vestido, una moto, una joya y una botella de raro licor. Pero si conocer
precios de venta al público es sencillo, estimar cuánto debe valer un
objeto es muy difícil.
Víctimas del número nueve.
Cuando se le pide a la gente que estime cuál debería ser el precio justo
de algún producto (un vaso, una prenda de ropa, un mueble, un libro),
las cifras varían enormemente. Porque, ¿cuánto cuesta fabricar una
silla? ¿Cuál es el precio del papel y la tinta de un libro? ¿A cuánto se
vende un ovillo de lana? Desconocemos cuánto cuestan las cosas, de modo
que ante un producto acabado, el cerebro tiene pocos datos con los que
calcular. Y ahí es donde entra el “anclado” (anchoring, en inglés), un
sistema muy utilizado para manipular nuestras perspectivas comerciales.
Lo que hace el cerebro para estimar el valor o precio de un producto es
comparar. ¿Y con qué compara? Pues con otro producto que esté cerca, o
relacionado; un precio inicial que se convierte en el “ancla” de nuestra
percepción de valor. No sabemos lo que cuesta ese jersey, pero al
entrar en la tienda hemos visto una chaqueta que costaba 300 euros, y
eso ha “anclado” nuestra percepción del precio. Ahora, los 50 euros del
jersey parecen baratos, porque estamos comparando con los 300 de la
chaqueta. Por eso, en muchas tiendas de lujo lo primero que nos
encontramos son productos escandalosamente caros: un bolso de 8.000
euros, un traje de 2.500, una cámara digital de 6.000. En comparación
con esta “ancla”, luego la pulsera de 300, la chalina de 250 y el
teléfono móvil de 600 parecen tener un precio ridículo. Esta es la razón
de que algunos restaurantes ofrezcan hamburguesas de 100 euros, o
perritos calientes de 60. A su lado, un solomillo por “solo” 40 euros
nos parece una ganga. Para aumentar las ventas de un producto no hay
nada como poner al lado una versión de lujo y carísima de ese mismo
objeto: de pronto, un precio que sin contexto nos habría escandalizado
nos parece mucho más atractivo. Y el comerciante ha vuelto a jugar con
nuestra percepción en su beneficio.
Incluso la primera cifra de un precio actúa como “ancla”. Por eso hay
tantos precios acabados en 9. Porque 29,99 para nuestra mente no es
“prácticamente 30”, sino “veinte y pico”: casi 10 euros de diferencia en
un solo céntimo. La comparación y el “ancla” se hacen desde esa primera
cifra. Y las estanterías y etiquetas acaban repletas de precios que
están a uno o cinco céntimos de la siguiente decena, para aprovechar
esta debilidad. Este truco de evocarnos la decena inferior con precios
acabados en 9 se ha empleado tanto que hemos acabado por considerar casi
mágica esta cifra. En la mente del consumidor dicho número significa
rebajas, precios ajustados, el intento del vendedor por recortar el
precio lo más posible. Y así, el 9 se ha transformado en una especie de
código secreto, una manera de comunicar al posible cliente que uno
conoce y respeta sus tendencias ahorrativas; una señal de precio mínimo.
Por eso es el “9” la cifra más repetida, con mucha diferencia, en los
precios de venta al público.
La comparación es nuestra forma básica de establecer precios. Por lo
cual, y de modo natural, tendemos a aborrecer los extremos. A la hora de
estimar precios procuramos triangular, buscar la media entre el más
caro y el más barato en oferta. Como en muchas otras cosas, buscamos el
“dorado punto medio” de los filósofos griegos. Claro, que eso permite de
nuevo al comerciante avispado jugar con nuestra percepción alterando
los términos de la comparación. Un ejemplo: modificando el plato más
caro o más barato de un menú se puede conseguir atraer la atención del
comensal hacia el plato que resulte más rentable al restaurante.
El olor de la injusticia.
Este truco resulta particularmente eficaz cuando en la compra existe un
componente social, cuando se hace delante de testigos: porque nadie
quiere parecer avaro delante de sus amigos. ¿Sabes cuál es el vino en
una carta de restaurante que deja el mayor beneficio al patrón? El
segundo más barato, que es sistemáticamente el que más se consume: nadie
pide el más barato. El precio puede “templarse” con facilidad
incluyendo en la carta de vinos un Vega Sicilia de 500 euros: los 20
euros del riojita decente que está en segundo lugar parecerán, así, un
precio razonable y prudente. Y el restaurador, que es quien pone los
precios en el menú, sonríe para sí.
Todas estas manipulaciones matemáticas son posibles porque nuestro
cerebro estima mal las cantidades, pero sobre todo porque tenemos
programado un sentido innato de la justicia. En el más literal de los
sentidos, las injusticias nos huelen mal, sobre todo cuando se cometen a
nuestra costa. En experimentos que analizan las áreas cerebrales que se
activan durante un proceso de compra o análisis de precios, aparecen
sorpresas. Cuando pensamos que nos están engañando, se dispara la
ínsula, la región del cerebro que reacciona ante los malos olores, las
cosas desagradables y el dolor. Al cerebro no le gusta sentirse tratado
injustamente. Cuando detecta injusticia, se duele. Y al revés: cuando
alguien nos ofrece lo que parece un trato ventajoso, se activan las
áreas cerebrales relacionadas con el placer. Una oferta muy favorable
nos sube el ánimo porque dentro de nuestra cabeza se disparan los mismos
circuitos que se activan al comer chocolate y al recibir una caricia.
Lo malo es que al cerebro se le puede engañar. Nuestras debilidades
matemáticas hacen posible activar la sensación placentera (y bloquear el
“hedor mental” del precio demasiado alto) incluso cuando la oferta no
es tan buena como podría parecer. Si a los defectos de nuestra
percepción de cantidades les añadimos, además, nuestra conocida
debilidad por las buenas historias, la combinación puede resultar
irresistible. Así que la próxima vez que veas un programa de la
teletienda, trata de analizar cuántas de las técnicas de manipulación
matemática que hemos reseñado están presentes en el discurso de los
presentadores.