miércoles, 16 de mayo de 2012

AMARRAN VECINOS A LADRONES EN VERACRUZ


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Los sorprendieron robando una maquina de monedas para juegos de XBOX...

Les aseguran una camioneta Dodge Ram y una máquina retro excavadora...

FEDERICO GARCÍA
Pobladores de Paso del Toro sometieron a cinco ladrones, amarrándolos, al ser sorprendidos cuando robaban una máquina de monedas para juegos de XBOX, en la acción se les aseguró también una camioneta Dodge Ram y una máquina retroexcavadora, dos cómplices lograron darse a la fuga.

A las 10:30 horas del martes, Raúl Martínez Vásquez arribó a Boca del Río, a la comandancia de la Agencia Veracruzana de Investigaciones, para reportar que en Paso del Toro un grupo de 20 vecinos tenían sometidos a cinco ladrones, a los que habían sorprendido robando una "maquinita", que es un video juego que opera con monedas.

Contó que los ladrones subieron la máquina de video juego a la batea de una camioneta Dodge Ram, pero cuando escapaban la unidad se les atascó, entonces trajeron una máquina retroexcavadora para rescatar la camioneta y fue cuando pobladores de Paso del Toro los sometieron, amarrándolos.

De inmediato se trasladaron al sitio cuatro policías de la AVI de Boca del Río, para arrestar a los presuntos identificados como José Martín Vallejo Burelas de 21 años, con domicilio en avenida 17 número 22, en la colonia Carranza y a José Daniel Pérez Hernández de 20 años, con domicilio en la calle 19, colonia Carranza.

También capturaron a Omar Hernández Pegueros (a) "el Chuky" de 19 años, con domicilio en avenida 19 número 46, colonia Carranza, así como al hondureño Darwing Roque Toga de 23 años, con domicilio en calle 17 número 12, colonia Carranza, y en calidad de presentado el menor Javier Santos Cruz.

Además aseguraron una camioneta Dodge Ram, cabina y media, de color negro, placas XU-56187 de Veracruz, en cuya batea tenía la máquina del video juego, también aseguraron una retroexcavadora de color amarillo.

Los detenidos confesaron que la noche del lunes se reunieron en la casa de Saturnino Cárcamo Blanco, en la calle Miguel Alemán, colonia Carranza, donde estuvieron tomando caguamas y cañita.

Ya en la madrugada, Saturnino les informó que iría a Paso del Toro para buscar marihuana y decidieron acompañarlo, pues tenían deseos de fumar yerba, pero nunca encontraron a la persona que iba a entregarles el paquete.

En uno de esos recorridos en busca de la persona que les daría el paquete, observaron que en el patio de una vivienda, debajo de un árbol, estaba una máquina de video juego y Saturnino les preguntó, "qué les parece si nos robamos esa máquina para sacarle el dinero y venderla", aceptando todos participar en el ilícito.

Se introdujeron al patio y cargaron la máquina hasta depositarla en la batea de la camioneta, ya cuando estaba en la unidad la violentaron para sustraer el dinero y fue Saturnino quien se encargó de esa maniobra, sin embargo, al darse a la fuga la camioneta Dodge Ram se atascó, sin que pudieran rescatarla.

Saturnino informó que regresaría a la colonia Carranza de Boca del Río, para ir a buscar a su hermano Eduardo Cárcamo Blanco, y les ayudara para remolcar la camioneta que tenían atascada, mientras ellos se quedaron allí en Paso del Toro.

Ya cuando casi amanecía regresó Saturnino caminando, con su hermano Eduardo, diciendo que en unos minutos rescatarían la camioneta, después se marcharon nuevamente y al volver ya venían a bordo de una máquina retroexcavadora, unidad que robaron ahí en Paso del Toro.

 Instantes después del arribo de los hermanos Cárcamo Blanco, un grupo de 20 civiles llegaron y los golpearon hasta someterlos y amarrarlos, pero como siempre ocurre, los autores intelectuales del robo lograron darse a la fuga.

La AVI informó que la máquina de video juegos es propiedad de César Adán de la Rosa Osorio, quien anunció formularía la denuncia en contra de los detenidos por delito de robo, también denunciaría el propietario de la máquina retroexcavadora.

Los detenidos quedaron a disposición del Ministerio Público de Medellín de Bravo acusados por robo.

 Cabe señalar, que el detenido Darwing Roque Toga de 23 años, quien vive en calle 17 número 12, colonia Carranza de Boca del Río, confesó ser originario de Honduras y está casado con la mexicana, Marsela Martínez Ramírez, originaria de San Andrés Tuxtla.

Explicó, que hace tiempo pagó a Benito Roque Toga la cantidad de tres mil pesos para que le sacara papeles en el Registro Civil del municipio de San Andrés Tuxtla.

Detalló, que Benito Roque lo registró como ciudadano mexicano y bajo el nombre de Darwing Roque Toga, cuando su nombre real es Darwing Varela Hernández.

"AMBICIÓN Y CORTEDAD DE MIRAS EN LA GESTIÓN DE JVM EN LA SEP, ACUSA ELBA ESTHER GORDILLO

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Durante la ceremonia por el Día del Maestro, la líder del magisterio acusó que durante la gestión de Josefina Vázquez Mota al frente de la SEP, se envileció el diálogo “por la cortedad de miras”.



MÉXICO, D.F., (apro).- La dirigente del SNTE, Elba Esther Gordillo reapareció en el Día del Maestro y arremetió contra la candidata presidencial del PAN, Josefina Vázquez Mota, a quien acusó de "cortedad de miras" y de "supeditar a ambiciones personales" el proyecto educativo del país durante su gestión como secretaria de Educación Pública. 

Acusada en la última semana por la aspirante panista de ser la que está detrás de la candidatura de Gabriel Quadri y de chantajear al gobierno federal, Gordillo reapareció en un acto público y responsabilizó al gobierno de Calderón de los atrasos en el sector.

En su discurso ante el presidente Felipe Calderón, la dueña del Panal dijo sin mencionar a Vázquez Mota: "A partir de abril de 2009 iniciamos los trabajos con un nuevo titular de la SEP con quien recuperamos el diálogo que se había envilecido por la cortedad de miras con que antes se realizaba la educación, la cual tiene que desarrollarse viendo siempre más allá del tiempo y circunstancia que nos implica como seres humanos y jamás supeditada a una ambición personal carente de autoridad moral", dijo.

Gordillo también culpó al actual secretario de Educación Pública, José Ángel Córdova, de no concretar los acuerdos para que se realice la Evaluación Universal a los profesores.

Igualmente, señaló que debido al deterioro de la salud de Alonso Lujambio, quien fuera titular de la SEP, y "la inoperancia" de quien se quedó a cargo del despacho (Córdova Villalobos) "nos hicieron perder mucho tiempo para el cumplimiento de los objetivos que nos propusimos alcanzar".

La líder del magisterio dijo que ante la demora en los diálogos para llegar a un acuerdo, el 19 de abril se envió un oficio a la SEP para solicitar información sobre el avance alcanzado para la implementación del Programa de Evaluación Universal.

"Ya que la desinformación existente por parte de la Secretaría de Educación Pública, dañó severamente la confianza en sus objetivos e instrumentos ", aseveró Gordillo.

Gordillo aseveró que se debe mirar más allá de las campañas mediáticas "regidas por el cálculo al intentar politizar un tema altamente sensible para todos, poniendo en riesgo la gobernabilidad indispensable para llevarla a cabo".

CAE EX SUBSECRETARIO DE LA DEFENSA NACIONAL POR PRESUNTOS NEXOS CON EL NARCO

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ES SOBRINO NIETO DEL GENERAL FELIPE ANGELES


Es acusado por presuntos nexos con el crimen organizado

   México .- El general retirado Tomás Ángeles Dauahare, quien fue subsecretario de la Defensa Nacional, fue detenido por elementos del Ejército Mexicano y la PGR para que rinda declaración ministerial por presuntos nexos con la delincuencia organizada.

Asimismo fue asegurado el general brigadier Roberto Dawe González, actual comandante jefe de Estado Mayor adscrito a la 20/a. Zona Militar (Colima, Col.), quien junto con el exsubsecretario rinde su declaración ministerial ante la Subprocuraduría de Invesigación Especializada en Delicuencia Organizada (SIEDO). Ambos están en calidad de presentados.

La Secretaría de la Defensa Nacional informó que el mando, quien pasó a situación de retiro el 1 de marzo de 2008, está sujeto a investigación de la Procuraduría General de la República.

“La Sedena reitera su compromiso con la sociedad mexicana que de ninguna manera tolera actos contrarios a la leyes, y cuando alguno de sus elementos no se conduce conforme a derecho, sus actos se investigan y en su caso se sancionan con estricto apego a la ley, sin importar jerarquía, cargo o comisión, ya sea que se encuentren en activo o en retiro.

“Y sin permitir cualquier aspecto de impunidad u opacidad, colaborando estrechamente con las instancias encargadas de la Procuración de Justicia del país”.

La dependencia señaló que el ex subsecretario de la dependencia se encuentra rindiendo declaración en la SIEDO.

PROTESTAN CONTRA PEÑA NIETO EN VERACRUZ; GOLPEAN A LOS QUE PROTESTABAN

 Córdoba, Ver. 15 de May.-  Presuntos elementos encubierto de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) y miembros de la agrupación priísta “Juventud Dinámica”, se enfrentaron a golpes con un grupo de jóvenes que intentaba ingresar al zócalo municipal para inconformarse en contra de la visita del candidato a la presidencia de la República del  PRI, Enrique Peña Nieto.



La policía municipal detuvo a tres jóvenes, los cuales fueron identificados como presuntos miembros del Partido de la Revolución Democrática (PRD).

Los hechos ocurrieron cerca de las 14:15 horas, cuando un grupo de jóvenes, con camisas negras, intentaba pasar por una parte de la explanada para después incorporarse hacia donde se ubicará el candidato presidencial.

Sin embargo, fueron impedidos por un grupo de choque de Juventud Dinámica, quienes comenzaron a empujarlos y posteriormente comenzó un enfrentamiento, al cual se metieron elementos de la SSP y la Policía Municipal.

En la gresca, uno de los elementos encubiertos pateó a una mujer  y a la arrastró por el pavimento, por el simple hecho de estar tomando fotografías en el momento del zafarrancho.

“Yo saqué mi teléfono porque los del PRI comenzaron a decir que nos rompieran nuestra madre, entonces comencé a tomar fotos y uno oficial me lanzó una patada y me quitó el teléfono. Procederé legalmente en contra de quienes resulten responsable, me robaron mi teléfono”, dijo llorando Irais Lagunes.

A pesar del zafarrancho, la policía no detuvo a ningún miembro del Partido Revolucionario Institucional.

RELATO DE UN LACANDÓN SOBREVIVIENTE EN LA GUERRA QUE VIVIÓ CHOIX


Javier Valdez   


Saber que uno está vivo
“Pude haber sido entre los que escogieron, pude haber ido con ellos. Pero mi tata Dios tiene un propósito conmigo. Tengo doce hijas, que vine a trabajar en este pueblo nada más para poder comprar 25 metros de manta… todo el sueño que llevaba se quedó en nada”.


Veinticinco metros de tela de manta, 12 hijas y una promesa de pago de 300 pesos diarios: eso trajo a este lacandón a las montañas de Sinaloa.

Ramiro le pondremos. Ramiro el sobreviviente, el trashumante. Dentro de un autobús traspasó el país de sur a norte. Y bajo sus talones, con los ojos abiertos por el espanto, pisó brazos y pies y cabello, en la zona serrana de Choix. Ya había pasado la balacera. Varios días. Y en medio de una treintena de cadáveres, Ramiro olvidó la tela y la paga. Recordó a sus hijas, su tierra. Y quiso regresar.

Fue traído desde Chiapas por un hombre que les ofreció a él y a otros 24 indígenas empleo en un campo agrícola. Llegó a El Fuerte y luego a Choix. Y ahí, casi a ciegas, supo que estaba entre hombres armados. Él y los otros cuestionaron cuándo empezaban el trabajo y dónde estaba el campo agrícola en el que se emplearían, y todos fueron atados a una silla. Y luego empezó la balacera.

Abril de mi esperanza
Ramiro tiene 12 hijas. Su tata Dios, como él le llama, lo bendijo con ellas y esos seis embarazos. De 17 las mayores, de cuatro las menores. No le alcanza lo que gana en su tierra, Los Montes Azules, donde hace artesanías y trabaja en el campo. Recibe entre 30 y 40 pesos diarios.

Por eso cuando vio a aquel hombre en Ocosingo, ofreciendo empleo, aceptó. Subieron a un autobús de pasajeros él y varios indígenas, al parecer la mayoría de Chiapas. Todos indígenas. El hombre, a quien ubica como una buena persona, les prometió un trabajo en un campo agrícola, una paga de 300 pesos diarios, comida y casa, y pasaje de regreso. Pero nunca les dijo dónde.

Fue entre el 12 y el 13 de abril. Ahí empezaron sus esperanzas, pero estas tienen fecha de caducidad: en poco más de una semana, cuando empezó la refriega. Y murieron entre tanto cadáver, gritos inenarrables y desgarradores, disparos. Desvanecimientos. Esos, los de varios de los indígenas que lo acompañaban. Los de sus vulnerables sueños.

¿Cuándo empezamos?
El traslado de Chiapas al norte de Sinaloa duró alrededor de tres días. Solo se detuvieron a las horas de comida y el que los enganchó, a quien no se le vio ningún tipo de arma, les dijo siempre que comieran lo que quisieran, que no había problema. Bajaron en restaurantes y puestos de comida rápida.

Llegaron primero a El Fuerte. Los hombres desconcertados preguntaron por vez primera dónde estaba el trabajo, el campo agrícola ese en el que iban a laborar. Ustedes no se desesperen, contestó él. Hay trabajo seguro, paga desde el primer día, casa y comida para todos. Subieron a la sierra, hasta llegar a Choix. Y luego pasaron por varios pueblos y más arriba. Se detuvieron en un pequeño caserío. Ahí los metieron en una casa de tres puertas. Encerrados y hasta el fondo.

Fue entonces cuando volvieron a preguntar cuándo empezaban, dónde estaba el trabajo. Desconfiados y cansados, pero con el desespero clavándoles el pecho. Vieron hombres armados. A Ramiro se le cimbró todo. Pero se mantuvo. Como dice él mismo, con ese español mocho, parco, pausado y discreto, anduvo “a ciegas desde el principio”. Pero los lacandones mayas son recios y no sucumben fácilmente. Siguió preguntando al que los había llevado qué pasaba, por qué no empezaban a trabajar, dónde estaba el campo agrícola y por qué no lo veía en los alrededores. Fue entonces que decidieron atarlo y a todos. Los pusieron en una silla. También optaron por seleccionar a ocho de ellos, “para que se vayan adelantando”. Una persona que no había visto y que parecía el jefe los escogió apuntando con el dedo. A ese, ese y aquel. Y ya no los volvió a ver.

Fue a finales de abril, según sus cálculos. Y empezó la refriega y los gritos. Duraron varios días. Pero desde que iniciaron los balazos nadie más entró al cuarto en el que ellos estaban. Así pasaron ocho días.

Partes de guerra

La noche previa al 27 de abril, un comando, vestido con atuendos tipo militar y de la Policía Estatal Preventiva, incursionó en la sierra de Choix. Versiones del interior de las corporaciones y del Ejército indican que algunos de los grupos armados entraron por Chihuahua, que colinda con este municipio sinaloense. El objetivo era atacar al grupo que comanda Adelmo Núñez Molina, conocido como el Lemo o el 01, lugarteniente del cártel de Sinaloa en esa región.

Los agresores conforman una célula de los hermanos Beltrán Leyva, Carrillo Fuentes, del cártel de Juárez y Zetas. Esa refriega y la intervención de personal del Ejército mexicano en El Potrero de los Fierro, El Pichol y otras comunidades de Choix y del municipio de El Fuerte —hasta los límites con Chihuahua—, hizo que la balacera se extendiera durante al menos cuatro días. El saldo oficial de 22 muertos, entre ellos un soldado y el policía municipal Héctor Germán Ruiz Villas.

La Procuraduría General de Justicia del Estado informó que al menos cuatro de los civiles muertos eran de los estados vecinos de Sonora y Chihuahua.

En estas acciones fueron asegurados vehículos “clonados” tipo militar y de la Policía Estatal Preventiva —tres de ellos blindados—, dos rifles Barret, una ametralladora calibre 50, 15 fusiles AK-47, una carabina AR-15, ocho pistolas, 118 cargadores y 5 mil 823 tiros útiles. Todo esto fue puesto a disposición de la Procuraduría General de la República con sede en Los Mochis, cabecera municipal de Ahome.

La secuela más reciente de estos enfrentamientos y de los operativos del Ejército mexicano se tuvo en Estación Bamoa, municipio de Guasave. Los militares llegaron al hotel Macurín, donde fueron recibidos a tiros por un grupo de sicarios —del mismo grupo delictivo conformado por Zetas, Beltrán Leyva y Carrillo Fuentes, liderado por Isidro Meza Flores, conocido como el Chapo Isidro—, diez de los cuales quedaron abatidos, uno de ellos dentro de una camioneta al parecer blindada; también murieron dos soldados.

Ocho días, muchas noches
Ramiro desconoce para qué los querían. Ahora sabe que no era para algo lícito. Le dijeron que iban a trabajar en el campo, pero pudo ser sembrando mariguana o amapola, o cosechándola y cuidándola. Tal vez los querían para que ingresaran al sicariato. Lo único que sabe es que está vivo y que de seguir allá no le esperaba nada bueno.

Lo supo cuando escogieron a esos siete. A ellos no los miró más.

Cuando empezaron los disparos preguntó qué pasa allá afuera. Le contestaron que nada. Ya estaban amarrados y les habían dado la orden de quedarse callados, después de haber estado preguntando, a manera de protesta, por el campo agrícola, la paga y el trabajo que iban a desempeñar.

Así pasaron ocho días. Sin comida ni agua. Bastaron dos o tres para que sus acompañantes, a quienes apenas conocía de vista, quedaran con la cabeza gacha, colgando. En esos días no entró nadie. Nadie salió. Días eternos sin reloj ni luz ni oscuridad. Muchas noches en siete. Y terror. Silencio con filo doloroso y hondo.

Él no. Se mantuvo despierto, intentando quizá desentrañar si aquellos gritos eran de dolor, súplica. Buscándole palabras a los sonidos guturales, sílabas a la muerte. Por eso escuchó cuando los militares, de madrugada, tumbaron una puerta, luego otra y al final la tercera. Ya era 2 de mayo.

Aquí hay gente, gritó uno de los uniformados.

“Pero para eso entonces todos estábamos amarrados en sillas, entraron y alumbraron, una luz grande. No sé qué hora exacta, pero fue en la madrugada. Todos estaban desmayados, menos yo”, dijo Ramiro.

Diez de los militares se quedaron con ellos y el resto partieron a continuar el operativo en la sierra. Los desataron, intentaron darles agua y suero. Fue hasta que les llegó la luz del sol cuando se dieron cuenta que él estaba consciente. Uno de los soldados dijo: “Aquel está vivo” y un oficial se le acercó para preguntarle si a él sí le habían dado comida y agua, y por qué.

“No, le digo. Lo que pasa es que nosotros somos lacandones, somos indígenas, somos más fuertes”. Ramiro explicó que los lacandones mayas son duros y están acostumbrados a los malos tratos.

“Me quitó el lazo de las manos, me dijo: ‘¿Quieres comer, quieres agua, qué necesitas?’. Me dice: ‘¿Quieres suero?’ y me dio. Y me dice: ¿Conoces a este señor?, no los conozco. A los demás compañeros que estaban ahí… le digo que no los conozco, pero son de Chiapas también”.

El militar le preguntó que si eran como él. Contestó que no, que había tzeltales, tzotziles y otros que no alcanzaba a ubicar de qué grupo étnico, pero no eran iguales. Le piden papeles. Como nunca antes, Ramiro trae su acta de nacimiento. Es su primera salida de Chiapas, donde ni la usa. Tampoco porta la credencial de elector. Allá no hace falta. Con el habla sabemos que somos mexicanos, argumenta.

Después de investigar, le regresan los documentos y el militar que lo había abordado confirma que tiene razón. Le pregunta si quiere ir a un hospital o a su casa. Suben a todos a un camión, donde colocan unas colchonetas para acomodarlos. Ramiro al último. Pide que le permitan regresar a Chiapas.

Cuando todos están arriba, el mismo oficial le dice, casi le sugiere, que si quiere que le pongan una venda en los ojos. Pregunta por qué. Afuera hay muchos muertos. Él se niega. Pensó que no eran tantos. Pero sus ojos, esos que se abren frente al abismo y la muerte apabullante, le dijeron que había tomado una mala decisión: pasó entre cerca de 30 cadáveres, seis de ellos de mujeres, en un tramo de apenas diez metros.

“Eran unos diez metros… me iba quitando yo a cada rato para no pasar encima de ellos. Había mujeres y hombres, grandes, sí. Vi mujeres, como unas seis, entre los treinta que vi. Personas grandes, de 25 a 30 años… una señora de las últimas que vi con la boca para arriba, de unos 50 años, era una persona grande. Me agaché mejor y me subí al camión”.

A sus exacompañantes los trasladaron a un hospital y a él a Los Mochis. No sabe qué fue de ellos, pero sí que iban muy mal. Así lo dijeron los mismos militares. El oficial le sugirió que acudiera al DIF o al Ayuntamiento. En uno le dieron un papel y en el Ayuntamiento nada.

Cuando fue a la Central Camionera a tomar un autobús para Culiacán, el chofer se le quedó viendo y le dijo que ese papel no le servía para nada, que al menos pagara medio boleto. Otro que lo vio se le acercó: “Espérate tantito, a que se descuide el inspector, y te llevo a Culiacán”.

Tamales
En la capital sinaloense, el chofer le aconsejó que acudiera al Hospital de la Mujer, que está cerca de la terminal de autobuses, donde seguro le permitirían dormir. Además, junto al nosocomio se ubica el DIF.

Era sábado 5 de mayo. Ese día y el siguiente permaneció ahí, en patios, pasillos y rincones tibios, en espera del lunes y de que se abrieran para él las puertas de las oficinas en las que buscaría apoyo. Una señora que vende tamales le sacó plática. Le preguntó de dónde era. Antes de que le diera más detalles supo que no comía carne, así que no le convidaría tamales, además de que no eran de ella pues tenía que venderlos. Sacó algo de fruta y un poco de agua y se la ofreció. Duro para decir que sí, Ramiro aceptó la ración de fruta y verdura ese día y el siguiente. Así aguantó.

Lo más lejos
Sofía Irene Valdez, directora del DIF estatal, le encargó a una trabajadora social que le consiguiera un boleto de autobús que acercara lo más posible a Ramiro a su tierra. Pensó en enviarlo, de un tirón, a la Ciudad de México. La empleada le dijo a la primera que había conseguido para Mazatlán. La regresó. Le argumentaron que no había recursos y ella dijo que aunque fuera de su bolsa, pero le ayudaría. Finalmente le consiguieron un viaje a la capital del país y que lo atendiera el diputado Armando Ochoa Valdez, cuyo auxiliar lo envió con Leonides Gil Ramírez, jefe de la Comisión para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas en Sinaloa. Él y Crescencio Ramírez, un indígena y activista de la localidad, consiguieron respaldarlo con recursos para concluir su viaje a la selva Lacandona.

Veinticinco metros de manta
Ramiro tiene 41 años y lo recuerda todo. Incluso al señor que los enganchó, a quien nunca vio que portara un arma y no volvió a mirarlo desde que los amarraron. Antes, viendo que Ramiro estaba muy callado y no maldecía, le regaló una Biblia. Pero está en español y el lacandón no lo entiende, apenas lo habla.

“El señor traía su Biblia en la mano. La llevo yo en la mochila, y la traigo yo aquí. Me dijo: ‘Mire señor, usted no le he escuchado hablar ni quejarse ni nada, le voy a regalar mi Biblia, ojalá y la conserve”, señaló.

Puede describirlo a él, a ese señor que se portó bien y nunca los maltrató. Tiene en su mente a los otros siete que fueron escogidos y los separaron del grupo, y al resto. Los trae en su cabeza. No los conoce ni de nombre. No hace falta. Espera, confía, cree, que están vivos, que regresarán a casa.

Trae una mochila. Parece abultada y pesada. Encima, durante la entrevista, coloca un sombrero de cuero adornado con collares elaborados con semillas y piedras. Una pluma de pavorreal al frente y detrás una piedra que parece talismán. Se le avisa que no habrá fotos de su rostro, pero que permita captar sus manos y el sombrero. “No te lo recomiendo”, contestó. No explica mucho, pero sus frases suenan terminantes: “Es una reliquia, tiene un valor muy especial”. Fin de la discusión.

La selva es su casa y todo se lo da. Si se sienta afuera, en el patio de su vivienda, y se arrima un jaguar, los changos, guacamayas, tucanes, venados y otros animales, no hay cacería ni maltrato. No comen carne, solo fruta y verdura. Los jueves, eso sí, son de pescado y camarón que capturan en el río Suchiate. Apenas quedan 72 de su etnia en Los Montes Azules: longevos, duros, parsimoniosos, estrictos, orgullosos. Su voz suena a esa paz ancestral, la de su padre y sus abuelos, la de una generación milenaria. Por eso llora. Llanto antiguo y enternecedor. Cantan sus ojos húmedos cuando habla de sus 12 hijas, sus seis embarazos, su tata Dios que lo bendijo y lo quiere, por eso le tiene reservadas otras vivencias después de haber renacido, de ser un sobreviviente de la densa oscuridad del narcotráfico y la violencia.

“Pude haber sido entre los que escogieron, pude haber ido con ellos. Pero mi tata Dios tiene un propósito conmigo. Tengo doce hijas, que vine a trabajar en este pueblo nada más para poder comprar 25 metros de manta… todo el sueño que llevaba se quedó en nada”.

No ha hablado con ellas. No sabe de kilómetros ni de carreteras. No hay manera de llegar a la selva que es su casa, a menos que sea caminando y eso significa hacer dos días desde Ocosingo. Las extraña. No habla más que de ellas, su tierra, su piel: el vientre de todo su ser.

Todo eso lo ha curtido. Y a toda su raza. Su madre es la más joven de su generación y suma 85 años, pero otro tiene 118. De los de la edad de Ramiro no queda nadie. Pero los más grandes mueren de ancianos. Ninguno por enfermedad: “Todo llega al tiempo y van a fallecer y fallecen; mi papá falleció de 125 años. Y su papá falleció a los 143 años”.

Sabe muy bien que ya no habrá oportunidad de comprar esa manta. Ya es tarde, es mayo y no hay dinero. Quizá seguirá así, con ese pecho flaco que se hincha cuando habla de su terruño y el jaguar y sus hijas. Con ese pecho que se le pega a la espalda.

Cuenta que los del DIF hablaron a Ocosingo para pedir ayuda y avisar de la situación de Ramiro. Pero está seguro de que no los quieren. No quieren a los lacandones. No dice por qué. Tal vez es esa dureza, esa terquedad, esa lluvia pertinaz e indómita.

Confiesa que está desesperado por irse. Se le quiebra la voz, pero no caen sus palabras, sino vuelan, diáfanas, duras. Brincan sus cachetes. Llora de nuevo. Agradece a su tata Dios otra vez. Es inmenso y quiere a su raza, asegura.

“La esperanza que tenía, el Señor me la pagó al doble, con darme la oportunidad de seguir viviendo. Qué más le puedo pedir. Yo sé que mis hijas, llego y me preguntan: ¿trajiste manta? Ellas les da igual si llevo o no llevo. Ellas son las que les interesa que yo llegue. Si este año no puedo comprar su ropa ni modo… lo que pensaba hacer se acabó. Pero sé que mis hijas me van a entender, sé que si no les llevo para su ropa ni modo. Sé que si no tengo, no tengo. Lo importante es que voy a regresar. Que mi tata Dios me permitió regresar para morir en mi tierra”.
 





martes, 15 de mayo de 2012

LA EJECUCIÓN EN LA PAZ


Los hechos ocurrieron en el popular restaurante de mariscos El Bismarkcito, donde el hoy occiso, José Machado Quiñonez, comía tacos en compañía de su esposa e hija. 

A tres cuadras del lugar se encontró abandonado el vehículo del sicario, un Nissan Tiida blanco de cuatro plazas, con placas de circulación CZK-49-69.

Investigaciones ZETA
A las 4:45 de la tarde del jueves 10 de mayo, en el conocido restaurante de mariscos El Bismarkcito, los más de cien comensales que en ese momento festejaban a las madres en su día, salieron corriendo del lugar al escuchar balazos.

La mayoría de los clientes no sabía lo que pasaba justo en el momento en que un sujeto bajó de un automóvil color blanco, de modelo reciente, y se fue sobre un hombre de complexión mediana, de cabello corto, que comía en compañía de su esposa e hija.

La víctima, de nombre José Machado Quiñonez, de 53 años, originario de Los Mochis, Sinaloa y de ocupación agricultor en el rancho “La Pimientilla” de la delegación Los Planes del municipio de La Paz, quedó tendida en el piso. Hasta el lugar llegaron policías municipales, ministeriales, estatales, federales y militares.

La esposa del occiso se sentó en una mesa cercana de la escena del crimen, hasta donde llegaron los agentes investigadores. Lo único que la mujer recordaba, era que el criminal había disparado entre cinco y seis ocasiones sobre su esposo, y se fue corriendo como media cuadra sobre el malecón hasta la esquina de la calle Hidalgo, donde ya lo esperaba la unidad de la que descendió, donde se encontró tirada  una bala nueva de pistola calibre 9 milímetros.

A tres cuadras del lugar, sobre la calle Aquiles Serdán, entre Constitución e Hidalgo, se encontró abandonado el vehículo del sicario: un Nissan Tiida blanco de cuatro plazas, con placas de circulación CZK-49-69.

Aunque hasta el cierre de edición se desconocía el móvil del crimen, éste causó conmoción, sobre todo por una entrevista que, la mañana de ayer jueves, el gobernador Marcos Covarrubias Covarrubias otorgó a una radiodifusora y una televisora. Esto fue lo que el Ejecutivo declaró:

Señor, por la mañana Usted afirmaba en entrevista radiofónica que éste era el mejor estado para vivir…, preguntó el reportero de Pueblo TVE.

“Estoy completamente convencido, cuando vemos otros estados de la República inmersos en los problemas que todo mundo ya conoce, y aquí podemos salir, cualquier autoridad, con nuestros hijos a taquear o a caminar”.

Sabemos que a Usted le gustan los tacos…

“Bastante, así nos criaron, es algo que disfruto y tenemos seguridad que no hay en todas partes de la República”.

Terminada la entrevista, se conoció la noticia de la ejecución. Paradójicamente, el hoy occiso comía tacos de pescado cuando lo asesinaron a tiros.
  

CRISIS POLICIACA EN BAJA CALIFORNIA


El escenario no podría ser peor: Policías municipales que roban y venden droga, o sirven como facilitadores de secuestros; abusos del Ejército solapados por la Procuraduría estatal, que tiene a jefes señalados como servidores del crimen organizado sin investigar; y una Policía estatal paralizada por cuestiones políticas. Aparte, el Consejo Estatal de Seguridad de Baja California  mantiene bloqueado el tema de la depuración.

Investigaciones ZETA
“No sé si ya trataron el tema, pero quiero poner sobre la mesa el tema de cómo vamos, todos a asumir el tema de la depuración como prioridad… y creo que necesitamos abrir un capítulo para conocer cuál ha sido el destino de los agentes que hemos remitido”.

Palabras más o menos, fue lo que expresó el secretario de Seguridad Pública de Tijuana, Alberto Capella, en la reunión del Grupo de Coordinación de Baja California, convocada por el General Gilberto Landeros el 7 de mayo de 2012, a la que por cierto, llegó tarde.

La reacción defensiva del licenciado Luis Antonio González, subdelegado  de la Procuraduría General de la República en Tijuana, alegando que la PGR no era responsable, pues le remitían para consignación expedientes mal armados y sin sustento, distrajo a los presentes que concluyeron la reunión sin llegar a algún acuerdo para conocer cuantos elementos policíacos están siendo juzgados realmente, si hay algún sentenciado y la cantidad que ha sido exonerado.

Además de ignorar el tema del enfrentamiento entre policías y militares (2 de mayo) y el arreglo económico que pretende negociar la Procuraduría estatal, en la mencionada junta los jefes operativos de policías y fiscalías tampoco dieron cuenta de los avances en el programa oficial de depuración, el cual, según información conocida por ZETA, se encuentra lejos de ser concluido, al únicamente haberse evaluado al 30 por ciento en la Procuraduría General de Justicia del Estado; 40 a 50 por ciento en las policías municipales; y 100 por ciento en la Policía Estatal Preventiva (PEP), y muy pocos de los custodios.

Fuera de orden, las autoridades integradas al Consejo Estatal de Seguridad decidieron politizar su tema y tratar de sacar lo relacionado a la corrupción, de la palestra pública, como si al evadirlo dejara de existir.

Incluso se han dado a la tarea de criticar “extraoficialmente” y en algunos casos, e intentar exponer con tintes partidistas la continuidad en acciones contra policías corruptos en el Ayuntamiento de Tijuana.

“Yo no puedo dejar de actuar por una temporada política, si mis policías hacen algo bien se les premia, y si delinquen, se les castiga. Aquí lo que importa es que con cada acción, quede claro que no hay cabida para actos de corrupción, ni anomalías de ningún tipo. Y que también en eso, los tres órdenes de gobierno estamos trabajando de manera coordinada. Si estiran la mano por veinte dólares o si apoyan al crimen organizado y nos damos cuenta, van a ser procesados. Los jefes se los dicen todos los días en el pase de lista.

“A estas alturas, todos los policías de Tijuana saben, y se les recuerda permanentemente, que hasta los rumores tienen consecuencias, no los corremos porque sería injusto, pero los mandamos al curso, donde les quitamos el radio, el arma y con actualizaciones, los tenemos ocupados de las ocho de la mañana a las seis de la tarde, mientras investigamos la solidez de las acusaciones”, expuso Capella.

La captura de cuatro policías municipales vendiendo droga en el último mes, hace parecer que el problema de corrupción sólo existe en la Secretaría de Seguridad tijuanense. “Yo no sé qué pasa en las otras corporaciones, lo que puedo decir es que no debo permitir que se nos acuse por estar haciendo las cosas bien. Cuando llegamos la corrupción ya estaba aquí, nosotros no la generamos, y con hechos hemos demostrado que trabajamos para limpiar la casa, y en ésa, como en el resto de nuestras tareas, tenemos todo el apoyo del alcalde Carlos Bustamante.

“A partir de que llegamos, con el apoyo de los jefes y policías hemos retirado a 40 elementos, hay otros 26 suspendidos y 52 en proceso de investigación. Pero insisto, son más los agentes buenos, los que han dado como resultado que en el primer cuatrimestre de 2012 se hayan turnado al Ministerio Público 8 mil 800 delincuentes para consignación; que se haya retenido a más de 588 mil infractores al Bando de Policía y Buen Gobierno; decomisado 229 armas; asegurado más de 2 mil 500 kilos de marihuana, 41 kilos de crystal y 8 kilos de cocaína; además de recuperar 943 vehículos. Un cuerpo policiaco con esos resultados es bueno”, resaltó el titular de la Secretaría Seguridad Pública Municipal.

Sin embargo, desde su homóloga estatal desestiman los resultados de la “depuración” municipal, particularmente la de Tijuana, usada por la federación como ejemplo nacional, porque en la mayoría de los casos, las sospechas contra los agentes de orden son por delitos graves y los ayuntamientos terminan deshaciéndose de ellos, dándolos de baja por cuestiones administrativas, sin consignarlos ni darles seguimiento.

De los separados del cargo de manera definitiva de diciembre de 2011 a marzo de 2012 en Tijuana, 13 agentes fueron dados de baja por sus relaciones con el crimen organizado, sin embargo, el argumento consistió en que fueron “faltas injustificadas”. 

Se trata de policías capturados en dos operativos distintos durante 2010, y liberados a mediados de 2011, a quienes el Ayuntamiento de Jorge Ramos reinstaló, y el de Carlos Bustamante retiró del servicio de manera definitiva.

Otros 13 agentes quedaron fuera por estar involucrados en abuso de autoridad cometido en contra de una bailarina exótica presionada para desnudarse en las instalaciones de la delegación policíaca de La Presa Rural, asunto que data de mediados de 2011 y no ha sido resuelto por la PGJE.

Se suman tres agentes por faltas injustificadas que dejaron de asistir cuando se les citó al curso, que imparten para retenerlos mientras investigan; dos por uso de sustancias psicotrópicas, y otro dado de baja el 16 de enero por extorsión presuntamente cometida en octubre de 2011.

Además, tienen suspensión preventiva otros 16 uniformados: uno por el asunto de La Presa, cinco por faltas injustificadas, y ocho por uso de sustancias psicotrópicas.

Municipales detenidos
Todavía estaban frescos en la memoria pública el arresto de tres policías uniformados el 20 de abril, que a bordo de sus patrullas intentaron vender una llanta llena de marihuana que habían robado de un decomiso, y el antecedente de la trifulca entre soldados y municipales del 2 de mayo, cuando los agentes locales Samuel Tovar Fermín y Noé Cervantes Santillán decidieron, el sábado 5 de mayo, que podían vender una onza de la droga conocida como crystal y salir impunes.

Esta vez la denuncia del delito en vías de cometerse llegó a la Secretaría de Seguridad Pública Municipal,  desde donde solicitaron apoyo del estado para evitar filtraciones.

Los policías estatales preventivos intervinieron a un civil que los llevó a los oficiales que por radio comunicador le ofrecieron la droga. Uno de los detenidos estaba en el banco de armas, y el segundo en el curso, bajo sospecha de servir al crimen organizado, pero habían sido pareja laboral en el pasado.

La excusa dada por los oficiales que ganan 15 mil pesos al mes, fue que “necesitaban dinero” y pidieron la cortesía de ser liberados. También en la semana que concluye, dos agentes con 16 y 18 años de carrera firmaron su renuncia voluntaria, tras ser denunciados por unos turistas alemanes que les dieron 120 dólares. No presentaron denuncia ante el Ministerio Público porque se negaron a confirmar su primera declaración.

Adicionalmente, se inició indagatoria contra cuatro agentes de Los Pinos y Centenario, por recurrir a viejas prácticas de apoyar a células delictivas secuestrando a sus competidores, o facilitándoles el camino para privarlos de la libertad.

“El problema es que como antes estaba permitido, algunos policías parece que ni siquiera tienen claro que están haciendo algo malo. Parece broma, pero es realidad”, expuso a ZETA un grupo de agentes.

“Hace 15 años, lo normal era pagar 30 mil dólares para ser jefe de distrito y entregar cuotas a los directores y al secretario, los jefes de distrito recibían los teléfonos que servían para conectarse con los criminales en cajas de zapato, si no agarrabas, te mataban. En la administración pasada había autorización y a veces hasta orden de matar a los mugrosos, también había permiso de quedarse con droga, dinero, armas, hasta muebles sacaban de las casas aseguradas. También estaba permitido el pizcacho, incluso en el polígrafo te preguntaban si te habías quedado con lana, que no les importaban los 20, 100 ó 500 dólares, prácticamente te decían ‘puedes robarle a los malandros’, pero no les aceptes dinero”, explicaron.

“Por eso se les hace fácil y se sorprenden que los estén capturando y dando de baja, incluso por extorsiones”, refieren los policías respecto a su compañeros.

Actualmente más de 50 oficiales son investigados de manera interna por presuntos nexos con células delictivas de René Arzate y/o Arteaga “La Rana”,  José Soto “El Tigre”, “La Rosy” Guajardo Hernández, “El 8-8” y “Los Chamulas”.

Al respecto, Capella concluyó: “La instrucción es muy clara, no pueden estirar la mano sin importar la cantidad, todo se investiga. Vamos con todo y contra todos”.

Ministeriales: Parálisis y proteccionismo
En cuanto a los empleados del procurador Rommel Moreno, quien la semana pasada anunció a través de Joel Dueñes Hurtado, visitador general, que 164 servidores públicos bajo su mando han sido removidos en lo que va del sexenio, reportes extraoficiales al interior del Consejo Estatal de Seguridad Pública indican que los agentes de la PGJE, de los cuales sólo 3 de cada 10 han sido sometidos a exámenes de confianza,  siguen operando al servicio de los cárteles. Algunos con los remanentes de las células de Fernando Sánchez Arellano, y los más con Alfredo Arteaga y /o Arzate “El Aquiles”.

En el caso de los que delinquen con Fernando Sánchez Arellano “El Ingeniero”, la información refiere que los Ministeriales se siguen contactando con sus células a través de ex empleados de la PGJE: Edgar Iván Torres y Óscar Hernán López, mencionados en archivos criminales aun antes de darse de baja. 

El último, presuntamente involucrado en la planeación para asesinar a agentes de la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA, por sus siglas en inglés), delito que no se concretó, pero internamente no hay ninguna indagatoria la respecto.

De los jefes de la PGJE recientemente señalados por Octavio Leal Hernández “El Chapito”, detenido el 26 de abril de 2012, y cinco meses antes por el traficante Juan Sillas, la Procuraduría estatal no informó que se haya abierto investigación alguna; tampoco la federación, vía Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO).

Otros mencionados en averiguaciones y confesiones de delincuentes detenidos son:

Adán Velázquez Nieto. Sólo se notificó su remoción de la Comandancia de la Policía Ministerial y su reintegración a la corporación que encabezaba, sin informar sobre el cargo.

Fernando Jáuregui. Continúa en el centro de capacitación. Áreas de inteligencia locales reportaron esta semana: “Revisamos y todo indica que no estaba metido, por lo menos con la gente de ‘El Sillas’ o ‘El Chapito’”. Pero tampoco se ha dado la investigación formal para exonerarlo.

En cuanto la parcialidad con la que han actuado al insistir en la mediación  como solución al altercado entre el Ejército y la Policía de Tijuana (2 de mayo), a pesar de que los Municipales ya manifestaron que no desistirán de la denuncia, el procurador desestimó el altercado e insistió el jueves 10 de mayo: “Se está apelando a la buena voluntad de las partes, debido a que no es un delito grave y existe la reparación del daño”.

La PEP
 También en el estado, la única Policía que ha sido sometida al 100 por ciento a todos los estudios de confianza, ha permanecido en los últimos meses en notoria inactividad, a partir de los escasos resultados comparados con los de hace un año.

Incluso elementos de la PEP han externado que no tienen autorización para trabajar en el combate a la inseguridad, para “no meterse en problemas”. La referencia es que existe la orden de “no moverse”, sin importar que se reduzca la productividad o que haya investigaciones avanzadas en contra de líderes de células del crimen organizado, porque en el Estado no quieren que la información se les vaya de las manos y los afecte en el campo electoral.

Los policías ya fueron advertidos que no serán respaldados, nada de iniciativa o acciones operativas que no sean previamente aprobadas por los jefes. “Nos han regresado”, acusó un uniformado al referirse a una persecución de criminales.