Repuntan
linchamientos durante julio y agosto ante la delincuencia, la inoperancia de
las autoridades y el enojo de la población. Entidades del centro del país
muestran mayor impaciencia y desconfianza en la actuación de las policías, no
existe conteo oficial de incidencias de parte de los gobiernos y la CNDH,
investigadores y organismos de la sociedad civil, hacen sus propias cuentas con
base en notas periodísticas. “El sistema penal acusatorio y autoridades
rebasadas contribuyen para que la gente haga justicia de propia mano”, estima
asesor jurídico y mediático
Inseguridad,
inoperancia institucional e impunidad forman parte de los agravios oficiales
que han robado la paz a millones de mexicanos, que hartos de la crisis de
autoridad, se han inmiscuido en casos de linchamiento para castigar a quienes
consideran les han hecho daño. De esa forma, los casos de personas que “hacen
justicia de propia mano” incrementan, pese a la pandemia que por varios meses
paralizaron las actividades económicas.
Mientras
que durante los primeros meses se registraron menos linchamientos que el año
próximo pasado, parece ser que estos repuntan hacia el segundo semestre de
2020, de acuerdo con datos que se advierten a través de redes sociales y medios
de comunicación tradicionales. Durante los meses de julio y agosto han sido
muchos los casos en que la vida de presuntos ladrones, defraudadores y
violadores fue segada por turbas enfurecidas de miembros de alguna comunidad.
Por
desgracia, en México no se tiene una estadística confiable sobre la magnitud de
la venganza social. Por lo menos no de parte de los entes gubernamentales. A lo
más que se llega por parte de organismos de la sociedad civil dedicadas a la
investigación o la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), es a la obtención
de indicadores a través del recuento de notas periodísticas y de hechos
descritos en texto o video por medio de redes sociales.
Así,
quedan fijos en la mente de cibernautas y consumidores de noticias el asesinato
de un presunto ladrón que a principios de agosto subió a una combi colectiva de
transporte urbano en el Estado de México, y cuando descendía de la unidad,
después de quitar todas sus pertenencias a los pasajeros, le fue puesta una
zancadilla que devolvió al ratero al interior y entre todas las víctimas le
pusieron una patiza para que aprendiera la lección. Mientras el cómplice huyó,
al hombre linchado le bajaron de la unidad y le quitaron los pantalones. Horas
más tarde murió.
A
la situación grabada en video se le dio tal difusión en todo tipo de medios,
que difícilmente haya mexicanos que no recuerden el suceso. Sondeos rápidos
realizados por empresas noticiosas y blogs dejaron en claro la aprobación que
un amplio sector de la población expresa hacia este tipo de forma de “hacer
justicia”, ante la lentitud y la incapacidad de los cuerpos policiales.
“Para
qué esperar a la Policía, si de todos modos lo van a dejar libre” o “con el
sistema de justicia de ahora estamos peor”, son voces que se escuchan cuando la
gente justifica la agresión hacia personas que presumiblemente cometieron
delitos. Y de la misma forma, que el posible criminal podría quedar impune, es
aún mayor el margen de impunidad que encuentran los que participan en un
linchamiento, pues difícilmente se sabrá de su detención y enjuiciamiento.
Desafortunadamente
en más de algún caso, las personas linchadas resultaron no ser los causantes
del ilícito del que se les señalaba, como ha ocurrido con supuestos robachicos
que después trasciende, no estaban relacionados con el rumor que se hace correr
a través de redes sociales o mensajería de vecinos que deciden actuar en favor
de quien lanza una voz de auxilio o la versión de una emergencia irreal. Lo
mismo pasa con quienes son señalados de abusos sexuales y robos a casa
habitación.
Según
un informe rendido por la CNDH en mayo de 2019, en coordinación con el
Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de
México, en el país ocurrieron 336 casos de linchamiento entre 2015 y 2018, en
los que más de 500 personas fueron asesinadas o lesionadas, producto de las
agresiones “justicieras”. Hasta esa fecha, el ombudsman documentaba 135 casos
en 2019, sin que se conozca la cifra hasta el fin de año.
La
CNDH califica los linchamientos “como actos ilícitos que constituyen una de las
expresiones más graves de la crisis que en materia de inseguridad, violencia e
impunidad enfrenta nuestro país, donde como consecuencia de la desconfianza y
lejanía de la sociedad respecto de las autoridades, la falta reiterada de
cumplimiento y aplicación de la ley, así como la incapacidad de las distintas
instancias de gobierno para generar condiciones que permitan la convivencia
pacífica entre las personas, se canaliza o dirige el hartazgo e impotencia de
estas últimas”.
Las
autoridades suelen minimizar los hechos y dan las investigaciones por
concluidas, bajo el argumento de que las personas fallecidas contaban con
antecedentes penales o existían señalamientos en su contra en la comunidad,
generalmente como una manera de evadir sus responsabilidades, señala el abogado
penalista y asesor mediático Jorge Huerta Partida, quien atribuye la actuación
de ciudadanos en estos hechos debido al grito de “ya basta” que los entes de
gobierno parecen no escuchar.
“La creciente percepción de inseguridad en México se debe no solo a la profusa incidencia delictiva, sino también y de manera más preocupante, a la idea común entre los ciudadanos de que las autoridades no han podido actuar de manera adecuada para castigar a la delincuencia y de que existe una total impunidad”, aseveró el maestro en Derecho entrevistado por ZETA.
Huerta
asegura que el Sistema de Justicia Penal se modificó en México tras la reforma
constitucional de 2008 y una lenta implementación que ya opera en su totalidad
desde 2016, pero “no obstante de dicho cambio, la criminalidad continúa al
alza, y de igual manera, el índice de los delitos que no son denunciados es
escalofriante. La percepción, nunca como
hoy, es que la mayoría de los crímenes quedan sin castigo. Ahora el Código
Nacional de Procedimientos penales tutela los derechos de los imputados, pero
los derechos de los ofendidos quedaron en el olvido, ya que el actual Sistema
de Justicia Penal en nuestro país, es totalmente garantista de los derechos de
los delincuentes”.
El
jurista destaca que a cuatro años de haberse implementado de forma total el
Sistema de Justicia Penal Acusatorio, “los resultados son nulos y las
consecuencias que se han generado en contra de la ciudadanía resultan gravísimas.
El sistema está colapsado, no hay justicia, existe impunidad y el porcentaje de
carpetas de investigación que llegan a judicializarse resulta ser mínimo, por
lo que el delincuente es puesto en libertad con base en todas las bondades,
canonjías y respeto a los derechos del imputado”.
LINCHAMIENTO EN LA COMBI DEL ESTADO DE MÉXICO
Para
Jorge Huerta, diversos mecanismos del sistema no han funcionado, y es
precisamente el sistema de justicia el mejor abogado del imputado, al otorgarle
todas las facilidades y beneficios para que recupere su libertad, “olvidándose
por completo de los derechos de la víctima, que remotamente recibe el pago de
la reparación del daño. ¿Tú crees que con eso no prefiere la gente hacer
justicia por su propia mano? Yo no la justifico, pues las leyes son para
cumplirlas y ejecutarlas, pero comprendo lo que está sucediendo por causa de la
inoperancia de las autoridades”.
HECHOS DURANTE 2020
ENERO
En
Cacahoatán, Chiapas, pobladores enardecidos lincharon al presunto homicida y
abusador sexual de una niña de seis años. La turba lo ató de un poste y le
prendió fuego hasta que falleció consumido por las llamas. El hombre estuvo
preso ocho años por otra violación a una menor de edad.
MARZO
Unos 200 habitantes de Tenancingo, Hidalgo, lincharon en la Comandancia de Policía a un hombre que robó una camioneta estacionada en cuyo interior había dos niñas. Luego que patrulleros persiguieron, detuvieron al ladrón y lo llevaron a sus instalaciones, una turba lo atacó a golpes con manos, pies y objetos hasta matarlo.
MAYO
Pobladores
de la comunidad de Los Ángeles Tetela en Puebla, mataron a golpes y por
incineración a dos individuos que ingresaron furtivamente a una casa, al
parecer a robar. Ambos intentaban huir en un vehículo cuando fueron
interceptados por vecinos de la zona, quienes les prendieron fuego.
JUNIO
Un
par de los llamados “moto-ratones” que desapoderaron de un teléfono móvil a una
joven mujer sobre una de las principales avenidas de Guadalajara, a una cuadra
del Parque Revolución, fueron severamente lesionados a golpes por transeúntes,
luego que la víctima los derribó con todo y motoneta en la que pretendían
escapar.
JULIO
En
Veracruz, el conductor de una camioneta persiguió a dos presuntos ladrones
después de asaltar una tienda de conveniencia y los atropelló. La Policía los
detuvo. El video de los hechos fue difundido en redes sociales y se viralizó.
En Ahuirán, en Paracho, Michoacán, habitantes intentaron linchar a un médico y a su hijo por una presunta negligencia profesional tras la muerte de una persona por neumonía, la que supuestamente fue atendida por el doctor en forma ligera.
En
la comunidad indígena de Tepotzon, municipio de Soledad Atzompa, Veracruz,
pobladores ajusticiaron a dos hombres a los que señalaban de haber defraudado a
diversos habitantes. Las víctimas fueron linchadas y quemadas vivas.
En
el Hospital Civil de Guadalajara murió un hombre que 24 horas antes fue
linchado por un grupo de vecinos del municipio de Juanacatlán, Jalisco, acusado
de abusar sexualmente y asesinar a un niño de cuatro años. El señalamiento fue
por sospecha y hasta el momento no se ha probado la responsabilidad del
fallecido en el crimen del menor.
AGOSTO
Uno
de dos sujetos que abordó una combi de transporte público para robar a los
pasajeros, en el Estado de México, fue brutalmente golpeado por las víctimas.
El cómplice escapó y el herido murió más tarde en un hospital. A las horas de
ocurrido el crimen, en redes sociales circuló un video con la composición de
una cumbia sobre los hechos.
En
La Raya, entre los municipios de Cunduacán y Comalcalco, Tabasco, un presunto
delincuente dedicado al robo de motocicletas fue linchado con palos y machetes
por un conglomerado de enfurecidas personas, tras un intento fallido de atraco
a mano armada.
En los separos de la Comisaría Municipal de Acajete, Puebla, murió un detenido que momentos antes había participado en el robo a una casa habitación junto con un cómplice que pudo escapar. Vecinos del lugar atraparon al pillo y le pusieron una golpiza con resultados ahora conocidos.
En
Tlacotepec de Benito Juárez, Puebla, fue linchado un presunto robachicos. Había
sustraído a un menor de edad de su domicilio y al ser descubierto fue tundido a
golpes y después incinerado hasta quedar completamente calcinado.
Dos
presuntos ladrones “conejeros” que atracaron a un hombre que salía de una
sucursal bancaria en Tlaquepaque, Jalisco, fueron baleados por su víctima,
quien portaba arma de fuego. Uno de los asaltantes murió y el otro resultó
lesionado.
Policías
y elementos de la Guardia Nacional rescataron a tres presuntos ladrones que
intentaron atracar una joyería en el mercado municipal de Cuautitlán, Estado de
México. Comerciantes unidos persiguieron, capturaron y golpearon salvajemente a
los facinerosos.
Pobladores
de San Salvador Huixcolotla, en Puebla, lincharon hasta matar a un hombre joven
al que acusaron de tentativa del robo de una camioneta en la central de
abastos. Los hechos ocurrieron junto a la Comandancia de Policía.
En
Tlahuelilpan, Hidalgo, habitantes agredieron tumultuariamente a dos jóvenes que
estaban detenidos en la comisaría, señalados de intento de secuestro de un
menor de 13 años. La Policía rescató a los sospechosos. Hubo vehículos
incendiados y un baleado.
LINCHADORES Y LINCHADOS
– Las entidades federativas con mayor
incidencia en estos “ajusticiamientos” y su tentativa son: Puebla, Estado de
México, Hidalgo, Tabasco, Oaxaca, Chiapas y Ciudad de México.
– En este tipo de violencia social,
participan habitantes de zonas con altos índices de inseguridad y escasa
respuesta gubernamental.
– Son cometidos por multitudes, lo que
genera impunidad para identificar y sancionar a los participantes.
– El uso de redes sociales realiza
linchamientos virtuales e incita a su comisión en el mundo real.
– Tipos de víctimas: presuntos ladrones,
secuestradores, robachicos, abusadores sexuales y participantes en hechos de
tránsito terrestre
(SEMANARIO ZETA/EDICIÓN IMPRESA 7 LUIS
CARLOS SÁINZ/LUNES, 24 AGOSTO, 2020 01:00 PM)
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