
Agencias .
Joaquín El Chapo Guzmán se perfila para ser el gran aliado del presidente Enrique Peña Nieto.
La capacidad del jefe del Cártel de Sinaloa para estabilizar el negocio de las drogas ilegales en México puede ayudar al nuevo presidente en su prisa por reducir la violencia heredada del Gobierno de Felipe Calderón.
Pragmática, esa solución no significa que Peña Nieto se siente a negociar con el narcotraficante “más buscado del mundo”, sino que agudice el debilitamiento de Los Zetas, el principal enemigo del Cártel de Sinaloa y una de las organizaciones más violentas de México, asegura Sylvia Longmire, oficial en retiro y ex agente de investigaciones especiales de la Fuerza Aérea de Estados Unidos.

El afamado líder de la “Federación” sinaloense, como también se conoce al Cártel de Sinaloa, se formó en la clase de narcotraficantes “racionales” que durante años mantuvieron el negocio de las drogas ilegales en México sin desbordar la violencia. La consultora refiere a Pablo Acosta, jefe del narcotráfico en los años setenta en Chihuahua, y a Miguel Ángel Félix Gallardo, de cuya organización se desprendieron a finales de los ochenta los cárteles de Tijuana y de Sinaloa.
“El Chapo es un pensante racional. Pertenece a la clase de narcotraficantes que han visto el negocio como una empresa”, dice Longmire, quien fue capitán y agente especial en la Oficina de Investigaciones Especiales de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, donde se dedicó a contrainteligencia, contraespionaje y análisis en protección.
Aunque su experiencia pasa por el análisis de la delincuencia organizada en América Latina, ahora se dedica a la consultoría concentrada en la violencia de la delincuencia organizada en México y sus posibles efectos en Estados Unidos. El título de su primer libro lo refleja: Cartel: The Coming Invasion of Mexico´s Drug Wars (Cártel: la invasión que viene de las guerras a las drogas en México), publicado el año pasado en Estados Unidos y que se editará en español en 2013.
Como muchos analistas y ex analistas militares de Estados
Unidos, Longmire considera a los cárteles mexicanos de la droga como una
amenaza para la seguridad estadunidense, más allá incluso de la frontera con
México.
Conocedora de la dinámica de los cárteles mexicanos de la
droga ve al Chapo Guzmán Loera como factor de estabilidad para el Gobierno de
Peña Nieto en el propósito del nuevo Gobierno de bajar la violencia exacerbada
por el control de la delincuencia organizada en México.
Prófugo desde 2001, al inicio del Gobierno de Vicente Fox,
cuando se fugó del penal de máxima seguridad de Puente Grande, Jalisco, ha
escapado de varios operativos encomendados al Ejército para detenerlo.
Incluso, el Pentágono concibió un operativo quirúrgico, a
solicitud de Calderón. Pero las Fuerzas Armadas mexicanas se opusieron porque
la operación parecida a la cacería del líder de Al Qaeda, Osama bin Laden,
estaría a cargo de un comando de la fuerza especial Seal (acrónimo inglés de
las palabras mar, aire y tierra), sin intervención de militares mexicanos más
que para recibirlo (Proceso 1867).
Su detención ahora sería contraproducente porque dejaría en
manos de grupos más violentos el control del narcotráfico, dice Longmire en
entrevista telefónica realizada el martes 27 de noviembre a propósito del
artículo que publicó el 31 de octubre pasado en smallwarsjournal.com titulado
“Por qué el arresto del Chapo podría ser una mala cosa”.
Un capo “racional”
Para la analista estadunidense, Guzmán Loera es un
delincuente de la vieja escuela que tiene al narcotráfico como negocio.
Incluido por tres años consecutivos en la lista Forbes de los millonarios del
mundo, “está alejado de la violencia irracional de Los Zetas”, el principal
grupo que le disputa el control del narcotráfico en México al Cártel de
Sinaloa.
Como en su momento ocurrió con Benjamín Arellano Félix,
cuando era jefe del Cártel de Tijuana, El Chapo tiene una mentalidad
empresarial. Entendió que la violencia es muy mala para el negocio. Lo mismo
que Fernando Sánchez Arellano, El Ingeniero, a quien se le identifica como el
actual jefe de esa organización delictiva.
No era el caso de Ramón Arellano Félix, el más violento del
cartel hasta que fue asesinado en 2002 durante una balacera en Mazatlán.
Benjamín fue detenido ese mismo año en Puebla, durante el Gobierno de Fox, y
ahora está procesado en Estados Unidos.
Egresada de la Universidad del sur de Florida en estudios de
América Latina y el Caribe, lo que le permitió trabajar en la sección de
América Latina de la oficina de investigaciones especiales de la Fuerza Aérea
de Estados Unidos, Longmire refiere la propia experiencia estadunidense para
colocar a la “forma tradicional del negocio” de la droga en México por encima
de un control violento de ese mercado ilegal:
En Estados Unidos la violencia de la delincuencia organizada
es mínima porque los líderes de los grupos delictivos son más racionales y no
son como aquellos de los años veinte del siglo XX en Chicago o Nueva York que
se disputaron violentamente el control del negocio del alcohol cuando fue
prohibida su venta legal.
Contundente, asevera que si Guzmán Loera desaparece ahora del
panorama del narco en México, no sería la mejor noticia para el Gobierno de
Peña Nieto: “Si El Chapo queda fuera de la foto, se pierde el hombre más
racional en el negocio de las drogas, como ocurrió en su momento con Félix
Gallardo”. Lo mismo dice del otro jefe del cartel de Sinaloa, Ismael El Mayo
Zambada.
Ante el hecho de que la Federación Sinaloense también ha
extremado la violencia para establecerse en diferentes partes del país, señala:
“Mi preocupación es la motivación y las víctimas. Es cierto que también comete
asesinatos, corrompe e infiltra las instituciones para mantenerse en el
negocio, pero se conduce de una manera más civilizada. Los Zetas no tienen ese
enfoque”.
Cita el caso del incendio del casino Royale en Monterrey, por
parte de éstos en agosto de 2011, en el que murieron 52 personas. Dice de la
organización de origen militar surgida como brazo armado del cartel del Golfo:
extorsionan, secuestran, están implicados en cosas terribles.
Conferencista sobre América Latina en el curso de Dinámicas
del terrorismo internacional en la Escuela de Operaciones Especiales de la
Fuerza Aérea, la militar en retiro menciona que, en su lógica de negocios, el
cartel de Sinaloa está organizado como una corporación, mientras que Los Zetas
están más centralizados, en la misma concepción de cabecillas que utilizó
Calderón en su “guerra al narcotráfico”.
La Federación de Sinaloa opera como una enorme corporación,
lo que la convierte en una suerte de organización sombrilla para cárteles más
pequeños, en la que presencia del Chapo es más simbólica que la que tuvo El
Lazca para Los Zetas. Su sucesor, Miguel Ángel Treviño Morales, El Z 40, tampoco
podrá tener ese alcance, sobre todo ya con la organización dividida, anota.
Encargada en el Pentágono de analizar los temas que podrían
afectar la seguridad del personal de la Fuerza Aérea desplegado por el Comando
Sur de Estados Unidos –que abarca Centroamérica, el Caribe y Sudamérica–,
Longmire sostiene que el reto más grande para Peña Nieto en materia de
seguridad son Los Zetas.
Señala: Es un grupo poderoso, con presencia en gran parte del
país, incluso en Sinaloa. Ha crecido a partir de su separación del cartel del
Golfo en 2010. No está organizado de manera jerárquica, como los grupos
tradicionales del narcotráfico y opera en una suerte de franquicias con células
que tienen un alto grado de autonomía para extorsionar, secuestrar o asesinar
no sólo a sus enemigos, sino a inocentes, como ocurrió con la masacre de 72
migrantes en San Fernando, Tamaulipas.
El escenario real
Si las autoridades mexicanas detienen al Chapo, Los Zetas
irían por los territorios del Cártel de Sinaloa, con todo y la violencia que
los caracteriza, abunda Longmire, quien se presenta a sí misma como consultora
y analista con ocho años de experiencia militar en cumplimiento de la Ley, seis
de experiencia analítica en América Latina y más de cuatro de seguimiento de
los grupos mexicanos de delincuencia organizada transnacional y de la violencia
en la frontera entre México y Estados Unidos.
Menciona que organizaciones como el cartel Jalisco Nueva
Generación y Los Caballeros Templarios han surgido para sobrevivir como grupos
pequeños, pero que Los Zetas tienen que desaparecer para disminuir de manera
sostenida la violencia en México.
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